miércoles, 26 de abril de 2023

 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Crucificado de Francisco de Borja

En la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús (ver), cuarto tramo del muro de la epístola, destacamos el retablo de La Virgen de San Lucas contiene una pintura al óleo sobre lienzo de autor anónimo, del siglo XVI, y debajo está colocado el crucificado de bronce de Francisco de Borja, regalado a este por el cardenal jesuita Álvaro Cienfuegos (1657-1737). Curiosamente tiene los pies con su solo clavo y el izquierdo sobre el derecho.


Retablo de la Virgen de San Lucas

Crucificado de bronce de Francisco de Borja

Detalle de los pies 

Autor: Andrés Carranza Bencano

 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Santísimo Cristo de la Buena Muerte. Capilla de la santa Cruz del Rodeo y Nuestra Señora del Carmen.

En la capilla de la santa Cruz del Rodeo (ver) podemos contemplar al Santísimo Cristo de la Buena Muerte, imagen no documentada que mide 1,12 m.

Guarda una importante similitud con el Santísimo Cristo de la Fundación de la hermandad de los Negritos que fue realizado por Andrés de Ocampo. 

Santísimo Cristo de la Buena Muerte

Detalle de la cabeza

Detalle del paño de pureza

Detalle de los pies

Autor. Andrés Carranza Bencano

domingo, 23 de abril de 2023

 SIMBOLISMO DEL PIE EN LA PINTURA

La lucha de san Jorge y el dragón. Pedro Pablo Rubens


No son muchos los datos que se tienen acerca del santo, parece ser que pudo nacer en la región de capadocia, que fue soldado, y que murió decapitado en defensa de su fe.

Esta obra posiblemente fue encargada para la Iglesia de san Ambrosio en Génova, ciudad cuyo patrón es San Jorge. Tras la muerte de Rubens, en junio de 1640, su familia puso a la venta sus bienes y sus pinturas y fue adquirido por Felipe IV a través del infante cardenal Don Fernando, hermano del rey y gobernador de los Paises Bajos, siendo el ayuda de cámara Francisco de Rojas el encargado de realizar la compra.   

 La historia de San Jorge fue popularizada por el escritor Jacobo della Voagine en su “Leyenda Dorada”, donde se cuenta que san Jorge llegó a Silca (Libia), donde había un gran lago habitado por un dragón. El pueblo, para aplacar la ira del monstruo, lanzaba dos ovejas diarias como alimento. Cuando se acabaron las ovejas, comenzaron a sacrificar   a los habitantes del pueblo, elegidos por sorteo. Así, le llegó el turno a la hija del rey quien, en su camino, se encontró con San Jorge    que la salvó: "(...) enristró su lanza y, haciéndola vibrar en el aire y espoleando a su cabalgadura, dirigióse hacia la bestia (...)cuando la tuvo al alcance hundió en su cuerpo el arma y la hirió". Finalmente, el pueblo se convirtió al cristianismo por la hazaña conseguida.

Rubens representa el momento en el que san Jorge amenaza con su espada al dragón, que aparece con la forma de un monstruo, en un escorzo muy forzado, con los ojos desencajados, se retuerce bajo sus pies, sujetando la lanza con la que el santo le ha atravesado la boca. 



Detalle del dragón

Al fondo vemos a la princesa, ricamente vestida como la describe J. della Voragine, que sujeta la oveja con la que iba a ser sacrificada. Destaca la sorpresa que manifiesta la princesa o el temor reflejado en el cordero.

Detalle de la princesa y el cordero

Se representa a San Jorge en el centro de la composición ataviado como un general romano, con armadura y casco y con un cuerpo robusto que se agita en su afán por rematar al dragón.



Detalle de San Jorge


Uno de los elementos más destacados de la composición es el caballo, blanco encabritado, con detalles como la baba que surge de su boca en referencia a los clásicos como Plinio el Viejo, que habla de cómo el pintor Zeuxis engañaba a los mismos animales con su pintura.

