sábado, 9 de diciembre de 2023

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

ENTIERRO 

Entierro de Cristo. Caravaggio. 

Entierro de Cristo. Caravaggio. 1602-1604. Óleo sobre lienzo. 300 x 203 cm. Museos Vaticanos. Ciudad del Vaticano

La pintura fue un encargo de Alessandro Vittrice o Girolamo Vittrice, exponente de la familia Vittrice, notablemente influyente en el mudo clerical, para la capilla familiar en Santa María en Vallicella o Chiesa Nuova (Iglesia Nueva), construida para los oratorios de san Felipe Neri. Actualmente, el original es parte de la colección de Museos vaticanos, mientras que una copia cuelga en la Capella della Pietá.

Tras la derrota de Napoleón muchas de las pinturas "incautadas" fueron devueltas a sus ubicaciones originales. En 1797 fue incluida en el grupo de obras trasladadas a París por el Tratado de Tolentino y entró a formar parte de la Pinacoteca de Pío VII, tras ser devuelta, en 1817.

Este cuadro fue una de las pocas obras producidas por Caravaggio que logró un consenso unánime, siendo admirado por críticos de arte contemporáneo como Giulio Mancini, Giovanni Baglione y Gian Pietro Bellori.

San Juan y José de Arimatea sostienen con esfuerzo el cuerpo de Cristo muerto.

El Evangelista lo sostiene por la parte superior y su mano derecha toca inadvertidamente la lanzada de Cristo.

José de Arimatea sujeta a Jesús, con gran expresión de esfuerzo, por las rodillas. Destaca que siendo un hombre rico, es representado como un hombre trabajador, indicando el servicio humilde de un devoto a su Señor fallecido. Tiene la cabeza girada y mira al espectador haciéndolo participe de la escena. La posición contraída de la pierna derecha quiere manifestar la fortaleza de la Iglesia.

El Cristo muerto concentra toda la luz del cuadro, ya que es el protagonista del mismo. Un cristo que se asemeja al de la Piedad de Miguel Ángel, por su tamaño desproporcionado y la tensión muscular claramente manifiesta en tórax y glúteo que no corresponde a un cadáver.

Igualmente, el brazo colgante de Cristo recuerda al Cristo en la Piedad.  El brazo está representado con gran realismo, con las venas dilatadas, y la mano, que presenta discretamente los estigmas, toca levemente el mármol indicando que él es la piedra angular de la Iglesia.

La expresión del Cristo es totalmente serena, sin signos de la flagelación y sin gran manifestación de las heridas de los pies y de las manos. 

Detalle de Jesús sujetado por San Juan y José de Arimatea

Detrás, en un segundo plano, se encuentra semioculta la Virgen. Lleva un manto azul característico de su condición y es representada con un rostro avejentado, en plena concordancia con la edad que tendría a la muerte de su hijo. No como es habitual que es representada con una idealización y perfección incierta. Este periodo pictórico es el único donde la Virgen es representada de esta manera, posteriormente sigue siendo expuesta con esa idealización.

En el centro, a la derecha de la Madre de Dios, está María Magdalena con la vista baja y el rostro ensombrecido. Una de las manos la tiene apoyada en la cabeza y se seca las lágrimas con un pañuelo blanco.

A la derecha de la composición se encuentra María de Cleofás, hermana de la Virgen María. Mientras el resto de personajes muestran una gran contención en la expresión de sentimientos, ella agudiza la tensión dramática, pues alza sus manos y mira al cielo a donde irá el Cristo Muerto que ahora está a sus pies. 

Detalle de la Virgen María con María Magdalena y María de Cleofás

Los cinco dolientes están parados sobre una loza de piedra plana que probablemente representa la “Piedra de la Unción”, donde el cuerpo de Cristo fue ungido con aceite y envuelto en una sábana de lino, como se describe en el Evangelio de Juan.

