jueves, 6 de abril de 2023

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS 

El Expolio. El Greco.

El expolio. El Greco. 1570. Óleo sobre lienzo. 285 x 173 cm. Catedral santa María de Toledo

Consta documentalmente que recibió 400 reales de adelanto a cuenta de la realización del cuadro “Expolio” el 2 de julio de 1576 por parte del cabildo de la catedral de Toledo.

La entregaría dicha obra en el año 1579 y la firma con la que proclama su autoría se advierte en la hoja de papel que aparece doblada en la parte inferior derecha en primer plano.

El Expolio de Cristo estaba destinado al vestuario de la sacristía catedralicia, donde el despojo de las vestiduras de Jesús obtenía un gran valor simbólico.

El motivo del cuadro encargado por el cabildo, “El Expolio”, es el momento inicial de la Pasión   en el que Jesús es despojado de sus vestiduras, para lo que el pintor se inspiró las Meditaciones sobre la Pasión de San Buenaventura, pero la composición no fue considerada adecuada por el cabildo.  

En los evangelios canónicos, no consta que las tres Marías (La Virgen, María Magdalena y María Cleofás), que el Greco sitúa en la parte inferior de la composición, estuvieran presentes en ese momento, ni tampoco en el evangelio apócrifo de Nicodemo, así, en su rechazo se argumentaba que los evangelios canónicos sólo decían: “(…)los que aman a Jesús se mantenían a lo lejos (…)” De San Buenaventura procede igualmente la soga con la que Cristo es atado: “(…)y a Él le arrastraron atado con una soga como se hacía con los ladrones (…)”.

El cabildo tampoco aceptó la situación de los acompañantes por encima de Cristo, basado en iconografías antiguas bizantinas, por considerar que eran impropiedades que oscurecían la historia y desvalorizaban a Cristo.

Este fue el motivo del primero de los pleitos que tuvo el pintor en España, por desavenencias sobre los cuadros con sus clientes. En este caso, después de diversas reclamaciones y tasaciones, el pintor acabó recibiendo como pago 350 ducados sin verse obligado a cambiar las figuras que habían generado el conflicto.

La composición representa a Cristo en el centro, mirando al cielo con una expresión de serenidad, vestido con una túnica de color rojo intenso que domina el resto de la composición. El rostro de Jesús está cargado de dramatismo, especialmente los ojos, llenos de lágrimas conseguidas con un ligero toque del pincel. El amplio cuello y la postura de los dos dedos juntos serán características típicas de la mayor parte de las figuras de El Greco. 

El rostro melancólico del Salvador queda violentamente yuxtapuesto a las figuras de sus ejecutores, que se amontonan en torno a él, una masa de figuras dispuestas a desnudarlo para comenzar la Pasión, creando una impresión de desorden con sus movimientos, gestos, picas y lanzas.

En la parte trasera destaca un enigmático personaje con un sombrero rojo y golilla que señala al espectador y apunta acusadoramente a Cristo, mientras otros dos discuten sobre sus vestiduras. Sobre este personaje se han dado las más variadas versiones. Se ha señalado la sintonía de este gesto con las admoniciones de San Buenaventura que prepara al fiel bajo las fórmulas "mira", "«considera" y "«advierte". Se plantea que representara a uno de los sacerdotes que acusaban a Jesús o que fuera un simple espectador que refuerza la intemporalidad del asunto.

Otro hombre vestido de verde a la izquierda de Cristo lo sujeta con una cuerda y va a proceder a desnudarlo para su crucifixión.

En la parte inferior derecha destaca el escorzo del sayón que prepara la cruz perforando un agujero para facilitar la inserción del clavo que atravesará los pies de Cristo.


A la derecha de Cristo, se encuentra un soldado romano con armadura anacrónica, pues se corresponde con la época del pintor. Se trata de una licencia artística que ha dado pie a varias interpretaciones. Unos lo han identificado con Longinos, el centurión romano que contempla impasible la escena, para luego convertirse al cristianismo. Para otros se trataría, en cambio, de un recurso grequiano, destinado a reforzar el carácter intemporal y simbólico del cuadro.

