GERIATRÍA EN LA PINTURA
Anciana de Arlés. Vincent van Gogh.
Anciana
de Arlés. Vincent van Gogh. 1888. Óleo sobre lienzo. 58,1 × 42,6 cm. Van Gogh
Museum. Ámsterdam.
Van Gogh llegó
a Arlés el 20 de febrero de 1888. Venía de París, donde había convivido con el
ambiente impresionista y neoimpresionista, y buscaba en Provenza una luz y un
paisaje nuevos.
Su
llegada fue seguida inmediatamente por una intensa actividad artística. En una
carta a Theo fechada hacia el 24 de febrero, apenas cuatro días después de su
llegada, escribió que había realizado tres estudios: un paisaje con nieve, una
vista de una carnicería y “una anciana de Arlés”. La pintura pertenece, por
tanto, a un momento extraordinariamente temprano de la experiencia provenzal de
Van Gogh.
El museo
considera probable que se trate de Elisabeth Garcin-Pau, de 68 años, suegra de
Albert Carrel, propietario del Hotel-Restaurant Carrel, donde Van Gogh se alojó
durante sus primeros meses en Arlés. El dato no está documentado como una
identificación absolutamente segura, por lo que es preferible hablar de una
atribución probable. Este detalle tiene bastante importancia porque convierte
el cuadro en algo más que el retrato genérico de una anciana. Van Gogh estaba
pintando a una persona que formaba parte del entorno cotidiano que encontró
inmediatamente después de llegar a Arlés.
La mujer
aparece representada frontalmente, sentada y vista aproximadamente desde el
pecho. Su cuerpo ocupa casi todo el espacio disponible. Mira directamente hacia nosotros. Su rostro
concentra la atención: es un rostro envejecido, surcado de arrugas, con la piel
trabajada mediante pinceladas visibles y colores que se alejan de la simple
imitación naturalista. Lleva una prenda azul oscura que envuelve sus hombros y
una camisa o blusa clara debajo. Sobre la cabeza lleva un pañuelo negro
anudado.
En el lado
izquierdo de la composición puede distinguirse parte de una cama o de su
cabecero, un detalle que contribuye a situar a la mujer en un espacio
doméstico.
El fondo
está tratado de una manera mucho más esquemática que el rostro. Van Gogh
utiliza tonos verdosos, amarillentos y azulados, aplicados mediante pequeñas
pinceladas que producen una superficie vibrante.
Van Gogh no
intenta embellecer a la mujer. Las arrugas no son disimuladas. La piel no se
transforma en una superficie lisa. Las facciones aparecen endurecidas por la
edad y el rostro parece contener la historia de toda una existencia. No es simplemente
una anciana: es un cuerpo en el que el tiempo se ha hecho visible. No parece
una mujer idealizada para satisfacer las expectativas del espectador. Es una
persona mayor que nos devuelve la mirada.
El atuendo (pañuelo negro de la cabeza) corresponde a
una tradición de luto y que Van Gogh lo convierte en un elemento visual
fundamental de la composición.
Detalle
Así, en “Anciana de Arlés”, Van Gogh no idealiza la vejez ni
intenta ocultar sus huellas: convierte las arrugas, la mirada y el atuendo de
luto en signos visibles de una existencia. La mujer deja de ser un modelo
anónimo para convertirse en depositaria de una historia que el espectador no
conoce, pero que puede intuir en su rostro. La pintura adquiere así una
dimensión universal: no representa solamente a una anciana de Arlés, sino al
ser humano enfrentado al paso inexorable del tiempo.
La obra permaneció vinculada a la colección familiar de
Van Gogh y finalmente pasó a formar parte del legado de la familia Van Gogh,
actualmente representado por la Vincent van Gogh Foundation, que es la titular
de las obras de la colección permanente del Van Gogh Museum.
Por Andrés Carranza Bencano