Pero, Caravaggio no representa en realidad el Descendimiento ni la conducción al Sepulcro ni la Sepultura, sino que describe el momento justo antes de que los dos hombres lo bajaran a la tumba, el momento en que va ser colocado sobre esta Piedra de la Unción.

Es una alegoría de la vida y la muerte, pues encima tenemos personas vivas, en el fondo la tumba y la muerte y en medio, como una barrera, está Jesucristo indicándonos que solo teniendo fe en Cristo se puede evitar la muerte y ascender al cielo.

En la parte inferior izquierda de la pintura hay una planta conocida como “Verbascum thapsus”, nombre común “Mullein”, que se cree que tiene propiedades medicinales y para alejar a los espíritus malignos, por lo que puede significar la próxima resurrección y el triunfo sobre la muerte. 

Detalle de la planta

A los tres años de completar esta obra, Caravaggio huyó de Roma y buscó refugio en Nápoles, luego de una pelea en la que mató a un hombre. 

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

CONDUCCIÓN AL SEPULCRO 

Traslado de Cristo o Deposición Borghese. Rafael Sanzio. 

Es la tabla central de un retablo, denominado de Baglioni, así denominado porque fue encargado por Atalanta Baglioni, miembro de una de las familias más importantes de Perugia.  

El retablo se completaba en el ático con un Dios Padre bendiciendo y unas personificaciones de las virtudes teologales en la predela, además de otros elementos decorativos de transición.

La imagen del Padre Eterno se conserva en la Galeria Nacional de Umbría, y las Virtudes Teologales en la pinacoteca Vaticana.

Un dibujo preparatorio que se conserva en Oxford muestra que la primera idea de Rafael era una “Lamentación sobre Cristo muerto”.

El cuadro definitivo representa el traslado del cadáver de Cristo, sostenido por dos hombres que sujetan con fuerza una sábana en la que repasa dicho cadáver, con los signos de flaccidez cadavérica mostrada por el brazo derecho caído. 

Detalle de Jesús

A la derecha, en un segundo plano, se produce la lamentación de la Virgen, el “Espasmo de la Virgen María”, que según el texto apócrifo conocido como “Las Actas de Pilato”, realmente habría ocurrido cuando María vio a Jesús en la Vía Dolorosa. 

Detalle de la Virgen con las Santas Mujeres

María Magdalena sostiene la mano izquierda inerte de Cristo.

Detalle de María Magdalena

Al lado de María Magdalena aparece un anciano con barba que debe representar a José de Arimatea, el hombre rico que consiguió que Pilato le entregasen el cuerpo de Cristo y lo enterró en un sepulcro nuevo que reservaba para sí (Mt 27, 57-60).

Detalle de José de Arimatea

Entre José de Arimatea y uno de los hombres que soportan el peso de Jesús destaca la imagen de San Juan. 

Detalle de San Juan

Al fondo de la composición, en la lejanía,  se vislumbra la imagen del Calvario con las cruces.

Detalle del Calvario

viernes, 8 de diciembre de 2023

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

CONDUCCIÓN AL SEPULCRO 

La conducción de Cristo al sepulcro. Antonio Ciseri. 

Se encuentra en un retablo de la tercera capilla del lado norte de la Iglesia de Santa María de la Asunción, en el complejo arquitectónico del Santuario de la Madonna del Sasso, en Lucarno (Suiza).

La obra representa la escena evangélica conocida como “Lamentación sobre Cristo muerto”, representando el traslado del cadáver de Cristo desde la cruz hacia el sepulcro propiedad de José de Arimatea.  

Aparecen representados ocho personajes, divididos en dos grupos. Uno es el que forman el cuerpo de Cristo, en el centro, trasladado por Nicodemo, José de Arimatea y San Juan; la Virgen María, acompañada de María Magdalena, María Salomé y María de Cleofás forman el segundo grupo, que sigue al primero.

