EL PIE Y LOS NAZARENOS DE SEVILLA
Cristo de la Humildad y Paciencia. Iglesia del Salvador.
Cristo de la Humildad y Paciencia
El Cristo de la
Humildad y Paciencia constituye una de las imágenes más singulares y emotivas
que se conservan en la Iglesia Colegial del Divino Salvador de Sevilla. Recibe
culto en un retablo barroco situado junto a la puerta que comunica el templo
con el Patio de los Naranjos. Aunque este altar fue concebido originalmente
para albergar la imagen de San Cristóbal, patrón del gremio de los guanteros
que costeó su construcción, hoy está presidido por esta conmovedora
representación de Cristo en los momentos previos a la Crucifixión.
El retablo fue
ejecutado entre 1732 y 1734 por el ensamblador José Maestre y posteriormente
dorado por Francisco Lagraña en 1757.
Retablo del Cristo de la Humildad y Paciencia
La imagen del
Cristo de la Humildad y Paciencia fue tallada en 1696 por el escultor Antonio
Cardoso de Quirós, uno de los imagineros más interesantes de la Sevilla de
finales del siglo XVII. La documentación conservada demuestra que la obra fue
promovida por la Obra Pía de los Pobres vinculada a la colegial, quedando
reflejados en las actas de la época los gastos ocasionados por su ejecución,
policromía y estofado. Sin embargo, la autoría permaneció desconocida durante
siglos hasta que los estudios del profesor José Roda Peña permitieron
atribuirla con fundamento a Quirós, basándose tanto en criterios estilísticos
como en la estrecha relación que el escultor mantuvo con la Hermandad
Sacramental del Salvador, de cuya junta de gobierno llegó a formar parte.
La talla
representa a Cristo sentado sobre una roca, con la cabeza apoyada en una mano y
la mirada perdida en profunda meditación. Se trata de una iconografía conocida
como la Humildad y Paciencia o Cristo de la Espera, que muestra al Redentor
después de los tormentos sufridos y antes de ser clavado en la cruz. El
escultor logró transmitir con extraordinaria sensibilidad una mezcla de dolor
contenido, resignación y serenidad espiritual. Su anatomía revela las huellas
de la Pasión, mientras que el rostro expresa una intensa humanidad que invita
al recogimiento y la contemplación.
Cristo de la Humildad y Paciencia
Detalle del
La composición
se inspira directamente en modelos difundidos por los grabados de Alberto
Durero, especialmente los pertenecientes a la serie de La Pequeña Pasión, que
popularizaron por toda Europa esta representación de Cristo pensativo y
sufriente. Gracias a estas estampas, el tema alcanzó una enorme difusión en la
imaginería barroca, encontrando en la obra de Quirós una de sus
interpretaciones más logradas en Sevilla.
Grabado de Alberto Durero
La devoción a
esta imagen quedó consolidada desde fechas muy tempranas. Ya en un inventario
de 1697 se describía el altar donde recibía culto, acompañado de una cruz,
potencias de plata y ricos ornamentos textiles. Entre las piezas más destacadas
que conserva figura una hermosa muceta de terciopelo carmesí bordada en el
siglo XVIII, utilizada tradicionalmente durante los cultos y el besapiés del
Jueves Santo.
Especial
interés poseen también las potencias y la corona de espinas de plata que luce
en determinadas ocasiones. Estas piezas fueron donadas por Juan Antonio
González Valdés, un devoto sevillano fallecido en Zacatecas, en el entonces
Virreinato de Nueva España. Fabricadas probablemente por un platero mexicano,
emprendieron un largo viaje desde Veracruz hasta Cádiz y, tras varios años de
litigios sucesorios, llegaron finalmente a Sevilla en 1738. Desde entonces
constituyen uno de los elementos más valiosos asociados a la imagen, testimonio
de los vínculos espirituales y culturales que unían Sevilla con los territorios
americanos.
La
restauración realizada por Gutiérrez Carrasquilla permitió recuperar buena
parte de los valores originales de la escultura, resaltando la calidad de su
modelado, la expresividad de sus facciones y la delicada policromía que
caracteriza la producción de Antonio de Quirós.
Más de tres
siglos después de su creación, el Cristo de la Humildad y Paciencia continúa
siendo una de las imágenes de mayor fuerza espiritual del templo. Su serena
actitud, resume con extraordinaria intensidad el mensaje cristiano de
aceptación, fortaleza y confianza ante el sacrificio redentor.
Por Andrés Carranza Bencano