jueves, 3 de agosto de 2023

 SIMBOLISMO DEL PIE EN LA PINTURA

Betsavé con la carta de David. Rembtandt. 

Betsabé con la carta de David. Rembrandt. 1654. Óleo sobre lienzo. 142 cm × 142 cm. Museo del Louvre. Paris (ver crédito)

La escena se basa en el relato Bíblico del libro segundo de Samuel donde se cuenta la historia del fatídico triángulo amoroso entre el rey David, Urías el hitita y su esposa Betsabé.

Según dicho relato, el rey David presenció, desde la azotea de su palacio, a una hermosa mujer bañándose. Se enamoró totalmente de ella, se informó de que se trataba de Betsabé, hija de Eriam y esposa de Urías, y le envió una carta invitándola a su palacio. 

Al mantener relaciones con ella la dejó embarazada y para ocultar su adulterio, solicitó a Urías que la tomase, pero este se negó, por estar en la segunda campaña contra los amonitas y los guerreros se tenían que abstener de tener relaciones sexuales cuando se preparaban para el combate. 

Ante esta situación David ordenó a su general Joab que situara a Urías en la zona de mayor riesgo de la batalla para provocar su muerte. Muerto Urias, Betsabe, tras guardar luto, se desposó con David.

El profeta Nathán, manifestó la negatividad de Yahvé y profetizó la muerte del hijo nacido de su relación adúltera con Betsabé y así ocurrió a pesar del ayuno realizado por David como señal de arrepentimiento, “¿Por qué menospreciaste a Yahvé haciendo lo malo a sus ojos, matando a espada a Urías el hitita, tomando a su mujer por mujer tuya (….)?” (2 Samuel 12:9). David y Betsabé engendraron más tarde a Salomón que le sucedería en el trono. 

El cuadro representa el momento en que Betsabé recibe la carta que contiene la invitación del Rey, que tiene en su mano derecha, y que ya ha leído como muestra el hecho de estar abierta y un tanto arrugada, mostrando el sello real.

A Betsabé se le presenta el gran dilema, de permanecer fiel a su marido o asumir la obligación de obedecer al rey, pues la ley de Moisés la obligada a soportar el “derecho de pernada” del rey David.  

La expresión del bello rostro indica esa preocupación, los sentimientos encontrados de pesar y sumisión, la angustia y tristeza por la decisión que tiene que tomar. Toda la aflicción del mundo reflejado en la inclinación de su cabeza sin mirar la carta.

Rembrandt suprime los elementos narrativos de la tradición iconográfica, de tal modo que en la escena no aparece ni el rey, ni el mensajero, solo la cara ensimismada de la mujer y la carta de amor que mantiene abierta en la mano. 

La escena se centra en el cuerpo desnudo de Bethsabé, con un collar y una pulsera en su brazo derecho, por encima del codo, sentada con la pierna derecha sobre la izquierda, en un banco cubierto por un rico bordado con una túnica blanca a su derecha y una colcha dorada detrás de ella.

La modelo que posó para el cuadro, parece que fue Hendrickje Stoffels, la segunda compañera de Rembrandt y presenta signos de padecer un cáncer de la mama derecha, como la invaginación de la piel del cuadrante inferior externo y las tumoraciones en la axila que corresponderían a adenopatías. De hecho, falleció en 1663, probablemente a causa del cáncer de mama.

La luz viene del lado izquierdo, ilumina la mano de la joven, que reposa sobre el paño blanco, y resbala por su cuerpo destacando su protagonismo en la composición al quedar el resto del escenario en penumbra, donde destaca la figura de la vieja sirvienta que lava y seca los pies de su señora como muestra y símbolo de su “pureza”.

 

Lavatorio de pie