PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA
Pie paralítico
El mundo de Cristina. Andrew Wyeth.
La
pintura transmite una profunda sensación de aislamiento. En primer plano
aparece una mujer de espaldas, vestida de rosa, tendida y semirreclinada sobre
un campo sin árboles, cubierto de hierba amarillenta. Su postura sugiere que se
arrastra con esfuerzo hacia una casa gris situada en lo alto de una colina,
distante en el horizonte. Junto a la vivienda se distinguen un granero y otras
construcciones de menor tamaño.
Detalle de la mujer
La figura
representada es Anna Christina Olson,
vecina y amiga del matrimonio Wyeth. A causa de una grave discapacidad,
rechazaba el uso de silla de ruedas o aparatos ortopédicos y prefería
desplazarse arrastrándose o gateando, ya que así se sentía más “libre”, aun a
costa del dolor y la fatiga.
El
terreno se hace inmenso y la distancia para alcanzar la casa parece enorme,
pero el dolor y la angustia de la persona enferma son tratados con una
exquisita sensibilidad, evitando en todo momento una recreación de la
desgracia. La dolencia no se presenta como un obstáculo infranqueable, sino que
se transforma en una prueba a superar para vencer la adversidad.
Detalle de la casa
La amplitud
del paisaje refuerza la sensación de distancia y dificultad: la casa parece
inalcanzable y el terreno, interminable. Sin embargo, el sufrimiento no se
presenta de forma dramática ni morbosa; el artista lo aborda con delicadeza,
transformando la enfermedad en una prueba que puede superarse.
La obra
subraya la capacidad de resistencia del ser humano. El propio Wyeth afirmó que
su reto era hacer justicia a la extraordinaria vida de una persona que muchos
habrían considerado desesperada, y lograr que el espectador percibiera que las
limitaciones físicas no anulan la libertad espiritual. “El desafío para mí era
hacer justicia a la extraordinaria conquista de una vida que la mayoría de la
gente consideraría desesperada”. Y agrega: “Si he sido capaz de hacer que
el espectador sintiera que su mundo puede ser limitado físicamente, pero de
ninguna manera espiritualmente, entonces he logrado lo que me propuse hacer”.
El
pintor buscó la mayor fidelidad posible al retratar a Christina arrastrándose
hacia la granja con manos frágiles y piernas inmóviles. No obstante, cuando
realizó el cuadro ella rondaba los sesenta años, mientras que la figura parece
mucho más joven. Esto se debe a que, tras las dificultades para retratarla
directamente, utilizó a su esposa, Betsy James
Wyeth, como modelo para la cabeza y el torso. Con el tiempo, Betsy se
convertiría en su representante y principal defensora en el mercado artístico,
contribuyendo decisivamente al reconocimiento de su obra. El propósito del
artista era plasmar tanto la lucha física como la fortaleza mental de Christina
frente a su enfermedad.
La atmósfera
rural, austera y silenciosa del paisaje suscita emociones contrapuestas, como
la nostalgia, la serenidad y una cierta melancolía.
Christina Olson
falleció en 1969, pocos años después que su hermano Álvaro, y fue enterrada
junto a él en el cementerio situado tras la casa. Allí también reposan los
restos de Andrew Wyeth, por deseo expreso del pintor. La vivienda, construida
en 1700 y remodelada en 1871 por un antepasado de la familia Olson, fue
declarada Monumento Histórico Nacional en junio de 2011 y actualmente forma
parte del Farnsworth Art Museum, que
alberga una de las colecciones más importantes de obras de la familia Wyeth.
Diversos
investigadores han intentado determinar la enfermedad de Christina. En un
principio se pensó en la poliomielitis, frecuente en la época de su nacimiento,
pero esta suele manifestarse de forma aguda durante un proceso febril, lo que
no coincide con su caso.
Un estudio
reciente de especialistas de la Clínica Mayo,
encabezado por Marc C. Patterson (2017), sugiere que pudo padecer la enfermedad
de Charcot-Marie-Tooth, un trastorno neurodegenerativo hereditario de diversa
base genética. Según este análisis, su cuadro clínico sería compatible con una
mutación del gen MFN2, uno de los asociados a esta patología.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores
introdujeron los datos clínicos de Christina en el sistema ORIGAMI (Oak Ridge
Graph Analytics for Medical Innovation), un programa del superordenador del
Departamento de Energía de Estados Unidos en el Laboratorio Nacional de Oak
Ridge, Tennessee. El sistema, que integra millones de predicciones derivadas de
artículos científicos, combina razonamiento semántico, teoría de grafos y
análisis estadístico. Tras procesar la información disponible, identificó la enfermedad
de Charcot-Marie-Tooth como el diagnóstico más probable para su trastorno
neurológico.
Por Andrés Carranza Bencano
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