EL PIE Y LOS NAZARENOS DE SEVILLA
Nazareno de Pasión.
Nazareno de la Pasión
En los primeros
años del siglo XVII, en torno a 1610-1615, la Hermandad de Pasión debió
encomendar la ejecución de su imagen titular al escultor Juan Martínez Montañés. Aunque no se conserva
documento contractual que certifique de manera definitiva esta autoría —y
probablemente nunca llegue a aparecer—, existen testimonios de gran peso que la
avalan. Entre ellos destaca el del mercedario Juan
Guerrero, quien en su tiempo afirmaba que el Nazareno era obra de “aquel
insigne maestro, asombro de los siglos presentes y admiración de los
venideros”.
La relación
entre el escultor y la corporación pudo verse favorecida por la mediación de
fray Juan de Salcedo y Sandoval, miembro
destacado de la Orden de la Merced y, además, cuñado de Montañés. Este vínculo
resulta verosímil si se considera la influencia que dicho religioso ejercía en
el entorno mercedario sevillano.
La atribución
fue reafirmada en 1725 por Antonio Palomino,
quien además difundió una célebre tradición según la cual el propio Montañés,
al contemplar la imagen procesionando en Semana Santa, salía a su encuentro
maravillado, llegando a dudar de haber sido capaz de realizar una obra de tal
perfección.
En cuanto a su
datación, se sabe con certeza que la escultura estaba concluida en 1619. Ese
año, el escultor Blas Hernández Bello
contrató la realización de un crucificado para la localidad sevillana de Los Palacios y Villafranca, especificando que la
corona de espinas debía imitar la del Nazareno de Pasión. Este dato permite
fijar con seguridad una cronología anterior, que coincide con la propuesta por
el historiador José Hernández Díaz, quien
situó su ejecución entre 1610 y 1615.
La crítica
artística ha mantenido de forma constante esta atribución desde el siglo XVIII.
La autoridad de Palomino influyó en estudios posteriores e incluso inspiró al
pintor Joaquín Turina y Areal, quien en
1890 plasmó en un lienzo —conservado por la Hermandad— la figura del escultor
ante su propia obra.
La imagen
representa un momento del camino hacia el Calvario relacionado con la Quinta
Estación del Vía Crucis, cuando Simón de Cirene es obligado a ayudar a Cristo a
portar la cruz, según el relato del Evangelio de
Marcos (Mc 15, 20-21):
“Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le
pusieron su ropa”. “Lo sacaron para crucificarle, y requisaron a un transeúnte,
un cierto Simón de Cirene que venía del campo, el padre de Alejandro y Rufo,
para que tomara la cruz”. Sin embargo, el acento iconográfico se centra
en Cristo avanzando con serenidad tras los ultrajes sufridos.
Se trata
de una escultura de vestir realizada en madera policromada, con cabeza, manos,
antebrazos, piernas y pies finamente tallados, mientras
que los brazos y el torso quedan tan sólo desbastados. Los hombros y
codos están articulados para facilitar la adaptación de los brazos a la cruz
durante el montaje procesional. La policromía fue aplicada por Francisco Pacheco, destacado teórico del arte y
maestro de Diego Velázquez.
Desde el
punto de vista formal, la imagen destaca por su equilibrio entre naturalismo y
contención expresiva. Cristo sostiene la cruz sobre el hombro izquierdo con un
gesto delicado: Las yemas de los dedos
apenas entran en contacto con el madero. El cuerpo describe una suave
inflexión, mientras la cabeza se inclina levemente hacia la derecha, en actitud
recogida.
Nazareno de la Pasión
La imagen representa a Cristo en actitud de avanzar con la
cruz, captado en pleno movimiento. Carga todo el
peso sobre la pierna izquierda flexionada. El pie izquierdo se apoya
firmemente en el suelo, mientras el derecho se levanta ligeramente, apoyando en la peana tan sólo la punta del
primer dedo. Esta sutil posición, concebida para dotar a la figura de dinamismo
naturalista, en un extraordinario alarde técnico
del escultor que logra alcanzar el equilibrio de la escultura a pesar de lo
arriesgado de su postura.
