lunes, 23 de diciembre de 2024

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

FLAGELACIÓN

La flagelación de Cristo. Anónimo en la Capilla de la Orden Tercera

En la calle Cervantes, a mitad de camino entre la Iglesia de San Martín y de San Andrés, hay una joya en forma de Capilla que es muy poco conocida por los sevillanos: la Capilla de la Orden Tercera.

En el muro de la Epistola, un cuadro con la escena de “La Flagelación” de autor anónimo de finales del siglo XVII o principios del XVIII, restaurado por Inmaculada Espinosa Vargas.

En la cartela superior dice, en latín: “ Ego te paui manna per defértum et tu ma cecidifli ála pis et flagéllis” (Te di poco maná al ser arrebatado, y caíste de mi con alas y látigos).

Los pies están desnudos y muestran una gran sensación de movimiento.

viernes, 20 de diciembre de 2024

 TRAUMATOLOGÍA

Herida por mordedura

La riña en la Venta Nueva. Francisco de Goya y Luciente.



Esta obra es un cartón para tapiz que forma parte de una serie de diez cartones para tapices de temática campestre, destinados al comedor de los príncipes de Asturias (el futuro Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma) en el palacio de El Pardo.

Junto a este cartón Goya entregó, el 12 de agosto de 1777, otros tres de la serie: “La maja y los esbozados”, “El quitasol” y “El bebedor”. Debió de realizarlos entre el 3 de marzo, fecha en que entregó el anterior cartón, “Baile a orillas del Manzanares”, y el mencionado 12 de agosto. Parece tiempo más que suficiente para acometer cuatro cartones y la razón de esta demora fue la enfermedad de Goya, conocida gracias a su correspondencia con Martín Zapater.

Hacia 1856 o 1857 este cartón se trasladó desde la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara al Palacio Real de Madrid y en 1870 ingresó en el Museo del Prado.

La escena parece situarse en las cercanías de Madrid, pues al fondo se aprecia la sierra de Guadarrama, en la zona conocida en la actualidad como “Ventas”, y entonces como “Ventas del Espíritu Santo”, donde paraban arrieros, caleseros, comerciantes, camorristas y jugadores, como los representa aquí Goya.

La venta, situada en una encrucijada de caminos, se define como “Venta Nueva” aunque sus muros están agrietados y la cruz que la corona, ladeada, lo que con ironía proporciona a la escena un sentido metafórico sobre la intemporalidad de la violencia humana. Del ventanuco circular situado en el hastial asoma un cartel que reza "venta nueva”.

Detalle de la "Venta Nueba"


La escena representa una pelea, ocasionada por una partida de naipes, entre personajes que por sus atuendos revelan su procedencia de diversas provincias de España, murcianos y valencianos entre otros, así como un joven bien vestido, de clase social más elevada.

En un segundo plano a la derecha vemos la mesa con los naipes, con los oros y los bastos bien visibles, indicando el motivo de la contienda, mientras el ventero recoge el dinero y tras él ha llegado un policía a caballo, con una pistola en la mano. 


Detalle de la mesa con los naipes, el ventero y el policía a caballo

La disputa ocupa el primer plano y el centro de la imagen, en la que sus protagonistas emplean todas las armas posibles, piedras, palos, cuchillos y una pistola, así como las propias manos. Así, un grupo de cinco hombres luchan en el centro. El personaje que está de espaldas, que pelea a puñetazos, se identifica perfectamente con un murciano, por sus pantalones cortos y sus sandalias.

Detalle del grupo de cinco hombres


Junto a este grupo, hay otras dos figuras peleando y una de ella muerde en el brazo a su contrincante, produciendo una herida por mordedura

Detalle de un hombre mordiendo a su contrario

Cierra el "escenario", a la izquierda, un personaje, mejor vestido, que parece dispuesto a lanzar una piedra.

Detalle del hombre lanzando una piedra

Un perro en el centro mira al espectador con expresión de asombro ante las acciones de sus amos. 

Detalle del perro

La escena costumbrista nos hace testigos de esta disputa provocada por el juego de cartas, que se puede interpretar como una lección de moralidad.