La figura del Salvador presenta la rigidez de una persona muerta, con el brazo izquierdo sobresaliendo de la sábana y cayendo hacia el suelo. Está cubierto con el sudario, que deja descubierta la cabeza y el brazo izquierdo, tapándole el resto del cuerpo y los pies. El rostro, sereno, cae hacia el pecho, ladeado un poco a la derecha.   

Detalle de Jesús

A la izquierda de la pintura, abriendo la marcha, aparece José de Arimatea, de edad avanzada y barba oscura, vestido con túnica ocre y azul, con el pie derecho adelantado sobre la pierna izquierda. 

Le acompaña al frente del grupo Nicodemo, también de edad avanzada, barba blanca, túnica de color verde y gorro amarillo. Adelanta la pierna derecha, dejando atrás la izquierda, en un marcado contraposto.  

 

Detalle de José de Arimatea y Nicodemo

En la parte de atrás de la sábana, sujetándola por los hombros, se encuentra San Juan, de apariencia más joven, mirando hacia el espectador y vestido, según su iconografía, de verde y rojo, con el pie derecho adelantado.  

Detalle de san Juan

El grupo de mujeres es de gran patetismo. La Virgen, vestida con anchos ropajes azul y rojo, aparece en actitud exhausta, con el brazo derecho extendido en dirección al Salvador y mirada implorante al cielo.

Detalle de la Virgen

A su izquierda aparece María Magdalena, descalza y vestida de blanco y amarillo, con los hombros desnudos, cabizbaja y con el pelo cayendo, tapándose el rostro con ambas manos. 

Detalle de María Magdalena

En un segundo plano aparecen las otras dos mujeres, María Salomé, que oculta su rostro con la mano derecha, y María Cleofás, ubicada detrás de la Virgen y sosteniéndola por debajo de los brazos.

Detalle de María Salomé y María Cleofás

El fondo se aprecia vagamente un paisaje y un cielo gris, como corresponde a los textos de las Escrituras.

jueves, 7 de diciembre de 2023

 SIMBOLISMO DEL PIE EN LA PINTURA

Adoración de los Reyes. Cornelis de Vos. 

Adoración de los Reyes. Cornelis de Vos. Hacia 1630. Óleo sobre lienzo. 245 x 326 cm. Museo de Bellas Artes. Sevilla

La primera representación que se conoce de los Reyes Magos se encuentra en la capilla griega de la catacumba de Priscila de Roma, cuyos frescos están datados entre la segunda mitad del siglo II y la segunda del siglo siguiente. Está situado sobre el arco que da paso al cubículo destinado a acoger los sarcófagos de la familia de los Acilios. 


En el Museo de Bellas Artes de Sevilla, esta gran obra que presentamos ocupa un testero completo de la sala IX, y durante muchos años fue atribuida al granadino Pedro de Moya, hasta que Matías Díaz Padrón la asignó a Cornelis de Vos, en el catálogo de la exposición del centenario de Rubens en Madrid en 1977.

La composición está basada en el grabado de Lucas Vorstermann, según el original de Rubens, del Museo de Bellas Artes de Lyon.

Adoración de los Reyes. Cornelis de Vos. Hacia 1630. Óleo sobre lienzo. 245 x 326 cm. Museo de Bellas Artes. Sevilla

No se representa un humilde portal sino que la Sagrada Familia recibe a los Reyes Magos en el pórtico de un viejo edificio de traza clásica.

Detalle de la sagrada Familia

Melchor está arrodillado y descubierto, mientras que Gaspar y Baltasar se sitúan en posición de pie. 

Detalle de Melchor

Detalle de la corona de Melchor

Detalle de Gaspar

Detalle de Baltazar

En los laterales, se muestran los acompañantes de los Reyes.


Acompañante de Baltazar con la copa de su don

Detalle de personajes acompañantes

Se representan a dos perros, símbolos de la lealtad.

