martes, 9 de enero de 2024

EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA 

Lignum Crucis.

Muerte de Adán. Piero de Benedetto dei Franceschi. 1452-66. Fresco. 390 x 747 cm. Iglesia de San Francisco de Arezzo (ver)


Todo lo que se conoce de la vida y muerte de Adán procede de textos apócrifos, por la ausencia de datos en la Biblia.

Un conjunto conocido como “Literatura Primaria de Adán” contiene los libros “Apocalipsis de Moisés”, “El libro de la vida de Adán y Eva” (versión latina y eslava), “La Penitencia Armenia de Adán”, “El Georgiano Libro de Adán” y algunos fragmentos de origen desconocido escritos en copto. Se cree que todos ellos se debieron basar en una misma fuente semita de origen cristiano escrita alrededor del siglo I d.C.

Según el Genesis (5: 3-4) Adán murió a la edad de 930 años y tenía 130 años cuando engendró un hijo a su semejanza, a quien puso por nombre Seth.

Pero, hay discrepancias sobre el lugar en que fue enterrado Adán, pues se cita una cueva en la montaña sagrada de Abü Qubays, y la mezquita de Al-Jayfi, ambos cercanos a la Meca en Arabia Saudí. También se dice que se enterró en una de las laderas del llamado Monte de Adán, en la isla de Ceilán, hoy Sri Lanka.

Detalle de la muerte de Adán

La mayoría de los textos coinciden en que Noé sacó los restos de Adán, Abel y Eva y los colocó en un ataúd, dentro del arca, para enterrarlos  en Jerusalén, una vez pasado el Diluvio Universal.

Este enterramiento se relaciona con el lugar de la crucifixión de Jesús, pues la palabra “Gólgota” puede proceder de la palabra aramea que significa “Monte de las Ejecuciones” refiriéndose a un lugar de Jerusalén destinado a las ejecuciones públicas o que había un cementerio cercano. 

En los cuatro Evangelios Canónicos se refiere al “Lugar de la Calavera” de donde derivó a la palabra castellana “Calvario”, quizás por ser un monte en forma de calavera y se habla del Gólgota como lugar extramuros, muy cercano a la ciudad. 

Realmente, no es un lugar geográfico concreto y conocido a lo largo de los siglos, sino que la asignación del montículo es puramente tradicional y carece de base científica.

En el Evangelio apócrifo de Nicodemo y en la Leyenda Áurea de Jacobo della Voragine se narra que el arcángel San Miguel visitó el Paraíso, y entregó a Seth tres simientes del árbol de la sabiduría que fueron plantadas en la boca del difunto Adán donde germinaron y dieron lugar al nacimiento de un gran árbol.

El rey Salomón (siglo X a. C) ordenó talarlo para usarlo en el templo que estaba construyendo, pero misteriosamente no se adaptaba a ningún espacio, por lo que lo empleó como pasarela sobre un arroyo cercano.

La reina de Saba, en una de las visitas a la corte del rey Salomón, al pisar la pasarela profetizó que en aquel madero se ajusticiaría a un inocente y que supondría el fin del reino de los judíos.

Encuentro de la reina de Saba y el rey Salomón. Piero della Francesca. 1452-1466. Fresco. 336 x 747 cm. Basílica de san Francisco, Arezzo. Italia

Por ello, el rey David ordenó enterrarlo a gran profundidad, en la Piscina Probática o estanque de Bethesda, donde permaneció oculto durante siglos, hasta que apareció flotando en la piscina, poco antes del “Prendimiento de Jesús”, de donde fue sacado, secado y usado para construir la cruz donde fue crucificado, como había profetizado la reina de Saba. 


Entre los años 325 y 327, tras el Concilio de Nicea, Elena, madre del emperador Constantino, se trasladó a Jerusalén, con una delegación imperial, con el objetivo de encontrar la cruz de la crucifixión de Jesús.

En la “Historia de la Iglesia” de Rufino se cita que: “Elena, la madre del emperador Constantino (…), se fue de viaje (…) a Jerusalén y allí se informó entre sus habitantes acerca del lugar en el que el cuerpo de Jesús había sido clavado a la cruz. Este lugar era muy difícil de identificar porque los primeros perseguidores habían erigido allí una estatua a Venus, de modo que, cuando un cristiano quería venerar allí a Cristo, pareciera que rendía culto a Venus”.

