viernes, 2 de agosto de 2024

SIMBOLISMO DEL PIE EN LA PINTURA

El jubileo de la Porciúncula. Bartolomé Esteban Murillo.

Retablo Mayor de la Iglesia de Capuchinos. Murillo, Bartolomé Esteban. Hacia 1665-1666. Óleo sobre lienzo. 430 x 295 cm. Museo de Bellas Artes. Sala V. Desamortización del Convento de Capuchinos. 

El Retablo Mayor de la Iglesia de Capuchinos incluía siete lienzos, entre ellos, San Antonio de Padua y el Niño, San Félix de Cantalicio con el Niño y Virgen de la Servilleta, que se conservan en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

"El Jubileo de la Porciúncula", se expone en el Wallraf-Richarz Museum de Colonia y ha sido depositada temporalmente en Sevilla, hasta 2026, y el propio Murillo lo eligió para que presidiera estos siete lienzos del retablo mayor de la iglesia de los Capuchinos.

El jubileo de la Porciúncula. Murillo, Bartolomé Esteban. Óleo sobre lienzo. Hacia 1665-1666. Wallraf-Richarz Museum. Colonia.

Esta obra además de ser la pintura más significativa, ha sido también la que ha sufrido mayor movilidad.

Durante la invasión napoleónica la comunidad capuchina fue suprimida el 13 de febrero de 1810 y el convento fue convertido por los franceses en un hospital.

Las pinturas de Murillo del altar mayor y otros laterales se salvaron del expolio del mariscal Soult gracias a que en enero de 1809, por orden del definidor provincial, Luis Antonio de Sevilla, fueron llevados en barco a Cádiz y después a Gibraltar.

Tras la expulsión de los franceses en 1812, y gracias a las gestiones de fray José Cambil y a la intervención del gobernador militar Pedro Gilmaret, el convento fue devuelto a la comunidad, el 2 de enero de 1813, y todos los cuadros volvieron al convento, salvo los de San Miguel y la Santa Faz, pasando con posterioridad, tras la desamortización, a formar parte del Museo de Bellas Artes. 

El convento fue restaurado y la iglesia fue renovada y habilitada para el culto, con la ayuda económica del Cabildo Catedralicio por lo que, en agradecimiento, el convento donó a la catedral el cuadro del "Santo Ángel de la Guarda" en 1814.

El “Jubileo de la Porcíuncula” que, como hemos comentado, presidía el retablo mayor de dicho templo, fue requisado en el Alcázar de Sevilla y trasladado posteriormente a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, y en 1814 fue devuelto al convento de los Capuchinos y los monjes lo entregaron al pintor Joaquín Bejarano, como pago a su trabajo de restauración del resto de lienzos de Murillo, que retornaron al convento muy deteriorados.

Bejarano lo vendió a José de Madrazo, y de este pasó a manos del infante Sebastián Gabriel, a quien el gobierno incautó sus obras de arte en 1835. 

Pasó por el Museo de la Trinidad de Madrid hasta que en 1861 fue devuelto al infante.

El hijo del Infante lo vendió en 1898 a los Amigos del Arte de Colonia por lo que actualmente pertenece al Wallraf-Richartz Museum de esa ciudad alemana.

Esta obra narra el momento en que Cristo y la Virgen, rodeados por un coro de ángeles se aparece a San Francisco en la capilla de Santa María de la Porciúncula, en 1216, para conceder el jubileo o la indulgencia plenaria a todos aquellos peregrinos que la visitaran.

Esta capilla medieval se aloja bajo la cúpula de santa María de los Ángeles en Asís, y constituye el núcleo de la historia y la espiritualidad franciscana. 

En ella fue fundada por San Francisco la orden de Frailes Menores o Franciscanos. Allí vivió y murió el Santo. Se celebraron los capítulos generales de la congregación. Santa Clara recibió el hábito y fundó la orden de las Damas Pobres o Clarisas.

La escena está representada desde un punto de vista cercano, como si el espectador fuera testigo directo del milagro.

La escena se divide en dos zonas. En la inferior san Francisco arrodillado extiende sus brazos hacia la visión celeste, rodeado por la penumbra de la capilla. 

Este ambiente terrenal de tonalidades oscuras y terrosas contrasta con la atmosfera resplandeciente de tonos vaporosos y brillantes en la que se sitúa el grupo celestial. 