En la parte inferior izquierda aparecen las tres Marías contemplando la escena con angustia, se muestran en una perspectiva desde arriba, en contraste con la frontalidad que preside la escena principal.

Todo lo que no es el protagonista se encuentra oscurecido y rebajado mientras que Cristo se ilumina y destaca. El rostro iluminado de Cristo y su túnica roja forman un contraste muy fuerte con los oscuros rostros de los acompañantes y con la entonación gris que domina el fondo del cuadro, en la misma línea de grises que la armadura del caballero a la derecha de Jesús.

El Greco y su taller pintaron varias versiones sobre este mismo tema, con variantes. Entre ellas destaca la del Museo del Prado firmada por el hijo del pintor. Las principales variaciones de esta copia respecto al original, además de la calidad, es la corona de espinas que lleva Cristo, las figuras de primer término son algo mayores mientras que las del fondo están más alejadas. En general las figuras de las copias son burdas y no son comparables a la maestría del original.

El Expolio. Theotocópuli, Jorge Manuel. (Obra copiada de el Greco). Hacia 1606. Óleo sobre lienzo. 106,8 x 69 cm. Museo del Prado. Depósito en otra Institución

Advertimos además que, en el lado derecho, en segundo término, se ha incluido un personaje que no está representado en la tela de la catedral, un hombre anciano y canoso, con barba y escaso cabello de espaldas al espectador. El personaje que está a su derecha y que en la pintura original muestra toda la cabeza, en esta copia ha quedado parcialmente oculto.

En los Evangelios no se refiere si Jesús caminó hasta el calvario con o sin calzado, como muestra todas las representaciones artísticas.

En la mayoría de las religiones, la exposición de los pies es considerada como señal de humildad, pero también simbolizan el estatus divino, pues andar descalzos requiere una resistencia sobrehumana al dolor.

Autor: Andrés Carranza Bencano

 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

El Cristo de la Sopa de la Iglesia del santo Ángel.


El cristo de los Desamparados se atribuyó durante algún tiempo a Juan de Mesa, por algunas similitudes con obras documentadas, como la del Crucificado del Amor. Se identificó su paternidad gracias a un documento notarial publicado por Miguel Bago y Quintanilla donde se indicaba que “…el dicho Juan Martínez Montañés había otorgado por ante el dicho escribano en que se había obligado a dar fecha y acabada en toda perfesión toda la obra de la hechura de Cristo que el convento de los carmelitas descalzos de esta ciudad que había pasado por el año de seiscientos y diez y siete…”. El documento, una cédula judicial de 1623, permite fechar la realización del Crucificado en 1617, quizás con la ayuda de algún colaborador, ya que hace alusión a su realización en ese año con destino al convento de los carmelitas descalzos.

También conocida como Cristo de la Buena Muerte, del Buen Fin y de la Sagrada Lanzada, ya que fue titular de esta corporación de penitencia desde el año 1851 hasta 1916, fecha en que pasó a sus propietarios originales, la comunidad carmelita que regresó a su sede del santo Ángel en 1904.

También es conocido como Cristo de la Sopa, porque cuentan que a Martínez Montañés le encargaron un Crucificado los Hermanos de los Carmelitas descalzos para su iglesia. Empezó a tallar la figura en el mismo convento. A mediodía se acercaban muchos menesterosos a comer, un hermano sacaba un caldero con la sopa que ellos mismo comían y la repartía. Martínez Montañés al ver tanta necesidad se le partió el corazón, así que cuando terminó su Cristo, que llamó de los Desamparados por aquellos pobres, les dijo a los hermanos que el dinero no lo cobraría para que siguieran dándoles con él más sopa a los pobres. La gente llamó al Cristo "el de la Sopa". Hasta hace poco los Carmelitas sacan un caldero por la iglesia con la sopa igual que entonces en recuerdo a esta historia.