Efectivamente, se trataba de un templo dedicado a Venus, levantado por orden del emperador Adriano, alrededor del 130 d.C., dentro de un proceso de romanización de la ciudad de Jerusalén, consistente en construir edificios representativos justo encima de lugares sagrados para los judíos.

En la “Leyenda Áurea” de la Jacobo della Voragine, del siglo XIII, se dice que Elena, al llegar a Jerusalén, tenía ochenta años y se reunió con los judíos pues le habían dicho que ellos tenían escondida la cruz.

Pero, había una profecía que indicaba que si era encontrada por los cristianos “desde ese momento la gente judía no reinaría más”.

Elena amenazó con quemar a todos los judíos, por lo que estos le entregaron a un tal Judas que le indicó el lugar. Ordenó derribar el templo de Venus y excavar en el solar resultante donde aparecieron tres cruces. Casualmente, pasó por delante de ellas el cortejo fúnebre de un joven que acababa de morir, y que resucitó milagrosamente a la altura de una de ellas, identificándose inmediatamente como aquella en la que se había clavado a Jesús. Otra versión describe el milagro decisorio para reconocer a la Cruz de Cristo, no como una resurrección, sino como la curación de una enferma.

Este Judas, renombrado Ciriaco tras su bautizo, habría sido después obispo de Jerusalén sucediendo a Macario, que era el que ostentaba el obispado en ese momento. 

Pedro Berruguete: La verificación de la cruz. Retablo de Paredes de Nava

Santa Elena. Capilla de Vera-Cruz. Sevilla

Ambrosio de Milán y Juan Crisóstomo afirman que se encontró el “titulus”(INRIsobre la cruz del centro y eso fue concluyente para identificar la cruz de Jesús.

También es razonable que se considerara como tal la que estaba taladrada, dado que el enclavamiento de Cristo es una excepción en la ejecución de la condena a muerte mediante la crucifixión. Precisamente, en el “lignum crucis que se conserva en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana se observa el agujero de unos de los clavos.

También es posible que el descubrimiento de la Cruz por Santa Elena fuera una “invención” y que, el leño de la Cruz fuera venerado en Jerusalén desde los primeros tiempos, de tal modo que ella mandó levantar la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén para trasladar la Santa Cruz para su adoración.

Se afirma que el descubrimiento sucedió un 3 de mayo y, por ello, la Iglesia Católica celebra y conmemora en ese día “LA INVENCIÓN DE LA CRUZ”.

Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén

Santa Elena dividió, al menos, en dos trozos (igual hizo con el “titulus”) el madero de la Cruz, quedando inicialmente uno en Jerusalén y llevándose consigo el otro a la capital imperial. Hay narraciones acerca de trozos de la cruz desde fines del siglo iv, cuando se comenzó la repartición de fragmentos de ella.

Los fragmentos destinados a las iglesias eran conservados en cajas llamadas “estauroteca” que tenían forma de cruz y tenían en el centro un vano para colocar la reliquia. Sobre el vano se solía poner una piedra preciosa que impedía el contacto visual con el trozo de madera. Desde el siglo VI las estaurotecas colocan un cristal en vez de la piedra.

Las más famosas estaurotecas son: la de Limbourg (datada en el siglo X), la de la Catedral de Cosenza, la de la Catedral de Nápoles (siglo XII) y la de la Catedral de Génova (siglo XIII).

La reliquia (Lignum Crucis) más grande conservada se encuentra en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, Cantabria, España. La tradición la relaciona con el origen del monasterio, pero es posible que fuese traída junto a los restos de Santo Toribio de Astorga, alrededor del siglo VIII.

Según el Padre Sandoval, cronista de la orden benedictina, esta reliquia corresponde al "brazo izquierdo de la Santa Cruz, quedando entero el agujero sagrado donde clavaron la mano de Cristo".

La madera se encuentra dentro de un relicario en forma de cruz de plata dorada, con cabos flordelisados de tradición gótica, realizada en un taller vallisoletano en 1679.