Detalle de la zona inferior del cuadro

Detalle de san Francisco

Detalle de la zona superior del cuadro

En esta pequeña iglesia de la Porciúncula, el 24 de febrero de 1209, y mientras escuchaba la lectura del Evangelio, Francisco recibió la revelación definitiva de su misión cuando escuchó estas palabras del Evangelio: “No lleven monedero, ni bolsón, ni sandalias, ni se detengan a visitar a conocidos...“(Lc, 10).

Así, cambió su afán de reconstruir las iglesias por la vida austera y la prédica del Evangelio. 

El eremita se convirtió en apóstol y, descalzo y sin más atavío que una túnica ceñida con una cuerda, pronto atrajo a su alrededor a toda una corona de almas activas y devotas. 

Detalle de los pies descalzos de san Francisco

En el pie izquierdo destaca la ulcera plantar correspondiente al estigma del clavo de los pies de Jesucristo.

Detalle del pie izquierdo con el estigma de la planta

Sobre la estigmatización podemos comentar que después de la crucifixión y según el Evangelio de Juan (Jn, 20:27-29) cuando Jesús entra en el Cenáculo, con las puertas cerradas, y saluda a los discípulos, muestra los estigmas para identificarse y luego dice a Tomás: “Mete tu dedo aquí, y ve mis manos y alarga acá tu mano, y métela en mi costado y no seas incrédulo, sino fiel”.

La palabra estigma proviene del latín “stigma” y este a su vez del griego “στίγμα”. Son heridas de aparición espontánea y que son similares las que infligieron a Jesús durante la Pasión.

Tradicionalmente, se presentan en el costado (donde Jesús fue atravesado con la lanza para confirmar que estaba muerto) y en ambas manos y ambos pies (las heridas causadas por los clavos de la crucifixión). 

Es curioso que las heridas son similares a las mostradas en la iconografía cristiana tradicional, o sea suelen ser marcas en las palmas de las manos y no en el antebrazo, donde debió producirse el enclavado de los miembros superiores. 

Excepcionalmente, incluyen representaciones de las heridas de la espalda causadas por la flagelación y de las heridas de la cabeza causadas por la corona de espinas.

Además de su localización en las áreas de la Pasión de Jesús, tienen otras características especiales, tales como que aparecen de forma instantánea, causando gran sorpresa e impresión en quienes las reciben, sangran copiosamente y por largos periodos o en determinadas fechas, su sangre se mantiene siempre fresca y limpia, no se infectan, no emiten olores fétidos o incluso desprenden aromas, se acompañan de fuertes dolores tanto físicos como morales y  no se curan nunca con ningún procedimiento médico, por lo que permanecen un gran número de años sin que pueda darse una explicación médica o científica.

Los estigmatizados lo consideran una inmensa gracia, pero se siente indignos y ocultan sus lesiones.

Se considera que el primer estigmatizado fue Francisco de Asís (ver), pero en realidad el primer caso en la historia es el de la beata María de Oignies (1177-1213) que recibió los estigmas en su cuerpo doce años antes que Francisco de Asís.

María de Oignies pertenecía a las beguinas, una asociación de mujeres contemplativas y activas que dedicaron su vida al cuidado de los enfermos y a los necesitados. Trabajaban para mantenerse y eran libres de dejar la asociación en cualquier momento para casarse.

La segunda persona en recibir los estigmas fue efectivamente Francisco de Asís, que en las heridas de las manos y de los pies presentaban raspaduras de carne en forma de clavos. Los de un lado tenían cabezas redondas y las del otro tenían puntas largas que se doblaban para arañar la piel. 

Por considerarse indigno de ser portador de las señales de la Pasión de Cristoocultaba sus heridas llevando las manos dentro de las mangas del hábito y usando medias y zapatos, pero muchos de sus hermanos en la Orden fueron testigos de la existencia de tales heridas.

Desde entonces hasta el beato Pío de Pietrelcina (1887-1968), uno de los últimos casos, cuyas llagas permanecían cerradas todos los días y sólo se abrían y sangraban los viernes, se han dado unos 250 casos de personas con estigmas, en la mayoría de los casos con comprobación científica.

Algunos médicos, tanto católicos como librepensadores, han sostenido que las heridas pueden haber sido causadas de modo enteramente natural, aunque científicamente inexplicables.

La psiquiatría experimental afirma que la imaginación puede acelerar o retardar las corrientes nerviosas, pero no hay constancia de su acción sobre los tejidos.

