jueves, 18 de mayo de 2023

 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Crucificados menores. Iglesia de Santa Isabel.

En el coro un notable Crucificado de finales del XVI.




El retablo mayor tiene dos cuerpos y ático, obra de Juan de Mesa ayudado por su cuñado Antonio de Santa Cruz que sería el ensamblador.


Retablo mayor

En el ático aparece un Calvario del siglo XVI que podría provenir de la primitiva iglesia. 

Calvario en el ático

 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Crucificados menores. Iglesia de San Marcos.

En la nave izquierda del evangelio de la Iglesia de san Marcos, un crucificado del siglo XX.



 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Crucificados menores. Iglesia de San Gil.

En la Nave izquierda del evangelio, un Crucificado del siglo XVII del circulo de Martínez Montañez.

Crucificado

Detalle del rostro

Visión frontal de los pies

Visión lateral de los pies

miércoles, 10 de mayo de 2023

 EL PIE Y LOS NAZARENOS DE SEVILLA

Nuestro Padre Jesús del Gran Poder

Durante mucho tiempo ha sido considerada como obra de Juan Martínez Montañés, debido a la temprana muerte de Juan de Mesa y a la falta de documentación de la época. 

En 1920 Adolfo Rodríguez Jurado atribuyó la imagen a Juan de Mesa, junto el Cristo de Monserrat y el Cristo de la Misericordia de la iglesia de Santa Isabel, pero sin aportar ninguna prueba.

En 1930, Heliodoro Sancho Corbacho encuentra en el Archivo de Protocolos Notariales el documento de la carta de pago, del 1 de octubre de 1620, en que Mesa decía "haber recibido de la Hermandad del Traspaso la cantidad de dos mil reales y a treinta y cuatro marabedís cada uno... por la hechura de un Cristo con la cruz a cuestas y un San Juan Evangelista que hice de madera de cedro y pino".

La nueva imagen venía a sustituir a una antigua, realizada con “un rostro de pasta y pies y manos de madera (….) más una cabellera y corona y soga de Cristo con la cruz a cuestas”, y debió convivir con otra imágen de un crucificado anterior, probablemente el concertado con el pintor Juan de Santamaría en 1576.

En el documento se cita la regencia de la hermandad por el mayordomo Pedro Salcedo, constando Alonso de Castro como pagador y Alcalde de la Cofradía.

Por un documento hallado en 1972, en el interior del cuerpo del San Juan, se sabe que el 31 de agosto del año 1620 Francisco Fernández de Llexa   acabó su policromía. Por ello es de suponer que también el Cristo debió ser encarnado por el mismo pintor, si bien entonces su aspecto sería muy diferente al actual debido a su policromía desgastada y ennegrecida por el humo de las velas, antes de la ultima restauración.

En 1620 Juan de Mesa vivía y tenía su taller en la antigua calle Costanilla de San Martín.

El Señor es una imagen de su tiempo, reflejo de las doctrinas para la creación de las obras de Arte dictadas por el Concilio de Trento, como ejemplo y relevancia para la conmoción, aprendizaje y sentimientos del pueblo. 

Es la obra cumbre de Juan de Mesa cuya finalidad es transmitir compasión y misericordia entre los fieles tanto en el retablo de la Basílica como en su procesión en Semana Santa. 

Iconográficamente, la imagen representa la escena de Cristo portando la cruz a cuestas. Algunas teorías se plantean que en algún momento pudiera llevar la cruz al revés como el Nazareno del Silencio, basándose en el prólogo que en 1896 aparecía en la novena del beato Diego José de Cádiz, en la que indicaba que la cruz “la lleva, no por el estilo que las demás imágenes de Jesús Nazareno, sino en ademán de abrazarla amorosamente”.

Nuestro Padre Jesús del Gran Poder es una de las imágenes más singulares de la imaginería sevillana, es acentuadamente poderosa, fuerte y varonil, transmite fortaleza y mansedumbre al mismo tiempo, en un hombre de mediana edad, que se adecua muy bien a la tipología humana de la época.

Imagen de Jesús del Gran Poder en el Altar Mayor de la Basilia

La escultura de Jesús mide 1,81 metros de altura, realizada en madera de cedro y la peana y la cruz en pino de Segura.

Es una talla completa concebida para procesionar, como una imagen para vestir. Por ello las partes visibles como la cabeza, la corona de espinas, las manos y piernas a partir de las rodillas se encuentran talladas en gran detalle, mientras que el resto del cuerpo es únicamente un boceto.