Las medidas del leño santo son de 635 mm. el palo vertical y 393 mm. el travesaño, con un grosor de 40 mm.

El análisis científico de la madera determinó que la especie botánica es "Cupressus Sempervivens", una madera extraordinariamente vieja siendo Palestina una de sus  áreas geográfica.


Lignum crucis del monasterio de Santo Toribio de Liébana 


La “Cruz de Caravaca” es custodiada por la Real e Ilustre Cofradía de la Santísima y Vera Cruz en la basílica del Real Alcázar de Vera Cruz, en Caravaca de la Cruz (Murcia). Se conserva en un relicario gótico de oro y plata del siglo XVIII de doble brazo horizontal (7 cm el superior y 10 cm el inferior) y uno vertical (17 cm). 

Fachada barroca de la Basílica de la Vera Cruz.

Cruz de Caravaca

La cruz de Caspe perteneció al Papa Clemente VII que en 1394 se lo regaló Juan Fernández de Heredia, político del siglo XIV, que lo donó a la ciudad de Caspe, donde construyó un convento dedicado a la Orden de san Juan de Jerusalén. Posteriormente la reliquia fue trasladada a la Colegiata   Santa María la Mayor. En el año 1936 fue trasladada a un lugar desconocido para que no fuera destruida durante la Guerra Civil. Terminada la Guerra fue guardada en la caja fuerte de una entidad bancaria, por el mal estado de la colegiata.   Recientemente, tras la finalización de las obras de acondicionamiento de la “Capilla de la Vera Cruz” de la Colegiata de Santa María la Mayor de Caspe (Zaragoza), vuelve a ser expuesta al público y sale en la procesión de la Semana Santa, custodiada por la Cofradía de la Vera Cruz.

Cruz de Caspe

La Hermandad de Vera-Cruz de Sevilla posee un Lignum Crucis entregado a la hermandad por D. José Sebastián y Bandaran en 1954, insertado en un relicario de plata con forma de cruz arbórea realizado en los talleres de Villarreal en 1965.

La hermandad posee una segunda reliquia insertada en la Cruz de Guía procesional. 

Altar Mayor. Capilla de Vera-Cruz. Sevilla

Detalle de la Cruz de Guía

En Sevilla La hermandad de la Lanzada y la Hermandad de la Estrella, así como el Grupo de Devotos de Salud y Esperanza también cuenta con un relicario con el "lignum crucis", anterior al siglo xvii y debidamente certificado con la "auténtica" correspondiente, datada el 6 de febrero de 1754, así como por el lacre y sello pontificio correspondiente. La reliquia se presenta protegida en una cruz realizada en cristal de roca, rematada las cantoneras con una laminilla de plata de ley que sirve de cierre lacrado para el sello pontificio.

El de la catedral de Valencia fue regalado por el papa Benedicto XIII, conocido como el Papa Luna, al rey Martín el Humano, y llegó a la Catedral de Valencia en 1437 gracias al rey Alfonso el Magnánimo. Es una pieza de orfebrería, realizada con cristal y plata sobredorada, con un formato de cruz doble patriarcal.

Lignum Crucis de la Catedral de Valencia

La Hermandad de la Vera-Cruz de Alcalá del Rio (Sevilla) desde 1991 incluye en su Estación de Penitencia del Jueves Santo una reliquia del “santo lignum crucis”, donada por el sacerdote Antonio González de la Cueva que pertenecía a su familia desde su nacimiento y procedía del Hospital del Cristo de los Dolores o Pozo Santo de Sevilla. El sacerdote predicó en 1991 el Quinario de la Hermandad en honor al Santísimo Cristo de la Vera-Cruz, y viendo la devoción popular decidió donar esta reliquia a la Hermandad.

Real Cofradía del Santísimo Sacramento de Minerva y la Santa Vera Cruz de León fue donada por el obispo Luis Almarcha en 1959.

En la ciudad de Vélez-Málaga la Archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno “el Pobre” y María Santísima de la Esperanza y la Cofradía del Santísimo Cristo de los Vigías y Nuestra Señora del Mayor Dolor, un nazareno porta la reliquia sobre una cruz o reliquario.

