domingo, 11 de enero de 2026

PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Pie griego-Pie Egipcio

Sagrada Cena. Alonso Vázquez.

Sagrada cena. Vázquez, Alonso. 1588. Óleo sobre lienzo. 318 x 402 cm. Museo de Bellas Artes. Sala V. Procede de la desamortización de 1840 del Monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla

Alonso Vázquez, discípulo del cordobés Pablo de Céspedes, desarrolla un lenguaje plenamente inscrito en el Manierismo, perceptible tanto en la monumentalidad de las figuras como en la complejidad compositiva y espacial de sus obras. Su actividad en Sevilla está documentada al menos desde 1588, año de realización de esta pintura, y se prolonga hasta 1603, cuando se traslada a México formando parte del séquito del III marqués de Montesclaros. Allí ejerció su oficio hasta su fallecimiento, ocurrido el 13 de abril de 1607.

Este lienzo reviste un interés excepcional al considerarse la primera obra conocida del artista. Durante largo tiempo fue atribuida a Pablo de Céspedes, hasta que Diego Angulo, tras un minucioso análisis estilístico, propuso su correcta adscripción a Alonso Vázquez. En dicho estudio señaló, entre otros aspectos, el uso de maniquíes recubiertos de tela engomada o papel humedecido para el estudio de los volúmenes, una técnica que continuó empleándose en el siglo XVII y que llegó a ser utilizada por pintores como Zurbarán.

La escena de la Última Cena se desarrolla en un fastuoso marco arquitectónico de carácter renacentista, concebido como un palacio adornado con esculturas. En este espacio, Cristo comparte la mesa con los apóstoles, mientras el pintor introduce un elaborado juego perspectivo, especialmente visible en los ángulos superiores de la composición.

La mesa aparece presidida por Jesús y, en evidente paralelismo con la célebre obra de Leonardo da Vinci, los discípulos se organizan en grupos de tres, reforzando el ritmo y el equilibrio del conjunto. Siguiendo las indicaciones de algunos tratadistas, entre ellos Francisco Pacheco, el autor altera la disposición habitual de los apóstoles y sitúa a san Pedro a la derecha de Cristo, otorgándole un lugar destacado en consonancia con su condición de vicario de Dios en la tierra.

A la izquierda del Salvador se representa a Santiago el Menor, cuyo rostro, según las recomendaciones de Pacheco, debía asemejarse al de Cristo. Reclinándose sobre su pecho aparece san Juan, el discípulo amado, símbolo de la fidelidad y la cercanía espiritual. En primer término, Judas Iscariote dirige su mirada al espectador mientras sostiene la bolsa con los treinta siclos, clara alusión a la traición que está a punto de consumarse.

Detalle de Jesús con San Pedro, Santiago el Menor y san Juan

Al fondo a la izquierda una segunda escena representa el lavatorio.

Escena del lavatorio

La obra evidencia la influencia de Miguel Ángel en la concepción de las figuras, robustas y de poderosa anatomía, perceptible bajo los pliegues de los amplios ropajes. Junto a esta monumentalidad destaca el acusado naturalismo con el que se representan los elementos del bodegón dispuesto sobre la mesa —panes, servilletas, recipientes y bandejas— así como los objetos, adornos y flores esparcidos por el suelo de la estancia, que enriquecen la escena y subrayan el interés del artista por la observación directa de la realidad.

Curiosamente dos apóstoles presentan unos pies de morfología griega, con el primer dedo más corto que el segundo. Se conoce como griego debido a que en la mitología griega está asociado a las diosas y sus poderes. Mientras que los pies de Judas Iscariote se representan con morfología egipcia.

Detalle del apóstol de la derecha

Detalle de su pie griego

Detalle del apóstol de la izquierda

Detalle de su pie griego

Detalle de   Judas Iscariote

Detalle de su pie egipcio

Por Andrés Carranza Bencano

 PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Pie griego

San Antonio de Padua y el Niño. Bartolomé Esteban Murillo.

San Antonio de Padua y el Niño. Murillo, Bartolomé Esteban. Hacia 1668-1669. Óleo sobre lienzo. 283 x 188 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Sala V. Desamortización del convento de los Capuchinos

Para ocupar uno de los altares laterales de la nave del evangelio, al lado izquierdo de la pintura de la Anunciación, junto al presbiterio, pintó Murillo, entre los años 1668 y 1669, este San Antonio de Padua y el Niño.