Los brazos son articulados a nivel de hombros y codos, lo que permite colocar la imagen en varias posiciones, como disponer los brazos separados entorno a la cruz o maniatarlos con las manos unidas para los traslados y su besamanos anual.

Está policromada, con su aspecto doliente, acrecentado con el tiempo, como un ser humano.

Detalle de la imagen completa

Su rostro es sobrecogedor, desfigurado y como envejecido por el sufrimiento con un gran sentido de realismo, por lo que algunos creen que no pudo ser sino "la inspiración divina" la que tocara la fibra artística del genial escultor cordobés. 

Una expresividad única, especialmente marcada en su rostro y en sus ojos, que son plenitud de amor, de esperanza y de firmeza ante los designios de la vida.

La cabeza la presenta levemente inclinada en diagonal hacia abajo, hacia adelante y a la derecha, como signo de humildad y misericordia. 

Detalle de Jesús del Gran Poder

El rostro tiene forma ovalada, conjugando fortaleza con clemencia y bondad. 

Los ojos son almendrados, parcialmente entornados, con la mirada dirigida hacia abajo. 

Presenta cierto abultamiento en los parpados inferiores, con los pómulos marcados. 

Las cejas son gruesas, ejecutadas con pequeñas incisiones que simulan el vello, y el ceño levemente fruncido, con las cejas enarcadas y algunos pliegues en la frente. 

La nariz, abultada en el centro, es recta con el tabique nasal grueso y marcado. 

La boca está entreabierta, como exhalando un suspiro, dejando visibles los dientes y la lengua, y resaltando el surco nasolabial. 

Los labios carnosos, el superior está cubierto por el bigote y el inferior es grueso con dos hendiduras en el centro.

Detalle del rostro

El pelo largo se dispone con la raya en el centro, con largos mechones ondulados que termina en pequeños rizos que caen sobre la nuca y ambos lados del rostro. Por la parte de la derecha cubre parte de la oreja y cae hacia el pecho, por la izquierda es más corto y se dispone pegado al rostro por delante de la oreja que de este modo queda al descubierto.  

La barba es bífida y minuciosamente labrada, con pequeñas incisiones, creando pequeños mechones rizados muy cortos y de escaso volumen en la parte inferior de los pómulos y el bigote y alargándose en la zona del mentón. 

Detalle del rostro

Sobre su cabeza se hunde una impresionante corona de espinas, que como es habitual en Mesa, está tallada en el mismo bloque del cráneo, con una crudeza y realismo que sorprende e impresiona, pues puede verse una de las espinas perforando la ceja izquierda y otra la oreja izquierda, reventada y sangrante. 

Visión posterior de la corona de espinas

Detalle de la espina de la ceja izquierda

Detalle de la oreja izquierda sangrante

Detalle de la espina de la oreja izquierda 

La corona además tiene forma serpiente de cuerpo arbóreo con la cabeza levantada que se muerde la cola, representando el pecado y simultáneamente simbolizando su derrota por el poder y la fuerza del amor.

Visión frontal de la cabeza de la serpiente

Visión lateral de la cabeza de la serpiente

Sobre sus sienes aparecen las tres características potencias que representan el poder, magnificencia y divinidad de nuestro Señor. 

Detalle de las potencias

Jesús porta la Cruz de la pasión que carga pesadamente sobre su hombro izquierdo, por lo que el torso y la cabeza se inclinan ligeramente al lado contrario es decir a la derecha, para hacer contrapeso. La tensión del esfuerzo se refleja en la zona izquierda del cuello que queda al descubierto con los músculos y las venas marcados. 

Las manos, grandes y fuertes, que envuelven y abrazan el madero, podrían ejercer la bendición y sustentar a la vez la cruz, en una disposición muy clásica dentro de las representaciones de este pasaje. Dan una gran sensación de fuerza y de resignación en torno al madero que será de su sacrificio, sabiendo que la gloria será tras la muerte.


Detalle de las manos sobre la Cruz

El cuerpo se presenta descompensado, está inclinado hacia delante, por el esfuerzo de cargar la cruz, arqueando su espalda, para soportar el peso y flexionando el tronco por la cintura, con ello se sacrifica el canon escultórico al buscar la exaltación del dinamismo y realismo. 

En la imagen de Nuestro Padre de Jesús del Gran Poder, es digna de mención la gran separación de los pies, la gran "zancada" que da ese aspecto de fuerza y de poder a toda la imagen. 

La distancia de talón a talón es de 76 cm., imposible de realizar si pensamos en el peso de la gran cruz y el dolor que ya lleva acumulado, pero este puede ser el secreto de esta imagen que la hace tan impresionante.