Se relaciona en su morfología con el Crucificado de la Clemencia (ver) y con el Crucificado del Auxilio de la Catedral de Lima (Perú)



Crucificado de la Clemencia. Catedral de Sevilla

Cristo del Auxilio de la Catedral de Lima

Es un crucificado muerto de 1,75 metros, con un leve des colgamiento respecto al travesaño horizontal de la cruz, en una cruz arbórea.

La herida de la lanzada en el costado derecho.

En el cuerpo destaca el tórax hinchado, con las costillas marcadas y el vientre rehundido.

Cristo de los Desamparados. Iglesia del santo Ángel

La cabeza Inclinada hacia el lado derecho y hacia delante apoyando el mentón en el pecho.

Los ojos están cerrados y levemente hundidos, con las ojeras muy marcadas y las cejas algo arqueadas.

La nariz con el tabique nasal muy pronunciado y muy marcadas las aletas nasales.

La boca con los labios entreabiertos permite ver los dientes de ambos maxilares, mostrando la tensión del sufrimiento.

La barba es bífida, y muestra pequeños rizos en la parte de la mandíbula y el mentón

Los cabellos forman parte del bloque de craneal, y constituyen mechones sobre la nuca mientras que un grueso mechón baja por el lateral derecho del rostro y en el lado izquierdo un pequeño mechón deja al descubierto la oreja en su totalidad, rasgo que seguiría su discípulo Juan de Mesa.

La corona de espinas esta tallada en madera y forma ramas que se unen mediante cintas talladas en madera.

Detalle de la cabeza y de la tablilla del INRI

Detalle de la cabeza

El sudario o paño de pureza, con el nudo  a su derecha,  presenta pliegues angulosos a la altura de las caderas.

Detalle del sudario o paño de pureza

Presenta un solo clavo en los pies y el derecho sobre el izquierdo, elemento que lo diferencia del Crucificado de la Clemencia, y que lo acerca al Crucificado del Amor, de Juan de Mesa. Este hecho de los pies cruzados y los cuatro clavos, se relaciona con la visión de la monja sueca Santa Brígida.

Detalle en visión frontal de los pies

Detalle en visión lateral de los pies

La última restauración (entre los años 2007-2008) en el Instituto Andaluz de Patrimonio (IAP) permitió recuperar la policromía original, su tono verdoso que recuerda la empleada en el Crucificado de la Clemencia y a otras imágenes de Juan de Mesa, como el Señor del Gran Poder, eliminándose en esta intervención la suciedad acumulada por el paso del tiempo y recuperando la policromía añadida en el sudario, que no era la original.

El estudio de los ensambles de la talla en esta restauración permitió comprobar notables similitudes con el Cristo del Auxilio de la Catedral de Lima, imagen con la que también comparte numerosos rasgos estilísticos.

En la restauración se sustituyó su cruz arbórea, que no era la original sino un añadido del año 1950, por una nueva pieza.

Desde los años 1960 preside la Capilla Sacramental del templo del Santo Ángel, en la cabecera de la nave del Evangelio, nave donde tuvo capilla propia, aunque José Gestoso llegó a verlo en el altar de la nave de la Epístola, donde hoy se sitúa San Elías, un retablo salomónico con caja del siglo XVII para albergar a un Crucificado. 

Capilla Sacramental en la cabecera de la nave del Evangelio. Iglesia del Santo Ángel

Aunque solo ha procesionado excepcionalmente, el Crucificado de los Desamparados ha formado parte de las Exposiciones “Lo sagrado hecho real” (Valladolid, Londres 2010), que sirvió para abrir una nueva corriente de valoración europea de la escultura española del Barroco, y en la edición de la muestra “Las Edades del Hombre” (Ávila, 2015). 

Autor: Andrés Carranza Bencano con la colaboración de Antonio Gutiérrez de la Asociación de Médicos Cofrades.