martes, 9 de agosto de 2022

 PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Polidactilia

Los desponsorios de la Virgen. Rafael Sanzio

Los desponsorios de la Virgen. Rafael Sanzio. 1504. Temple y óleo sobre madera. 175x120 cm. Pinacoteca de Brera. Milán

 El cuadro, realizado cuando Rafael tenía 21 años, tiene una clara influencia de su maestro Perugino, pues la composición está inspirada en la “Entrega de las llaves” que este pintó en las paredes de la Capilla Sixtina.

Fue un encargo de la familia Albizzini para la capilla de san José en la Iglesia de los Minoritas en Cittá, en Umbría. En 1789, en el conjunto del botín napoleónico, se donó obligatoriamente al General Lechi, oficial del ejército napoleónico, que lo vendió a Sannazzari (marchante milanés) que 1804 lo legó al hospital de Milán de donde fue adquirido por la Academia de Bellas Artes para exhibirlo en Brera. Sufrió un acto vandálico en 1958 y posteriormente fue restaurado por Mauro Pellicioli.

El tema del matrimonio de la Virgen no aparece los Evangelios canónicos, sino en los apócrifos, al tratarse de la persona que desposará y por lo tanto será el guardián de la virginidad de María, para no suscitar dudas de que el niño que nacería, unos meses más tarde, no sería hijo suyo, sino del Espíritu Santo.




Según la leyenda Aúrea, de Santiago de la Vorágine, los sacerdotes del templo, al cumplir María los 14 años, convocaron a los varones de la casa de David para elegir al esposo de María. Para ello, los candidatos tomarían una vara y sería elegido el que produjera un hecho extraordinario.  Siendo presenciado el ritual por los sietes vírgenes con las que se crió María en el Templo. Siguiendo este evangelio apócrifo, José fue el elegido (a pesar de ser un señor anciano y viudo que tenía ya varios hijos), pues su vara fue la única que floreció, tras salir de ella una paloma, lo que el sacerdote Zacarías interpreta como un designio de Dios y por ello José coloca el anillo a María, mientras uno de los pretendientes, situado en primer plano, rompe su vara con la rodilla por el desengaño, creando un escorzo que otorga mayor movimiento a la composición.

El sacerdote Zacarías que se distingue por su sombrero, las barbas largas y el “efod” o especie de peto que distinguía a los sacerdotes de Israel. El personaje a la izquierda de María puede ser Ana, madre de la Virgen, teniendo en cuenta su aparente edad, su pelo cano y su posición preferente.

La Virgen y san Jose van vestidos en relación con el momento del acontecimiento, pero la ropa de los demás personajes se corresponde la de Umbría de principios del XVI.

Al fondo de la composición se distingue el templo, que está claramente relacionado con el Templete de “San Pietro in Montorio” realizado en Roma por Bramante en 1502 y que Rafael lo quiere representar como el Templo de Jerusalén.  

El templo presenta una planta poligonal (centralizada) en el estilo de Bramante, casi circular, pues presenta 16 lados, y rodeado por un pórtico de columnas mezcla de orden dórico romano (toscano) y pequeñas volutas jónicas, sobre el que se eleva el cuerpo del edificio, cubierto con una cúpula esférica (media naranja).

La sensación de profundidad se produce por la visión del cielo a través del arco del templo, el paisaje difuminado situado detrás del mismo, el embaldosado, que utilizan para unir la parte superior con la inferior de la composición y las figuras que van disminuyendo progresivamente de tamaño y que se distribuyen de una manera equilibrada. 

Desde un punto de vista simbólico, este tipo de templo representa la perfección divina, que a su vez es la que representa la Virgen, sin pecado, o el mismo sacramento del matrimonio como unión de dos contrarios para producir un ser perfecto. 

Una curiosidad es que san José es el único personaje que tiene los pies descalzos y el izquierdo mira directamente al espectador presentando una clara deformidad en polidactilia, con un sexto dedo. 

Y ello, no representa una situación aislada porque Rafael pinta posteriormente seis dedos en la mano de Sixto VI en la obra “La Madonna de San Sixto” (1516). 

Esto no se puede interpretar como un error del pintor, sino que tiene una explicación simbólica, pues en el siglo XVI se asociaba esta anomalía a la capacidad de tener un sexto sentido o de poder interpretar los sueños proféticos.  

A su vez, y esto es más llamativo, seis dedos en una mano izquierda era también considerado como un signo del diablo. 

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