jueves, 19 de marzo de 2026

EL PIE Y LOS NAZARENOS DE SEVILLA

Nazareno de Pasión.

Nazareno de la Pasión

En los primeros años del siglo XVII, en torno a 1610-1615, la Hermandad de Pasión debió encomendar la ejecución de su imagen titular al escultor Juan Martínez Montañés. Aunque no se conserva documento contractual que certifique de manera definitiva esta autoría —y probablemente nunca llegue a aparecer—, existen testimonios de gran peso que la avalan. Entre ellos destaca el del mercedario Juan Guerrero, quien en su tiempo afirmaba que el Nazareno era obra de “aquel insigne maestro, asombro de los siglos presentes y admiración de los venideros”.

La relación entre el escultor y la corporación pudo verse favorecida por la mediación de fray Juan de Salcedo y Sandoval, miembro destacado de la Orden de la Merced y, además, cuñado de Montañés. Este vínculo resulta verosímil si se considera la influencia que dicho religioso ejercía en el entorno mercedario sevillano.

La atribución fue reafirmada en 1725 por Antonio Palomino, quien además difundió una célebre tradición según la cual el propio Montañés, al contemplar la imagen procesionando en Semana Santa, salía a su encuentro maravillado, llegando a dudar de haber sido capaz de realizar una obra de tal perfección.

En cuanto a su datación, se sabe con certeza que la escultura estaba concluida en 1619. Ese año, el escultor Blas Hernández Bello contrató la realización de un crucificado para la localidad sevillana de Los Palacios y Villafranca, especificando que la corona de espinas debía imitar la del Nazareno de Pasión. Este dato permite fijar con seguridad una cronología anterior, que coincide con la propuesta por el historiador José Hernández Díaz, quien situó su ejecución entre 1610 y 1615.

La crítica artística ha mantenido de forma constante esta atribución desde el siglo XVIII. La autoridad de Palomino influyó en estudios posteriores e incluso inspiró al pintor Joaquín Turina y Areal, quien en 1890 plasmó en un lienzo —conservado por la Hermandad— la figura del escultor ante su propia obra.

La imagen representa un momento del camino hacia el Calvario relacionado con la Quinta Estación del Vía Crucis, cuando Simón de Cirene es obligado a ayudar a Cristo a portar la cruz, según el relato del Evangelio de Marcos (Mc 15, 20-21):Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa”. “Lo sacaron para crucificarle, y requisaron a un transeúnte, un cierto Simón de Cirene que venía del campo, el padre de Alejandro y Rufo, para que tomara la cruz”.  Sin embargo, el acento iconográfico se centra en Cristo avanzando con serenidad tras los ultrajes sufridos.

Se trata de una escultura de vestir realizada en madera policromada, con cabeza, manos, antebrazos, piernas y pies finamente tallados, mientras que los brazos y el torso quedan tan sólo desbastados. Los hombros y codos están articulados para facilitar la adaptación de los brazos a la cruz durante el montaje procesional. La policromía fue aplicada por Francisco Pacheco, destacado teórico del arte y maestro de Diego Velázquez.

Desde el punto de vista formal, la imagen destaca por su equilibrio entre naturalismo y contención expresiva. Cristo sostiene la cruz sobre el hombro izquierdo con un gesto delicado: Las yemas de los dedos apenas entran en contacto con el madero. El cuerpo describe una suave inflexión, mientras la cabeza se inclina levemente hacia la derecha, en actitud recogida.

Nazareno de la Pasión

La imagen representa a Cristo en actitud de avanzar con la cruz, captado en pleno movimiento. Carga todo el peso sobre la pierna izquierda flexionada. El pie izquierdo se apoya firmemente en el suelo, mientras el derecho se levanta ligeramente, apoyando en la peana tan sólo la punta del primer dedo. Esta sutil posición, concebida para dotar a la figura de dinamismo naturalista, en un extraordinario alarde técnico del escultor que logra alcanzar el equilibrio de la escultura a pesar de lo arriesgado de su postura.

Detalle del pie izquierdo

Detalle del pie derecho


Lejos de insistir en el dramatismo sangriento, la obra presenta a un Cristo sereno, de belleza idealizada y expresión contenida, que transmite aceptación consciente del sacrificio. La advocación de la Pasión conecta con la espiritualidad de las cofradías dedicadas a meditar los padecimientos de Cristo, como la fundada en Valladolid en 1577.

El rostro, de gran fuerza expresiva, se caracteriza por su dulzura y equilibrio: Su rostro gira a la derecha, la mirada baja, la boca entreabierta deja asomar los dientes y el modelado delicado de cabellos—con raya central y rizos menudos, tan característicos de Montañés— y barba corta y bífida, refuerzan esa sensación de humanidad idealizada. La intensidad espiritual que emana la imagen ha hecho de ella uno de los principales focos devocionales de Sevilla.

Detalle del rostro

Detalle del rostro


Numerosas anécdotas han contribuido a acrecentar su fama. Entre ellas sobresale la protagonizada por el arzobispo Antonio Despuig y Dameto, quien, tras contemplarla detenidamente, afirmó que solo le encontraba un defecto: “le falta respirar”, subrayando así su asombroso realismo.

Detalle del rostro

A lo largo del tiempo, la imagen ha sido objeto de diversas intervenciones de conservación. En el siglo XIX y comienzos del XX se limitaron a pequeñas reparaciones autores como Cesáreo Ramos, Manuel Gutiérrez Reyes y Cano o Carlos González de Eiris. En 1974 fue restaurada por Francisco Peláez del Espino, con actuaciones que suscitaron cierta controversia. Posteriormente, en 1995, los hermanos Cruz Solís llevaron a cabo una intervención más respetuosa, centrada en la consolidación estructural, refuerzo de elementos delicados y limpieza de la policromía en manos y pies.

El Cirineo

Desde su concepción original, la imagen del Nazareno de la Pasión de Montañés estuvo pensada para ir acompañada por la figura de Simón de Cirene, aunque se desconoce cómo sería la primera versión de este personaje.

Nuestro Padre Jesús de la Pasión acompañado por el Cirineo. Grabado de Antonio Montero (1846). (ver) (CC BY 3.0)

La representación más antigua documentada se incorporó en 1844. Para ello, la Hermandad reutilizó la cabeza y manos de una escultura procedente de la antigua Casa Profesa de los jesuitas, en la iglesia de la Iglesia de la Anunciación. Debido a la peculiar inclinación de su cabeza, recibió popularmente el apodo de “el Mirabalcones”. Esta imagen fue vendida en 1951 a la cofradía de Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Aguilar de la Frontera (Córdoba).

En 1950 se introdujo una nueva versión promovida por el escultor José Rodríguez Fernández-Andes, quien adaptó una cabeza atribuida a Juan de Mesa, procedente de un convento agustino cordobés. El propio Fernández-Andes realizó el candelero, mientras que la policromía corrió a cargo de Juan Miguel Sánchez y el resto del cuerpo fue ejecutado por Luis Ortega Bru. Esta figura permaneció en el paso hasta 1969.

Al año siguiente fue sustituida por una escultura de talla completa realizada por Sebastián Santos Rojas, de notable calidad artística. Sin embargo, esta imagen fue retirada del conjunto procesional en 1974, dejando desde entonces al Nazareno de la Pasión sin acompañamiento del Cirineo en su estación de penitencia.

Cirineo de Sebastián Santos Rojas

Detalle del rostro

Visión frontal del pie derecho

Visión lateral del pie derecho

Visión frontal del pie izquierdo

Visón lateral del pie izquierdo

Por Andrés Carranza Bencano