sábado, 3 de enero de 2026

EL PIE Y LOS NAZARENOS DE SEVILLA

Cristo de la Humildad y Paciencia. Iglesia del Hospital de Nuestra Señora de la Paz (San Juan de Dios).

En el lado de la epístola del crucero, una vitrina con la imagen del Señor de la Humildad y Paciencia. Es considerada una de las más antiguas de las que se conservan en el Hospital. Se debe encuadrar entre finales del siglo XVI y principios del XVII.

Corresponde a la interpretación de la escena en que Cristo espera la crucifixión, con lo que se busca inspirar en los fieles una actitud de resignación y fortaleza ante la adversidad, que tuvo mucho éxito en las representaciones medievales de los “misterios” en Europa y cuya iconografía difundió Durero a través de sus grabados. (Leer mas).

Señor de la Humildad y Paciencia

Detalle del rostro

Detalle de los pies

Por Andrés Carranza Bencano

EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Crucificado de la Iglesia del Hospital de Nuestra Señora de la Paz (San Juan de Dios).

En la nave de la epístola, el altar del Crucificado a la que quizá se refiere el contrato hecho por la comunidad con Jacinto Pimentel en 1631- 1632 para su realización. Se estructura en banco y un único cuerpo, todo decorado con rocallas, menos la parte central del banco que parece un añadido posterior.

La efigie del crucificado es una de las más antiguas que se conservan en la Iglesia del Hospital pudiendo fecharse en el último tercio del siglo XVI, siendo una obra anónima de tamaño natural y ejecutada en pasta o papelón. Se trata de un cristo muerto, fijado mediante tres clavos   a una cruz plana, con la cabeza caída suavemente sobre su costado derecho, con un paño de pureza de tela que se anuda en su cadera izquierda, que le da un singular aspecto arcaizante.

Crucificado

Detalle de la cabeza

Detalle del paño de pureza o perizoma

Detalle de los pies 

Por Andrés Carranza Bencano

EL PIE Y LOS NAZARENOS DE SEVILLA

Jesús Atado al Columna. Iglesia del Hospital de Nuestra Señora de la Paz (San Juan de Dios).

En la nave de la epístola, un retablo que constituye el ultimo que se instaló en las naves laterales, completando así los ocho que se pueden contemplar actualmente.

Lo preside una imagen crucífera de Jesús atado a la columna, cuyo cabello es natural, de finales del siglo XVIII.

 Jesús atado a la columna

Detalle del rostro

Detalle de las manos

Detalle de los pies

Por Andrés Carranza Bencano

 MUERTE EN LA PINTURA

Entierro de Santa Lucía. Caravaggio.



"Caravaggio pintó este lienzo inmediatamente después de su huida de la cárcel de Malta, donde se había refugiado desde su salida de Roma. Al llegar a Siracusa, la iglesia de Santa Lucía, estaba en restauración y el cabildo le encargó el lienzo para adornar la iglesia reformada. 

El cuadro ha sufrido muchos retoques, especialmente en el siglo XVII y uno de ellos del propio Caravaggio: observando la figura de la muerta, podemos apreciar una ligera anomalía en la unión de cabeza y tronco; se debe a que el pintor había realizado la cabeza totalmente separada del cuerpo, pero se juzgó demasiado tremebundo el efecto y lo corrigió mediante un repinte. 

La maestría a la hora de componer la escena resulta sobrecogedora. El cuerpo bellísimo de la joven mártir está enmarcado por las figuras de los enterradores, que forman una especie de paréntesis en esta parte del lienzo, separando del resto de la composición a la virgen. 

El cadáver marca una fortísima horizontal en brusco contraste con el resto de los personajes, arremolinados verticalmente tras ella. 

Y todos estos elementos se concentran como un lastre en la mitad inferior del cuadro, mientras la mitad superior está completamente vacía, en tonos desvaídos y oscuros. El efecto es similar al cuadro de David sobre la Muerte de Marat, pintado más de un siglo después."

La relación entre Lucía y los ojos, que hace de esta santa la protectora de la vista, se explicita en la iconografía de la Edad Media y deriva quizá de la cercanía etimológica del nombre griego “Lucía” con el término latino “lux” (luz).

Por Andrés Carranza Bencano