La escultura se presenta en actitud de caminar, con la pierna izquierda adelantada con un paso de gran amplitud, la rodilla flexionada y el pie totalmente apoyado para soportar el peso del cuerpo, mientras la pierna derecha está en posición retrasada, quedando el talón del pie derecho ligeramente elevado, en relación con el suelo, apoyado en un suplemento de la peana, y ha sido necesario colocar una pieza nueva en el talón desgastado por los continuos besos de los devotos. 

Visión lateral de la imagen en su camarín

Detalle de la gran distancia entre ambos pies. La gran zancada

Detalle del pie derecho con el talón elevado y apoyado en suplemento de la peana

Detalle del pie derecho con apoyo total

En visión frontal, los pies tienen la morfología característica del “Pie Egipcio” con el primer dedo más corto que el segundo y el quinto dedo en garra y “Juanetillo de Sastre”.

Visión frontal de ambos pies

Al ser contemplada la imagen frontalmente, se aprecia la inclinación, en diagonal, de la cabeza a su derecha y la pierna izquierda adelantada respecto al resto del cuerpo, creando la sensación de que la imagen avanza hacia el espectador. 

Visión frontal sin la Cruz

Si se contempla lateralmente o de perfil, la inclinación de la cabeza y el torso hacia adelante, la colocación de la pierna derecha estirada hacia atrás y la posición de la pierna izquierda, crean una diagonal que transmite el esfuerzo de la escena que representa.


Visión lateral sin la Cruz

Son varias las restauraciones que se han llevado a cabo sobre esta noble imagen a través del tiempo.

En 1776 Blas Molder retocó las espinas de la corona colocando unas nuevas.

El imaginero Ordóñez le retocó algunas grietas en los pies en 1910.

En 1977, Francisco Peláez del Espino realizó una mala restauración, pues hace una nueva estructura interna metálica que está a punto de terminar con la materialidad lignaria corporal de la escultura.

En 1983 es restaurada por Isabel Pozas y los hermanos Joaquín y Raimundo Cruz Solís, del Instituto de Restauración del Ministerio de Cultura que actúan en toda la escultura, salvo el rostro. Se recupera la integridad interna de la madera alterada en 1977 y se recoloca el tercer apoyo para evitar daños en las salidas procesionales.

Con el paso del, tiempo el Señor va adquiriendo la tez morena con la que lo conocemos y se le empieza a llamar popularmente “El Divino Leproso o el Cisquero de San Lorenzo”.

En 2006, de nuevo los Hermanos Cruz Solís y la restauradora Isabel Poza intervienen sobre el rostro, las manos y los pies, limpiando su policromía ante el progresivo ennegrecimiento que había presentado en las últimas décadas, por el humo de las velas y el contacto directo con los devotos. El color negro dejó paso a una policromía más sufriente y desgarradora, aunque desveló una inédita dulzura en el rostro del Nazareno. Se le sustituyeron las espinas de metal por otras de madera, y aparecieron gotas de sangre que antes estaban ocultas tras la suciedad. La restauración se realizó en las propias dependencias de la Corporación para lo que se realizó un traslado solemne desde el altar mayor hasta donde sería restaurado.

Aspecto del rostro antes de la restauración

En 2010 y 2012 se le raparan y sustituyen de nuevo las articulaciones de los brazos por Luis Álvarez Duarte y Pedro Manzano Beltrán. 


sábado, 6 de mayo de 2023

 ANESTESIOLOGIA. CUIDADOS INTENSIVOS

Hombre operado (peligro de muerte). Antonio López García.

Hombre operado (en peligro de muerte). Antonio López. Lápiz sobre papel. 42,5 x 51 cm. Colección privada.


Este dibujo fue realizado tras la visita del pintor a un amigo recién operado y posteriormente, utilizó un modelo profesional y se asesoró de un amigo médico.

Nos presenta a un paciente inconsciente, un cuerpo desnudo, solo, aislado, en una cama de una posible UCI.

Se vislumbra el soporte vital con un tubo traqueal de respiración asistida por la boca, un cable negro sobre el hombro derecho, una sonda gástrica, una sonda urológica y un sistema de suero, pero curiosamente no aparecen las maquinas a las que están conectados estos tubos, pues no hay monitores, respiradores, bombas de perfusión, etc., y tampoco se manifiesta el apósito correspondiente a la herida quirúrgica. Una compresa cubre su frente, posiblemente como método básico de bajar su temperatura.

