sábado, 1 de noviembre de 2025

EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

CRUCIFIXIÓN 

Tríptico del Calvario. Frans Francken I. Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Tríptico del Calvario. Francken I, Frans. Hacia 1585. Óleo sobre tabla.285 x 283 cm. Museo de Bellas Artes. Sala II. Procede de la Desamortización de 1840 del Hospital de las Bubas. Sevilla

Esta pintura constituye uno de los trípticos flamencos del siglo XVI más destacados conservados en España. Sin embargo, su autoría permaneció incierta hasta fechas relativamente recientes. Desde comienzos del siglo XIX, Ceán Bermúdez la había atribuido erróneamente a un supuesto pintor llamado Francisco Frutet, artista inexistente que surgió de una confusión documental. Al parecer, Ceán interpretó de forma equivocada el nombre de Frans Floris, mencionado en unos documentos del convento de la Merced de Sevilla, donde se aludía a un retablo de este maestro flamenco. El retablo al que se referían aquellos textos fue adquirido en 1879 por el museo de Bruselas, y está firmado por Frans Floris, lo que permite suponer que la lectura “Francisco Frutet” no fue más que una transcripción defectuosa.

A partir de esa confusión, Ceán Bermúdez atribuyó a su imaginario Frutet varias obras de escuela flamenca de finales del siglo XVI. Entre ellas incluyó este magnífico tríptico procedente del Hospital de las Bubas, cuya falsa atribución se mantuvo hasta bien entrado el siglo XX. Fue el profesor Bruyn quien, en 1962, restituyó su verdadera autoría a Frans Francken I, al reconocer en las figuras del conjunto un estilo plenamente coincidente con otras obras del pintor, especialmente con el “Cristo Niño entre los doctores”, firmado en 1587 y conservado en la catedral de Amberes. Por sus rasgos estilísticos, el tríptico sevillano debió ejecutarse entre 1581 y 1585.

Aunque Ceán Bermúdez erró en la identificación del autor, su apreciación no carece de mérito, pues supo reconocer la filiación flamenca de la obra. Además, el equívoco resulta comprensible si se considera que Frans Francken I fue discípulo de Frans Floris, cuyo estilo influyó notablemente en su producción. (Fuente: Enrique Valdivieso González, “La pintura en el Museo de Bellas Artes de Sevilla”, Ed. Galve, Sevilla, 1993).

El tríptico procede del antiguo Hospital de San Cosme y San Damián, conocido como Hospital de las Bubas. Fundado en el siglo XIV, tras la epidemia de peste de 1383, se ubicaba originalmente en la feligresía del Salvador. Las sucesivas crisis de peste, hambre y pobreza que azotaron Sevilla entre los siglos XIV y XV llevaron a la creación de instituciones destinadas a aislar y atender a los enfermos contagiosos, como los afectados de lepra o sífilis. Estos hospitales no solo cumplían funciones sanitarias, sino también asistenciales, al ofrecer refugio y sustento a personas de escasos recursos.

En 1500 el hospital se trasladó a la calle Santiago, a la antigua sede del Hospital de las Cinco Llagas, y en 1574 fue cedido a los Hermanos de San Juan de Dios, quienes lo mantuvieron activo, con interrupciones durante las exclaustraciones, hasta la actualidad, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Paz, también conocido como Hospital del Salvador y de la Misericordia.

Iglesia del Hospital de Nuestra Señora de la Paz, Plaza del Salvador de Sevilla

Descripción del tríptico.

El panel central representa la Crucifixión: Cristo vivo en la cruz, acompañado por los ladrones Dimas y Gestas. A los pies, la Virgen, san Juan y María Magdalena, arrodillada y abrazada al madero. Detrás, soldados que juegan a los dados, otros montados a caballo y un grupo de espectadores contemplando la escena. En el primer plano aparece un cráneo (memento mori) en referencia a la muerte de Adán, como lugar de muerte y redención del género humano. Todo el conjunto se desarrolla sobre un paisaje amplio y luminoso.

Panel central

Detalle de Jesús vivo mirando a su madre

Detalle del rostro de Jesús

Detalle del amplio paño de pureza que cubre ambas caderas

Detalle de los pies fijados con un solo clavo con el pie derecho sobre el izquierdo

Detalle de Dimas, el buen ladrón

Los pies de Dimas están fijados al madero individualmente con cada clavo y a distinta altura por lo que las rodillas están flexionadas

Detalle del troco superior de Dimas

Las manos Dimas están fijadas al madero con un solo clavo por el dorso de la mano, mientras que la de Jesús está fijada por la palma

Detalle de Gestas con las manos fijadas por detrás del madero y los pies a distinta altura con las rodillas flexionadas

María Magdalena arrodillada a los pies de la cruz

Detalle del rostro de María Magdalena

La Virgen María y las Santas mujeres

Detalle de la Virgen y una de las Santas mujeres

Detalle de otra de las Santas mujeres

San Juan Evangelista

Detalle de San Juan Evangelista

Detalle del cráneo y un Húmero a los pies de la cruz

Detalle de los soldados jugando

Detalle de soldados a caballo

El ala izquierda muestra el Camino al Calvario, con Cristo cargando la cruz ayudado por el cirineo, escoltado y hostigado por los sayones. 

