sábado, 27 de junio de 2026

EL PIE Y LOS NAZARENOS DE SEVILLA

Cristo de la Humildad y Paciencia.  Iglesia del Salvador.

Cristo de la Humildad y Paciencia

El Cristo de la Humildad y Paciencia constituye una de las imágenes más singulares y emotivas que se conservan en la Iglesia Colegial del Divino Salvador de Sevilla. Recibe culto en un retablo barroco situado junto a la puerta que comunica el templo con el Patio de los Naranjos. Aunque este altar fue concebido originalmente para albergar la imagen de San Cristóbal, patrón del gremio de los guanteros que costeó su construcción, hoy está presidido por esta conmovedora representación de Cristo en los momentos previos a la Crucifixión.

El retablo fue ejecutado entre 1732 y 1734 por el ensamblador José Maestre y posteriormente dorado por Francisco Lagraña en 1757.

Retablo del Cristo de la Humildad y Paciencia

La imagen del Cristo de la Humildad y Paciencia fue tallada en 1696 por el escultor Antonio Cardoso de Quirós, uno de los imagineros más interesantes de la Sevilla de finales del siglo XVII. La documentación conservada demuestra que la obra fue promovida por la Obra Pía de los Pobres vinculada a la colegial, quedando reflejados en las actas de la época los gastos ocasionados por su ejecución, policromía y estofado. Sin embargo, la autoría permaneció desconocida durante siglos hasta que los estudios del profesor José Roda Peña permitieron atribuirla con fundamento a Quirós, basándose tanto en criterios estilísticos como en la estrecha relación que el escultor mantuvo con la Hermandad Sacramental del Salvador, de cuya junta de gobierno llegó a formar parte.

La talla representa a Cristo sentado sobre una roca, con la cabeza apoyada en una mano y la mirada perdida en profunda meditación. Se trata de una iconografía conocida como la Humildad y Paciencia o Cristo de la Espera, que muestra al Redentor después de los tormentos sufridos y antes de ser clavado en la cruz. El escultor logró transmitir con extraordinaria sensibilidad una mezcla de dolor contenido, resignación y serenidad espiritual. Su anatomía revela las huellas de la Pasión, mientras que el rostro expresa una intensa humanidad que invita al recogimiento y la contemplación.

Cristo de la Humildad y Paciencia

Detalle del Cristo de la Humildad y Paciencia

La composición se inspira directamente en modelos difundidos por los grabados de Alberto Durero, especialmente los pertenecientes a la serie de La Pequeña Pasión, que popularizaron por toda Europa esta representación de Cristo pensativo y sufriente. Gracias a estas estampas, el tema alcanzó una enorme difusión en la imaginería barroca, encontrando en la obra de Quirós una de sus interpretaciones más logradas en Sevilla.

Grabado de Alberto Durero

La devoción a esta imagen quedó consolidada desde fechas muy tempranas. Ya en un inventario de 1697 se describía el altar donde recibía culto, acompañado de una cruz, potencias de plata y ricos ornamentos textiles. Entre las piezas más destacadas que conserva figura una hermosa muceta de terciopelo carmesí bordada en el siglo XVIII, utilizada tradicionalmente durante los cultos y el besapiés del Jueves Santo.

Especial interés poseen también las potencias y la corona de espinas de plata que luce en determinadas ocasiones. Estas piezas fueron donadas por Juan Antonio González Valdés, un devoto sevillano fallecido en Zacatecas, en el entonces Virreinato de Nueva España. Fabricadas probablemente por un platero mexicano, emprendieron un largo viaje desde Veracruz hasta Cádiz y, tras varios años de litigios sucesorios, llegaron finalmente a Sevilla en 1738. Desde entonces constituyen uno de los elementos más valiosos asociados a la imagen, testimonio de los vínculos espirituales y culturales que unían Sevilla con los territorios americanos.

La restauración realizada por Gutiérrez Carrasquilla permitió recuperar buena parte de los valores originales de la escultura, resaltando la calidad de su modelado, la expresividad de sus facciones y la delicada policromía que caracteriza la producción de Antonio de Quirós.

Más de tres siglos después de su creación, el Cristo de la Humildad y Paciencia continúa siendo una de las imágenes de mayor fuerza espiritual del templo. Su serena actitud, resume con extraordinaria intensidad el mensaje cristiano de aceptación, fortaleza y confianza ante el sacrificio redentor.

Por Andrés Carranza Bencano

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