sábado, 5 de agosto de 2023

 SIMBOLISMO DEL PIE EN LA PINTURA

Daniel en el foso de los leones. Rubens, Pedro Pablo.

Las únicas referencias sobre la existencia de Daniel se encuentran en su libro autobiográfico, que pueden completarse con los datos suministrados por Flavio Josefo, pero de fuentes desconocidas. 



Según este autor, Daniel pertenecía a una familia noble del reino de Judá, tal vez emparentado con la realeza.

Los cristianos lo incluyen entre los profetas mayores del Antiguo Testamento, junto a Isaías, Jeremías y Ezequiel, y tanto la iglesia católica, como la ortodoxa lo veneran como santo.

El consenso actual de los historiadores, es que Daniel es un personaje legendario, bajo cuyo nombre se escribió, en el siglo II a.C, un libro apocalíptico que aludía al reinado del monarca helenístico Antíoco IV Epífanes.  

Detalle del “Libro de Daniel” en la “Biblia de Barth”. Lengua alemana baja media. Siglo XVI. (ver crédito)


Según el libro de Daniel, vivió en Babilonia, como exiliado junto con el resto del pueblo hebreo. En el siglo VI a.C. Nabucodonozor II ordenó escoger un grupo de jóvenes hebreos para su servicio, pero siendo educados previamente en las tradiciones de los escribas. Los elegidos fueron Daniel junto a Ananías, Misael y Azarías, miembros de la misma tribu, que fueron confiados al cuidado de Azpenaz, jefe de los eunucos.  


Ananías, Misael y Azarías. Solomon, Simeon. 1863. (ver crédito)


Los jóvenes fueron introducidos en la cultura mesopotámica, aprendiendo su lengua, su escritura y su tradición literaria y fueron alojados en el palacio real. Actualmente las excavaciones arqueológicas parecen identificar este palacio en el margen occidental del Éufrates.

Después de una formación de tres años, Daniel y sus tres compañeros fueron presentados a Nabucodonosor, que según el texto: “los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en su reino”.  

En el segundo año del reinado de Nabucodonosor, el monarca tuvo un sueño que le provocó gran ansiedad, por lo que convocó a sus astrólogos para que lo interpretase. Ante la falta de respuesta satisfactoria de estos sabios, mando ejecutarlos.  

Entretanto, Daniel y sus compañeros oraron a Yahveh para que les revelase el misterio, y Daniel tuvo una visión que le mostró tanto el sueño como su interpretación. En agradecimiento, Daniel fue nombrado gobernador de la provincia de Babilonia y jefe de sabios y expertos y sus tres compañeros recibieron cargos en la administración imperial.   

Permaneció en la corte durante todo el reinado de Nabucodonosor y su sucesor Belsasar.

En el capítulo 5 del libro de Daniel se cuenta el episodio conocido como el “Festín de Baltazar” (inmortalizado por Rembrandt), en el que este bebió en los vasos sagrados sustraídos del Templo de Jerusalén y como consecuencia, apareció una misteriosa escritura en la pared, trazada por una mano espectral.  Por sugerencia de la reina, fue solicitada la intervención de Daniel que indicó que el texto anunciaba, en arameo, la caída de Babilonia en mano de los persas. Efectivamente, esa misma noche la ciudad fue tomada y murió el rey. 


Cuenta el libro de Daniel que, durante gran parte de su vida, este recibió diversas visiones apocalípticas que anunciaban, con símbolos y claves numéricas, la instauración del Reino de Dios sobre la tierra.

No existen testimonios bíblicos sobre la muerte de Daniel por lo que no se conoce si regresó a Judea o permaneció en Mesopotamia, pero es posible que dicha muerte sucediera en Babilonia, dado que su tumba se veneraba en la ciudad de Susa, situada a unos 250 Km al este del rio Tigris, en el sudoeste del actual Irán. De esta ciudad solo quedan sus ruinas y en su lugar se levanta la moderna ciudad iraní de Shush.  

Su muerte se sitúa entre 536 y 530 a.C en el tercer año del reinado de Ciro, pues ya no se menciona en tiempos de su sucesor Cambises II.

De este “Libro de Daniel” Rubens nos representa el episodio de Daniel en el foso de los leones, en una pintura encargada por el cardenal Federico Borromeo, para su colección privada.

 

Daniel en el foso de los leones. Rubens, Pedro Pablo. 1615. Óleo sobre lienzo. 224 x 330 cm. Galeria Nacional de Arte. Washington DC. (ver crédito)


Según Daniel, tras la caída de Babilonia, el sucesor de Belsavar fue Darío el Medo, personaje que no aparece en ninguna fuente histórica, aparte del Libro de Daniel.  

Durante el reinado de este soberano, tuvo lugar un complot de los sátrapas contra Daniel, pues convencieron al rey para que firmara un edicto impidiendo que nadie orara a ningún Dios u hombre, al margen del propio monarca. 

Este edicto, evidentemente, contravenía la ley Mosaica de Daniel, y al ser observado, realizando su rutina de adoración, fue condenado arrojándolo al foso de los leones, pero se efectuó el milagro de que Dios cerró la boca de los animales, por lo que Daniel sobrevivió (Daniel 6:10-16).

Cuando Darío comprobó el suceso, ordenó liberar a Daniel y arrojar al pozo a sus acusadores, que evidentemente fueron devorados por las bestias (Daniel 6:19-28).

De este modo la pintura es todo un simbolismo de la importancia de la fe en Dios y la valentía de mantenerla en tiempos difíciles.

La composición de la pintura es espectacular, pues nos muestra la figura serena y orante de Daniel, que dirige su mirada al agujero por el que observa el exterior del foso, estando rodeado por los leones, que reflejan distintos estados, desde la indiferencia a la fiereza, para lo que Rubens utilizó modelos vivos con los que crear las figuras de los leones.


Detalle de Daniel

Daniel reposa sobre una túnica roja, cuando el rojo, en el cristianismo, es el color del amor, la pasión y la sangre de Cristo y sus pies van desnudos como símbolo de humildad y como es habitual en Rubens, presentan un discreto Hallux Valgus, en un pie egipcio.


Detalle de los pies, con Hallux Valgus (juanete) y morfología de pie griego (primer dedo mas corto que el segundo)