Panel lateral derecho

Jesús con la cruz a cuesta durante una caída

Detalle del rostro de Jesús

Detalle del pie desnudo de Jesús, tipo egipcio

Detalle de un sayón que lo golpea

Soldados a caballo

Muchedumbre y Simón de Cirene

Detalle de una madre con su hijo

Pie calzado de la madre

Pies descalzos del niño

El ala derecha presenta el Descendimiento, con las figuras que bajan el cuerpo de Cristo y lo preparan para la sepultura, completando así la narración pasionista.

Panel lateral izquierdo

Detalle del Descendimiento

Detalle del rostro de Jesús

Detalle de los pies de Jesús

José de Arimatea con los clavos de Cristo

La Virgen María y las Santas mujeres

San Juan

En el reverso de las tablas laterales se representan la Virgen con el Niño y san Bernardo, respectivamente, imágenes que, al cerrarse el tríptico, refuerzan su sentido devocional.

Por Andrés Carranza Bencano

viernes, 31 de octubre de 2025

EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

RESURRECCIÓN

Retablo del Salvador. Anónimo Sevillano. Museo de Bellas Artes.

Retablo del Salvador. Anónimo sevillano. Hacia 1530. Óleo sobre tabla. 217,8 x 149 cm.  Museo de Bellas Artes. Sala II. Procede dela Desamortización de 1840


La inclusión de esta pintura en el inventario del Museo de Bellas Artes de 1845 sugiere que ingresó tras la Desamortización de 1835.

La presencia de los santos Domingo de Guzmán y Francisco de Asís en el registro inferior apunta a que podría proceder de un convento dominico o franciscano. No obstante, al situarse la figura de San Francisco a la derecha del espectador, cediendo el lugar de honor a Santo Domingo, resulta más probable que perteneciera a un convento franciscano, siguiendo la disposición habitual en los retablos sevillanos de la época, pues del mismo modo, en los retablos de las iglesias dominicas localizamos la imagen de San Francisco a nuestra izquierda.

La obra se fecha a comienzos del siglo XVI, aunque algunos estudios la sitúan más cerca de la mitad de la centuria, y señalan la influencia del pintor Alejo Fernández (1475-1545).

El conjunto está estructurado como un retablo de ocho escenas, distribuidas en tres cuerpos horizontales y tres calles verticales.

Detalle del retablo


En el cuerpo inferior, a la izquierda, aparece Santo Domingo de Guzmán (ver) con libro, azucenas y crucifijo.

Santo Domingo de Guzmán


A la derecha, San Francisco de Asís (ver) recibiendo los estigmas de Cristo Seráfico. 

San Francisco de Asís


En el centro se representa la Natividad, ambientada en la tradicional construcción en ruinas, símbolo de la Antigua Ley, con el anuncio a los pastores al fondo y dos de ellos que se incorporan a la escena por una puerta lateral. La escena alude a la Encarnación como anuncio de la Redención.

Natividad


En el cuerpo medio, a la izquierda, se representa a Cristo y los apóstoles con la mujer de Canaán (Mateo 15: 21-28, Marcos 7: 24-30) (ver).

Se ha interpretado en ocasiones como la mujer hemorroísa, pero ésta tocó la túnica de Jesús buscando el milagro, y como la que se encuentra en el Retablo lo que hace es rogar a Cristo, quizá sea la cananea. También se ha citado la escena como Cristo apareciéndose a su madre después de la resurrección, pero la ausencia del halo de santidad en la figura femenina permite rechazar que pueda ser la Virgen María.

Cristo y los apóstoles con la mujer de Canaán


En la calle central se desarrolla la escena principal: Cristo Resucitado presentando a su Madre a los justos liberados del Infierno. Esta iconografía, de raíz teológica más que bíblica, deriva de interpretaciones del Credo de los Apóstoles y de textos apócrifos como el Evangelio de Nicodemo, donde se alude al descenso de Cristo a los infiernos.

En esta composición, Cristo aparece acompañado por Abraham, arrodillado y de avanzada edad, símbolo de la humanidad redimida. A la izquierda, la Virgen María, interrumpiendo la lectura de su libro de oraciones para escucha a su Hijo, acompañada por una santa mujer; a la derecha se encuentran Eva y San Juan Bautista, que porta el lábaro (estandarte que usaban los romanos con Monograma formado por la cruz y las dos primeras letras del nombre griego de Cristo, que se puso en el lábaro por mandato de Constantino), tras los cuales se insinúan otras almas redimidas. En las hornacinas del fondo, de arquitectura italianizante, se distinguen Moisés con las Tablas de la Ley y Aarón con la vara y el fuego, prefiguraciones de la salvación.