Detalle del caballo 

Todo el cuadro tiene un gran simbolismo, pues representa la exaltación de la vida, usando una tipología proveniente del mundo clásico para representar un episodio religioso. Es la alegoría de la lucha entre Jesucristo y Satanás. El santo, representación del bien, vence a las fuerzas del mal, identificadas con el diablo (llamado "dragón" en el Apocalipsis), por los méritos de su fe. La presencia de la princesa se identifica, con la Iglesia.

El pie con una simple zapatilla y una espuela dorada simbolizando la energía de la lucha del bien contra el mal.

Autor: Andrés Carranza Bencano

sábado, 22 de abril de 2023

 PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Hallux Valgus

Aparición de Cristo a san Ignacio camino de Roma. Juan de Valdés Leal

Aparición de Cristo a san Ignacio camino de Roma. Juan de Valdés Leal. Hacia1662. Óleo sobre lienzo. 217 x 150 cm. Museo de Bellas Artes. Sevilla. Sala VIII. Procede de la desamortización (1840)de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús


Este lienzo forma parte de la serie que, sobre la vida de San Ignacio de Loyola, encargaron los jesuitas a Valdés con destino al claustro de la Casa Profesa de Sevilla.

Realizada entre 1660 y 1664, subraya la intención moralizante de los Jesuitas, pues refleja la función didáctica y ejemplar que siempre dieron al arte.

La serie está basada en grabados procedentes de los libros que narran la vida del santo, entre ellos la Vida de san Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesus, del jesuita Pedro de Rivadeneyra.

Independientemente de la sugerencia de los textos y los grabados que hubo de consultar Valdés Leal, se advierte como Valdés interpreta de forma muy personal el desarrollo de los episodios, en su aspecto compositivo,  descripción de los personajes y aspectos arquitectónicos o paisajistas.

Para este cuadro en concreto, Valdés Leal se inspira en un grabado anónimo incluido en una vida del santo publicada en Roma en 1609.

Este episodio milagroso sucede durante un viaje de san Ignacio y los primeros jesuitas, sus compañeros Fabra y Laínez, desde Venecia a Roma, para defender su proyecto ante el Papa Paulo III.

En las cercanías de esta última ciudad, el santo fundador, se detiene en un templo en ruinas para orar, implorando amparo para los miembros de la recién creada Compañía de Jesús. San Ignacio tiene aquí la visión de Dios Padre y Cristo cargado con la cruz, que le anuncia su protección: “Yo os seré propicio en Roma”. Este episodio es conocido como La Storta (la curva) por el lugar en que tuvo lugar el prodigio.

Es uno de los temas más importantes de la iconografía jesuítica y sin duda de la vida de San Ignacio. Es una escena que para los jesuitas significó una especie de bautismo de la Compañía, ya que a petición del Padre la Orden se llamaría “Compañía de Jesús”.

Destacamos la presencia de Dios Padre en la parte superior de la composición.

Dios Padre

Igualmente, destaca la expresividad del rostro de Jesús, mezcla de sufrimiento y amor.

 
Rostro de Jesús

Y por supuesto, la expresión de entrega y agradecimiento de san Ignacio.


San Ignacio de Loyola

En el paisaje que vemos al fondo a la izquierda, detrás de san Ignacio,  se puede observar a un jesuita huyendo de un soldado a caballo, escena que podríamos relacionar con la hostilidad dirigida hacia los primeros miembros de la Compañía de Jesús. 

Pero, según Valdivieso, es una escena descrita por Ribadeneira en la “Vida de San Ignacio de Loyola”. Se refiere al episodio acontecido al padre jesuita Simón Rodríguez, que llega a dudar de su vocación y decide abandonar la compañía de Jesús para dedicarse a la vida aislada de un ermitaño.

