sábado, 3 de enero de 2026

 MUERTE EN LA PINTURA

Entierro de Santa Lucía. Caravaggio.



"Caravaggio pintó este lienzo inmediatamente después de su huida de la cárcel de Malta, donde se había refugiado desde su salida de Roma. Al llegar a Siracusa, la iglesia de Santa Lucía, estaba en restauración y el cabildo le encargó el lienzo para adornar la iglesia reformada. 

El cuadro ha sufrido muchos retoques, especialmente en el siglo XVII y uno de ellos del propio Caravaggio: observando la figura de la muerta, podemos apreciar una ligera anomalía en la unión de cabeza y tronco; se debe a que el pintor había realizado la cabeza totalmente separada del cuerpo, pero se juzgó demasiado tremebundo el efecto y lo corrigió mediante un repinte. 

La maestría a la hora de componer la escena resulta sobrecogedora. El cuerpo bellísimo de la joven mártir está enmarcado por las figuras de los enterradores, que forman una especie de paréntesis en esta parte del lienzo, separando del resto de la composición a la virgen. 

El cadáver marca una fortísima horizontal en brusco contraste con el resto de los personajes, arremolinados verticalmente tras ella. 

Y todos estos elementos se concentran como un lastre en la mitad inferior del cuadro, mientras la mitad superior está completamente vacía, en tonos desvaídos y oscuros. El efecto es similar al cuadro de David sobre la Muerte de Marat, pintado más de un siglo después."

La relación entre Lucía y los ojos, que hace de esta santa la protectora de la vista, se explicita en la iconografía de la Edad Media y deriva quizá de la cercanía etimológica del nombre griego “Lucía” con el término latino “lux” (luz).

Por Andrés Carranza Bencano

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