En Alhaurín el Grande, la Real Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno procesiona un elegante relicario de madera de cedro, de color oscuro, con remates de orfebrería plateados, con una reliquia otorgada en Roma en 1871 por el Obispo de Arada, Rvd. P. Rizzolati.

La Ilustre Hermandad de la Santa Vera Cruz de Gijón, fundada en 1645, posee un lignum crucis formado por dos fragmentos o astillas de madera dispuestos en forma de cruz. En el anverso de la reliquia se observa un sello de lacre rojo y sobre él se encuentra grabado un escudo heráldico que atestigua que la reliquia perteneció a Alessandro Vincenzo Luigi d'Angennes (Turín, 1781-Vercelli, 1869), ordenado sacerdote en la iglesia de la Santa Cruz de Turín.

A la cofradía de la Vera Cruz de Salamanca pertenece un relicario en plata con forma de cruz labrado por Pedro Benítez en 1675 que contiene, en la intersección de los brazos, una reliquia de la Cruz donada por fray Juan de San Antonio.

La Venerable Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias de Andújar (Jaén) porta un Lignum crucis dentro de un relicario de plata de ley que data del siglo xv.

domingo, 7 de enero de 2024

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

CRUCIFIXIÓN 

Hortus Deliciarum.

La crucifixión de Jesucristo. ilustración del Hortus Deliciarum de Herrad von Landsberg

Es una enciclopedia escrita por Herrad von Landsberg, Abadesa de la Abadía de Hohenbourg, en Alsacia, en el Sacro Imperio Romano Germánico, alrededor de 1175, ilustrada con 344 miniaturas, y escrita en latín, resumiendo los conocimientos teológicos y profanos de aquellos tiempos, con el fin de educar a las monjas de la Abadía.

El monasterio de Hohenbourg sobre la montaña. Grabado. 1800. Bibliothéque nationale et universitaire de Strasbourg


El manuscrito fue conservado en la Abadía de Hohenbourg, pero después del gran Incendio de 1546, que destruyó casi por completo la abadía, la última abadesa, Inés de Oberkirch, dejó la propiedad de la misma al obispo de Estrasburgo, y así el "Hortus Deliciarum" se convirtió en parte de los archivos diocesanos Saverne.

Más tarde el manuscrito fue encontrado en la Cartuja de Molsheim, donde en el siglo XVII se hizo una copia del texto. 

Durante la Revolución francesa, el manuscrito pasó a la Biblioteca del Distrito de Estrasburgo. 

Biblioteca nacional y universitaria de Estrasburgo

El original se quemó en la noche del 24 al 25 de agosto de 1870, durante la Guerra franco-prusiana, en un incendio que estalló durante el sitio de Estrasburgo, en la Biblioteca Nacional y universitaria de Estrasburgo, donde estaba almacenado en ese momento. 

Guerra franco-prusiana. Raoul Arus. Finales del siglo XIX. Óleo sobre lienzo. 77 x 113 cm.

Gracias a la disponibilidad de copias y reproducciones de la mayoría de las miniaturas, y los textos en latín que las acompañaban, se ha logrado reconstruir este testimonio único de la historia cultural y religiosa medieval de Alsacia.

Ha sido posible reconstruir 254 de las 344 Miniaturas del "Hortus Deliciarum", al menos en las líneas generales. En 1879 la sociedad encargó al canónigo y arqueólogo de Estrasburgo Alexandre Joseph Straub preservar el documento histórico alsaciano, con la tarea, que fue completada en 1899 por G. Keller, de empaquetarlo en 113 placas de gran formato.

Representa la crucifixión con todos los detalles simbólicos, correspondientes al siglo XI, y hasta finales de la Edad Media, en que la representación fue ganando en crudeza, pues Jesús comenzó a representarse como un ser humano, capaz de experimentar los dolores físicos y morales.

La miniatura nos muestra todos los elementos agrupados que de ordinario se encuentran aislados.

Jesús aparece muerto, su cuerpo se desploma y flexiona, con los ojos cerrados, y la cabeza caída hacia la derecha. Según los teólogos su muerte no se debió a un proceso orgánico sino a un acto de voluntad divina y la escena de la muerte de Cristo culmina el ciclo de la Pasión, por lo que se coloca en la parte más alta de los Retablos. 

