jueves, 11 de diciembre de 2025

INFECCIONES-EPIDEMIAS

Alfonso XII visitando a los coléricos de Aranjuez. José Bermudo Mateos.

Alfonso XII visitando a los coléricos de Aranjuez. Bermudo Mateos, José. 1887. Óleo sobre lienzo. 291 x 402 cm. Museo de Historia de Madrid, (ver) (CC BY 3.0)

El cuadro representa uno de los episodios más recordados del reinado de Alfonso XII: su visita al Hospital de Coléricos de Aranjuez durante la epidemia de cólera de 1885. En aquellos días, el monarca ordenó habilitar la Casa de Marinos como centro asistencial improvisado para atender a la población afectada. Pese al evidente riesgo para su propia salud, acudió personalmente a reconfortar a los enfermos y supervisar la atención médica, gesto que fue interpretado por la ciudadanía como una muestra excepcional de valentía y sentido del deber.

Alfonso XII de España (leer más), conocido como El Pacificador por su papel en la finalización de la Tercera Guerra Carlista y su impulso a la consolidación institucional de la Restauración, falleció pocos meses después, víctima de tuberculosis, en el Palacio de El Pardo a los 27 años. Su temprana muerte dejó viuda a la reina María Cristina de Habsburgo, quien asumió la Regencia hasta la mayoría de edad de su hijo, el futuro Alfonso XIII.

La pintura de Bermudo Mateos no solo documenta un momento de gran carga emocional, sino que también se ha convertido en un símbolo del modelo de monarquía cercana que Alfonso XII trató de encarnar. En Aranjuez, este episodio permanece vivo en la memoria local y se conmemora con una estatua dedicada al rey situada en la Plaza de la Constitución.

Por Andrés Carranza Bencano

MUERTE EN LA PINTURA

La Muerte Alfonso XII. Juan Antonio Benlliure y Gil.

Muerte de Alfonso XII (El último beso. Benlliure y Gil, Juan Antonio. 1887. Óleo sobre lienzo, 300 x 400 cm. Museo del Prado. Depositado en el Palacio Real de Pedralbes.  (ver) (CC BY 3.0)

El cuadro fue iniciado en Roma y concluido en Madrid, tal como indica la propia firma del artista. Benlliure, atento siempre al clima político y social de su tiempo, supo transformar un acontecimiento reciente y de fuerte carga emocional en un tema de gran impacto para las Exposiciones Nacionales. La obra obtuvo en la edición de 1887 un certificado de segunda medalla y fue adquirida por el Estado por una suma considerable, impulsada en gran parte por la relevancia del tema representado y por la sensibilidad que aún despertaba la muerte del joven monarca.

Alfonso XII había fallecido poco antes, el 25 de noviembre de 1885, víctima de tuberculosis. Tan solo tenía 28 años y murió en el palacio de El Pardo, dejando al país en una situación de incertidumbre política y a su familia sumida en el duelo. Benlliure recrea este momento con un tono íntimo y contenido, evitando el dramatismo excesivo y apelando a una emoción más silenciosa y recogida.

En el centro de la composición se sitúa la cama donde yace el cuerpo del rey, dispuesta con sencillez y rodeada de una penumbra que subraya la gravedad de la escena. A los pies del lecho se distinguen varias figuras, entre ellas el confesor del monarca, el cardenal Francisco de Paula Benavides Navarrete, y Antonio de Orleans, duque de Montpensier y suegro del soberano. Otros personajes permanecen medio ocultos, apenas insinuados entre las sombras, lo que refuerza la atmósfera de respeto y recogimiento.

Detalle del cardenal Francisco de Paula Benavides Navarrete, y Antonio de Orleans, duque de Montpensier

En la cabecera permanece la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena, segunda esposa de Alfonso XII. Viste luto riguroso y sostiene un pañuelo con el que se enjuga las lágrimas, gesto que Benlliure capta con particular delicadeza. A su lado se encuentra la infanta María de las Mercedes, la hija mayor del matrimonio, afectada por la tristeza del momento.

Detalle de la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena y la infanta María de las Mercedes

Al otro lado del lecho, la infanta María Teresa, todavía muy pequeña, se incorpora hacia el cuerpo inmóvil de su padre. Sostenida por su ama y con la inocencia reflejada en la mirada, se inclina para dar ese último beso que da título a la obra. La reacción de la niña, que observa a su madre sin comprender del todo la magnitud de lo que ocurre, añade un matiz profundamente humano a la escena.

Detalle de la infanta María Teresa, sostenida por su ama, dándole el último beso a su padre

El artista completa la composición con numerosos detalles que subrayan el carácter íntimo del momento: sobre la cama y el suelo alfombrado se esparcen flores frescas, algunas ya caídas, símbolo de homenaje y al mismo tiempo de fragilidad. El conjunto transmite una sensación de solemnidad contenida y muestra la capacidad de Benlliure para convertir un episodio histórico reciente en una imagen de alto valor emocional y artístico.

 Por Andrés Carranza Bencano