CALZADO
La paz de Wad-Ras. Joaquín Domínguez Bécquer.
La
Paz de Wad-Ras. Joaquín Domínguez Bécquer. 1870.Óleo sobre lienzo.317 x 587 cm.
Ayuntamiento de Sevilla
La Paz
de Wad-Ras, de Joaquín Domínguez Bécquer, es una pintura de carácter histórico
realizada en 1870, pocos años después de la Guerra de África (1859-1860). Se
trata de un óleo sobre lienzo de dimensiones monumentales, 317 × 587 cm,
concebido para otorgar al episodio representado una especial solemnidad. Se
ubica en el descanso de la escalera imperial.
La escalera desde la
puerta de entrada al Consistorio con la pintura de Joaquín Domínguez Bécquer
El título de la obra hace referencia a la batalla de
Wad-Ras, librada el 23 de marzo de 1860, una de las principales victorias
obtenidas por las tropas españolas durante aquella campaña. La derrota marroquí
facilitó el avance español hacia Tetuán y condujo a las negociaciones que
culminaron el 26 de abril de 1860 con la firma, en Tetuán, del Tratado de Paz y
Amistad entre España y Marruecos, conocido como Tratado de Wad-Ras.
Domínguez Bécquer interpreta el acontecimiento desde
los presupuestos de la pintura histórica romántica del siglo XIX. El artista no
se limita a reproducir un hecho militar, sino que construye una escena solemne,
en la que la presencia de los soldados, los uniformes y la ambientación
norteafricana contribuyen a recrear el ambiente de una campaña que había
despertado un enorme interés en la sociedad española. La monumentalidad del
lienzo refuerza, además, el carácter conmemorativo de la composición.
La importancia histórica de la pintura se comprende
mejor si se relaciona con la trayectoria de las plazas españolas del norte de
África, especialmente Ceuta y Melilla. Ambas ciudades tienen una historia mucho
más antigua y compleja que la que podría sugerir su vinculación con la Guerra de
África.
Ceuta fue conquistada por Portugal en 1415 y permaneció
bajo soberanía portuguesa durante más de dos siglos. Cuando Portugal recuperó
su independencia de la Monarquía Hispánica en 1640, Ceuta decidió mantenerse
fiel a Felipe IV. Esta situación fue reconocida jurídicamente por el Tratado de
Lisboa de 1668, que confirmó su pertenencia a la Corona española. Por tanto, reducir siglos de historia a la afirmación de
que Marruecos pretende "recuperar" una ciudad que España mantiene
ocupada supone un grave error histrico.
Por ello, el Tratado de Wad-Ras de 1860 no significó la
incorporación de Ceuta a España. La ciudad ya se encontraba bajo soberanía
española desde mucho antes. Lo que hizo el tratado fue ampliar el territorio
sometido a la jurisdicción de la plaza española. Esta distinción resulta
fundamental para comprender correctamente el significado histórico del
documento.
El artículo II del tratado estableció la ampliación del
territorio jurisdiccional de Ceuta hasta los lugares considerados necesarios
para garantizar la seguridad de su guarnición. Más explícito todavía fue el
artículo III, mediante el cual el sultán de Marruecos cedía a la reina de
España determinados territorios próximos a la plaza “en pleno dominio y
soberanía”.
El artículo IV preveía asimismo la delimitación física
de los nuevos límites mediante una comisión de ingenieros españoles y
marroquíes, estableciendo que los territorios cedidos quedarían sometidos a la soberanía
de la reina de España desde la firma del tratado.
El artículo VII establece que el rey de Marruecos se obligaba a hacer
respetar por sus propios súbditos los territorios que, conforme al tratado,
quedaban bajo soberanía española. El mismo artículo reconocía
además a España la capacidad de adoptar en ellos las medidas defensivas que
considerase necesarias, sin oposición de las autoridades marroquíes.
El acuerdo tuvo también importantes consecuencias para
Melilla. El artículo V ratificó el convenio suscrito en 1859 relativo a esta
plaza, mediante el cual se ampliaba su perímetro más allá de las antiguas fortificaciones.
El tratado estableció asimismo los límites territoriales de Melilla y confirmó
las cesiones relacionadas con los peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas.
El Tratado de Wad-Ras fue, además, mucho más que un
acuerdo estrictamente fronterizo. Marruecos se comprometió a pagar a España una
indemnización de guerra de 400 millones de reales, mientras que España
mantendría la ocupación de Tetuán hasta que se hiciera efectivo el pago. El
tratado contemplaba igualmente la liberación de los prisioneros de ambos
bandos, determinadas ventajas comerciales para España y otros acuerdos
diplomáticos.
Entre sus disposiciones figuraba también la cesión a
España de un territorio en torno al antiguo establecimiento de Santa Cruz de la
Mar Pequeña, en la costa atlántica africana. La identificación posterior de
aquel enclave con Ifni resultaría problemática y acabaría demostrando ser
errónea, pero el episodio refleja el interés español por recuperar antiguas
posiciones y derechos en las costas africanas.
En este contexto, La Paz de Wad-Ras adquiere una
dimensión que trasciende su valor puramente artístico. La pintura de Joaquín
Domínguez Bécquer es también un testimonio de la manera en que la España del
siglo XIX contempló y representó su presencia en el norte de África.
La obra permite
así establecer un puente entre arte, memoria e historia. La escena representada
por Domínguez Bécquer remite a un conflicto concreto, pero detrás de ella se
encuentra una larga historia de relaciones entre España y el norte de África,
de la que Ceuta y Melilla constituyen dos capítulos fundamentales. Wad-Ras no
creó la soberanía española sobre Ceuta ni sobre Melilla, pues Ceuta ya estaba bajo soberanía española
mucho antes de 1860, sí
consolidó y amplió determinadas posiciones territoriales españolas mediante un
tratado internacional suscrito entre España y Marruecos.
Vista desde el
presente, la pintura conserva por ello un doble interés. Por un lado,
constituye una notable manifestación de la pintura histórica sevillana del
siglo XIX y permite apreciar el gusto romántico por los grandes episodios
militares y por la evocación de escenarios exóticos. Por otro, ofrece un punto
de partida excepcional para acercarse a una cuestión histórica de larga
duración: la presencia española en el norte de África y la evolución
territorial de Ceuta y Melilla.
La Paz de Wad-Ras no es, en definitiva, únicamente la
representación de una paz alcanzada después de una batalla. Es la imagen
artística de un momento decisivo de la política española en el Magreb y, al
mismo tiempo, un documento visual que ayuda a comprender cómo aquel episodio
fue convertido por el arte del siglo XIX en símbolo de victoria, memoria y
afirmación histórica.
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