domingo, 18 de diciembre de 2022

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

CRUCIFIXIÓN 

Cristo crucificado. Goya y Lucientes, Francisco de.  Museo Nacional del Prado

Cristo Crucificado. Goya y Lucientes, Francisco de. 1780. Óleo sobre lienzo. 255 x 154 cm.  Museo Nacional del Prado. Madrid. España. Sala 034

Goya tenía una gran ilusión por ingresar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, que era la institución artística más importante de España en ese momento.

Para solicitar este ingreso, el día 5 de julio de 1780, presentó este cuadro de Cristo Crucificado para que fuese sometido al insigne juicio de los académicos. Todos los académicos alabaron la obra de Goya y fue admitido como miembro de Merito por unanimidad el día 7 del mismo mes

Dado que la obra debía gustar y contentar a todos los académicos y satisfacer el estilo erigido como oficial de la academia, cuyos normas y criterios imponían, en ese momento, los pintores Mengs y Bayeu, Goya utilizó como fuente de inspiración y referencia el modelo iconográfico del Cristo de Mengs conservado en Aranjuez, eliminando todo fondo de paisaje para aproximarse al Cristo de Velázquez del Prado.  

En 1785 el cuadro fue trasladado a la iglesia de San Francisco el Grande de Madrid, cuya decoración impulsó el rey Carlos III, donde permaneció hasta 1836, cuando fue incautado por la comisión de la Academia respondiendo a las medidas desamortizadoras y así pasó al convento de la Trinidad de Madrid, convertido en Museo Nacional. Allí se mantuvo hasta que, por Real Orden del 22 de marzo de 1872, ingresó en el Museo Nacional del Prado, entonces Museo Nacional de Pintura y Escultura y actualmente forma parte de la colección permanente del Museo del Prado.

Las líneas de composición conforman la clásica suave "S" alejada de los efectos violentos del barroco, de tal manera que la pintura es de estilo neoclásico, aunque arraigada en la iconografía tradicional española del tema y relacionada, como hemos comentado, con el tratamiento del mismo tema por parte de Velázquez y Antón Raphael Mengs.

La disposición de la figura de Cristo sobre un fondo oscuro, neutro y sin paisaje (al estilo de Velázquez) da como resultado la aparición de una imagen serena, carente de dramatismo y forzadas emociones.

La incidencia de la luz, que parece provenir artificialmente del pecho del crucificado, y su transición hacia las zonas oscuras, hace disimular la silueta del dibujo, y Cristo surge desenfocado de la oscuridad, iluminado frontalmente y desde abajo, como demuestra la sombra que proyecta sobre el madero de la cruz, por una tenue fuente de luz, que crea una especie de halo mágico, como si fuese la llama de una vela, que confiere al Crucificado el aspecto de una aparición nocturna. 

De esta manera, la imagen de Cristo, aunque partiendo de esquemas anteriores, se aleja de las soluciones efectistas del barroco español.

Esta pintura presenta un nuevo concepto espacial, los matices se revalorizan y cobran un mayor protagonismo por las transparencias y veladuras, desapareciendo las líneas y los contornos del dibujo.

Con esta obra, Goya presenta un desnudo, sobre una robusta cruz, justificando un aspecto religioso, acorde con la tradición española.

Con él pretendía mostrar a los académicos su conocimiento de anatomía, con un desnudo perfectamente modelado y pulido, con unas calidades perladas y matizadas de la piel, que consiguen una tibieza casi humana y cuyos músculos aparecen pintados con delicadas gradaciones y exentos de toda tensión. 

Todo ello, le supuso las críticas de los estudiosos ochocentistas que hallaron en él un sentimiento forzado, al considerar que la obra era oportunista, por renunciar a su propio lenguaje estilista para complacer el gusto de los académicos.

La cabeza, trabajada con pincelada suelta y vibrante, está inclinada a su izquierda y levantada, dotando a la obra del ajustado dinamismo que demandaban los cánones clásicos para evitar la rigidez. 

La mirada implorante, hacia las alturas, refleja dramatismo e incluso parece representar un gesto de éxtasis, al reflejar el instante en que Jesús  alza la cabeza y, con la boca abierta, parece pronunciar las palabras: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, ​en el momento antes de su muerte (de expirar), pero la serenidad de todo el conjunto evita la sensación patética. 


Detalle de la cabeza

Además, Goya suaviza los factores más sangrientos y dramáticos, resaltando la belleza del cuerpo desnudo.

La pierna derecha adelantada, que procede del Cristo de Mengs, la cadera ligeramente sesgada, los pies firmemente apoyados sobre una peana, dotan a la obra del ajustado dinamismo que demandaban los cánones clásicos, para evitar la rigidez. 


La pierna derecha adelantada

Una inscripción trilingüe en la parte superior de la cruz que comienza con IESUS NAZARENUS REX IUDEORUM. 

Tablilla 

Goya representa a Cristo clavado con cuatro clavos, con los pies apoyado en un estribo, peana o subpedaneo, según lo establecido por Francisco Pacheco.

Detalle de los pies sobre el subpedaneo




 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA
CRUCIFIXIÓN 

Grafito de Alexámenos


Grafito de Alexámenos

El llamado “Grafito de Alexámenos” es la imagen más antigua del crucificado, fue grabado en las paredes del Palantino (muro de una escuela romana) antes del siglo III d.c. y fue descubierto en 1857.

Muestra a dos figuras, una de pie ante otra que es un crucificado con cabeza de asno y con los pies suspendidos. Se complementa la escena con una frase en griego: «Alexámenos adorando a su dios» (el grafito está en Roma, pero el griego era la lengua culta preferida para la educación).

Aunque no se menciona el nombre, es evidente que la cabeza de asno se refiere a Jesús, con lo que representa una imagen abiertamente blasfema, con la que se pretendía insultar a Alexámenos, tal vez un alumno de aquella escuela, o quizás un profesor, debido a sus creencias cristianas.

De este grafito se pueden deducir, que los cristianos de las dos primeras centurias no eran perseguidos, pero si eran objeto de burla y formaban parte de la sociedad romana de manera abierta, no clandestina. También se puede asumir que había cristianos adinerados, puesto que a una escuela solo tenían acceso los hijos de los romanos más favorecidos, aunque fueran practicantes de una religión prohibida.

 Autor. Andrés Carranza Bencano