EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA
Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo (Hermandad de la Quinta Angustia).
Misterio
del Descendimiento
La
imagen del Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo se atribuye con
plena certeza al escultor sevillano Pedro Roldán,
quien debió ejecutarla hacia 1659, coincidiendo con su participación en la
ornamentación escultórica del paso procesional de la hermandad.
La obra
constituye uno de los ejemplos más sobresalientes de la imaginería barroca
andaluza por su calidad técnica, su intensidad expresiva y su rigurosa
observación anatómica.
La
talla, de 164 centímetros de altura, destaca por una composición marcadamente
asimétrica que potencia el dramatismo de la escena.
Imagen aislada
colocada en horizontal
El
cuerpo se presenta vencido por el peso de la muerte, con un acusado giro del
torso que genera tensiones plásticas de gran fuerza, especialmente en la zona
abdominal, donde la contracción muscular y la torsión transmiten un realismo
sobrecogedor.
La
cabeza cae hacia el lado derecho con una serena belleza, enmarcada por un
mechón de cabello que desciende en paralelo al antebrazo, reforzando
visualmente la línea descendente del conjunto y subrayando la sensación de
abandono corporal.
Detalle de la cabeza
La
disposición de las piernas responde a la rigidez cadavérica que comienza a
manifestarse tras el fallecimiento, un detalle que confirma el minucioso
naturalismo con que fue concebida la imagen. La pierna izquierda se superpone a
la derecha, lo que sugiere que el cuerpo permaneció en esa posición mientras
estuvo en la cruz, aportando verosimilitud histórica y anatómica a la
representación. Este tratamiento evidencia el profundo conocimiento del
escultor sobre los efectos físicos de la muerte, algo característico del
naturalismo barroco.
Detalle de las
piernas
Se
desconoce la autoría de la policromía, aunque su ejecución revela un notable
dominio del estudio científico del cuerpo humano. Las hipóstasis visibles en
las piernas, consecuencia de haber fallecido en posición vertical, constituyen
un rasgo de extraordinario realismo. El investigador Juan Delgado Roig señala la presencia de manchas
hipostáticas en la cara externa de las pantorrillas y en la zona dorsal de los
pies, así como livideces cadavéricas en estas mismas áreas. Asimismo,
identifica en el antebrazo izquierdo una extensa mancha amoratada que
representa una equimosis, recurso que intensifica la veracidad de la escena y
su impacto emocional.
Detalle de los pies
A lo
largo del tiempo, la imagen ha sido objeto de diversas intervenciones de
conservación. Fue restaurada por Gabriel de
Astorga y Miranda en 1854, por Emilio Bartolomé en 1904, por Vicente
Rodríguez-Caso Giménez de Aragón en 1932 y por los hermanos Cruz Solís en 1984.
Más recientemente, entre 2020 y 2021, la restauradora Esperanza Fernández Cañero llevó a cabo una
intervención centrada en la limpieza de la policromía, permitiendo recuperar
sus matices originales. Este proceso devolvió a la encarnadura los tonos
característicos del barroco y realzó especialmente el perizoma, cuya riqueza
cromática vuelve a apreciarse con notable intensidad.
En
conjunto, el Cristo del Descendimiento se erige como una obra maestra de la
escultura barroca sevillana, donde la perfección técnica, el realismo anatómico
y la profunda carga espiritual se combinan para ofrecer una representación de
sobrecogedora humanidad.
Por Andrés Carranza Bencano



