INTOXICACIONES
El albañil borracho. Francisco de Goya y Luciente.
Se considera
muy probable que esta pintura fuese un boceto previo para el cartón de tapiz de
El
albañil herido. Según diversas interpretaciones, Goya pudo verse
obligado a modificar el sentido de la escena tras algún desacuerdo con los
responsables de la Real Fábrica de Tapices de
Santa Bárbara. El motivo inicial —posiblemente relacionado con un
accidente laboral— habría sido sustituido por una escena de tono más ligero y
satírico, acorde con el carácter decorativo que se esperaba de los cartones
destinados a los palacios reales.
La serie de
tapices a la que pertenecían estas composiciones quedó incompleta tras la muerte
de Carlos III de España en 1788. Los
cartones y escenas proyectadas terminaron utilizándose sin un programa
iconográfico definido y se colocaron en diferentes estancias del monasterio de Monasterio de El Escorial. Con el tiempo, los
bocetos preparatorios realizados por Goya para sus cartones de tapices fueron
vendidos a los duques de Osuna,
importantes protectores del artista. En 1896 sus descendientes vendieron estas
obras a la familia del noble español Pedro
Fernández Durán y Bernaldo de Quiraldós, quien reunió una notable
colección privada, quien los donó al Museo del Prado en 1931, institución donde
el cuadro se conserva desde entonces.
La escena
presenta un tono claramente satírico. Ante un fondo dominado por andamios y
elementos propios de una obra de construcción, dos hombres trasladan a un
albañil que apenas puede mantenerse en pie. El personaje aparece descompuesto:
ha perdido los calzones, lleva las medias caídas y su camisa está manchada de
sangre a causa de una herida en la cabeza. Los compañeros que lo sostienen,
vestidos con ropas pobres y desgastadas, intercambian miradas cómplices y
parecen divertirse con la situación.
Detalle de los tres
personajes
Detalles de las
caras
A primera vista se trata de una escena
popular de carácter anecdótico, pero bajo esa apariencia cotidiana se insinúan
diversas lecturas simbólicas. El protagonista encarna al trabajador humilde de
finales del siglo XVIII. Su estado de embriaguez puede interpretarse como una
alusión a las duras condiciones de vida de los obreros, para quienes el alcohol
constituía con frecuencia una forma de evasión frente a la pobreza y la fatiga
del trabajo diario.
Al mismo tiempo, la presencia de los
compañeros que lo ayudan introduce la idea de solidaridad dentro del mundo
popular. Goya refleja la camaradería entre iguales, propia de los ambientes
laborales, donde la ayuda mutua compensaba en parte la precariedad de la vida
cotidiana. El artista observa estas situaciones con una mezcla de ironía y
cercanía, sin idealizar a los personajes, pero tampoco caricaturizándolos de
manera cruel.
La obra puede interpretarse también
desde una perspectiva moralizante, acorde con los valores ilustrados de la
época. El exceso de bebida aparece como un vicio que degrada al individuo y le
hace perder la dignidad y la capacidad de cumplir con sus obligaciones
laborales. En este sentido, la escena podría entenderse como una advertencia
contra los peligros de la embriaguez.
Sin embargo,
el tono humorístico de la composición reduce la posibilidad de una crítica
directa a las condiciones de trabajo de los albañiles. Más que denunciar la
falta de seguridad en las obras, la pintura parece transformar la situación en
un episodio casi burlesco. Algunos historiadores han señalado que esta visión
podría relacionarse con el carácter reformista del reinado de Carlos III, quien
había promulgado en 1784 un edicto destinado a proteger a los trabajadores de
la construcción y a garantizar cierta asistencia en caso de accidente. De este
modo, la escena, lejos de presentar una denuncia social abierta, se integraría
dentro del clima reformador y paternalista de la monarquía ilustrada.
Así, esta pequeña pintura revela ya
rasgos característicos del arte de Goya: la observación directa de la vida
cotidiana, la mezcla de humor e ironía y una mirada crítica que, aunque todavía
moderada, anticipa la profundidad social y psicológica que alcanzará en etapas
posteriores de su carrera.
Por Andrés Carranza Bencano

.jpg)
.jpg)



















.jpg)

.jpg)