viernes, 4 de septiembre de 2026

CALZADO 

La paz de Wad-Ras. Joaquín Domínguez Bécquer.

La Paz de Wad-Ras. Joaquín Domínguez Bécquer. 1870.Óleo sobre lienzo.317 x 587 cm. Ayuntamiento de Sevilla

La Paz de Wad-Ras, de Joaquín Domínguez Bécquer, es una pintura de carácter histórico realizada en 1870, pocos años después de la Guerra de África (1859-1860). Se trata de un óleo sobre lienzo de dimensiones monumentales, 317 × 587 cm, concebido para otorgar al episodio representado una especial solemnidad. Se ubica en el descanso de la escalera imperial.

La escalera desde la puerta de entrada al Consistorio con la pintura de Joaquín Domínguez Bécquer

El título de la obra hace referencia a la batalla de Wad-Ras, librada el 23 de marzo de 1860, una de las principales victorias obtenidas por las tropas españolas durante aquella campaña. La derrota marroquí facilitó el avance español hacia Tetuán y condujo a las negociaciones que culminaron el 26 de abril de 1860 con la firma, en Tetuán, del Tratado de Paz y Amistad entre España y Marruecos, conocido como Tratado de Wad-Ras.

Domínguez Bécquer interpreta el acontecimiento desde los presupuestos de la pintura histórica romántica del siglo XIX. El artista no se limita a reproducir un hecho militar, sino que construye una escena solemne, en la que la presencia de los soldados, los uniformes y la ambientación norteafricana contribuyen a recrear el ambiente de una campaña que había despertado un enorme interés en la sociedad española. La monumentalidad del lienzo refuerza, además, el carácter conmemorativo de la composición.

La importancia histórica de la pintura se comprende mejor si se relaciona con la trayectoria de las plazas españolas del norte de África, especialmente Ceuta y Melilla. Ambas ciudades tienen una historia mucho más antigua y compleja que la que podría sugerir su vinculación con la Guerra de África.

Ceuta fue conquistada por Portugal en 1415 y permaneció bajo soberanía portuguesa durante más de dos siglos. Cuando Portugal recuperó su independencia de la Monarquía Hispánica en 1640, Ceuta decidió mantenerse fiel a Felipe IV. Esta situación fue reconocida jurídicamente por el Tratado de Lisboa de 1668, que confirmó su pertenencia a la Corona española. Por tanto, reducir siglos de historia a la afirmación de que Marruecos pretende "recuperar" una ciudad que España mantiene ocupada supone un grave error histrico.

Por ello, el Tratado de Wad-Ras de 1860 no significó la incorporación de Ceuta a España. La ciudad ya se encontraba bajo soberanía española desde mucho antes. Lo que hizo el tratado fue ampliar el territorio sometido a la jurisdicción de la plaza española. Esta distinción resulta fundamental para comprender correctamente el significado histórico del documento.

El artículo II del tratado estableció la ampliación del territorio jurisdiccional de Ceuta hasta los lugares considerados necesarios para garantizar la seguridad de su guarnición. Más explícito todavía fue el artículo III, mediante el cual el sultán de Marruecos cedía a la reina de España determinados territorios próximos a la plaza “en pleno dominio y soberanía”.

El artículo IV preveía asimismo la delimitación física de los nuevos límites mediante una comisión de ingenieros españoles y marroquíes, estableciendo que los territorios cedidos quedarían sometidos a la soberanía de la reina de España desde la firma del tratado.

El artículo VII establece que el rey de Marruecos se obligaba a hacer respetar por sus propios súbditos los territorios que, conforme al tratado, quedaban bajo soberanía española. El mismo artículo reconocía además a España la capacidad de adoptar en ellos las medidas defensivas que considerase necesarias, sin oposición de las autoridades marroquíes.

El acuerdo tuvo también importantes consecuencias para Melilla. El artículo V ratificó el convenio suscrito en 1859 relativo a esta plaza, mediante el cual se ampliaba su perímetro más allá de las antiguas fortificaciones. El tratado estableció asimismo los límites territoriales de Melilla y confirmó las cesiones relacionadas con los peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas.

El Tratado de Wad-Ras fue, además, mucho más que un acuerdo estrictamente fronterizo. Marruecos se comprometió a pagar a España una indemnización de guerra de 400 millones de reales, mientras que España mantendría la ocupación de Tetuán hasta que se hiciera efectivo el pago. El tratado contemplaba igualmente la liberación de los prisioneros de ambos bandos, determinadas ventajas comerciales para España y otros acuerdos diplomáticos.

Entre sus disposiciones figuraba también la cesión a España de un territorio en torno al antiguo establecimiento de Santa Cruz de la Mar Pequeña, en la costa atlántica africana. La identificación posterior de aquel enclave con Ifni resultaría problemática y acabaría demostrando ser errónea, pero el episodio refleja el interés español por recuperar antiguas posiciones y derechos en las costas africanas.

En este contexto, La Paz de Wad-Ras adquiere una dimensión que trasciende su valor puramente artístico. La pintura de Joaquín Domínguez Bécquer es también un testimonio de la manera en que la España del siglo XIX contempló y representó su presencia en el norte de África.

La obra permite así establecer un puente entre arte, memoria e historia. La escena representada por Domínguez Bécquer remite a un conflicto concreto, pero detrás de ella se encuentra una larga historia de relaciones entre España y el norte de África, de la que Ceuta y Melilla constituyen dos capítulos fundamentales. Wad-Ras no creó la soberanía española sobre Ceuta ni sobre Melilla, pues Ceuta ya estaba bajo soberanía española mucho antes de 1860, sí consolidó y amplió determinadas posiciones territoriales españolas mediante un tratado internacional suscrito entre España y Marruecos.

Vista desde el presente, la pintura conserva por ello un doble interés. Por un lado, constituye una notable manifestación de la pintura histórica sevillana del siglo XIX y permite apreciar el gusto romántico por los grandes episodios militares y por la evocación de escenarios exóticos. Por otro, ofrece un punto de partida excepcional para acercarse a una cuestión histórica de larga duración: la presencia española en el norte de África y la evolución territorial de Ceuta y Melilla.

La Paz de Wad-Ras no es, en definitiva, únicamente la representación de una paz alcanzada después de una batalla. Es la imagen artística de un momento decisivo de la política española en el Magreb y, al mismo tiempo, un documento visual que ayuda a comprender cómo aquel episodio fue convertido por el arte del siglo XIX en símbolo de victoria, memoria y afirmación histórica.

Detalle de la diferencia de calzados entre españoles y marroquíes

Por Andrés Carranza Bencano

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