domingo, 5 de abril de 2026

 PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Pie Griego

Santa Lucía. Bernabé de Ayala.

Santa Lucia. Bernabé de Ayala. Hacia 1672. Óleo sobre lienzo. 220 x 110 cm. Museo de Bellas Artes. Sala VI. Adquisición de la Junta de Andalucía en 2006. 

La pintura representa a Santa Lucía en una figura de cuerpo entero, concebida con una marcada presencia monumental que se impone sobre el espacio pictórico. La santa aparece envuelta en un amplio manto rojo, recogido sobre los brazos y resuelto mediante un elaborado juego de pliegues que revela la destreza técnica del autor. Este tratamiento de los paños, de gran volumen y cadencia, contribuye a dotar a la figura de una elegancia serena y contenida.

El rostro, de rasgos suaves y ovalados, se eleva con una expresión de recogimiento espiritual, dirigiendo la mirada hacia el cielo en actitud de contemplación. Esta orientación ascendente refuerza el carácter trascendente de la escena. La figura se recorta sobre un fondo de paisaje apenas esbozado, con arbolado y una línea de horizonte muy baja, recurso compositivo que acentúa el protagonismo absoluto de la santa y elimina cualquier distracción narrativa.

Detalle del rostro

En cuanto a su iconografía, sostiene la palma del martirio apoyada sobre el hombro derecho, mientras que con ambas manos presenta una bandeja en la que reposan unos ojos, atributo que la identifica de manera inequívoca. Este elemento procede de una tradición hagiográfica medieval según la cual, tras ser sometida a tormento, habría perdido la vista o se le habrían arrancado los ojos, recuperándola milagrosamente después. Aunque este episodio carece de base histórica documentada, su arraigo en la tradición artística ha convertido los ojos en uno de los símbolos más característicos de la santa.

Detalle de la bandeja con los ojos

Santa Lucía (leer mas), venerada como virgen y mártir, habría sufrido muerte en Siracusa, en Sicilia, en el año 304, durante las persecuciones promovidas por el emperador Diocleciano. Su culto se difundió ampliamente por el ámbito cristiano, siendo invocada especialmente como protectora de la vista.

La obra ha sido atribuida desde antiguo a Bernabé de Ayala, discípulo de Francisco de Zurbarán, lo que explica la clara impronta estilística que remite al maestro extremeño. Esta influencia se percibe tanto en la concepción sobria y aislada de la figura como en la intensidad devocional del modelo, así como en el tratamiento escultórico de los paños y en la idealización del rostro.

La ligera inclinación del cuerpo, apenas perceptible, introduce una suave diagonal que rompe la rigidez frontal y aporta dinamismo a la composición, sin perder por ello el carácter hierático propio de este tipo de representaciones. El equilibrio entre solemnidad y delicadeza, unido a la calidad técnica en la ejecución, convierte la obra en un ejemplo notable dentro de la producción atribuida a Ayala.

Destaca finalmente la morfología del pie griego, con el primer dedo más corto que el segundo. 

Detalle del pie egipcio
Esquema de la morfología de antepie

Por Andrés Carranza Bencano

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