El pintor se concentra en el cuerpo humano que es intensamente brillante, como si estuviera lleno de luz y vida a pesar de su inmovilidad y sin muestra de  tecnología como reconocimiento de la dignidad de la persona enferma

Obra hiperrealista, pues el pintor busca aspectos cotidianos que recoge con un tratamiento pleno de detalle, rozando lo fotográfico, pero además con una enorme carga simbólica, ética y humana sobre el enfermo crítico y la medicina intensiva.

  

Autor: Andrés Carranza Bencano y Manuel Herrera Carranza

 NEFROLOGIA

La mujer hidrópica. Gerrit Dou 


 La mujer hidrópica. Gerrit Dou. 1663. Óleo sobre tabla. 86 x 67,8 cm. Museé du Louvre. París


A través de los tiempos, los pintores han representado a los médicos en incontables ocasiones.

A veces, mediante retratos con mayor o menor presencia de símbolos de la profesión; pero también, con frecuencia, mostrando escenas en las que se ejecutan distintas actuaciones diagnósticas o terapéuticas.

En la nefrología, las primeras representaciones de escenas uroscópicas (según Amalia Pati) se encuentran en manuscritos médicos del siglo XII y en breviarios y devocionarios, e incluso en algunas catedrales europeas, como la Catedral de Ruán, o en las puertas del campanario de la Catedral de Florencia. Tampoco era raro "...ni se consideraba impropio, representar a Cristo como un uroscopista simbolizando, de este modo, sus superiores poderes curativos”.

La escena había sido muy frecuentemente representada por los pintores barrocos holandeses.

Esta pintura estaba en las colecciones del rey de Cerdeña, Charles-Emmanuel IV, que en 1798 la cedió a Bertrand Clauzel, ayudante general del Ejército de Italia, que en 1799 la ofreció al directorio de las colecciones del museo central de las artes de la República, por lo que es el primer cuadro objeto de una donación del museo del Louvre.

La obra representa una escena de género que tiene como protagonistas a una anciana enferma y un médico envueltos en la penumbra de una habitación.

La escena presenta una suntuosa cortina azul y relieves en la parte inferior, una bacía de metal (como aquélla de barbero-sangrador que don Quijote usaba a modo de yelmo), un frasco adornado con relieves, un libro abierto sobre un soporte que, por su estado, parece ser objeto de reiteradas consultas. Estos elementos pretenden exponer los conocimientos del médico.

El médico va ataviado con el traje típico de los galenos de la época y se sitúa en el centro de la composición, y parece abstraído en sus pensamientos, mientras observa, al trasluz de una ventana, una muestra de orina contenida en un frasco de vidrio, la “mátula”, de forma esférica en su parte inferior, con un cuello de grosor variable, que simulaba, en definitiva, la forma de la vejiga. 


A su derecha se encuentra la enferma, afecta de hidropesía, vestida simplemente con un camisón, que dirige su mirada hacia la luz, que entra por el cristal de la ventana. Junto a ella hay una mujer de mediana edad que sostiene una cuchara en una mano con la que intenta dar de comer a la paciente. A sus pies, una joven se encuentra de rodillas sosteniendo su mano, con un gesto de tristeza. Parece que la obra muestra la intimidad de tres generaciones de mujeres de una misma familia.


La hidropesía era una enfermedad relacionada con el exceso de fluidos en el interior del cuerpo causando debilidad de las extremidades o congestión pulmonar y cardíaca y llevó a la muerte a personajes como Heráclito, San Antonio de Padua, Nostradamus, Miguel de Cervantes y Manuel Belgrano, entre otros.

Ya en los tratados hipocráticos se hace referencia a la utilidad del examen de orina para el diagnóstico de determinadas enfermedades y adquiere mayor relevancia en la Edad Media y se sigue utilizando de manera generalizada durante el Renacimiento y el Barroco, siendo definida por el Diccionario de la Lengua Española como la "inspección visual y metódica de la orina, antiguamente usada para establecer el diagnóstico de las enfermedades internas".

Dou y otros artistas flamencos como David Teniers el Joven y Joos van Craesbeeck, crearía cuadros en los que se representa la uroscopia, lo cual nos da una idea de la frecuencia con la que la practicaban los médicos de la época

La orina se vertía en un frasco de cristal y se procedía a la observación del olor, la coloración, los sedimentos y la densidad y se probaba la muestra para determinar su acidez. Luego se comparaban los resultados con una lista general de hasta 20 gradaciones de color con sus correspondientes explicaciones y diagnóstico.

