EL PIE Y LOS NAZARENOS DE SEVILLA
Nazareno de las Fatigas. Iglesia de Nuestra Señora de la Magdalena.
El Nazareno de
las Fatigas se venera actualmente en la iglesia de la Magdalena, donde se sitúa
al final de la nave del Evangelio, alojado en un retablo barroco de elegante
composición y columnas salomónicas que enmarcan la imagen. Esta escultura
procede de la antigua parroquia de Santa María Magdalena, templo que
desapareció tras los graves daños sufridos durante la Invasión Francesa y cuya
demolición tuvo lugar en 1811.
Retablo del Nazareno de las Fatigas
En sus orígenes
la imagen fue conocida como el “Santo Cristo de la Magdalena”. La primera
referencia documental en la que aparece con la advocación actual de Señor de
las Fatigas data de un inventario realizado en 1803. No obstante, su origen
artístico podría remontarse a finales del siglo XVI.
En 1997 el
investigador Federico García de la Concha planteó la relación de esta talla con
el “Señor con la cruz a cuestas” que debía presidir el retablo encargado en
diciembre de 1586 por los albaceas testamentarios del jurado Juan Peláez Caro
al ensamblador y escultor Gaspar del Águila. La policromía de aquella obra fue
confiada al pintor Antonio de Arfián, según consta en un extracto documental
que había sido publicado décadas antes, en 1929, por el historiador Celestino
López Martínez.
Nazareno de las Fatigas
La advocación
de “las Fatigas” alude al momento de extremo cansancio que la escultura
transmite durante el camino hacia el Calvario. La imagen parece haber detenido
brevemente su marcha para mostrar al fiel el peso físico y espiritual de la
Pasión. El rostro, de rasgos tensos y expresión profundamente dramática, refleja
el abatimiento de Cristo, reforzando así el sentido devocional de la
representación.
Detalle del Nazareno de las Fatigas
Detalle del Nazareno de las Fatigas
La talla
presenta un tamaño inferior al habitual en este tipo de imágenes, ya que mide
aproximadamente 1,18 metros de altura. Está realizada en madera y muestra a Cristo
con el rostro vuelto hacia el espectador, las piernas ligeramente flexionadas y
la mano derecha apoyada sobre el muslo, un detalle que constituye su rasgo
iconográfico más singular. La cruz descansa de forma inclinada: el extremo
inferior del madero largo toca el suelo por delante de la figura, mientras el
travesaño se apoya sobre el brazo izquierdo del Nazareno.
Detalle de la mano
derecha apoyada en la rodilla
Desde el
punto de vista iconográfico, la obra se integra en la tradición de los
Nazarenos que portan la cruz “al revés”, es decir, con el madero largo por
delante de la figura, fórmula que fue relativamente frecuente en la escultura
sevillana del siglo XVI. Un ejemplo bien conocido dentro de esta tipología es
el Nazareno de la Hermandad del Silencio.
Nazareno de las Fatigas
El profesor
José Hernández Díaz calificó la imagen en 1980 como una obra “interesante y muy
devota”, destacando además su carácter decorativo, “por
tener tallado sólo el frente y presenta el dorso plano cubierta de tela
encolada la parte posterior”. Señalaba pues que la talla fue concebida con el
frente completamente trabajado mientras que el dorso permanecía plano,
circunstancia que indica su destino para un retablo. La parte posterior estuvo
durante mucho tiempo cubierta por telas encoladas, mientras que la imagen se
presentaba habitualmente a los fieles vestida con una túnica morada, lisa o
ricamente bordada en oro, datada en el siglo XVIII.
La cruz que
acompaña a la imagen constituye también una pieza de notable interés. Se trata
de un magnífico ejemplar barroco realizado en carey y plata. El trabajo de
repujado del metal, caracterizado por las típicas flores bulbosas, permite
fecharla en el siglo XVII y vincularla con la orfebrería sevillana de esa
centuria.
Detalle del pie
derecho
Detalle del pie
izquierdo
La devoción
popular hacia este Nazareno alcanzó momentos de gran intensidad a lo largo de
la historia. El abad Alonso Sánchez Gordillo (ver), beneficiado
de la parroquia de la Magdalena, dejó constancia en su manuscrito titulado
Religiosas Estaciones del fervor que despertaba la imagen en el año 1634. En
dicho texto señala que se difundieron diversos milagros atribuidos a la
intercesión de esta imagen, motivo por el cual numerosos fieles acudían ante
ella en busca de consuelo en sus tribulaciones. A mediados del siglo XVIII, el
sacerdote Antonio González Cantero, uno de los curas más antiguos de la
parroquia, recogió también testimonios de estos favores en la tradición local.
En 1848 la
imagen fue sometida a una restauración cuyo autor no ha podido identificarse,
ya que las cuentas parroquiales no mencionan ni el nombre del artífice ni el
alcance exacto de la intervención. Todo indica, sin embargo, que en ese momento
se recubrió la túnica tallada con telas encoladas y policromadas para proteger
la madera, que presentaba un estado de conservación deficiente. Probablemente
también se completó entonces el volumen del dorso mediante añadidos de escayola
y estopa, ocultos bajo el plegado del nuevo revestimiento textil.
Entre julio y
diciembre de 2009 la escultura fue objeto de una profunda restauración llevada
a cabo por el escultor Francisco Berlanga de Ávila, con el asesoramiento del
doctor en Historia del Arte José Roda Peña. Durante estos trabajos se retiraron
las telas encoladas y los añadidos de materiales degradables que ocultaban la
talla original. Gracias a esta intervención fue posible recuperar la volumetría
primitiva de la imagen y su condición de escultura de más que medio relieve,
con el dorso plano, devolviendo así a la obra su aspecto histórico y su
auténtica configuración artística.
Por Andrés Carranza Bencano