Detalle de los perros

El Evangelio de Mateo es la única fuente bíblica que menciona a unos magos (sin especificar los nombres, el número, ni el título de reyes), que tras seguir a una estrella, buscaban al “rey de los judíos” que ha nacido en Jerusalén:

“Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?”. (Mt 2:1-2).  “Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra” (Mt 2: 11).

 La palabra “mago” proviene del persa que significa “sacerdote”. Llegó al griego refiriéndose a una casta de sacerdotes persas o babilonios que buscaban las estrellas en su deseo de buscar a Dios. Del griego pasó al latín como “magus” de donde llegó al español como “mago”. El término “mago” se utiliza para referirse a “hombres sabios” u “hombres de ciencia” y conocedores de las Escrituras, que desde antiguo se asociaban al “mazdeísmo” (ver).

En cuanto al número, en las iglesias Sirias o de Armenia eran doce, por alusión a las doce tribus de Israel. Posteriormente, se fijaría el número de tres por el oro, incienso y mirra (el poder, la divinidad y el perfume de la muerte), los dones presentados a la Sagrada Familia y porque también eran tres los continentes (África, Asia y Europa) conocidos en la antigüedad, poblados por los tres hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, y por que tres eran las edades de la vida.  A finales del siglo XV, el rey Baltazar aparece con la tez negra y los tres reyes, además de representar las edades, representan las tres razas conocidas hasta la Edad Media, de tal modo que Melchor encarnará a los europeos, Gaspar a los asiáticos y Baltazar a los africanos. Ello también se relaciona con los animales, Melchor el caballo, Gaspar el camello y Baltazar el elefante. 

Con respecto a los nombres de Melchor, Gaspar y Baltazar, las primeras referencias son del siglo V, en la “Excerpta latina” en la que son llamados Melichior, Gastaspa y Bithisarea y en el Evangelio Apócrifo “Evangelio Armenio de la Infancia” donde se les llama Baltazar (rey de los árabes), Melkon (rey de los persas) y Gaspar (rey de los indios). 

La iglesia de San Apolinar Nuova de Rávena (Italia) presenta un friso decorado con mosaicos de mediados del siglo VI, que representa la procesión de las Vírgenes conducida por tres personajes vestidos a la moda persa, tocados con un gorro frígido, y en actitud de realizar una ofrenda  a la Virgen. Sobre la cabeza de estos personajes se pueden leer los nombres de Gaspar, Melchior y Balthassar, de derecha a izquierda.  

Detalle del mosaico de San Apolinar Nuevo

En cuanto a su origen, se habla de Oriente que puede referirse a la región de Babilonia, por lo que, para algunos autores, los magos podrían corresponder a los “Doctores Babilónicos de la Tradición Oral”, pero para otros autores el extremo oriente incluía todo el mundo hasta entonces conocido, y cuyo límite occidental era Tartessos, una zona que los historiadores ubican entre Huelva, Cádiz y Sevilla.

Una leyenda medieval refiere que, después de la resurrección de Jesús, el apóstol Tomás los halló en el reino de Saba y los bautizó y los consagró obispos. Después fueron martirizados en el año 70 y depositados en el mismo sarcófago. Santa Elena halló tres cuerpos coronados, y consideró que se trataría de los Reyes Magos, por lo que los trasladó a Constantinopla en el siglo IV. Posteriormente, Federico I Barbarroja, en el siglo XII, los trasladó a Colonia donde son venerados en un relicario bizantino de la catedral de esta ciudad. 


El gran simbolismo de esta obra, que presentamos, reside en la actitud de Melchor que arrodillado besa los pies de Jesús, como signo de humildad y reverencia, junto a Gaspar y Baltasar, que contemplan absortos la ceremonia.


Detalle de Melchor, sin corona, arrodillado besando los pies de Jesús Niño

El origen de la costumbre de besar los pies procede de Oriente y en el Imperio Aqueménida era la forma de venerar al Emperador de los Persas.

Tras la invasión de Alejandro Magno (331 a. C), los griegos traen esta costumbre a Occidente, consolidándose en el Imperio Romano como forma de veneración al Emperador. 