Schnabel (1993) encontró un paralelismo entre los estigmas y el Síndrome de Munchaussen, que es un trastorno emocional en que se finge o provoca enfermedades.

En conjunto representan un fenómeno místico extraordinario y por tanto se han convertido en el centro de un debate teológico y científico muy importante.

Por Andrés Carranza Bencano

EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

PIEDAD

Piedad. Bartolomé Esteban Murillo.

Piedad. Murillo, Bartolomé Esteban. Hacia 1665-1666. Óleo sobre lienzo. 183 x 213 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Sala V. Desamortización del convento de los Capuchinos

El grupo de la Virgen de la Piedad se compone, estrictamente, de dos personajes, María y su Hijo desclavado de la cruz.

La obra representa a Cristo muerto, con su cuerpo inanimado reposando sobre un blanco sudario en el suelo, y apoyado sobre la sobre las rodillas de la Virgen. 

Detalle del cuadro sin marco

La Virgen María aparece con los brazos abiertos y la mirada hacia arriba, pareciendo implorar al cielo. 

Detalle de la Virgen

Detalle de la Virgen

A la derecha del lienzo hay dos angelillos, uno de ellos, vestido con paño sostiene con las manos la de Jesús. 

Detalle de angelillo

Detalle de la mano derecha

La escena parece tener lugar dentro de una cueva, a pesar de la oscuridad del fondo y, aunque con mucha dificultad, se advierte en un segundo plano, y a la derecha del lienzo, la presencia del sepulcro con la lápida abierta y, a la izquierda, en el ángulo superior del cuadro, donde ya parece terminar la pared de la cueva, un fondo de paisaje.

Destaca en primer plano el pie izquierdo con la ulcera dorsal de entrada del clavo.

Detalle de las piernas

Detalle del pie

Por Andrés Carranza Bencano

jueves, 1 de agosto de 2024

EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Crucificado de la Iglesia de los Capuchinos.


En la cabecera de la nave del evangelio, nos encontramos con una simple capilla que contiene un crucificado de estilo barroco del siglo XVIII, de autor anónimo. 


El único dato concreto que se conoce de este crucificado es que se destinó a la Orden Tercera del Convento a finales del siglo XVIII, pero los estudios concuerdan en indicar que la efigie es anterior (finales del XVI y principios del XVII), en concreto es una talla de estilo manierista, de autor anónimo.

Es un crucificado vivo que mira hacia la derecha y lo más llamativo es que se retuerce en la cruz de forma dramática, como la “serpentinata” manierista, que recuerdan al "contraposto" del grabado de Miguel Ángel, como en el crucificado de la Expiración del Museo.

Fisiopatológicamente esta actitud se corresponde con las contracciones tetánicas secundarias a los graves trastornos del metabolismo hidroelectrolíticos, en relación con todo el proceso de la Pasión.

Crucificado

Como hemos comentado, presenta la cabeza caída y dirigida hacia la derecha con los parpados semicerrados, con una expresión en los ojos de extrema dulzura, y con la mirada perdida como corresponde a los últimos momentos de la vida.

Detalle de la cabeza y cara desde el lado izquierdo

Detalle de la cabeza y cara desde el lado izquierdo

Detalle de la cabeza y cara desde el lado derecho

Detalle de la cabeza y cara desde el lado derecho

Los brazos se mantienen casi horizontales como corresponde a un Cristo vivo y presenta los clavos en las palmas de las manos con extensión de los dedos.

Detalle de los brazos

Detalle del brazo derecho

El paño de pureza apoyado sobre una cuerda y anudado al lado derecho, deja al descubierto la zona de la cadera derecha. Presenta una gran oblicuidad pues se adapta a la asimetría pélvica que manifiesta el “contraposto”, responsable de una gran sensación de movimiento.

Detalle del paño de pureza

Detalle del paño de pureza

Detalle del paño de pureza

Los pies se fijan con un solo clavo, estando el pie izquierdo sobre el derecho, situación poco habitual en las representaciones artísticas de la crucifixión, pero que se corresponde con  lo que nos muestra la Sabana Santa de Turín (ver).


Detalle frontal de los pies

Detalle lateral de los pies

Por Andrés Carranza Bencano

jueves, 25 de julio de 2024

 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Cristo del Amparo. 