Por Andrés Carranza Bencano

miércoles, 18 de diciembre de 2024

PEDIATRIA

Madre e hijo. Pablo Picasso. 

Madre e hijo. Pablo Picasso. 1901. Óleo sobre lienzo. 112 x 97,5 cm. Harvard Art Museum. Estados Unidos (CC BY 3.0)

"Madre e hijo" es una obra de Pablo Picasso creada en 1901, durante su período azul, que se caracteriza por el uso de tonos fríos y una temática melancólica.

Este período se desarrolló tras la muerte de su amigo Carlos Casagemas y refleja una profunda tristeza y una exploración de la soledad, la pobreza y la desesperanza.

En este lienzo, Picasso retrata a una madre con su hijo en un momento de intimidad y ternura. La figura de la madre es robusta y protectora, mientras que el niño parece vulnerable y dependiente.

El frio azul envuelve y aísla a los dos personajes, soledad que solo puede quedar salvada por el intenso amor que les une, palpable en el beso maternal en la frente del bebé.

Detalle

El origen de este cuadro está en la visita del pintor al Hospital-Prisión de Saint-Lazare, una institución para prostitutas parisinas con enfermedades venéreas, que se tradujo en una serie de pinturas de madres indigentes que abrazaba a sus hijos pequeños.

"Madre e hijo" es una pieza significativa en la evolución del estilo de Picasso y en su exploración de la figura humana. 

Esta obra representa la gran capacidad de Picasso para transmitir emociones profundas a través del arte.

Una curiosidad es que esta obra fue ejecutada en un lienzo reutilizado, debajo de ella se encuentra un retrato de su amigo el poeta Max Jacob. La reutilización de lienzos fue usual en esta época de penuria económica del pintor. 

Por Andrés Carranza Bencano

lunes, 16 de diciembre de 2024

EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Crucificados menores. Convento-Iglesia San José del Carmen (Las Teresas). 

En el muro izquierdo de la Sacristía se encuentra una escultura de Cristo Crucificado, del siglo XVII.

Crucificado

Detalle del rostro

Detalle del paño de pureza

Detalle frontal de los pies

Detalle lateral de los pies

Por Andrés Carranza Bencano

lunes, 9 de diciembre de 2024

 PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Hallux Valgus

La Sagrada Familia rodeada de Santos. Pedro Pablo Rubens.

La Sagrada Familia rodeada de Santos. Rubens, Pedro Pablo. Hacia 1630. Óleo sobre tabla. 79,5 x 64 cm. Museo del Prado. Sala 078. (CC BY 3.0)

Esta obra es un boceto, o una copia reducida de un lienzo, que la archiduquesa Isabel Clara Eugenia le encargó a Rubens en 1628, para presidir el altar mayor de la Iglesia de los Agustinos de Amberes. 

La obra llegó a España a través de Francisco de Rojas, diplomático al servicio del Cardenal-Infante Don Fernando de Austria, gobernador de los Países Bajos meridionales y hermano del rey Felipe IV. Los herederos del artista le regalaron esta obra como agradecimiento a las muchas obras que compró en la almoneda de Rubens para el rey.

Posteriormente entró en las colecciones reales, posiblemente a través del Marqués de Carpio.

Aparece inventariada en el Escorial desde el siglo XVIII, noticia conocida por la referencia que de ella hicieron Antonio Ponz y Ceán Bermudez.

Estamos ante una escena mística, una “sagrada conversación”, utilizada en el arte italiano.

La virgen, en lo alto de un pedestal y acompañada de San José, presenta a su hijo a una mujer arrodillada ante ella, identificada con Santa Clara. 

Detalle de la Sagrada Familia con Santa Clara

Los santos que completan la escena, en diferentes actitudes y posturas, son los patrones de las diferentes cofradías religiosas presentes en la Iglesia para la que pintada esta obra. 

Pero son santos de ámbitos geográficos distintos y de épocas cronológicas diversas.