Detalle del pie izquierdo
Detalle del pie derecho
Lejos de
insistir en el dramatismo sangriento, la obra presenta a un Cristo sereno, de
belleza idealizada y expresión contenida, que transmite aceptación consciente
del sacrificio. La advocación de la Pasión conecta con la espiritualidad de las
cofradías dedicadas a meditar los padecimientos de Cristo, como la fundada en Valladolid en 1577.
El rostro, de gran fuerza expresiva, se
caracteriza por su dulzura y equilibrio: Su
rostro gira a la derecha, la mirada baja, la boca entreabierta deja asomar los dientes y el modelado delicado de cabellos—con
raya central y rizos menudos, tan característicos de Montañés— y barba corta y bífida, refuerzan esa sensación de humanidad
idealizada. La intensidad espiritual que emana la imagen ha hecho de ella uno
de los principales focos devocionales de Sevilla.
Detalle del rostro
Detalle del rostro
Numerosas
anécdotas han contribuido a acrecentar su fama. Entre ellas sobresale la protagonizada
por el arzobispo Antonio Despuig y Dameto,
quien, tras contemplarla detenidamente, afirmó que solo le encontraba un
defecto: “le falta respirar”, subrayando así su asombroso realismo.
Detalle del rostro
A lo largo del tiempo, la imagen ha
sido objeto de diversas intervenciones de conservación. En el siglo XIX y
comienzos del XX se limitaron a pequeñas reparaciones autores como Cesáreo
Ramos, Manuel Gutiérrez Reyes y Cano o Carlos González de Eiris. En 1974 fue
restaurada por Francisco Peláez del Espino, con actuaciones que suscitaron
cierta controversia. Posteriormente, en 1995, los hermanos Cruz Solís llevaron
a cabo una intervención más respetuosa, centrada en la consolidación
estructural, refuerzo de elementos delicados y limpieza de la policromía en
manos y pies.
El Cirineo
Desde su concepción original, la imagen del Nazareno
de la Pasión de Montañés estuvo pensada
para ir acompañada por la figura de Simón de Cirene, aunque se desconoce cómo
sería la primera versión de este personaje.
La representación más antigua
documentada se incorporó en 1844. Para ello, la Hermandad reutilizó la cabeza y
manos de una escultura procedente de la antigua Casa Profesa de los jesuitas,
en la iglesia de la Iglesia de la Anunciación.
Debido a la peculiar inclinación de su cabeza, recibió popularmente el apodo de
“el Mirabalcones”. Esta imagen fue vendida en 1951 a la cofradía de Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Aguilar de la Frontera (Córdoba).
En 1950 se introdujo una nueva versión
promovida por el escultor José Rodríguez
Fernández-Andes, quien adaptó una cabeza atribuida a Juan de Mesa, procedente de un convento agustino
cordobés. El propio Fernández-Andes realizó el candelero, mientras que la
policromía corrió a cargo de Juan Miguel Sánchez y el resto del cuerpo fue
ejecutado por Luis Ortega Bru. Esta figura
permaneció en el paso hasta 1969.
Al año siguiente fue sustituida por una
escultura de talla completa realizada por Sebastián
Santos Rojas, de notable calidad artística. Sin embargo, esta imagen fue
retirada del conjunto procesional en 1974, dejando desde entonces al Nazareno
de la Pasión sin acompañamiento del Cirineo en su estación de penitencia.
Cirineo de Sebastián Santos Rojas
Detalle del rostro
Visión frontal del pie derecho
Visión lateral del pie derecho
Visión frontal del pie izquierdo
Visón lateral del pie izquierdo
Por Andrés Carranza Bencano