Esta costumbre se mantuvo en el Imperio Romano de Oriente o Bizantino hasta su caída en 1453.

Esta forma de mostrar respeto se daba igualmente en la Edad Media, pues los vasallos juraban fidelidad a los nobles. 

En el Occidente Medieval, el Papa Constantino I introdujo esta costumbre en el ceremonial pontificio en el año 709, para jurar obediencia al Papa, pero esta costumbre fue abolida por San Juan XXIII en los años 50 del siglo XX. 

Así, en la época de Jesús era una tarea que se consideraba humillante y que solo la realizaban los esclavos o los sirvientes y Cristo la convirtió en una señal de humildad cuando, en la última Cena, besó los pies de los Apóstoles, luego de lavárselos.

El Beato Papa Pablo VI, el 14 de septiembre de 1975, recibió al Patriarca Melitón de Calcedonia, en representación de toda la Ortodoxia, y tras abrazarlo se arrodilló y le besó los pies en señal de humildad y reverencia para toda la Iglesia Ortodoxa.  

miércoles, 6 de diciembre de 2023

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

DESCENDIMIENTO 

El descendimiento de la Cruz. Rogier van der Weyden. 

Se pintó, antes de 1443, para la capilla de Nuestra Señora de Extramuros de Lovaina,  fundada en el siglo XIV por el gremio de ballesteros, vendida en 1789 y demolida poco después. 

En honor a dicho gremio, el artista incluyó las dos pequeñas ballestas que cuelgan en la tracería de las dos esquinas mayores de la tabla.

La regente de los Países Bajos María de Hungría, hermana de Carlos V, canjeó la pintura original por un órgano y una réplica de la original, pintada por Michel Coxcie, para su palacio de Binche en 1549, y posteriormente la donó a su sobrino Felipe II que la tenía en la capilla del Pardo en 1564.

El pintor Juan Fernández Navarrete (Navarrete el Mudo) creo, por encargo de Felipe II,  dos alas o postigos en grisalla que devolvieron a la obra su estado general de forma de tríptico, aunque se perdieron posteriormente, al igual que los originales.

En 1567, Felipe II encargó a Coxcie una nueva replica para el Pardo mientras el original se enviaría al Monasterio de El Escorial. Actualmente, esta copia pertenece al Museo del Prado y está cedida en depósito al Monasterio del Escorial.

En 1936, al estallar la Guerra Civil Española fue trasladada desde el Monasterio de El Escorial al Museo del Prado. En febrero de 1939 fue llevada a Ginebra junto a otras obras del Museo. Afortunadamente, al terminar la guerra fue devuelta al Museo del Prado donde fue incluida, en 1943, por decreto del gobierno de Franco. Actualmente, permanece en este último Museo bajo la fórmula jurídica de depósito temporal renovable, cuya última actualización es de 1998. 

Esta obra ha sido objeto de innumerables copias. Así, en 1430 un pintor desconocido realizó una réplica para la capilla de una familia de Lovaina, en la Iglesia de san Pedro, que actualmente está en el Museo M de Lovaina, y existe una copia española, que aportó Leonor de Mascareñas en 1563 al fundar el convento de Nuestra Señora de los Ángeles de Madrid, que pasó al Museo del Prado tras la desamortización de Mendizábal, y que actualmente se exhibe en depósito en la Capilla Real de Granada.  

La obra tiene forma rectangular, con un saliente en el centro de la parte superior y encaja un gran número de personajes en una tabla de dimensiones no muy grandes, estipulada por el comitente.

La obra incluye en una sola escena dos episodios, “el Descendimiento de la Cruz” y “el Espasmo de la Virgen María”, que según el texto apócrifo conocido como “Las Actas de Pilato”, realmente habría ocurrido cuando María vio a Jesús en la Vía Dolorosa, pero se prefirió representarla junto a la Cruz (Stabat Mater), según el evangelio de san Juan.