Podemos identificar a la izquierda a San Cristóbal, el gigante, y a la derecha a San Pedro, con las llaves, y a San Pablo, con la espada. 

Detalle de San Cristóbal

Detalle de san Pedro y san Pablo

A la izquierda Santa Polonia con el alicate.

Detalle de santa Polonia

En el primer plano a San Jorge, pisando al dragón que ha vencido, junto a Sebastián que lleva las flechas y el arco, símbolos de su martirio.

Detalle de san Jorge

Detalle de san Sebastián

En la parte derecha de la escena, tocado con la mitra y portando el báculo que lo identifican como obispo, aparece San Agustín, titular de la iglesia a la que va destinada la obra, con un corazón ardiente en la mano, así como a san Lorenzo con la parrilla de su martirio.

San Agustín y la Virgen dirigen la mirada hacia el espectador, conectando con él, algo que se refuerza con la postura del santo señalando a lo alto del pedestal. 

Detalle de san Agustín y san Lorenzo

Los personajes están enmarcados por una arquitectura clásica, de la que vemos columnas y pilastras, así como el pedestal decorado sobre el que se asienta la virgen.

Las figuras, inspiradas en modelos clásicos como se observa en la figura de San Sebastián, que destaca entre el resto por la luz que recibe al estar semidesnudo, al igual que la arquitectura engrandecen y monumentalizan la escena.

Destaca la deformidad del pie de san Sebastián claramente en pie griego con Hallux Valgus.

Este tipo de pie se caracteriza por tener el segundo dedo más largo que el pulgar. 

Se conoce como griego debido a que en la mitología griega está asociado a las diosas y sus poderes.

Detalle del pie griego con Hallux Valgus de san Sebastián

Es un ejemplo de la conexión de Rubens con la antigüedad clásica, que veía como reflejo de los valores que debía tener la sociedad, así como la imagen hermosa de algo mejor. 

El artista siempre buscó la unión entre los dos mundos, religioso y clásico, buscando un enriquecimiento recíproco.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Crucificados menores. Hermandad del Baratillo.  

Crucifijo. Anónimo. Siglo XVII. Madera tallada y policromada al óleo. Hermandad del Baratillo. Sevilla

Detalle del rostro

Detalle del rostro

Detalle de la mano 

Detalle del Paño de Pureza

Detalle de los pies 

Por Andrés Carranza Bencano

 PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Pie paralítico

En la playa del Sanatorio de Santa Clara. Federico Godoy Castro.

Durante un largo periodo de la historia, las monjas ejercieron una suerte de maternidad prestada con los niños abandonados. 

Su papel de cuidadoras desinteresadas, privadas de una vida civil y consagradas a su vocación, conoció durante el siglo XIX una amplia iconografía, que las unía a hospicios y colegios, aunque también, en ocasiones, a la vida mística; pero con el cambio de siglo se las situó en escenarios ligeramente diversos.

Godoy representa aquí con fiel realismo un baño de mar de los pupilos del sanatorio del doctor Manuel Tolosa Latour en Chipiona (Cádiz). Inaugurado en 1901 para albergar a siete chicos enfermos y paralíticos a cargo del Estado. 

La presencia de las monjas subrayaba la ausencia de sus madres biológicas y el vacío espiritual que dejaban y que las anteriores suplían. 

Las religiosas desempeñaban por tanto una labor complementaria a la científica personificada en el doctor Tolosa Latour, que aplicó en los chicos sus teorías higienistas.

En 1903, fecha en que se pintó este cuadro, evidente consecuencia plástica e ideológica de “¡Triste herencia!”  De Sorolla (ver), maestro de Godoy, eran ya trece los niños que hospedaba el sanatorio.

Kasabal, recordaba ese año en “El Heraldo” de Madrid cómo esos niños habían "recibido la triste herencia de la escrófula, de la tuberculosis y del raquitismo […] necesitan ir allá a orillas del mar, a restablecerse, a curarse, a fortalecer sus piernecitas, que se doblan, a enderezar sus espaldas, que se arquean; a dilatar sus pechos, que se hunden".

Por Andrés Carranza Bencano