PEDIATRIA
La visita de la madre al hospital. Enrique Paternina García Cid.
La escena se sitúa en un hospital de
beneficencia atendido por las Hijas de la Caridad. En la sala se alinean varias
camas ocupadas por niños enfermos, aunque el artista concentra la atención en
un reducido grupo de figuras.
En primer plano aparece una adolescente
encamada, representada en ligero escorzo, cuya presencia domina la composición
y orienta la mirada del espectador hacia su rostro.
Paternina simplifica deliberadamente el
conjunto a cuatro personajes y acentúa el sentido cristiano de la asistencia
hospitalaria. La figura de la hermana de la Caridad ocupa un lugar destacado en
primer término, reforzada por la presencia del rosario colocado en la cabecera
de la cama. Tres de los personajes aparecen de espaldas o en posición lateral,
un recurso compositivo que conduce visualmente hacia la auténtica protagonista
del lienzo: la joven enferma, centro emocional y narrativo de la escena.
La muchacha muestra en el rostro las
huellas de una fiebre reciente. Sus cabellos castaños, algo desordenados, se
extienden sobre la blancura de la almohada, mientras que el brillo de sus
grandes ojos azules transmite fragilidad y agotamiento. Aun así, su expresión
se suaviza ante la presencia de la madre, a quien contempla con ternura y una
leve melancolía. El contacto de las manos entre ambas sugiere un vínculo
profundo, cargado de afecto, que infunde a la niña una sensación de consuelo,
confianza y sosiego.
Detalle de la niña y su madre
Detalle de la cara de la niña
La madre, sentada junto a la cama,
conversa con su hija mientras le sostiene la mano. Viste de negro y se cubre
con un chal de grueso ganchillo; sobre la falda lleva un amplio delantal pardo,
provisto de bolsillos, destinado a proteger la ropa en las labores cotidianas.
Su indumentaria revela la modestia de la familia, carente de recursos para
recibir atención médica en el hogar. Sin embargo, encuentran amparo en la
caridad de las religiosas, que acogen a los pequeños enfermos con dedicación y
cuidado, convirtiendo el hospital en una suerte de segundo hogar.
Detalle de la madre
A la derecha, vista desde los pies de
la cama, se sitúan la hermana menor de la enferma y la religiosa encargada de
su cuidado. La niña porta un cesto con naranjas, cubierto por un paño rojo, un
pequeño gesto cargado de simbolismo, asociado al deseo de pronta recuperación.
Detalle de la hermana menor con un cesto de naranjas
Junto a ella,
la hermana de la Caridad, reconocible por su característica toca almidonada de
amplio vuelo, conocida como cornete, viste el hábito azul y el delantal blanco
propio de las tareas diarias. Su mano apoyada sobre la enferma transmite una
sensación de protección y seguridad, reforzando el clima de calma y atención.
Detalle de la hermana menor y la religiosa
En la repisa cercana a la cama se
disponen varios objetos cotidianos: una botella de agua, un vaso con cucharilla
para la administración de las medicinas, un cuenco y un frasco de jarabe,
elementos que aluden a la práctica asistencial y a la sencillez de los medios
terapéuticos de la época.
Detalle de la repisa
En la pared de yeso, austera y sin
ornamentos, se observa una placa con el número de identificación de la cama y
una pequeña pizarra colgada de un clavo, donde se anotan los datos del
paciente, la dieta y la medicación prescrita.
Detalle de la Pared
La obra invita también a una reflexión
histórica sobre la atención sanitaria en el siglo XIX. Antes de que la
enfermería se consolidara como una profesión científica y reconocida, su
desarrollo en el ámbito occidental estuvo estrechamente ligado a instituciones
religiosas y gremiales. Durante largo tiempo, el cuidado de los enfermos fue
ejercido por personal religioso o bajo su tutela.
En el contexto de la obra, quienes acudían a los hospitales eran principalmente personas pobres y necesitadas, atendidas por religiosas o voluntarias a cambio de alojamiento y sustento. Las clases acomodadas, en cambio, recibían asistencia médica en sus propios domicilios. Paternina recoge esta realidad social con sensibilidad y sobriedad, ofreciendo un testimonio visual de la caridad, la familia y la enfermedad en la España de su tiempo.
Por Andrés Carranza Bencano
























