GERIATRÍA EN LA PINTURA
La Santera. Manuel González Santos.
"La Santera". Manuel González Santos. 1930. Óleo sobre lienzo. 89
x 66 cm. Museo de Bellas Artes. Sala XIII. Donación del propio autor en 1944.
En otro tiempo, la figura del santero era muy común en
España, sobre todo en el ambiente rural. Se trataba de una persona que cuidaba
de una pequeña imagen religiosa e incluso la paseaba por las calles en busca de
la limosna de los devotos.
En este caso el
pintor representa a una anciana, tocada con una mantilla negra, que rodea con
su brazo la imagen de un Niño Jesús mientras que con la mano derecha deposita
en el platillo la limosna que un fiel acaba de ofrecerle.
El realismo de la
composición no se limita a la fidelidad física del rostro o de las manos, sino
que se extiende a la captación de un carácter. La ancianidad aparece aquí
despojada de cualquier dramatismo, pues no hay dureza ni decadencia, sino una
dulzura reposada. El rostro, surcado por el tiempo, transmite una serenidad que
parece asentarse en la costumbre de la fe y en la repetición de gestos
humildes. La mantilla negra que enmarca su cabeza no endurece sus facciones,
sino que acentúa la suavidad de su mirada dirigida hacia la pequeña imagen del
Niño Jesús que protege con su brazo.
Detalle del rostro
Detalle de la mano derecha
La
iluminación de lo que parece ser un interior de una iglesia, procedente de
un fogón o brasero que no vemos, acrecienta la sensación de intimidad.
En este
lienzo, González Santos demuestra su fidelidad al mundo costumbrista, pero la
anciana no es un tipo social ni una figura pintoresca: es un ser concreto,
dotado de una presencia silenciosa que invita a la contemplación. La vejez,
lejos de ser representada como ocaso, se presenta aquí como un estado de calma
luminosa, donde cada gesto adquiere un sentido pleno.
Por Andrés Carranza Bencano