Escena central 

Detalle de Jesús

Detalle de Abrahán

Detalle de la Virgen María y Santa Mujer

Detalle de Eva y san Juan Bautista

Detalle de Moisés y Aarón


A la derecha de esta escena se representa a San Rafael y Tobías (Tobías 6, 3-6)(ver). Aunque el texto bíblico no describe a Tobías portando el pez completo, la tradición pictórica lo representa así, probablemente por su mayor valor simbólico y visual.

San Rafael y Tobías

El cuerpo superior se completa, a la izquierda, con Cristo y la samaritana (Juan 4, 27). 

Cristo y la samaritana

Y a la derecha, con Job y su esposa (Job 2, 9-10), identificada en la tradición judía apócrifa como Sitis. 

Job y su esposa

Llama la atención que esta figura, junto a la cananea y la santa mujer que acompaña a María, vistan con mantos negros y tocas blancas, atuendos propios del luto femenino del siglo XVI.

El hilo conductor del conjunto es la salvación del alma a través de la fe. El mensaje se dirige directamente al espectador, a quien el pintor parece presentar como destinatario de la redención anunciada. Destaca asimismo el protagonismo de Eva, situada junto a San Juan Bautista, cuya presencia refuerza la contraposición simbólica entre la primera mujer y María, la nueva Eva. La Virgen aparece como Puerta del Cielo, mediadora entre la humanidad y la gracia divina.

En su conjunto, el Retablo del Salvador representa el cumplimiento del anuncio evangélico de la salvación universal. Las escenas que rodean la principal amplían el mensaje mesiánico de Cristo a todos los hombres y mujeres justos de cualquier tiempo y lugar, partícipes por igual de la redención obtenida mediante su sacrificio.

Por Andrés Carranza Bencano

jueves, 30 de octubre de 2025

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

LAMENTACIÓN SOBRE CRISTO MUERTO 

Llanto sobre Cristo muerto. Anónimo flamenco. Museo de Bellas Artes. 

Llanto sobre Cristo muerto. Anónimo flamenco (Maestro de las Medias Figuras). Hacia 1550. Óleo sobre lienzo. 115 x 148,5 cm. Museo de Bellas Artes. Sala II. Procede de la Desamortización de 1845

Muy apreciable es la colección de maestros menores flamencos del siglo XVI que posee el Museo, siendo la mayor parte de ellos de notable calidad dentro de su orden secundario. En ocasiones el buen nivel de las pinturas permite atribuirlas a algún artista concreto o en todo caso al círculo de sus más inmediatos seguidores.

En la pintura flamenca de la primera mitad del siglo XVI destaca, por su definida personalidad, un artista anónimo al que se denomina "Maestro de las medias figuras".

Otto Benech intentó relacionar a este Maestro con el pintor de Brujas Hans Vereycke aunque esta propuesta no ha sido unánimemente aceptada.

Detalle sin marco

El grupo de la Virgen de la Piedad se compone, estrictamente, de dos personajes: María y su Hijo desclavado de la cruz, cuyo cuerpo inanimado ella sostiene sobre las rodillas. Pero, a veces ocurre que la Virgen esté rodeada o enmarcada por san Juan, Magdalena, las tres Marías e incluso por los donantes; pero casi siempre está sola con el cadáver de su Hijo, y esta concentración refuerza el poder emotivo del tema. Así es como se distingue de la escena de la Lamentación al pie de la Cruz (Beweinung Christi) que comporta numerosas figuraciones.

El grupo se desarrolla en la dimensión horizontal, crece en ancho. El cadáver de Cristo está dispuesto horizontalmente, como el cuerpo de un nadador que flota de espaldas, con la herida del costado bien visible.

Detalle de la cara de Jesús

Detalle del paño de pureza

Detalle de los pies de Jesús

Esta escena, que se intercala entre la Deposición de la cruz y el Enterramiento no está relatada en ninguno de los Evangelios. Y es desconocida en el arte cristiano primitivo.

Fue en el siglo XII cuando apareció, por la influencia de las meditaciones de los místicos, salvo que se haya inspirado simplemente en el rito popular de las Lamentaciones fúnebres que perdura hasta hoy en el oriente mediterráneo.

Los himnógrafos de esa época atribuyen a la Virgen lamentos desgarradores: “Permite a tu madre besar tu diestra. Oh, amada mano que he tenido tantas veces, a la que me aferro como la hiedra al roble. Oh, queridos ojos, y tú, boca bien amada.”

El dolor maternal de María se expresa de la manera más conmovedora. En las Grandes Horas de Rohan (siglo XV), quiere echarse sobre el cadáver de su Hijo; San Juan la coge por medio del cuerpo para impedírselo.

Detalle de la Virgen

Alrededor del muerto, extendido sobre la piedra, se muestran a José de Arimatea, a la cabeza, y Nicodemo, a los pies, se lamentan la Virgen, San Juan, la Magdalena y las Santas mujeres.

Detalle de José de Arimatea

Detalle de Nicodemo

Detalle de san Juan

Detalle de la Magdalena y las Santas Mujeres

Detalle

Detalle

Por Andrés Carranza Bencano