Crucificado de tamaño natural, que se presenta en un retablo donde aparecen pintadas las figuras de la Virgen y San Juan Evangelista, en la capilla de la Divina Pastora de las Almas y Santa Marina (ver).

Retablo del Cristo del Amparo

Fue encargado por Luis Becerra para la exposición que, con motivo del Corpus, se realizó en el patio central de la sede de la Caja de Ahorros San Fernando, en la plaza de San Francisco.

Se realizó por José María Gamero Viñau bajo la dirección de su maestro el Prof. Miñarro. Esta realizado en poliéster y con una serie de tubos interiores para que de las llagas brotara de forma alegórica sangre y agua.

Una vez concluida la Exposición el Cristo fue guardado en los almacenes de la Caja de Ahorros, hasta que en 1992 cuando la hermandad se instala definitivamente en la capilla y ante la falta de imágenes, el hermano mayor Jose Luis Borrachero, exdirector de la citada entidad bancaria, solicito y se cedió la imagen en depósito a la hermandad.

La Hermandad decidió llamarlo Cristo del Amparo por el nomenclátor donde se sitúa la capilla.

Cristo del Amparo

Se trata de un cristo muerto, con la cabeza caída hacia el lado derecho, de pelo natural que cae simétricamente por los dos lados. La barba tallada presenta bifidez.

Detalle del rostro del Cristo del Amparo

Las manos están fijadas a nivel de las palmas con flexión de los dedos menos el segundo que se presenta en extensión.

Detalle de la mano derecha enclavada

El paño de pureza es muy amplio y es de tela con grandes borlones en los extremos de la cuerda que lo fija.

Detalle del paño de pureza del Cristo del Amparo

Los pies están fijados con un solo clavo, con el pie derecho sobre el izquierdo. 

Detalle de los pies del Cristo del Amparo

A nivel de los clavos, la corona de espinas y el paño de pureza presenta rosas simbólicas de la Ave María de la titular de la Hermandad, la Divina Pastora de las Almas, según fray Isidoro de Sevilla (ver).

martes, 23 de julio de 2024

TRAUMATOLOGÍA  

¡ Aún dicen que el pescado es caro ¡. Joaquín Sorolla y Bastida. 

¡Aun dicen que el pescado es caro ¡. Sorolla, Joaquín. 1894. Óleo sobre tela. 151,5 x204 cm. Museo del Prado. Sala A. (CC BY 3.0)

Sorolla nos presenta la dureza y peligrosidad de la vida del pescador y su alto riesgo de accidentes.

Nos muestra a un joven pescador gravemente herido en el costado, yace tendido en el suelo tras sufrir un accidente durante la faena y es socorrido por dos compañeros que muestran el semblante serio y concentrado.  

A la derecha, uno de ellos sostiene el cuerpo inmóvil del chico, mientras que el hombre de camisa amarilla aplica paños de agua mojada, sobre el torso desnudo, previamente mojados en el cuenco del primer plano, intentando frenar la hemorragia de una profunda herida inciso-contusa. 

Del torso desnudo del muchacho cuelga una medalla que podría corresponder a la Virgen del Carmen, protectora de los hombres del mar.

Detalle de los hombres

Detalle de los rostros de los pescadores

La escena se desarrolla en el interior de una pequeña embarcación de pesca, iluminada desde arriba, por una escotilla que se supone su existencia, pero no se incluye en la composición.  La luz se refleja en la camisa amarilla del pescador más anciano, en la escalera y en el pecho del joven herido.

Alrededor de los personajes se muestran diversos objetos habituales en una embarcación como un candil, un tonel para el agua dulce, cuerdas y varios peces. 

Detalle de los peces

La sensación de movimiento se consigue con un cierto desequilibrio espacial pues la escalera de la izquierda, por la que han descendido el cuerpo del joven pescador herido, está algo inclinada y sobre ella el farol da la impresión de estar en constante vaivén. 

Detalle del farol inclinado


El título del cuadro procede de la novela “Flor de Mayo” escrita por Vicente Blasco Ibáñez que se desarrolla en las playas del barrio del Cabañal en Valencia. 

Incluso en esta obra literaria se encuentra recogido el título del lienzo, concretamente en el capítulo final, cuando la tía de Pascualet llora la muerte de su nieto en las labores de pesca. Decía así: "¡Que viniesen allí todas las zorras que regateaban al comprar en la pescadería! ¿Aún les parecía caro el pescado? ¡A duro debía costar la libra...!".