Camino de su retiro, se topó con un hombre a caballo armado con una espada que le persiguió. El padre Simón, consideró que este hecho era un castigo divino, por lo que huyó despavorido a refugiarse en una posada donde se encontraba san Ignacio, a quien le narró el episodio. Este, después de escucharle, le repitió lo que Cristo le dijo a san Pedro cuando lo negó “Hombre de poca fe. ¿Por qué dudaste? De esta manera Simón Rodríguez se confirmó en su vocación de Jesuita, a la que ya nunca renunció.  


Monje huyendo de un hombre armado a caballo

Finalmente, la desnudez de los pies, en la mayoría de las religiones es considerada como señal de humildad, y al mismo tiempo representa la divinidad de Jesús, pues se necesita una fuerza sobrehumana para caminar descalzo por el terreno irregular que conlleva los más de 600 metros que separan el pretorio del monte Calvario.

Valdés nos presenta un pie potente de tipo griego (el primer dedo más corto que el segundo) y con un discreto Hallux Valgus o “Juanete”.

Detalle de los pies de Jesús

Autor: Andrés Carranza Bencano

 EL PIE Y LOS NAZARENOS DE SEVILLA

Nuestro Padre Jesús del Silencio en el Desprecio de Herodes. Iglesia de san Juan de la Palma

La imagen de “Nuestro Padre Jesús del Silencio en el Desprecio de Herodes”, cotitular de la Hermanad de la Amargura, se atribuye a Roldan y se fecha entre 1696 y 1697. Representa el momento en el que Jesús fue enviado por Pilatos a Herodes y este, tras varias preguntas lo desprecia y le ciñe una vestidura blanca (Lucas 23, 8-11). Por ello, el nombre del silencio le viene por el que guardó Cristo ante el interrogatorio de Herodes, de ahí también la denominación cofradiera del Silencio Blanco, que asimismo se utilizó incluso para título de una marcha de cornetas y tambores de Julio Vera.

La imagen se presenta sobre una peana de madera policromada, descalzo y maniatado frontalmente, con la mano derecha sobre la izquierda, vestido von la túnica representativa del pasaje, en posición andante tras el desprecio realizado por el tetrarca. Es una imagen para vestir de 185 cm, per el cuerpo no es el original, pues Juan Luis Vasallo realizó uno nuevo en 1951 cambiando la posición de las manos, pasando de detrás hacia adelante. 

Imagen actual

jueves, 20 de abril de 2023

EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

El Santísimo Cristo del Amparo. Iglesia de san Lorenzo. 

Retablo del Cristo del Amparo

El crucificado se encuentra en la parroquia de san Lorenzo (ver), y se sitúa en la zona hastial de la nave izquierda (del Evangelio), sobre un retablo de estilo barroco, obra de Fernando Barahona (1682), muy oscurecido y con muy mala iluminación, por lo que es muy fácil que pase desapercibido al visitar el templo, sobre todo teniendo en cuenta, además, que no procesiona y que no es titular de ninguna cofradía de penitencia ni de gloria.

Detalle del retablo del Cristo del Amparo

Es una talla de madera policromada atribuida primitivamente a Francisco Dionisio de Ribas (aunque no de forma unánime) y de la misma época que el Retablo Mayor de la Iglesia. 

Santísimo Cristo del Amparo

Según María Teresa Dabrio González, historiadora de arte y estudiosa del taller escultórico de los Ribas “la atribución no puede mantenerse, ya que los pocos crucificados conocidos de Francisco Dionisio de Ribas no guardan relación con la imagen en cuestión. El maestro cordobés concibe de modo diferente la caída del sudario, el tratamiento del torso y la colocación de los pies, que Francisco nunca cruza”.

También esta atribuido por el profesor Antonio Torrejón Díaz al escultor José Montes de Oca de hacia 1720.

Adicionalmente, se viene afirmando que la imagen fue concebida para residir en el Altar Mayor, pero no tenía las dimensiones adecuadas para desempeñar tal función, al ser de un tamaño demasiado pequeño, por lo que se mandó hacer una nueva de mayor tamaño.

Este nuevo crucificado sería el que actualmente remata el ático del Retablo Mayor de san Lorenzo, obra documentada de Felipe de Ribas. 

