viernes, 29 de agosto de 2025

PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Hallux Valgus

Apolo persiguiendo a Dafne. Giovanni Battista Tiepolo.

Apolo persiguiendo a Daphne. Tiepolo, Giovanni Battista. 1755-1760. Óleo sobre lienzo. 68,5 x 87 cm. Galería Nacional de Arte. Washington. (ver) (CC BY 3.0)

La historia de Apolo y Dafne procede de la mitología grecolatina y fue narrada con especial belleza en las Metamorfosis de Ovidio.

Apolo, hijo de Zeus y Leto, es el dios griego y romano de la belleza, de la música, la poesía, la medicina y la profecía, además de estar estrechamente vinculado al Sol. Encarnaba el ideal de perfección masculina y simbolizaba la armonía y la luz.

Eros (Cupido) era una divinidad traviesa asociada al deseo. Según ciertas tradiciones, nació de la unión de Poros (el Recurso) y Penía (la Pobreza), y se vinculaba al poder del amor en sus múltiples formas.

Dafne, por su parte, era una ninfa hija de un dios-río, identificado en distintas fuentes como Ladón o Peneo. Su padre deseaba verla casada para tener descendencia, pero ella suplicó permanecer virgen, al estilo de Artemisa, hermana gemela de Apolo. Pese a ello, su extraordinaria belleza atraía incesantemente a pretendientes.

El conflicto se desencadenó cuando Apolo, se burló de Eros (Cupido) por usar arco y flechas, armas de cazadores y guerreros, despertando la ira del pequeño dios. Este, en venganza, lanzó dos flechas opuestas: una de oro, que encendía el amor, y otra de plomo, que lo rechazaba. La primera alcanzó a Apolo, inflamándolo de pasión por Dafne; la segunda hirió a la ninfa, llenándola de repulsión hacia cualquier forma de amor.

El resultado fue una persecución desesperada, pues Apolo, consumido por el deseo, corría tras Dafne. Cuando estaba a punto de ser alcanzada, la joven imploró ayuda a su padre, el río Peneo (Ladón), y a su madre la diosa Gea. En respuesta a sus súplicas, su cuerpo comenzó a transformarse: la piel se volvió corteza, los brazos se alargaron en ramas y sus pies echaron raíces en la tierra. Se había convertido en un laurel.

Apolo, desconsolado, abrazó el árbol en el que su amada había quedado metamorfoseada. Como ya no podía poseerla, le otorgó un homenaje eterno: el laurel sería desde entonces su árbol sagrado, y con sus ramas se coronaría a héroes, poetas y vencedores en los Juegos Olímpicos, símbolo imperecedero de gloria y victoria.

Apolo persiguiendo a Daphne. Tiepolo, Giovanni Battista. 1755-1760. Óleo sobre lienzo. 68,5 x 87 cm. Galería Nacional de Arte. Washington. (ver) (CC BY 3.0)


En cuanto al cuadro que ilustra este mito, su estilo lo vincula a los frescos realizados por el artista en la Villa Valmarana, en Vicenza, hacia 1757. Formaba pareja con otra obra titulada Venus y Vulcano y pasó por diversas colecciones privadas, entre ellas la de Friedrich Jakob Gsell en Viena, hasta llegar finalmente al museo de Washington desde la colección de Samuel Henry Kress.

La composición se organiza mediante una fuerte diagonal que divide la escena. A la derecha aparece Apolo, coronado de laurel, y a la vez caracterizado por una aureola, símbolo del Sol que él representa, resaltada por el tono amarillo del manto que le envuelve. Porta el carcaj (recipiente alargado, a menudo cilíndrico, que se usa para transportar flechas y que puede llevarse colgado del hombro, la cintura o la espalda) y tiende el brazo hacia Dafne, en pleno proceso de transformación en árbol.

Detalle de Apolo

A la izquierda de esa línea imaginaria se agrupan otras figuras: un niño desnudo y alado que representa a Eros, un anciano de barba espesa y gesto severo (símbolo del dios fluvial Peneo), y la propia Dafne, semidesnuda, que se apoya en su padre mientras su túnica se desliza y su pierna se convierte ya en tronco.

El pequeño Eros-Cupido, que ha provocado el drama, se oculta tras el manto de Dafne para librarse de la cólera de Apolo. 

Detalle de Cupido

El anciano está agachado y gira la cabeza, está junto a un remo y sujeto a una gran tinaja de la que brota agua como símbolos de que es un dios fluvial.

Detalle de Peneo

Dafne se echa hacia atrás, se apoya en su padre mientras su túnica se desliza y su pierna se convierte ya en tronco bien prendido en la tierra y sus manos son las ramas incipientes del laurel.

Detalle de Dafne

Por lo tanto, la historia de Apolo y Daphne es interpretada por el artista como una especie de escena divertida en el espíritu de Bush o Fragonard, donde los héroes descuidados están ocupados con juegos y entretenimiento.

Detalle del pie del dios Peneo

Destaca en primer plano el pie de Peneo con una clara deformidad en Hallux Valgus (Juanete),

Por Andrés Carranza Bencano

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