EL PIE Y LOS NAZARENOS DE SEVILLA
Santísimo Cristo de la Corona. Iglesia del Sagrario.
El Santísimo Cristo de la Corona es una
de las imágenes pasionistas más antiguas y singulares de Sevilla. Es una imagen de talla completa, anónima y realizada en madera
policromada durante el último tercio del siglo XVI. Constituye un magnífico
ejemplo de la sensibilidad manierista sevillana. Su antigüedad la convierte,
además, en el nazareno más antiguo de cuantos procesionan actualmente en la
ciudad, circunstancia que acrecienta tanto su valor artístico como devocional.
La imagen representa a Cristo en el
instante de recibir la cruz camino del Calvario. Jesús aparece abrazado al
madero y destaca por la amplia zancada de la figura, que imprime movimiento y
sensación de avance, mientras la túnica, recorrida por abundantes y angulosos
pliegues, acentúa ese dinamismo. La cintura aparece ceñida por una gruesa soga
que aporta rudeza y refuerza el carácter penitencial de la escena.
Santísimo Cristo de la Corona
Uno de los aspectos más llamativos de
esta escultura es la forma en que Cristo porta la cruz. El madero descansa
sobre el hombro derecho, obligando a la cabeza a girarse hacia la izquierda,
donde el Señor dirige una mirada serena y doliente al espectador. La cruz
aparece “al revés” respecto a la iconografía más habitual de los nazarenos
barrocos: el palo vertical (estipe) se sitúa hacia delante y el travesaño
horizontal queda detrás.
Detalle de la posición de la cruz arbórea
Esta característica, propia de modelos manieristas
inspirados en antiguos grabados centroeuropeos, revela la antigüedad de la obra
y su conexión con tradiciones iconográficas medievales y renacentistas. Precisamente de esta manera, abrazando la cruz,
comenzó el arte cristiano a representar a Cristo camino del Calvario desde el
siglo IV hasta el XV.
En estas imágenes
de Cristo que abraza la cruz pudo tener gran influencia el fresco que el
Cabildo de la Catedral encarga al pintor Luis de Vargas en 1561, el llamado
Cristo de los Ajusticiados o de las Fatigas (ver), para ser colocado en las gradas altas, en la calle Alemanes, sobre el
actual acceso a la Biblioteca Colombina.
Los estudiosos han señalado en la
imagen una interesante mezcla de elementos arcaizantes y renacentistas. Los
rígidos pliegues de la túnica evocan fórmulas medievales, mientras que la
anatomía del cuerpo y la idealizada belleza del rostro muestran una sensibilidad
plenamente renacentista. Esa combinación permite comprender su influencia
posterior sobre escultores barrocos, especialmente en el círculo de los Ocampo.
Detalle del rostro
La veneración a la
corona de Cristo se remonta según la tradición al año 1239 en que el rey Luis
IX de Francia, San Luis, la trajo de Tierra Santa a Paris, para la cual se
construye la Sainte Chapelle, conservándose en la actualidad en Notre Dame, de
donde pudo ser salvada en el incendio de 2019. A Sevilla llega una espina de la
Corona a fines del siglo XVI, siendo donada a la Catedral por el arzobispo
Rodrigo de Castro en 1590.
En torno a ella se aprobó en 1631 una
hermandad dedicada a fomentar su culto (Leer mas). Con el tiempo, la imagen del Nazareno se convirtió
en el principal símbolo espiritual de la corporación, que hoy mantiene su sede
canónica en la Iglesia del Sagrario y realiza estación de penitencia cada
Viernes de Dolores por las calles de la feligresía.
A lo largo de los siglos, la talla ha
despertado una profunda admiración entre historiadores, artistas y fieles. Ya
en el siglo XVII, Diego Ortiz de Zúñiga la describía como una “milagrosa efigie
de Christo con la cruz a cuestas, de mucha antigüedad y devoción”. Esa
veneración continúa viva en nuestros días.
El Señor porta en su salida procesional
unas antiguas potencias de plata realizadas a comienzos del siglo XVIII por
Sebastián de Baldarán, consideradas entre las más antiguas que aún procesionan
en la Semana Santa sevillana.
Especial significado tuvo la presencia
del Cristo de la Corona en el Vía Crucis de las Hermandades de Sevilla
celebrado en 2021, en plena pandemia.
El Cristo de la Corona encierra un
profundo mensaje teológico, pues no aparece vencido por el peso del madero,
sino abrazándolo voluntariamente, aceptando el sacrificio como camino de
salvación. La cruz deja así de ser únicamente instrumento de martirio para
convertirse en signo de victoria y redención.
Detalle del pie derecho
Detalle del pie izquierdo
Por Andrés Carranza Bencano