El fondo es liso, de color dorado, semejando un tablero, con lo que las figuras parecen esculturas policromadas. Este fondo de oro simboliza la eternidad y es propio de lo divino.

En primer término y en la parte inferior de la composición hay un pequeño fragmento de paisaje, un pequeño matorral con una calavera y un fémur que podría aludir a la vida después de la muerte.


Detalle de la calavera y el fémur

Jesús aparece con el cuerpo pálido y en estado de absoluta relajación, como corresponde a su muerte inmediata, sin signos de la flagelación.


Detalle de Jesús

La cabeza muestra la corona de espinas con el sangrado de la frente. Curiosamente solo presenta una barba incipiente y cerrada que debe entenderse como crecida durante los días de tormento. Los ojos cerrados.


Detalle del rostro de Jesús

De la herida del costado mana sangre que desciende hasta la cara interna del muslo y el paño de pureza es tan transparente que permite ver a la sangre fluyendo por debajo pero sin llegar a mancharlo. 


Detalle de la sangre de la herida del costado y el paño de pureza

El cuerpo de Jesús es bajado de la cruz por tres hombres. El más joven, que parece un criado, tiene los dos clavos sanguinolentos que han quitado de las manos de Cristo   y va vestido con un pañuelo blanco, unas medias también blancas y una casaca de damasco azul claro. 


Detalle del hombre joven

El de más edad es probablemente Nicodemo, fariseo y jefe judío (Juan 3: 1-21; 7: 50). 

Detalle de Nicodemo

La figura que viste de dorado es probablemente José de Arimatea, el hombre rico que consiguió que Pilato le entregasen el cuerpo de Cristo y lo enterró en un sepulcro nuevo que reservaba para sí (Mt 27, 57-60). Destaca la tristeza de su rostro lleno de lágrimas.


Detalle de José de Arimatea

Detalle del rostro de José de Arimatea

José de Arimatea y Nicodemo sostienen el cuerpo exánime de Cristo con la expresión de consternación a que obliga el fenómeno de la muerte.

El hombre barbado y vestido de verde que está detrás de José de Arimatea es probablemente otro criado, que lleva en sus manos el tarro que contendría el perfume de nardo, auténtico y costoso con que Magdalena ungió los pies de Jesús (Juan 12: 3). Su postura está forzada para que su pie derecho y el ribete de piel de su vestido oculten en parte un larguero de la escalera. 


Detalle del hombre con el tarro en sus manos

La Magdalena es representada en el lado derecho con las manos entrecruzadas y los pies cruzados apoyándose en el lateral de la caja dorada para mantenerse de pie, con el cuerpo doblado y una gran expresión de dolor.

Lleva un cinturón que simboliza la virginidad y la pureza. Este cinturón se encuentra alineado con los pies de Cristo y la cabeza de la Virgen, y en él aparece una inscripción que hace referencia a ambos: IHESVS MARIA. 


Detalle de Magdalena

A la izquierda, la Virgen se ha desvanecido y ha caído al suelo en una postura que repite la del cuerpo muerto de Cristo. Tiene los ojos en blanco, entrecerrados. Las lágrimas resbalan por su rostro, y junto a la barbilla una de ellas está a punto de gotear.

En su posición alarga la pierna izquierda, de manera que el pie y el manto esconden la base de la cruz y uno de los largueros de la escalera.


Detalle de la Virgen

Detalle de la cara de la Virgen

La Virgen es sujetada por San Juan Bautista, ayudado por una mujer vestida de verde que es probablemente María Salomé, hermanastra de la Virgen y madre de Juan. La mujer que está situada detrás de Juan puede ser María Cleofás, la otra hermanastra de la Virgen, de la que destaca el ojo lacrimoso.


Detalle de san Juan, la Virgen y dos Santas mujeres

Detalle de las lágrimas de María de Cleofás

Finalmente destacamos el pie cavo de San Juan.

Detalle del pie de San Juan