CARDIOLOGÍA
Goya atendido por Arrieta. Francisco de Goya.
Goya atendido
por Arrieta es una obra realizada por Francisco
de Goya en 1820, óleo sobre lienzo de 117 x 79 cm, conservada hoy en el Minneapolis Institute of Art (Estados Unidos).
La pintura constituye uno de los testimonios más íntimos y conmovedores del
artista, tanto por su carácter autobiográfico como por la intensidad emocional
con la que está concebida.
Tras su ejecución, el cuadro permaneció inicialmente en
poder del propio médico representado, Eugenio
García Arrieta. Posteriormente pasó por diversas colecciones privadas en
Madrid, París y Nueva York, hasta que fue adquirido en 1952 por el museo de
Minneapolis.
De esta obra se conocen además dos copias realizadas
por el discípulo de Goya, Asensio Julià,
quien las ejecutó en el propio taller del maestro. Desparmet facilitó los datos del
paradero de estas copias: una se encontraba en la colección de la señora
Galardi de Quintano, en Irún, y la otra estaba en la colección Moret y Remisa,
en Madrid, que se expone
actualmente en el Museo de Bellas Artes de Álava.
En la parte inferior del cuadro
figura esta inscripción, probablemente autógrafa, con la particular ortografía
de la época: "Goya agradecido, á su amigo Arrieta: por el acierto y esmero
con qe le salvo la vida en su aguda y / peligrosa enfermedad, padecida á fines
del año 1819, a los setenta y tres años de su edad. Lo pinto en 1820".
Detalle de la inscripción en la parte inferior del cuadro
El carácter de la inscripción, subrayando el agradecimiento al médico, Eugenio
García Arrieta, le da a la obra un sentido
casi votivo, cercano al exvoto, simbolizando
el papel trascendental, que en tiempos de dificultades, tienen las personas que
cuidan de nuestra salud, y anuncia el respeto y
exaltación de la ciencia que serán propios de finales del s. XIX, abandonando
la sátira y la crítica burda dieciochesca de los médicos (matasanos, aliados de
las Parcas) que él mismo cultivara en alguno de sus Caprichos o de sus Sueños.
La
figura de Arrieta es, sin embargo, poco conocida fuera de este contexto. Se
sabe que nació en Cuéllar (Segovia) en 1770 y que ejerció en Madrid atendiendo
a una clientela distinguida. También se ha señalado su posible relación
familiar con el escritor Agustín García Arrieta. Poco después de asistir a
Goya, fue enviado por el gobierno español a estudiar una epidemia, "la peste de Levante", en el norte de
África, donde probablemente falleció. De forma paradójica, el anciano pintor
sobrevivió varios años a su propio médico, a
pesar de sus enfermedades y de ser veintitrés años mayor que él.
La enfermedad
de Goya ha sido objeto de numerosos estudios. Ya en 1792 había sufrido una
dolencia grave durante un viaje por Andalucía, cuando tenía cuarenta y seis
años.
Fue atendido
en Cádiz por su amigo Sebastián Martínez, comerciante y coleccionista de arte,
en cuya casa pasó una larga convalecencia. El proceso de recuperación se
prolongó casi dos años y, aunque logró superar la mayor parte de los síntomas, lo
dejó sordo de forma permanente.
Los síntomas
descritos (mareos, pérdida de equilibrio, zumbidos, deterioro progresivo de la
audición, cefaleas y debilidad) han dado lugar a diversas hipótesis
diagnósticas: desde infecciones como la sífilis hasta intoxicaciones por plomo,
frecuentes entre los pintores por el uso de pigmentos, o efectos secundarios de
tratamientos con quinina. Entre las interpretaciones más recientes se ha
propuesto incluso el síndrome de Susac, una rara enfermedad autoinmune. En
cualquier caso, su salud siguió siendo frágil durante el resto de su vida.
Para su recuperación, Goya se retiró a
una casa en las afueras de Madrid, la conocida “Quinta del Sordo”, junto al río
Manzanares. Allí, años después, sufriría la crisis de 1819 que motiva esta
pintura, un episodio del que apenas se tendrían noticias de no ser por este
testimonio pictórico, de agradecimiento al médico que
le atendió y lo curó.
Poco antes de sufrir esta afección, Goya había relatado
a su amigo Zapater síntomas compatibles con cuadros hipertensivos, como mareos,
cefaleas, palpitaciones.
En la obra, el artista se representa a
sí mismo en un estado de extrema debilidad. Aparece semincorporado en la cama, con
la cabeza caída hacia atrás, casi
inconsciente, con el rostro pálido, la mirada perdida, la boca entreabierta, como si le costara un
tremendo esfuerzo respirar, el cabello gris revuelto y sudoroso, y aferrándose a la
sábana, en un gesto de angustia vital. La sabana le cubre hasta la cintura, y asoma por encima de la manta roja; viste un
camisón blanco y un gabán gris. Es la expresión clínica de un
edema agudo de pulmón y Goya nos
transmiten su vivencia de la falta de la plena consciencia y del camino a la
agonía, pues casi podemos oír su respiración entrecortada.
Detalle de Goya
Detrás de él, Arrieta lo sostiene con
firmeza, rodeándole la espalda con un brazo con ademan protector, para impedir que se
desplome sobre la cama; mientras le acerca un vaso con una sustancia
rojiza, quizá un brebaje para aliviar los síntomas de la enfermedad, o ¿será
la
digitalina que salvara al artista?, todo
ello, en una actitud que combina profesionalidad y afecto. La relación entre
ambos no es fría ni distante, el médico aparece como protector y amigo,
implicado emocionalmente en la lucha por la vida del paciente. El médico lleva una chaqueta de intenso color verde,
camisa blanca y pantalón negro.
Detalle de Goya y Arrieta
Goya presenta aquí a su médico, no sólo como su salvador que le hace
beber la medicina, sino como el amigo que le abraza y le conforta ante la
presencia de la muerte”.
“Nada hay más fundamental y
elemental en el quehacer médico que su relación inmediata con el enfermo, nada
en ese quehacer parece ser más permanente” (Lain Entralgo. “La relación
médico-enfermo”, 1964)
La
disposición de las figuras recuerda composiciones tradicionales de la
iconografía religiosa, especialmente el tema de la Piedad, aunque aquí
reinterpretado en clave laica. Esta lectura enlaza con otras obras de Goya en
las que traslada esquemas religiosos al ámbito cotidiano, dotándolos de un
nuevo significado humano.
En el fondo
del cuadro se distinguen varias figuras apenas definidas, envueltas en la
penumbra. Su interpretación ha sido muy discutida: podrían representar
familiares o asistentes, pero también se han identificado con las Parcas de la
mitología clásica, símbolo del destino y de la vida que se extingue. Su presencia
introduce un componente inquietante y casi onírico, en contraste con el
realismo casi clínico de las figuras principales.
En conjunto, la obra no solo documenta
un episodio biográfico, sino que reflexiona sobre la fragilidad de la vida, la
cercanía de la muerte y el papel esencial del cuidado médico. Goya ofrece aquí
una imagen profundamente humana de la enfermedad, en la que el sufrimiento, el
miedo y la esperanza quedan plasmados con una sinceridad poco común en la
pintura de su tiempo.
Por Andrés Carranza Bencano