Detalle de Jesús

Jesucristo es el nuevo Adán y con su pasión da lugar al nacimiento de la Iglesia eliminando los poderes de la antigua sinagoga.

Se cree que Jesús muere donde se había enterrado Adán de modo que su sangre habría caído sobre los huesos de nuestro primer padre. 

Detalle de los pies de Jesús con su sangre vertiéndose hacia abajo


Porque, el lugar en que se asienta la Cruz, según las Escrituras, es el monte Gólgota (que en arameo significa calavera), el mismo dónde fue sepultado Adán, por ello, a los pies de la Cruz se represente una calavera, el cráneo de Adán, o incluso al primer hombre saliendo de la tumba.

A los pies de la Cruz. El primer hombre saliendo de la tumba

Según los Evangelios Apócrifos, la sangre de Jesús al derramarse, corrió a través de una grieta hasta los huesos de Adán, mojándolos, quedado perdonado así de su pecado y bautizado como cristiano.

Para ello, los teólogos se basaron en el pasaje de la muerte de Cristo narrada en el Evangelio de Mateo, en el que narra que “la tierra tembló y se hendieron las rocas; se abrieron los monumentos, y muchos cuerpos de santos que dormían, resucitaron" (Mt 27:52). De este modo, aunque en ningún momento se menciona el nombre de Adán, se estableció la relación entre el Pecado Original y la Muerte Redentora de Cristo. 

Detalle de los pies de la Cruz

La leyenda cuenta que cuando murió Adán, le pusieron en su boca una semilla del Árbol de la Ciencia, el árbol del bien y del mal, y esta germinó al enterrarlo. Con la madera de dicho árbol construyeron la Cruz dónde moriría Cristo, que se plantó en el mismo lugar dónde descansaban los restos del primer hombre.

No existe ninguna evidencia histórica de la existencia de Adán y menos aún de que fuera enterrado en la capilla del Santo Sepulcro, a pesar de ello, se sigue exhibiendo la oquedad en la roca y la grieta que la conecta con el agujero donde se supone que se colocó la cruz. 

La “Cueva de los Tesoros” (narración anónima apócrifa basada en los textos de la Biblia y escrita en siriaco a finales del siglo VI o principios del VII) establece otro paralelismo entre Andan y Cristo. Jesús murió un viernes, el mismo día que Adán, a la hora de tercia en que Adán cometió   la falta del Pecado Original, por la que perdió al género humano y fue expulsado del Paraíso Terrenal. En viernes se pecó y en viernes se perdonó el pecado, dándole al sacrificio de Cristo la significación de la victoria sobre la muerte a la que Dios destinó a todos los humanos por haber comido el fruto del árbol de la sabiduría. 

Detalle del rostro de Jesús

Lo mismo que Eva había nacido de la costilla de Adán, para perder al género humano, la Iglesia (la nueva Eva) salió del costado abierto de Jesús para salvar a la humanidad, y recoge en su cáliz la sangre y el agua que salieron de la llaga de Jesús, que son el símbolo de los dos principales Sacramentos: El Bautismo y la Eucaristía.

La Iglesia recoge en su Cáliz la sangre y el agua del costado de Cristo

Jesús muriendo ha dado lugar al nacimiento de la Iglesia, y ha abolido los poderes de la Sinagoga. La Iglesia se sitúa a la derecha, coronada, nimbada, con un estandarte triunfal en la mano. La Iglesia sentada sobre un animal de cuatro patas y cuatro cabezas que representa los cuatro animales evangélicos.

La Iglesia sobre un animal de cuatro patas y cuatro cabezas
Detalle de los cuatro animales evangélicos

La Sinagoga a la izquierda con los ojos cubiertos con una banda, en una mano sujeta la asta rota de su bandera y en la otra deja escapar las tablas de la Ley, mientras la corona cae de su cabeza. La sinagoga montada sobre un asno encabritado que recula en lugar de avanzar.

La Sinagoga montada sobre un asno que recula

María reemplaza a la Iglesia, no solo es la madre de Jesús sino que también es la madre de la Iglesia, y Juan representa a la Sinagoga.

