PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA
Pie griego-Pie Egipcio
Sagrada Cena. Alonso Vázquez.
Sagrada cena. Vázquez,
Alonso. 1588. Óleo
sobre lienzo. 318 x 402 cm. Museo
de Bellas Artes. Sala V. Procede de la desamortización de 1840 del Monasterio
de la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla
Alonso Vázquez,
discípulo del cordobés Pablo de Céspedes, desarrolla un lenguaje plenamente
inscrito en el Manierismo, perceptible tanto en la monumentalidad de las
figuras como en la complejidad compositiva y espacial de sus obras. Su
actividad en Sevilla está documentada al menos desde 1588, año de realización
de esta pintura, y se prolonga hasta 1603, cuando se traslada a México formando
parte del séquito del III marqués de Montesclaros. Allí ejerció su oficio hasta
su fallecimiento, ocurrido el 13 de abril de 1607.
Este lienzo reviste
un interés excepcional al considerarse la primera obra conocida del artista.
Durante largo tiempo fue atribuida a Pablo de Céspedes, hasta que Diego Angulo,
tras un minucioso análisis estilístico, propuso su correcta adscripción a
Alonso Vázquez. En dicho estudio señaló, entre otros aspectos, el uso de
maniquíes recubiertos de tela engomada o papel humedecido para el estudio de
los volúmenes, una técnica que continuó empleándose en el siglo XVII y que
llegó a ser utilizada por pintores como Zurbarán.
La escena de la
Última Cena se desarrolla en un fastuoso marco arquitectónico de carácter
renacentista, concebido como un palacio adornado con esculturas. En este
espacio, Cristo comparte la mesa con los apóstoles, mientras el pintor
introduce un elaborado juego perspectivo, especialmente visible en los ángulos
superiores de la composición.
La mesa aparece
presidida por Jesús y, en evidente paralelismo con la célebre obra de Leonardo
da Vinci, los discípulos se organizan en grupos de tres, reforzando el ritmo y
el equilibrio del conjunto. Siguiendo las indicaciones de algunos tratadistas,
entre ellos Francisco Pacheco, el autor altera la disposición habitual de los
apóstoles y sitúa a san Pedro a la derecha de Cristo, otorgándole un lugar
destacado en consonancia con su condición de vicario de Dios en la tierra.
A la izquierda del
Salvador se representa a Santiago el Menor, cuyo rostro, según las
recomendaciones de Pacheco, debía asemejarse al de Cristo. Reclinándose sobre
su pecho aparece san Juan, el discípulo amado, símbolo de la fidelidad y la
cercanía espiritual. En primer término, Judas Iscariote dirige su mirada al
espectador mientras sostiene la bolsa con los treinta siclos, clara alusión a
la traición que está a punto de consumarse.
Al fondo a la
izquierda una segunda escena representa el lavatorio.
Escena del lavatorio
La obra evidencia la influencia de
Miguel Ángel en la concepción de las figuras, robustas y de poderosa anatomía,
perceptible bajo los pliegues de los amplios ropajes. Junto a esta
monumentalidad destaca el acusado naturalismo con el que se representan los
elementos del bodegón dispuesto sobre la mesa —panes, servilletas, recipientes
y bandejas— así como los objetos, adornos y flores esparcidos por el suelo de
la estancia, que enriquecen la escena y subrayan el interés del artista por la
observación directa de la realidad.
Curiosamente
dos apóstoles presentan unos pies de morfología griega, con el primer dedo más corto que el segundo. Se
conoce como griego debido a que en la mitología griega está asociado a las
diosas y sus poderes. Mientras que los pies de Judas Iscariote se representan
con morfología egipcia.
Detalle
del apóstol de la derecha
Detalle
de su pie griego
Detalle
del apóstol de la izquierda
Detalle
de su pie griego
Detalle
de Judas Iscariote
Detalle
de su pie egipcio
Por Andrés Carranza Bencano
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