Crucificado del ático del Altar Mayor de la Iglesia de san Lorenzo, de Felipe de Ribas de 1645

De todas maneras, es difícil pensar que un maestro escultor calculase erróneamente las dimensiones adecuadas para un crucificado de retablo, por lo que esta afirmación carece de sentido y es más una leyenda popular. 

Se trata de un Cristo muerto de un canon esbelto, sin estridencias anatómicas en general, que se fija con tres clavos a una cruz arbórea.

Su leve inclinación de la cabeza refleja la muerte con menor realismo que en otros crucificados de la misma época. 

De la cabeza, destaca el trabajo cuidadoso tanto de la barba como del pelo. El pelo se divide en dos mitades por encima de la cabeza, con la raya en el centro y caído fundamentalmente hacia el lado derecho, dejando al descubierto la oreja izquierda. Está formado por mechones largos y ondulados, de color castaño oscuro, lo que contribuye a estilizar el rostro de la escultura. La barba es discretamente bífida.

No presenta corona de espinas, aunque si tiene heridas en la frente. 

El rostro destaca por la suavidad de las facciones, nariz recta, pómulos sobresalientes, labios bien formados, siendo el inferior algo más grueso que el superior, ojos cerrados y bien delimitados, así como entrecejo en forma de “V”, probablemente tomado de Juan de Mesa.


Rostro del Santísimo Cristo del Amparo

Presenta discreta flexión de las piernas y el torso en un plano absolutamente frontal, sin contrabalanceo, lo que resta realismo a la imagen.

Visión lateral de las piernas con escasa flexión de rodillas

De la herida del costado emana abundante sangre que se desplaza ligeramente hacia la izquierda para terminar en la intersección con el paño de pureza, lo que destaca con la escasa manifestación sanguínea del resto del cuerpo, que se limita a rodillas, pies y manos y siempre de manera contenida. Esto constituye uno de los detalles más curioso de esta imagen. 

Cuerpo recto y sangre de la herida del costado hasta el paño de pureza

También, resulta muy interesante como queda resuelto el paño de pureza. Lejos de copiar modelos montañesinos caracterizados por el cordel que sujeta el paño, este se inspira en modelos anteriores a esos. 

En este caso un escueto paño de pureza envuelve las caderas de Cristo, cubriendo mínimamente la desnudez del crucificado, se ciñe con una o dos vueltas a la cintura, se sujeta con un lazo a la cadera derecha y cae oblicuamente, lo que recuerda más a modelos manieristas que a los típicamente barrocos de su época. 

Detalle del paño de pureza

La parte inferior de las piernas aparecen ostensiblemente marcadas y curvadas a modo de doble paréntesis. 

Detalle de la curvatura de las piernas

Los pies se cruzan al fijarse con un solo clavo, el derecho por delante del izquierdo, y adoptan una postura algo antinatural.

Los dedos del pie derecho se representan frontalmente mientras que el tobillo y talón se resuelven lateralmente, adoptando una postura forzada. 



Actualmente ha sido restaurado por “AM Conservación de BBCC tratamientos de Conservación y Restauración” y tras la intervención se puede contemplar, estos días, en el coro del templo.

Se ha mantenido un carácter conservativo, consolidando el estrato pictórico y el soporte lígneo. También se ha realizado una limpieza de la policromía mediante el proceso de “media limpieza” para potenciar los valores escultóricos con respeto a la historia material de la obra, la acción del tiempo y respeto máximo por veladuras y pátinas.

Según señalaba el delegado de Patrimonio de la Archidiócesis de Sevilla, Fernando García Gutiérrez, “la rigidez de la muerte no se refleja en su semblante, sino hasta parece que quiere iniciar una sonrisa, en su boca semiabierta y en los ojos cerrados bondadosamente. Nada hay en esta imagen que no muestre el “Amparo” del Redentor al que se le acerca y lo mira fijamente”.