Por ello, la virgen se sitúa siempre a la derecha de la Cruz y San Juan a su izquierda. Aparecen de pie y en posturas serenas. María puede aparecer con las manos cruzadas sobre el pecho, la cabeza inclinada y el gesto compungido, y San Juan suele apoyar su rostro en una de sus manos, expresando su pena.

Detalle de la Virgen y san Juan

El simbolismo reemplaza la Iglesia por Longinos a la derecha de Jesús y la Sinagoga por Estephaton, a la izquierda. 

Longinos y Estephaton

El bueno y el mal ladrón simbolizan la nueva Iglesia y la antigua sinagoga.

Así, los dos ladrones pueden acompañar en sus cruces a Cristo, aunque aparecen atados y no clavados a ellas. El buen ladrón, Dimas, aparecerá a la derecha y Gestas, el malo, aparece a la izquierda.  

El bueno y el mal ladrón

Otros elementos muy característicos que acompaña la Crucifixión son las representaciones del Sol y la Luna. Aparecen a ambos lados de la cruz, normalmente sobre ella, respectivamente a derecha e izquierda. Estas figuras pueden ser antropomórficas o no, pero siempre son identificables por portar los rasgos característicos de sus astros, como los rayos solares o una media luna. Su significado puede interpretarse como una referencia a lo eterno, pero también como que el poder divino está por encima de ellos.

Detalle del Sol y la Luna

Finalmente, el velo rasgado del templo, situado en lo alto de la composición, indica la sustitución de la Antigua Ley por la Nueva. 

Detalle del velo rasgado

viernes, 5 de enero de 2024

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

CRUCIFIXIÓN 

Manuscrito de Rábula.

Rabula-Evangelium, Szene: Kreuzigung. Meister des Rabula-Evangeliums. 586. Pergamino altura: 33,5 cm; ancho: 25,5 cm. Biblioteca Medicea-Laurenziana, Florenz. (ver)


Se trata de un manuscrito del Evangelio, escrito en lengua siria antigua o lengua pesita, pintado por el escriba Rábula en 586, para el convento hoy desaparecido, de san Juan de Zagba, en Mesopotamia. 

Investigaciones recientes sugieren que el manuscrito fue completado en el año 586 y posteriormente fue retocado parcialmente por restauradores, y unido con miniaturas de otras fuentes en los siglos XV o XVI.

Está considerado como una de las mejores obras Bizantinas producidas en Asia, y uno de los primeros manuscritos cristianos con grandes miniaturas.

La historia del manuscrito después de su redacción es desconocida hasta el siglo xi, cuando estuvo en Maipuc-Biblos, Líbano.  A finales del siglo xiii o principios del siglo xiv llegó al monasterio de Quannubin en el Valle de Qadisha. 


A finales del siglo XV o principios del XVI, el manuscrito fue llevado por el Patriarca maronita (ver) a la Biblioteca Laurenciana de Florencia, donde se encuentra actualmente. El manuscrito ha servido durante la Edad Media como registro de los patriarcas maronitas.  

Biblioteca Laurenciana de Florencia (ver)


La escena de la crucifixión aparece encima de las de la visita al sepulcro y la aparición de Cristo resucitado.

Pero no está mostrando un Cristo resucitado, dado que la escena siguiente representa la resurrección, con el motivo, también descriptivo, de la aparición de Cristo a las dos Marías tras el anuncio del ángel.

Detalle de la escena inferior de la Resurrección

La escena superior representa el Calvario con un Cristo crucificado sobre una cruz que domina a la de los ladrones. 

Detalle de la escena superior del Calvario

Su rostro lo inclina suavemente sobre el lado derecho, circundado por un gran nimbo. Sus ojos abiertos, como “Cristo vigilante”, sin ninguna huella de sufrimiento en el rostro. Tiene barba corta y una melena más abundante que los Cristos alejandrinos y más discreta que los barbados Cristos bizantinos tras la aparición del rostro de Edesa (ver). El cuerpo en posición recta, fijo a la cruz por cuatro clavos dorados. Una larga túnica como suntuoso “colobium” violeta, bordeado por dos largas bandas de oro, lo cubre casi por completo, muy distinta del escueto taparrabos con que lo representa el mundo romano o del perizoma bizantino.

