viernes, 6 de marzo de 2026

INTOXICACIONES

El albañil borracho. Francisco de Goya y Luciente.

El albañil borracho. Francisco de Goya y Luciente.1786. Óleo sobre lienzo. 35 x15 cm. Museo Nacional del Prado. Sala 085. (ver) (CC BY 3.0)


Se considera muy probable que esta pintura fuese un boceto previo para el cartón de tapiz de El albañil herido. Según diversas interpretaciones, Goya pudo verse obligado a modificar el sentido de la escena tras algún desacuerdo con los responsables de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. El motivo inicial —posiblemente relacionado con un accidente laboral— habría sido sustituido por una escena de tono más ligero y satírico, acorde con el carácter decorativo que se esperaba de los cartones destinados a los palacios reales.

La serie de tapices a la que pertenecían estas composiciones quedó incompleta tras la muerte de Carlos III de España en 1788. Los cartones y escenas proyectadas terminaron utilizándose sin un programa iconográfico definido y se colocaron en diferentes estancias del monasterio de Monasterio de El Escorial. Con el tiempo, los bocetos preparatorios realizados por Goya para sus cartones de tapices fueron vendidos a los duques de Osuna, importantes protectores del artista. En 1896 sus descendientes vendieron estas obras a la familia del noble español Pedro Fernández Durán y Bernaldo de Quiraldós, quien reunió una notable colección privada, quien los donó al Museo del Prado en 1931, institución donde el cuadro se conserva desde entonces.

La escena presenta un tono claramente satírico. Ante un fondo dominado por andamios y elementos propios de una obra de construcción, dos hombres trasladan a un albañil que apenas puede mantenerse en pie. El personaje aparece descompuesto: ha perdido los calzones, lleva las medias caídas y su camisa está manchada de sangre a causa de una herida en la cabeza. Los compañeros que lo sostienen, vestidos con ropas pobres y desgastadas, intercambian miradas cómplices y parecen divertirse con la situación.

Detalle de los tres personajes

Detalles de las caras

A primera vista se trata de una escena popular de carácter anecdótico, pero bajo esa apariencia cotidiana se insinúan diversas lecturas simbólicas. El protagonista encarna al trabajador humilde de finales del siglo XVIII. Su estado de embriaguez puede interpretarse como una alusión a las duras condiciones de vida de los obreros, para quienes el alcohol constituía con frecuencia una forma de evasión frente a la pobreza y la fatiga del trabajo diario.

Al mismo tiempo, la presencia de los compañeros que lo ayudan introduce la idea de solidaridad dentro del mundo popular. Goya refleja la camaradería entre iguales, propia de los ambientes laborales, donde la ayuda mutua compensaba en parte la precariedad de la vida cotidiana. El artista observa estas situaciones con una mezcla de ironía y cercanía, sin idealizar a los personajes, pero tampoco caricaturizándolos de manera cruel.

La obra puede interpretarse también desde una perspectiva moralizante, acorde con los valores ilustrados de la época. El exceso de bebida aparece como un vicio que degrada al individuo y le hace perder la dignidad y la capacidad de cumplir con sus obligaciones laborales. En este sentido, la escena podría entenderse como una advertencia contra los peligros de la embriaguez.

Sin embargo, el tono humorístico de la composición reduce la posibilidad de una crítica directa a las condiciones de trabajo de los albañiles. Más que denunciar la falta de seguridad en las obras, la pintura parece transformar la situación en un episodio casi burlesco. Algunos historiadores han señalado que esta visión podría relacionarse con el carácter reformista del reinado de Carlos III, quien había promulgado en 1784 un edicto destinado a proteger a los trabajadores de la construcción y a garantizar cierta asistencia en caso de accidente. De este modo, la escena, lejos de presentar una denuncia social abierta, se integraría dentro del clima reformador y paternalista de la monarquía ilustrada.

Así, esta pequeña pintura revela ya rasgos característicos del arte de Goya: la observación directa de la vida cotidiana, la mezcla de humor e ironía y una mirada crítica que, aunque todavía moderada, anticipa la profundidad social y psicológica que alcanzará en etapas posteriores de su carrera.

Por Andrés Carranza Bencano

TRAUMATOLOGÍA  

Eneas herido y curado. Fresco.

Eneas herido y curado. Fresco encontrado en las excavaciones de Pompeya. Autor desconocido. Siglo I d.C. Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Italia. (ver) (CC BY 3.0)

Eneas es una de las figuras más importantes de la tradición mítica que conecta el mundo griego con los orígenes legendarios de Roma. Según el mito, era hijo de la diosa Afrodita —identificada por los romanos con Venus— y del príncipe troyano Anquises. Nació en la ciudad de Troya y contrajo matrimonio con Creúsa, hija del rey Príamo. De esta unión nació Ascanio, también llamado Julo.  