Expuesto en el coro

Detalle del rostro
Detalle del rostro
Detalle de la mano derecha
Detalle del paño de pureza o perizoma
Detalle del abdomen y herida en el pecho
Detalle de las rodillas

Detalle de las piernas
Visión frontal de los pies
Detalle de los pies
Visión lateral de los pies
Por Andrés Carranza Bencano

domingo, 16 de abril de 2023

EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

El Santísimo Cristo del Mayor Dolor. Iglesia de san Lorenzo. 


En el muro de la izquierda, de la capilla de la Hermandad del Dulce nombre, de la iglesia de san Lorenzo (ver)se sitúa un Crucificado, el Santísimo Cristo del Mayor Dolor. 

Es un crucificado considerado inicialmente como obra anónima del siglo XVII, que no sale en estación de penitencia.

Su talla ha sido atribuida indistintamente al hispalense Juan de Oviedo y de la Bandera, el Mozo, y al jienense Andrés de Ocampo, pero en la publicación que ha editado la hermandad con motivo del centenario de su reorganización, el historiador del arte Rafael J. Ríos Delgado la considera obra de Andrés de Ocampo, basándose en el análisis formal y estilístico realizado con motivo de la restauración y en la comparación con otras tallas, tanto de Oviedo como de Ocampo. 

A la misma conclusión ha llegado la comisión de expertos que ha guiado la restauración, compuesta por historiadores de reconocido prestigio, como Andrés Luque Teruel, Guillermo Martínez Salazar, Francisco Ros González o Alicia Iglesia Cumplido.

Es una escultura de bulto redondo realizada en madera de ciprés policromadade tamaño algo menor que el natural, concretamente de 1’40 metros de altura, de estilo manierista, que representa a Cristo crucificado y muerto, sobre una cruz arbórea tallada por el desaparecido Taller Isbilia en 1985 (Carrero dice en sus Anales que la realizó el escultor Augusto Morillas).

Su frontalidad nos habla de que la escultura, aunque posteriormente a su creación fuera procesional, se realizó para culto en capilla, ya que el mejor punto de vista de la escultura, sobre todo del rostro, es desde abajo y frontal.

La cabeza del crucificado cae sobre su costado derecho, es un rostro alargado con una cabellera con raya en medio que se une a la barba bífida y bigote. 

La boca cerrada en un gesto amargo cuyo labio inferior es más grueso. 

Los ojos, entreabiertos y con la mirada perdida, enmarcados en unas finas cejas muy perfiladas que marcan mucho la curvatura con lo que aumentan la sensación de dulce patetismo arcaizante.

El cuerpo doblando en pronunciada curvatura hacia la derecha, responde totalmente a la grandiosidad (aunque es menor que el natural) del manierismo romanista, con una ejecución en la que se conjuga el conocimiento de la anatomía con el gusto por los cuerpos apolíneos de tradición grecorromana, constituyendo una talla robusta y de gran fuerza anatómica, con claras y evidentes influencias del arte de Miguel Ángel. 

El paño de pureza es muy innovador dentro de este primer comienzo de la escuela sevillana. Presenta pliegues abultados, con moña y apertura lateral izquierda, que deja ver parcialmente descubierta la cadera con una tosca cuerda.  

El cristo está fijado a la cruz arbórea mediante tres clavos, un solo clavo para los dos pies, el derecho sobre el izquierdo.

Temporalmente, la imagen ocupa el altar mayor de la capilla al ser dispuesto los demás titulares de la Hermandad en el Altar Mayor de la Iglesia.



Con motivo del Vía Crucis de 2025 ha sido colocado delate del presbiterio.




Temporalmente, en marzo de 2026, la imagen ocupa el centro de la capilla tras el Vía Crucis por las calles de la feligresía.

Detalle de la Capilla
Santísimo Cristo del Mayor Dolor
Detalle del rostro
Detalle del paño de pureza y de la herida del costado
Visión frontal de los pies
Visión lateral de los pies
Visión lateral de los pies

Por Andrés Carranza Bencano