martes, 12 de mayo de 2026

EL PIE Y LOS NAZARENOS DE SEVILLA

Santísimo Cristo de la Corona. Iglesia del Sagrario.

El Santísimo Cristo de la Corona es una de las imágenes pasionistas más antiguas y singulares de Sevilla. Es una imagen de talla completa, anónima y realizada en madera policromada durante el último tercio del siglo XVI. Constituye un magnífico ejemplo de la sensibilidad manierista sevillana. Su antigüedad la convierte, además, en el nazareno más antiguo de cuantos procesionan actualmente en la ciudad, circunstancia que acrecienta tanto su valor artístico como devocional.

La imagen representa a Cristo en el instante de recibir la cruz camino del Calvario. Jesús aparece abrazado al madero y destaca por la amplia zancada de la figura, que imprime movimiento y sensación de avance, mientras la túnica, recorrida por abundantes y angulosos pliegues, acentúa ese dinamismo. La cintura aparece ceñida por una gruesa soga que aporta rudeza y refuerza el carácter penitencial de la escena.

Santísimo Cristo de la Corona

Uno de los aspectos más llamativos de esta escultura es la forma en que Cristo porta la cruz. El madero descansa sobre el hombro derecho, obligando a la cabeza a girarse hacia la izquierda, donde el Señor dirige una mirada serena y doliente al espectador. La cruz aparece “al revés” respecto a la iconografía más habitual de los nazarenos barrocos: el palo vertical (estipe) se sitúa hacia delante y el travesaño horizontal queda detrás.

Detalle de la posición de la cruz arbórea

Esta característica, propia de modelos manieristas inspirados en antiguos grabados centroeuropeos, revela la antigüedad de la obra y su conexión con tradiciones iconográficas medievales y renacentistas. Precisamente de esta manera, abrazando la cruz, comenzó el arte cristiano a representar a Cristo camino del Calvario desde el siglo IV hasta el XV.

En estas imágenes de Cristo que abraza la cruz pudo tener gran influencia el fresco que el Cabildo de la Catedral encarga al pintor Luis de Vargas en 1561, el llamado Cristo de los Ajusticiados o de las Fatigas (ver), para ser colocado en las gradas altas, en la calle Alemanes, sobre el actual acceso a la Biblioteca Colombina.

Los estudiosos han señalado en la imagen una interesante mezcla de elementos arcaizantes y renacentistas. Los rígidos pliegues de la túnica evocan fórmulas medievales, mientras que la anatomía del cuerpo y la idealizada belleza del rostro muestran una sensibilidad plenamente renacentista. Esa combinación permite comprender su influencia posterior sobre escultores barrocos, especialmente en el círculo de los Ocampo.

Detalle del rostro

Detalle del rostro

La veneración a la corona de Cristo se remonta según la tradición al año 1239 en que el rey Luis IX de Francia, San Luis, la trajo de Tierra Santa a Paris, para la cual se construye la Sainte Chapelle, conservándose en la actualidad en Notre Dame, de donde pudo ser salvada en el incendio de 2019. A Sevilla llega una espina de la Corona a fines del siglo XVI, siendo donada a la Catedral por el arzobispo Rodrigo de Castro en 1590.

En torno a ella se aprobó en 1631 una hermandad dedicada a fomentar su culto (Leer mas). Con el tiempo, la imagen del Nazareno se convirtió en el principal símbolo espiritual de la corporación, que hoy mantiene su sede canónica en la Iglesia del Sagrario y realiza estación de penitencia cada Viernes de Dolores por las calles de la feligresía.

A lo largo de los siglos, la talla ha despertado una profunda admiración entre historiadores, artistas y fieles. Ya en el siglo XVII, Diego Ortiz de Zúñiga la describía como una “milagrosa efigie de Christo con la cruz a cuestas, de mucha antigüedad y devoción”. Esa veneración continúa viva en nuestros días.

El Señor porta en su salida procesional unas antiguas potencias de plata realizadas a comienzos del siglo XVIII por Sebastián de Baldarán, consideradas entre las más antiguas que aún procesionan en la Semana Santa sevillana.

Especial significado tuvo la presencia del Cristo de la Corona en el Vía Crucis de las Hermandades de Sevilla celebrado en 2021, en plena pandemia.

El Cristo de la Corona encierra un profundo mensaje teológico, pues no aparece vencido por el peso del madero, sino abrazándolo voluntariamente, aceptando el sacrificio como camino de salvación. La cruz deja así de ser únicamente instrumento de martirio para convertirse en signo de victoria y redención. 

Detalle del pie derecho

Detalle del pie izquierdo

Por Andrés Carranza Bencano

 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Crucificado de la Iglesia del Sagrario.

En el lado del Evangelio del crucero se alza un imponente retablo marmóreo que constituye una de las expresiones más refinadas del barroco dieciochesco sevillano. La traza del retablo fue diseñada por el platero Tomás Sánchez Reciente. La ejecución en mármoles rojizos, blancos y polícromos y piedras nobles correspondió a Manuel Gómez.  

Retablo

Presidiendo la hornacina central se encuentra un extraordinario Cristo Crucificado, obra de Manuel Pereira, escultor de origen portugués vinculado a la escuela madrileña, realizado a comienzos del siglo XVII.

La imagen representa a Cristo aún vivo en la cruz, con una anatomía serena y de gran nobleza, alejada del dramatismo extremo para centrarse en una espiritualidad contenida y profundamente conmovedora. 

Cristo Crucificado

Detalle del rostro

Detalle del rostro

Detalle del paño de pureza

Detalle de los pies

Por Andrés Carranza Bencano

 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Crucificados menores. Iglesia del Sagrario.

Delante del Altar Mayor destaca la imagen de un crucificado menor de autor desconocido.

Crucificado

Detalle del rostro

Detalle del paño de pureza y de las rodillas

Detalle de los pies

Por Andrés Carranza Bencano