viernes, 2 de septiembre de 2022

 TRAUMATOLOGÍA

Coxartrosis

La fragua de Vulcano. Velázquez 

Se trata de una pintura realizada hacia 1630 durante la estancia de Velázquez en Roma, junto a otra obra de temática mitológica como “La túnica de José”

La iniciativa de su ejecución partió de Pedro Pablo Rubens, aunque no fue un encargo formal, lo que explica que el pintor la conservara en su poder hasta 1634, año en que fue vendida a la Corona española para decorar el recién construido Palacio del Buen Retiro.

El asunto representado procede de “Las Metamorfosis” de Ovidio, una de las fuentes más influyentes de la mitología clásica. 

La escena recoge el instante en que el dios Apolo revela a Vulcano la infidelidad de su esposa, la bella Venus-Afrodita, con Marte, dios de la guerra, para quien el propio Vulcano está forjando sus armas. Velázquez capta así el momento de la revelación, cargado de tensión psicológica, más que el desenlace del episodio.

La acción se sitúa en la propia fragua de Vulcano, lo que permite al pintor fusionar el mundo mitológico (los dioses) con una escena de carácter cotidiano (los trabajadores). Los dioses aparecen integrados en un ambiente de trabajo realista, rodeados de utensilios propios del oficio: el yunque, los martillos, el hierro al rojo vivo o la armadura en proceso y la jarrita blanca sobre la repisa.

Detalle del yunque con el hierro al rojo vivo

Esta combinación de lo divino y lo humano es uno de los rasgos más originales de la obra, donde los cíclopes (representados aquí con dos ojos, alejándose de la tradición clásica) adoptan la apariencia de trabajadores comunes.

La variedad de reacciones ante la noticia constituye otro de los aspectos más notables: la indignación contenida de Vulcano, perceptible en su gesto y mirada, contrasta con la sorpresa y el desconcierto de sus ayudantes, algunos de los cuales muestran expresiones de asombro casi teatral, como el que representa con la boca abierta. 

Expresión del rostro de Vulcano

Desconcierto de los ayudantes con uno que muestra la boca abierta

La iluminación desempeña un papel fundamental en la composición. Un foco principal incide sobre la figura de Apolo y sobre uno de los trabajadores visto de espaldas, mientras que otros puntos de luz secundarios —como el resplandor del metal incandescente y el fuego de la fragua— enriquecen la escena con matices y contrastes.

El estudio del cuerpo humano revela la asimilación por parte de Velázquez de los modelos clásicos, probablemente fruto de su contacto directo con el arte italiano durante su estancia romana. Apolo aparece idealizado, exhibe un desnudo adolescente. con una figura joven, esbelta y de piel clara, coronado de laurel y rodeado de una leve aureola que subraya su condición divina como dios de la belleza, la música y la poesía. En contraste, Vulcano y los cíclopes presentan anatomías más robustas y realistas, propias de hombres curtidos por el trabajo físico, lo que refuerza el contraste entre lo ideal y lo cotidiano.

De este modo, Apolo representa la superioridad de las Artes frente a la Artesanía, representada en Vulcano, Dios romano del fuego y protector de los herreros, por ello, en esta obra Velázquez pretende elevar la pintura al nivel de la poesía y la música, distanciándola de la practica artesana, para alcanzar la altura de las Bellas Artes.

Detalle de Apolo

El tratamiento lumínico permite modelar los cuerpos con gran naturalismo y crear una progresiva gradación hacia el fondo, donde las figuras se difuminan suavemente, como el trabajador situado en el fondo del taller. A ello se suma la apertura lateral izquierda hacia un paisaje de tonos fríos, que contribuye a acentuar la sensación de profundidad espacial.

El estudio técnico realizado por el Museo revela que Velázquez manchaba desigualmente en zonas “con los mismos pigmentos, muy diluidos, como ensuciando la superficie” para conseguir un efecto de volumen ayudado por el juego de luces y sombras.

Detalle del trabajador del fondo

En la mitología griega, Vulcano es hijo de Hera y Zeus (Juno y Jupiter, en la mitología romana). Hera lo arrojó del Olimpo por tener alguna tara física, y por ello Vulcano era cojo y necesitaba muletas para caminar. Velázquez representa su cojera, con un “contraposto”, término italiano que designa la oposición armónica de las distintas partes del cuerpo, y se aplica normalmente a la figura que rompe la simetría al descansar el peso sobre una sola pierna, de manera que las caderas y hombros no están totalmente horizontales, pero la figura permanece en equilibrio, lo que sería un “Trendelemburg” en términos ortopédicos, y que proporciona cierta sensación de movimiento, y que podría representar la existencia de una artrosis de cadera (coxartrosis).

Vulcano en “contraposto” o Trendelemburg

Por Andrés Carranza Bencano

2 comentarios:

  1. Una representación magnifica del cuadro la parte divina y humana, muy bien detallada el cuerpo humano, gracias Andres un abrazo
    A.Iglesias

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  2. Magnifica obra , muy bien detallada en tu relato un abrazo A.Iglesias

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