Durante la Guerra de Troya, Eneas destacó como uno de los principales defensores de la ciudad. Las epopeyas antiguas lo describen como un guerrero valiente y un jefe respetado entre los troyanos. En la Ilíada de Homero aparece combatiendo contra héroes griegos tan célebres como Aquiles y Diomedes, sobreviviendo gracias a la protección de los dioses.

Cuando los griegos tomaron la ciudad mediante el engaño del Caballo de Troya, los dioses ordenaron a Eneas que abandonara la ciudad para salvar su linaje. Cargó sobre sus hombros a su anciano padre Anquises y tomó de la mano a su hijo Ascanio. Su esposa Creúsa, que se había rezagado durante la huida, murió en medio del caos y las llamas.

Tras la destrucción de Troya, Eneas inició un largo periplo por el Mediterráneo, narrado por Virgilio en su célebre poema épico, la Eneida. De manera semejante a la travesía de Ulises en la Odisea, el héroe troyano afronta numerosas pruebas y peligros. Sin embargo, su viaje no consiste en regresar a su patria, sino en dirigirse hacia un destino desconocido para cumplir una profecía: fundar en Italia la estirpe que daría origen al pueblo romano.

Durante su travesía llegó a Cartago, donde fue acogido por la reina Dido. La soberana se enamoró del héroe troyano y trató de retenerlo, pero los dioses recordaron a Eneas la misión que debía cumplir. Obligado a partir hacia Italia, abandonó la ciudad, y Dido, desesperada por la pérdida, terminó quitándose la vida.

Finalmente, Eneas arribó a la región del Lacio, donde tras diversas luchas se enfrentó a Turno, rey de los rútulos. Tras derrotarlo, contrajo matrimonio con Lavinia, hija del rey Latino. Esta unión fue considerada por la tradición romana como el origen mítico de su pueblo. El hijo de Eneas, Ascanio, fundaría más tarde la ciudad de Alba Longa, de cuya estirpe descenderían, generaciones después, Rómulo y Remo, fundadores legendarios de Roma.

El fresco pompeyano representa un episodio narrado en la Eneida. Durante la lucha contra Turno, Eneas resulta herido por una flecha y es trasladado al campamento. Virgilio describe la escena con estos versos:

“En su lanza Eneas apoyado está

y a sordas brama, y de crecida 

juventud que le cerca, el vago espanto 

contempla inmóvil y del hijo el llanto”


El médico Yápix intenta extraer sin éxito la punta de la flecha. El poeta relata cómo el sanador emplea distintos remedios y herramientas, entre ellas un instrumento semejante a unas pinzas quirúrgicas:

En balde aplica y diligente mano

hierbas divinas de virtud secreta ;

el encarnado hierro tienta en vano;

con tenaza mordaz tal vez lo aprieta”

En ese momento interviene la diosa Venus, movida por la preocupación maternal. Trae consigo una planta medicinal procedente del monte Ida, en Creta: el díctamo, identificado con la especie Origanum dictamnus. A esta hierba se le atribuían propiedades extraordinarias para detener hemorragias y curar heridas; los antiguos creían incluso que los animales heridos la buscaban instintivamente para sanar.

La diosa introduce la planta en un recipiente con agua hirviendo y prepara una infusión. Cuando Yápix aplica el remedio sobre la herida, el sangrado cesa y la flecha puede ser retirada con facilidad. Curado milagrosamente, Eneas abraza a su hijo y regresa de inmediato al combate.

Virgilio describe así la intervención de Venus:

“Venus, en tanto, del afán movida, 

que el corazón materno le atormenta, 

díctamo coge en la cretense Ida,

hierba que allí lozana se presenta.

De puberescentes hojas revestidas;

flores la cubren de color sangrienta,

y pace de ella la silvestre cabra,

si cruda flecha su espinazo labra”


El fresco es una de las representaciones más antiguas de una intervención quirúrgica y representa a todos los personajes mencionados por el poeta: Eneas apoyado en su lanza, su hijo llorando junto a él, varios jóvenes guerreros que contemplan la escena y la diosa Venus portando el díctamo milagroso.

Eneas apoyado en su lanza con su hijo llorando junto a él

Jóvenes guerreros

Diosa Venus

El médico Yápix


La propia ciudad de Pompeya, donde se halló esta pintura, quedaría sepultada bajo cenizas tras la erupción del Monte Vesubio en el año 79 d. C., aproximadamente un siglo después de la muerte de Virgilio, lo que permitió que muchas obras de arte de la vida romana se conservaran hasta nuestros días.

Por Andrés Carranza Bencano