viernes, 13 de marzo de 2026

EL PIE Y LOS NAZARENOS DE SEVILLA

Nazareno de las Fatigas. Iglesia de Nuestra Señora de la Magdalena. 

El Nazareno de las Fatigas se venera actualmente en la iglesia de la Magdalena, donde se sitúa al final de la nave del Evangelio, alojado en un retablo barroco de elegante composición y columnas salomónicas que enmarcan la imagen. Esta escultura procede de la antigua parroquia de Santa María Magdalena, templo que desapareció tras los graves daños sufridos durante la Invasión Francesa y cuya demolición tuvo lugar en 1811.

Retablo del Nazareno de las Fatigas

En sus orígenes la imagen fue conocida como el “Santo Cristo de la Magdalena”. La primera referencia documental en la que aparece con la advocación actual de Señor de las Fatigas data de un inventario realizado en 1803. No obstante, su origen artístico podría remontarse a finales del siglo XVI.

En 1997 el investigador Federico García de la Concha planteó la relación de esta talla con el “Señor con la cruz a cuestas” que debía presidir el retablo encargado en diciembre de 1586 por los albaceas testamentarios del jurado Juan Peláez Caro al ensamblador y escultor Gaspar del Águila. La policromía de aquella obra fue confiada al pintor Antonio de Arfián, según consta en un extracto documental que había sido publicado décadas antes, en 1929, por el historiador Celestino López Martínez.

Nazareno de las Fatigas 

La advocación de “las Fatigas” alude al momento de extremo cansancio que la escultura transmite durante el camino hacia el Calvario. La imagen parece haber detenido brevemente su marcha para mostrar al fiel el peso físico y espiritual de la Pasión. El rostro, de rasgos tensos y expresión profundamente dramática, refleja el abatimiento de Cristo, reforzando así el sentido devocional de la representación.

Detalle del Nazareno de las Fatigas 

Detalle del Nazareno de las Fatigas 

La talla presenta un tamaño inferior al habitual en este tipo de imágenes, ya que mide aproximadamente 1,18 metros de altura. Está realizada en madera y muestra a Cristo con el rostro vuelto hacia el espectador, las piernas ligeramente flexionadas y la mano derecha apoyada sobre el muslo, un detalle que constituye su rasgo iconográfico más singular. La cruz descansa de forma inclinada: el extremo inferior del madero largo toca el suelo por delante de la figura, mientras el travesaño se apoya sobre el brazo izquierdo del Nazareno.

Detalle de la mano derecha apoyada en la rodilla

Desde el punto de vista iconográfico, la obra se integra en la tradición de los Nazarenos que portan la cruz “al revés”, es decir, con el madero largo por delante de la figura, fórmula que fue relativamente frecuente en la escultura sevillana del siglo XVI. Un ejemplo bien conocido dentro de esta tipología es el Nazareno de la Hermandad del Silencio.

Nazareno de las Fatigas 

El profesor José Hernández Díaz calificó la imagen en 1980 como una obra “interesante y muy devota”, destacando además su carácter decorativo, “por tener tallado sólo el frente y presenta el dorso plano cubierta de tela encolada la parte posterior”. Señalaba pues que la talla fue concebida con el frente completamente trabajado mientras que el dorso permanecía plano, circunstancia que indica su destino para un retablo. La parte posterior estuvo durante mucho tiempo cubierta por telas encoladas, mientras que la imagen se presentaba habitualmente a los fieles vestida con una túnica morada, lisa o ricamente bordada en oro, datada en el siglo XVIII.

La cruz que acompaña a la imagen constituye también una pieza de notable interés. Se trata de un magnífico ejemplar barroco realizado en carey y plata. El trabajo de repujado del metal, caracterizado por las típicas flores bulbosas, permite fecharla en el siglo XVII y vincularla con la orfebrería sevillana de esa centuria.

Detalle del pie derecho

Detalle del pie izquierdo

La devoción popular hacia este Nazareno alcanzó momentos de gran intensidad a lo largo de la historia. El abad Alonso Sánchez Gordillo (ver), beneficiado de la parroquia de la Magdalena, dejó constancia en su manuscrito titulado Religiosas Estaciones del fervor que despertaba la imagen en el año 1634. En dicho texto señala que se difundieron diversos milagros atribuidos a la intercesión de esta imagen, motivo por el cual numerosos fieles acudían ante ella en busca de consuelo en sus tribulaciones. A mediados del siglo XVIII, el sacerdote Antonio González Cantero, uno de los curas más antiguos de la parroquia, recogió también testimonios de estos favores en la tradición local.

En 1848 la imagen fue sometida a una restauración cuyo autor no ha podido identificarse, ya que las cuentas parroquiales no mencionan ni el nombre del artífice ni el alcance exacto de la intervención. Todo indica, sin embargo, que en ese momento se recubrió la túnica tallada con telas encoladas y policromadas para proteger la madera, que presentaba un estado de conservación deficiente. Probablemente también se completó entonces el volumen del dorso mediante añadidos de escayola y estopa, ocultos bajo el plegado del nuevo revestimiento textil.

Entre julio y diciembre de 2009 la escultura fue objeto de una profunda restauración llevada a cabo por el escultor Francisco Berlanga de Ávila, con el asesoramiento del doctor en Historia del Arte José Roda Peña. Durante estos trabajos se retiraron las telas encoladas y los añadidos de materiales degradables que ocultaban la talla original. Gracias a esta intervención fue posible recuperar la volumetría primitiva de la imagen y su condición de escultura de más que medio relieve, con el dorso plano, devolviendo así a la obra su aspecto histórico y su auténtica configuración artística.

Por Andrés Carranza Bencano