jueves, 11 de enero de 2024

MUERTE EN LA PINTURA

La Muerte de Adán. Piero de Benedetto dei Franceschi.

La capilla mayor de la iglesia superior en la basílica de san Francesco en Arezzo alberga una de las obras cumbre del renacimiento italiano, el ciclo de frescos realizado por Piero della Francesca que relatan la Historia de la Veracruz que cuenta las peripecias del árbol con el que se construyó la cruz de Cristo (ver).

Muerte de Adan.Piero de Benedetto dei Franceschi. 1452-66. Fresco. 390 x 747 cm. Iglesia de San Francisco de Arezzo

El ciclo se inicia con la Muerte y sepultura de Adán en el luneto de la Epístola, que narra cómo Adán moribundo envía a su tercer hijo, Set, al Paraíso para obtener el aceite de la misericordia que le redima del pecado original, aunque el arcángel san Miguel le entrega tres semillas del árbol de la vida para que las coloque en la boca de su padre antes de enterrarlo, de las que nacerá el árbol con el que se hará la cruz de Cristo.

Detalle del lado derecho del fresco

A la derecha está Adán anciano sentado en el suelo rodeado de Eva y de sus hijos. Al fondo tiene lugar el encuentro entre Set y y san Miguel, y a la izquierda, bajo un árbol, se representa el entierro de Adán. 

Detalle de la muerte de Adán a la izquierda del fresco

Detalle del encuentro entre Seth y san Miguel

Destaca el dramatismo de la mujer que abre los brazos desesperada ante la muerte de Adán, una demostración de sentimientos excepcional en el pintor, en el que lo normal es que las figuras presenten la actitud pausada del resto, con posturas que parecen detenidas para siempre en composiciones modélicas, formando grupos estables, inmutables, serenos, como si se hubieran superado las coordenadas del tiempo.

Detalle de la mujer que abre los brazos

La mujer que aparece a la izquierda muestra un rostro perfecto, de pura geometría y una mirada perdida.

Detalle de la mujer con el rostro ovalado

Todo lo que se conoce de la vida y muerte de Adán procede de textos apócrifos, por la ausencia de datos en la Biblia.

Un conjunto conocido como “Literatura Primaria de Adán” contiene los libros “Apocalipsis de Moisés”, “El libro de la vida de Adán y Eva” (versión latina y eslava), “La Penitencia Armenia de Adán”, “El Georgiano Libro de Adán” y algunos fragmentos de origen desconocido escritos en copto. Se cree que todos ellos se debieron basar en una misma fuente semita de origen cristiano escrita alrededor del siglo I d.C.

Según el Genesis (5: 3-4) Adán murió a la edad de 930 años y tenía 130 años cuando engendró un hijo a su semejanza a quien puso por nombre Set.

Pero, hay discrepancias sobre el lugar en que fue enterrado Adán, pues se cita una cueva en la montaña sagrada de Abü Qubays, y la mezquita de Al-Jayfi, ambos cercanos a la Meca en Arabia Saudí. También se dice que se enterró en una de las laderas del llamado Monte de Adán, en la isla de Ceilán, hoy Sri Lanka.

La mayoría de los textos coinciden en que Noé sacó los restos de Adán, Abel y Eva y los colocó en un ataúd para llevarlos en el arca y enterrarlos posteriormente en Jerusalén, una vez pasado el Diluvio Universal.

Este enterramiento se relaciona con el lugar de la crucifixión de Jesús, pues la palabra “Gólgota” puede proceder de la palabra aramea que significa “Monte de las Ejecuciones” refiriéndose a un lugar de Jerusalén destinado a las ejecuciones públicas o que había un cementerio cercano. En los cuatro Evangelios Canónicos se refiere al “Lugar de la Calavera” de donde derivó a la palabra castellana “Calvario”, quizás por ser un monte en forma de calavera y se habla del Gólgota como lugar extramuros, muy cercano a la ciudad. Realmente, no es un lugar geográfico concreto y conocido a lo largo de los siglos, sino que la asignación del montículo es puramente tradicional y carece de base científica.

En el Evangelio apócrifo de Nicodemo y en la Leyenda Áurea de Jacobo della Voragine se narra que el arcángel Miguel visitó el Paraíso, y entregó a Seth tres simientes del árbol de la sabiduría que fueron plantadas en la boca del difunto Adán donde germinaron y dieron lugar al nacimiento de un gran árbol, del cual saldría el madero de la crucifixión de Jesús (ver).

El rey Salomón (siglo X a. C) ordenó talarlo para usarlo en el templo que estaba construyendo, pero misteriosamente no se adaptaba a ningún espacio, por lo que lo empleó como pasarela sobre un arroyo cercano.

La reina de Saba, en una de las visitas a la corte del rey Salomón, al pisar la pasarela profetizó que en aquel madero se ajusticiaría a un inocente y que supondría el fin del reino de los judíos, por lo que el rey ordenó enterrarlo a gran profundidad, en la Piscina Probática o estanque de Bethesda, donde permaneció oculto durante siglos, hasta que apareció flotando en la piscina, poco antes del “Prendimiento de Jesús”, de donde fue sacada, secada y usada para construir la cruz donde fue crucificado, como había profetizado la reina de Saba. 

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