jueves, 6 de junio de 2024

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

MILAGROS 

La Resurrección de Lázaro. Van Goght. 

La resurrección de Lázaro. Van Goght. 1890. Óleo sobre lienzo. 50 x 65 cm. Van Gogh Museum. Amsterdam. (CC BY 3.0)

La Resurrección de Lázaro es una obra de Vincent van Gogh que parte de una profunda admiración por el arte de Rembrandt. El cuadro toma como punto de referencia un grabado realizado hacia 1632 por el maestro holandés, aunque Van Gogh no se limita a copiarlo, sino que lo transforma de manera radical. En su versión desaparecen elementos esenciales de la escena original, como la figura de Cristo y la presencia de los testigos, lo que desplaza el centro de atención hacia una interpretación más íntima y simbólica del episodio bíblico.

El artista pintó esta obra durante su estancia en el hospital psiquiátrico de Saint-Paul-de-Mausole, en Saint-Rémy-de-Provence, donde permaneció ingresado tras sufrir varias crisis nerviosas. En ese contexto de fragilidad emocional, la pintura se convierte en un medio de expresión personal, en el que se entrelazan su espiritualidad y su anhelo de recuperación. Más que una representación narrativa del milagro evangélico, el lienzo puede entenderse como una reflexión sobre la esperanza, la renovación y la posibilidad de renacer tras el sufrimiento.

Diversos estudiosos han señalado que Van Gogh pudo identificarse con la figura de Lázaro. El rostro del personaje resucitado presenta rasgos que recuerdan a los autorretratos del propio pintor, lo que sugiere una lectura autobiográfica. En este sentido, la imagen transmite el esfuerzo interior de quien lucha por salir de la desesperación y el miedo, como si el acto de levantarse de la tumba simbolizara el deseo del artista de superar su crisis personal y encontrar una nueva vitalidad.

Según Walther y Metzger, "su rostro coincide con el de la figura bíblica que, al igual que el propio Jesucristo, había pasado por la muerte".

Detalle de Lázaro

Las dos figuras femeninas que acompañan a Lázaro han dado lugar a distintas interpretaciones. Algunos autores consideran que podrían aludir a vínculos afectivos cercanos, como su madre y su hermana, reflejando la necesidad de apoyo emocional. Otros prefieren ver en ellas a las hermanas bíblicas de Lázaro, Marta y María. También se ha propuesto que Van Gogh pudo inspirarse en mujeres reales de su entorno, como Marie Ginoux (con cabello oscuro) y Augustine Roulin (con el vestido verde), quienes desempeñaron un papel importante en su vida durante su estancia en el sur de Francia.

Detalle de las dos figuras femeninas

Uno de los aspectos más llamativos de la obra es la ausencia de la figura de Cristo. Este hecho ha sido interpretado de maneras diversas. Para algunos estudiosos, la sustitución de Cristo por el sol responde a una visión más cercana a la naturaleza como fuerza espiritual. Otros sostienen que el artista evitó representar a Jesús por respeto, al no contar con un modelo que considerara adecuado. También se ha sugerido que esta elección forma parte de un proceso de transformación en su pintura, en el que los elementos religiosos tradicionales se traducen en símbolos naturales.

El sol, que emerge en el fondo del paisaje, adquiere así un fuerte valor simbólico. Puede entenderse como una imagen de renacimiento, de comienzo y de luz tras la oscuridad. Este recurso refuerza la idea central del cuadro: la posibilidad de una nueva vida, en sentido religioso, emocional y existencial.

Detalle del Sol

Por Andrés Carranza Bencano

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