domingo, 1 de marzo de 2026

 PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Pie paralítico

El mundo de Cristina. Andrew Wyeth.

El mundo de Cristina. Wyeth, Andrew. 1948. Témpera sobre yeso y tabla.  81,9 x 121,3 cm. Museo de Arte Moderno de Nueva York. (ver) ( BCY 3.0)

La pintura transmite una profunda sensación de aislamiento. En primer plano aparece una mujer de espaldas, vestida de rosa, tendida y semirreclinada sobre un campo sin árboles, cubierto de hierba amarillenta. Su postura sugiere que se arrastra con esfuerzo hacia una casa gris situada en lo alto de una colina, distante en el horizonte. Junto a la vivienda se distinguen un granero y otras construcciones de menor tamaño.

Detalle de la mujer

La figura representada es Anna Christina Olson, vecina y amiga del matrimonio Wyeth. A causa de una grave discapacidad, rechazaba el uso de silla de ruedas o aparatos ortopédicos y prefería desplazarse arrastrándose o gateando, ya que así se sentía más “libre”, aun a costa del dolor y la fatiga.

El terreno se hace inmenso y la distancia para alcanzar la casa parece enorme, pero el dolor y la angustia de la persona enferma son tratados con una exquisita sensibilidad, evitando en todo momento una recreación de la desgracia. La dolencia no se presenta como un obstáculo infranqueable, sino que se transforma en una prueba a superar para vencer la adversidad.

Detalle de la casa

La amplitud del paisaje refuerza la sensación de distancia y dificultad: la casa parece inalcanzable y el terreno, interminable. Sin embargo, el sufrimiento no se presenta de forma dramática ni morbosa; el artista lo aborda con delicadeza, transformando la enfermedad en una prueba que puede superarse.

La obra subraya la capacidad de resistencia del ser humano. El propio Wyeth afirmó que su reto era hacer justicia a la extraordinaria vida de una persona que muchos habrían considerado desesperada, y lograr que el espectador percibiera que las limitaciones físicas no anulan la libertad espiritual. “El desafío para mí era hacer justicia a la extraordinaria conquista de una vida que la mayoría de la gente consideraría desesperada”. Y agrega: “Si he sido capaz de hacer que el espectador sintiera que su mundo puede ser limitado físicamente, pero de ninguna manera espiritualmente, entonces he logrado lo que me propuse hacer”.

El pintor buscó la mayor fidelidad posible al retratar a Christina arrastrándose hacia la granja con manos frágiles y piernas inmóviles. No obstante, cuando realizó el cuadro ella rondaba los sesenta años, mientras que la figura parece mucho más joven. Esto se debe a que, tras las dificultades para retratarla directamente, utilizó a su esposa, Betsy James Wyeth, como modelo para la cabeza y el torso. Con el tiempo, Betsy se convertiría en su representante y principal defensora en el mercado artístico, contribuyendo decisivamente al reconocimiento de su obra. El propósito del artista era plasmar tanto la lucha física como la fortaleza mental de Christina frente a su enfermedad.

La atmósfera rural, austera y silenciosa del paisaje suscita emociones contrapuestas, como la nostalgia, la serenidad y una cierta melancolía.

Christina Olson falleció en 1969, pocos años después que su hermano Álvaro, y fue enterrada junto a él en el cementerio situado tras la casa. Allí también reposan los restos de Andrew Wyeth, por deseo expreso del pintor. La vivienda, construida en 1700 y remodelada en 1871 por un antepasado de la familia Olson, fue declarada Monumento Histórico Nacional en junio de 2011 y actualmente forma parte del Farnsworth Art Museum, que alberga una de las colecciones más importantes de obras de la familia Wyeth.

Diversos investigadores han intentado determinar la enfermedad de Christina. En un principio se pensó en la poliomielitis, frecuente en la época de su nacimiento, pero esta suele manifestarse de forma aguda durante un proceso febril, lo que no coincide con su caso.

Un estudio reciente de especialistas de la Clínica Mayo, encabezado por Marc C. Patterson (2017), sugiere que pudo padecer la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth, un trastorno neurodegenerativo hereditario de diversa base genética. Según este análisis, su cuadro clínico sería compatible con una mutación del gen MFN2, uno de los asociados a esta patología.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores introdujeron los datos clínicos de Christina en el sistema ORIGAMI (Oak Ridge Graph Analytics for Medical Innovation), un programa del superordenador del Departamento de Energía de Estados Unidos en el Laboratorio Nacional de Oak Ridge, Tennessee. El sistema, que integra millones de predicciones derivadas de artículos científicos, combina razonamiento semántico, teoría de grafos y análisis estadístico. Tras procesar la información disponible, identificó la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth como el diagnóstico más probable para su trastorno neurológico.

Por Andrés Carranza Bencano

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