San Antonio (ver) representa el ideal de espiritualidad popular propugnado por los primeros franciscanos, y por ello los capuchinos, surgidos de la necesidad de volver a la forma de vida original de la orden, lo incluyen en el programa iconográfico contratado al pintor.

A pesar de las numerosas veces -en torno a una decena- que el pintor representa al fraile franciscano a lo largo de su dilatada carrera, la sencillez con la que aborda esta composición la convierte, de entre las conocidas hoy, en una de las más conmovedoras.

Desde la Vita prima o Assidua, primer testimonio conocido sobre su vida, hasta el Liber miraculorum Sancti Antonii, son muchas las fuentes textuales que van acrecentando su devoción y configurando, por extensión, su iconografía para el arte.

La obra se distribuye en un plano superior de gloria con diferentes angelitos y un plano inferior con el santo y el Niño Jesús.

Plano superior de gloria


El milagro de la aparición del Niño Jesús a san Antonio, una sacra conversación, tiene origen en el citado Liber miraculorum Sancti Antonii. Este episodio, que otorga al santo el matiz de protector de la infancia, es el más usual de toda la iconografía antoniana y también el predilecto de Murillo, que lo trata con especial mimo por su natural tendencia a representar el mundo infantil.

En la tela de Capuchinos, san Antonio, muy joven y con la barba capuchina -a diferencia de las otras representaciones murillescas del santo-, aparece arrodillado en un suelo rocoso, rodeando con su brazo izquierdo al Niño, que está sentado en un libro abierto. Jesús, que ha descendido de un rompimiento de gloria donde revolotean ángeles, y del que emana un haz de luz que ilumina la escena, alza el brazo derecho para señalarle al santo los dones celestiales que la entrega a Dios le hará gozar. 

Detalle

Hacen reconocible a san Antonio de Padua varios atributos: la presencia del libro, el hábito marrón de la orden franciscana, ceñido a la cintura con el cíngulo de tres nudos simbolizando los votos de castidad, pobreza y obediencia, con el capucho piramidal del hábito primitivo que la rama de los capuchinos adopta, y las azucenas que sostiene con su mano derecha, a manera de pluma de escritura, como las porta en la misma serie el ángel de la Anunciación (Web Oficial del Museo de Bellas Artes).

Finalmente destaca la posición de flexión de rodilla y de hiperextensión del primer dedo en un pie con la morfología del ante pie que corresponde claramente a un tipo de pie griego con el primer dedo más corto que el segundo.

Se conoce como griego debido a que en la mitología griega está asociado a las diosas y sus poderes.

Detalle del pie

Por Andrés Carranza Bencano

PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Pie griego

San Jesé con el Niño. Bartolomé Esteban Murillo.

San José con el Niño. Murillo, Bartolomé Esteba. 1665-1666. Óleo sobre lienzo. 197 x 116 cm. Museo de Bellas Artes. Sala V.

Murillo trató en numerosas ocasiones este tema iconográfico, que fue ampliamente difundido en el arte cristiano de los siglos XVII y XVIII.

El lienzo representa a san José con el Niño, ambas figuras de cuerpo entero y de tamaño natural.

Murillo nos muestra un san José (ver) majestuoso, a la manera de la estatuaria clásica, acogiendo en actitud paternal al Niño Dios. San José, pensativo, parece presagiar el trágico futuro del Niño, al que Murillo ha inundado de luz y ternura.

Detalle

El Niño posado sobre un pedestal en ruinas se apoya tiernamente en el santo y porta en la mano izquierda una vara de azucenas.

En un segundo plano, a la derecha, restos de una columna clásica sobre pedestal y a la izquierda un fondo arquitectónico levemente abocetado.

Detalle del pie

Finalmente destaca la morfología del ante pie de San José que corresponde claramente a un tipo de pie griego con el primer dedo más corto que el segundo.

Se conoce como griego debido a que en la mitología griega está asociado a las diosas y sus poderes.


Esquema de la morfología del antepie

Por Andrés Carranza Bencano