domingo, 15 de enero de 2023

 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Santísimo Cristo de las Siete Palabras 

El nombre de Cristo de las Siete Palabras hace referencia a “Septem Verba” en latín, o los sietes palabras que pronunció Cristo en su crucifixión.

Hernández Díaz cataloga esta obra en el círculo de Jerónimo Hernández y la fecha entre 1582 y 1585, aunque no existe ningún documento que nos permita conocer estos datos. Por el contrario, Palomero Paramo estima que dicha atribución es errónea y sostiene que tradicionalmente había sido atribuido al círculo de Pedro Roldan, pero en la actualidad parece que hay consenso al conceder su autoría a Felipe Martínez (1.681-1.682).

Felipe Martínez es un escultor prácticamente desconocido en una época en que la escultura barroca estaba dominada por Luisa Roldán, La Roldana y Francisco Antonio Ruiz Gijón. Sin embargo, debió frecuentar los ambientes artísticos del siglo XVII, pues era hijo del también escultor Alonso Martínez, ahijado del flamenco José de Arce y yerno del pintor Juan Valdés Leal, con cuya hija Luisa, pintora y grabadora como su padre y su hermano, se casó. Aparte de este Crucificado, solo se conocen de Martínez dos obras más: una Inmaculada en la iglesia de san Juan del Puerto y la talla de la Virgen de la Europa en la iglesia de san Martín.

Este escultor realizaría El Crucificado para la Hermandad del Cristo de la Sangre, Virgen de la Candelaria y San Juan Bautista, que tenía su sede en la iglesia del convento de San Francisco de Paula, que es la actual Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús.  

En 1868, la iglesia de San Francisco de Paula fue clausurada por la Junta Revolucionara y sus bienes fueron trasladados al Convento de Madre de Dios para el traslado a otros lugares, y concretamente este crucificado fue entregado, el 11 de diciembre de 1868,  al oratorio privado de Jose María Cisneros y Lanuza (Coronel de Artillería y propietario, comendador de la Orden Americana de Isabel la Católica y Caballero Gran Cruz de la Militar de san Hermenegildo) siendo restaurado por Emilio Pizarro Cruz.

Al fallecimiento de José María Cisneros, su hijo Honorio mantuvo la imagen en el domicilio paterno. Conocido este hecho por Pizarro, lo puso en conocimiento de la hermandad, que se veía precisada de adquirir una imagen de mejor hechura que la que antes tenía, pues estaba realizada con la técnica del papelón y había precisado varias restauraciones.


Antigua imagen del Cristo de las Siete Palabras. Actualmente recibe culto en la localidad de Cartaya

Detalle del pie izquierdo sobre el derecho con un solo clavo

Desde 1875 la hermandad realizó diversas peticiones al arzobispado para la cesión en calidad de depósito de la imagen, contando con la oposición de Honorio Cisneros, aunque finalmente el 31 de octubre de 1881 le fue notificada la cesión, siendo llevado a San Vicente. “Considerando ser muy atendible el objeto que se nos pide, el Crucificado que en clase de depósito fue entregado por esta jurisdicción el 11 de diciembre de 1868 al Sr. D. José María Cisneros y Lanuza, ya difunto, y hoy en poder de su hijo Honorio, venimos a acceder y accedemos a los deseos de la Hermandad del Santísimo Cristo de las Siete Palabras, concediéndole en igual clase de depósito la indicada imagen”.

Una vez en la hermandad el propio Pizarro efectúa la primera restauración en 1896 consistente en una nueva policromía, en tonalidad más suave y con regueros de sangre menos pronunciados, procediendo igualmente a tapar la llaga del costado que primitivamente tenía la imagen y añadirle pestañas postizas, ejecutando una cruz para que pudiera colocarse en el paso. En 1948, José Sanjuán Navarro le coloca otra vez nuevas pestañas y Germán Rodríguez Tovar procedió al ensamblaje de la cruz al haberse apreciado holgura en la cogida a la cruz.

Posteriormente, en 1971, el imaginero Manuel Escamilla, volvió a fijar los ensambles de los brazos y colocar pestañas.

En 1990 se realiza un proceso de restauración integral del paso del misterio, que incluyó a todas las imágenes. Se sustituyó la cruz, que presentaba grietas por la holgura que sufría en el cajillo del paso, lo que motivaba un cimbreo constante, por una nueva, en madera de caoba, obra de Juan Mayorga Páez.

Entre el 10 de diciembre de 1991 y el 26 de marzo de 1992 fue la imagen fue de nuevo intervenida por Enrique Gutiérrez Carrasquilla y Pedro Enrique Manzano Beltrán. Los restauradores procedieron, previa separación de todas las piezas, a afianzar sus múltiples deterioros, volviendo a ensamblar la cabeza y brazos, colocando un nuevo sistema de cogida de la imagen a la Cruz por el tronco, limpiando y fijando su policromía y suprimiendo las pestañas postizas, limpiando ambos ojos de los pegamentos acumulados por la colocación de éstas, devolviendo a la imagen la mirada que se encontraba perdida.

Eses mismo año se le vuelve a colocar una corona de espina, realizada por Antonio Manuel Pérez Camacho, y en 1995 Jesus Iglesias Montero ejecuta un nuevo INRI para la Cruz.

Pedro Manzano, en 2007 le efectuó nueva consolidación de fisuras, fijación de policromía y reposición de lagunas de la misma y en 2009, procedió a la limpieza de un estrato superficial consistente en una capa de goma laca que le había sido aplicada a la imagen, la reintegración de las lagunas ya efectuadas en 1992 y 2007, a consecuencia de la diferencia que presentaba tras la limpieza, el restañamiento de grietas superficiales, y la localización y reintegración de un ataque de microorganismos en la cadera en su unión con el sudario.

   

Santísimo Cristo de las Siete Palabras

Es una escultura en madera policromada, con la cabeza inclinada hacia el lado derecho, la corona de espinas incluidas en el bloque craneal, y tres potencias de oro. El hombro derecho las elevado que el izquierdo y las manos fijadas a nivel de las palmas.

Detalle de la cabeza y de los hombros

El sudario fijado con un nudo en el lado derecho, complementado con una cuerda circular y las piernas casi simétricamente flexionadas. 

Detalle del sudario y de las piernas

Los pies con un solo clavo de cabeza piramidal con el extremo achatado, estando el pie derecho sobre el izquierdo, llamando la atención el pequeño tamaño del quinto dedo.

Detalle de los pies