La intencionalidad narrativa que se deja ver en los dibujos de Rabbula, nos aleja de la posibilidad de comprender este Cristo de ojos vigilantes desde una óptica monofisita, herejía que perduró en Siria y Alejandría aún después de Calcedonia, según la cual Cristo no sufrió en la cruz porque en realidad carecería de naturaleza humana, la única susceptible de sufrimiento físico. Más bien la crucifixión comenzó a ser representada para expresar dicha humanidad a partir de las controversias sobre la naturaleza humana y divina de Cristo.

Detalle de Jesús

Es la primera ocasión histórica en que encontramos a Longinos que clava su lanza en el costado de Cristo, de donde sale sangre y agua, como símbolos de la Eucaristía y del Bautismo, y manifestación de que Cristo continua vivo después de muerto.

El “colobium”, abierto lateralmente, deja ver el pecho atravesado por un porta-lanza que una inscripción designa como Longinos, que clava la lanza en lugar de romperle las piernas, confirmándose la profecía: “No le quebraran ni un hueso” (Ex. 12,46), “Mirarán al que traspasaron (Zac 12:10). Curiosamente, el autor escribe solamente el nombre de Longinos y no el de los otros personajes.

Detalle de Longinos

A la izquierda de Jesús aparece Stephaton, con su porta-esponja y un cubo. La presencia en la representación de los dos personajes Longinos y Stephatón a ambos lados de la cruz, uno con la lanza y el segundo con la esponja sobre una caña, es también aportación siríaca a la iconografía cristólógica, personajes que a partir de aquí estarán presentes en todas las representaciones de la crucifixión hasta el Cristo de San Damián y en el gótico. 

Detalle de Stephatón

Los ladrones cubiertos solo con un “perizonium”, atado el busto a la cruz y clavos en manos y pies. El ladrón izquierdo inclina la cabeza hacia Cristo, el ladrón derecho mira a Cristo con arrogancia.

No hay la preocupación simbólica que aparecerá en el mundo bizantino, donde el ladrón no arrepentido volverá la cara para no mirar a Cristo y donde los salvados mostrarán su rostro completo.

Los dos ladrones no se contemplan en los evangelios canónicos, sino en el Evangelio apócrifo de Nicodemo (10:1): “Y Jesús salió del Pretorio y los dos ladrones con Él. Y cuando llegó al lugar que se llama Gólgota, los soldados lo desnudaron de sus vestiduras y le ciñeron un lienzo, y pusieron sobre su cabeza una corona de espinas y colocaron una caña en sus manos. Y crucificaron igualmente a los dos ladrones a sus lados, Dimas a su derecha y Gestas a su izquierda”.

Detalle de Dimas
Detalle de Gestas

El crucificado tiene la cabeza girada hacia el lado derecho, pues mira al discípulo y a la Virgen, aureolados con un gran nimbo. Se trata de una representación descriptiva de los hechos acontecidos momentos antes de su muerte, en que Jesús encomienda respectivamente a Juan y a María ser hijo y ser madre.

La ubicación de dos de los personajes (María y Juan) que aparecen en la escena de la crucifixión, juntos, al mismo lado derecho de Cristo, es algo extraño en la iconografía bizantina y en la iconografía europea, incluso también en muchas otras representaciones de la crucifixión que se dibujan en el Oriente Medio.

La imagen más común representa a Cristo Crucificado en el medio, a María a su derecha y a Juan a su izquierda, en un esquema llamado Deesis (ver), con una intencionalidad teológica en la que ambos personajes interceden ante Cristo por el orante. 

Detalle de La Virgen y san Juan

Al lado tres espectadores. Al pie de la cruz tres soldados practican el juego mediterráneo conocido como de la “mora” y echan suertes sobre la túnica de Jesús.

Detalle de los tres espectadores
Detalle de los soldados a los pies de la cruz

El sol y la luna encuadran la escena, el sol a la derecha y la luna a la izquierda, simbolizando  las tinieblas que rodearon la tierra, en el momento de la muerte. 

Detalle del Sol y la Luna