Muchos profesionales, como Thomas Brian en su panfleto “El profeta del Pis” (1637), condenaron los frecuentes abusos que originó esta práctica por parte de charlatanes y falsos médicos.

Con el avance de la medicina, a partir del siglo XVIII y, sobre todo, durante los siglos posteriores, la uroscopia dejó de tener importancia como método diagnóstico, y los pintores holandeses que la habían representado en múltiples ocasiones como símbolo por excelencia del acto médico, dejaron de pintarla, demostrando así la íntima relación entre las manifestaciones artísticas y la ciencia médica.

Dou se formó con Rembrandt durante tres años y heredó del maestro su particular uso del color y, sobre todo, el uso del claroscuro, por ello en muchas de sus obras la escena transcurre en la oscuridad, en la noche o como en este caso, con la luz ingresando a través de la ventana. Cuando Rembrandt se mudó a Ámsterdam (en 1631), se convirtió en el referente más importante de Leiden y uno de los pintores favoritos de Luis XIV.

Dou era muy meticuloso y detallista en su trabajo, hasta tal punto que según la leyenda podía pasar hasta cinco días realizando una mano. y, por eso realizaba sus propios pinceles, de acuerdo al nivel de precisión que necesitaba, y utilizaba una lupa y un espejo cóncavo y se especializó en obras de pequeño formato, con pocos personajes. 

Destacar, finalmente, la semejanza del calzado del médico y de la paciente.



Calzado del médico


Calzado de la paciente

Autor: Andrés Carranza Bencano

jueves, 4 de mayo de 2023

EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Crucificado de la Misericordia. Iglesia de santa Isabel. 


Retablo de 1610 diseñado por Juan de Oviedo y acabado en 1620 por Martínez Montañez y que contó originalmente con tallas de este autor.

Hasta la invasión francesa albergaba el lienzo del Juicio Final de Francisco Pacheco de 1611.

Desde 1869 lo ocupa El Cristo de la Misericordia, talla de Juan de Mesa realizada en 1622 para la iglesia de los mercedarios de la calle San José, adquirida por el fray Domingo de los Santos.

Cristo de la Misericordia

Así, la ubicación original del Cristo era la iglesia del ex convento de San José, en la calle del mismo nombre de la collación de San Nicolás, pero no se tienen datos de cuál era su situación en este cenobio. “Sólo se conoce que a principios del XIX estuvo colocado bajo la escalera del convento” y posteriormente en 1869, año de la Revolución Gloriosa, que tan nefasta fue para el patrimonio sevillano, fue trasladado a la iglesia del convento de Santa Isabel por las religiosas filipenses Hijas de María Dolorosa, que se habían instalado en el convento de San José en 1860.

No ha sido nunca titular de una cofradía, aunque a lo largo de la historia varias hermandades se han interesado para hacerlo su titular, pero la comunidad nunca ha tenido intención de desprenderse de él.

Durante la restauración realizada por el  IAPH se localizó y extrajo de un hueco, en el interior de la talla, un documento dentro de una pequeña bolsa de papel en el que se certificaba la autoría del maestro Mesa y el encargo.

Inicialmente, sería un crucificado muerto pero el propio autor lo adoptó a la iconografía actual de cristo vivo.

Para representarlo como un Cristo vivo, el escultor debió modificar los párpados que estarían cerrados. “Esto explica la señal horizontal que muestran los ojos de haber tenido tallados los párpados hasta esa altura”.

A ello hay que añadir que en una fecha desconocida se le suprimió la corona de espinas, que como en todas las obras de Mesa debió estar tallada en la misma cabeza. Por ello tiene mutilado el cabello por el lado derecho y parte del izquierdo. 

Detalle del rostro en visión frontal

Detalle del rostro en visión lateral

La transformación más importante consistió en cerrar la llaga que debió tener la imagen en el costado derecho, introduciéndose una pieza de madera cuya policromía es la misma que la del resto de la talla. También se encuentra repintado el reguero de sangre que “debió ser muy parecida a la del Cristo de la Misericordia de la Colegiata de Osuna tallado por Mesa en 1623”.

La policromía de la imagen, según los estudios practicados, es la original y está ejecutada “con enorme perfección y sutileza”.

El paño de pureza sigue su morfología con la sujeción por una cuerda dejando al descubierto la cadera derecha.

Detalle del paño de pureza

Se trata de un crucificado fijado a una cruz arbórea con tres clavos, con el pie derecho sobre el izquierdo.

Detalle de los pies

Autor: Andrés Carranza Bencano