martes, 23 de mayo de 2023

 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Cristo de la Conversión del buen ladrón. 

Es titular de la Pontificia, Real, Ilustre y Antigua Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón y Nuestra Madre y Señora de Montserrat, establecida en la Capilla de Montserrat, que fue fundada a finales del siglo XVI, por un grupo de catalanes residentes en Sevilla. Sus reglas fueron aprobadas en 1601.

En el año 1851 fueron nombrados Hermanos Mayores Antonio de Orleans, Duque de Montpensier, y su esposa María Luisa de Borbón, infanta de España.


Retablo Mayor de la capilla de Monserrat

El mayordomo Alonso Díaz encargó el 5 de mayo de 1619 al imaginero Juan de Mesa y Velasco una imagen con “hechura de Cristo Nuestro Señor crucificado, de madera de cedro de indias, de estatura natural, que tenga nueve cuartas de alto desde la punta de los pies hasta la cabeza, quedando en postura de vivo, hablando con el buen ladrón clavado en la cruz”.

La obra fue entregada el 24 de febrero de 1620, ante el notario, Juan bautista Contreras, se contaron los trescientos reales del pago inicial y dejaron escritas las condiciones del que será mayor Crucificado de Sevilla.

El paso de misterio en el que procesiona el viernes Santo representa la escena de la Conversión del Buen Ladrón, en que el crucificado esta flanqueado por los dos ladrones (Dimas y Gestas), igualmente crucificados y la Magdalena de rodillas llorando al pie del Calvario. Los ladrones son obras de Pedro Nieto en 1628 y la Magdalena se trata de una imagen anónima adaptada de una talla anterior de una santa dominica. 


Paso de Misterio

Todo este conjunto gira en torno a la conversación entre Cristo y Dimas, que como recogen los evangelios le dice:

“Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.

Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo.

Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.

Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. (Lc 23, 39-43).

Por ello, es un Cristo dialogante, capaz de mostrar su Misericordia a la hora de que se le acerque cualquier devoto, que dirige su mirada compasiva y misericordiosa al buen ladrón y le invita al paraíso, anticipando la Pascua con la salvación de Dimas que, arrepentido de sus pecados, reconoce al que está crucificado a su lado como el Mesías capaz de llevarlo a su Reino, que es un Reino de perdón, de misericordia y de amor, como el malhechor mismo puede experimentar en los últimos momentos de su vida.

Los estudiosos coinciden en señalar que con esta imagen Juan de Mesa se aparta del tipo creado por su maestro Martínez Montañés, para crear un Crucificado muy personal, en el que destacan sobre todo su fuerza y su gran expresividad. Fuerza sobrehumana pues, pese al martirio que está padeciendo, aún le queda energía para dialogar con Dimas, el buen ladrón, y decir sus últimas palabras. Pero, al mismo tiempo, a pesar de su fuerte complexión, cargada de tensión y dramatismo, el Señor se muestra sereno y en un equilibrio perfecto entre el realismo del martirio de un hombre y la divinidad que le otorga su función evangelizadora.

Hay autores que aseguran que Mesa renueva los grafismos manieristas que Marcos Cabrera imprimió al Cristo de la Expiración del Museo.

Es llamado el Gran Poder crucificado, por tener cierta similitud con el Nazareno de San Lorenzo, pero es falso por ser anterior al mismo. 

Es un Crucificado de gran altura, pues mide 1,92 cm, tallado en madera de cedro y policromada por Raxis.


Santisimo Cristo de la Conversión

La cabeza se gira suavemente hacia la derecha, mostrando un rostro que manifiesta la gravedad del martirio, pero al mismo tiempo tiene un gesto de diálogo con la boca entreabierta, en el momento de pronunciar la segunda palabra: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Cierto prognatismo y los ojos abultados acentúan el dramatismo, pero su actitud es afable.


Detalle de la cabeza con las tres potencias

Detalle de la cabeza

El pelo ondulado cae sobre el hombro derecho dejando al descubierto la oreja izquierda. El bigote y la barba bífida.


Detalle de la cabeza y de la oreja

La corona de espina no es independiente, sino que forma parte del bloque craneal. 

Algunas espinas se le clavan en la frente y una de ellas atraviesa la oreja derecha, en un formato que la dota de una tremenda personalidad.


Detalle de la oreja atravesada por una espina

Su cuerpo no cuelga de la cruz al modo habitual, sino que se yergue vigoroso y se proyecta hacia adelante, con los brazos en una difícil posición casi horizontal y prácticamente paralelos al madero, por encima del travesaño de la cruz.

Detalle de los brazos en posición casi horizontal

Se cubren por un complicado sudario de tipo cordífero recogido en multitud de pliegues, de forma triangular en el centro y abierto al costado mostrando parcialmente la cadera izquierda, con dos grandes nudos laterales.

Es un modelo quizás inspirado en una obra de Vázquez el Viejo, aunque hay varios antecedentes con cuerda natural (Donatello había empleado un sudario cordífero en el Crucificado de la basílica de san Antonio de Padua).

Este modelo será empleado por los escultores barrocos por la “libertad que ofrece para interpretar el desnudo sin incurrir en la indecencia” (Palomero) y porque “permite al artista alardear de sus profundos conocimientos anatómicos”. 


Detalle del paño de pureza cordífero

Fijado al madero con tres clavos, su figura aparece inscrita en un triángulo, donde monta el pie derecho sobre el izquierdo dando lugar a un cierto quiebro curvado de las caderas.


Visión frontal de los pies

Ha sufrido varias restauraciones, entre las que sobresale la que realiza en 1851 el escultor Gabriel de Astorga, que encarnó la talla y le colocó los ojos de cristal, en sustitución de los que tenía tallados.

Se conoce otra intervención en 1928 pero no está documentado quien la realizó.

En 1968 fue retocada por Francisco Buiza incluyendo la corona de espinas.

En 1982, José Rivero-Carrera le eliminó repintes, le fijó los dedos que la tenía desprendidos y sustituyó numerosos clavos por espigas de madera, tapando hasta 30 huecos que tenía en la cabeza y sustituyó la cruz por la actual arbórea.

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