sábado, 18 de abril de 2026

 INTOXICACIONES

Bebedora de absenta. Pablo Picazo.

Bebedora de absenta. Picasso, Pablo. Óleo sobre lienzo. 73 x 54 cm. Museo Hermitage. San Petersburgo. (ver) (CC BY 3.0)

La obra Bebedora de absenta de Pablo Picasso se sitúa en un momento decisivo de su trayectoria: su llegada a París a comienzos del siglo XX. Conservada hoy en el Museo del Hermitage, esta pintura al óleo sobre lienzo (73 x 54 cm) constituye un testimonio temprano de su proceso de experimentación, tanto estética como vital.

Cuando Picasso pinta esta obra, aún no ha definido plenamente su estilo. Sin embargo, ya se perciben influencias claras de artistas como Paul Gauguin, visibles en el uso de colores planos, contornos marcados y una concepción más sintética de la forma. A ello se suma la huella de El Greco, especialmente en la estilización de las figuras, alargadas hasta rozar lo antinatural.

Picasso, inmerso en el ambiente bohemio parisino, frecuenta cafés y tabernas donde la absenta —conocida como “el hada verde”— era la bebida predilecta de artistas y marginados. Este contexto vital se convierte en materia pictórica.

La protagonista del cuadro es una mujer solitaria, probablemente una bebedora habitual. Sentada ante una mesa, acompañada únicamente por una botella azul y una copa, transmite una profunda sensación de aislamiento. Sus manos, largas y angulosas —casi irreales— parecen abrazarse a sí misma, en un gesto que sugiere tanto recogimiento como abandono.

La figura aparece alargada, con dedos que recuerdan a garras, estableciendo una tensión entre el rostro afilado y el volumen más redondeado del busto. Este entrelazamiento de formas refuerza la idea de ensimismamiento, de un ser encerrado en su propio mundo interior.

Bebedora de absenta anticipa claramente el llamado Período Azul de Picasso, en el que abordará de manera sistemática temas vinculados a la marginalidad: mendigos, prostitutas, alcohólicos, artistas de circo. Esta inclinación temática conecta con las corrientes intelectuales de la época, marcadas por pensadores como Fiódor Dostoyevski, Friedrich Nietzsche o Mijaíl Bakunin, cuyas ideas sobre el sufrimiento, la alienación y la condición humana influyeron en el clima cultural europeo.

El predominio del azul en la botella y ciertos matices del cuadro funciona casi como un presagio del universo cromático que dominará su siguiente etapa.

Lo que define esta obra es su intensa carga emotiva. Picasso no idealiza a su personaje; tampoco lo juzga. Se limita a mostrar su soledad con una crudeza silenciosa. La economía de medios —color restringido, formas simplificadas, composición contenida— contribuye a concentrar la emoción en la figura.

El joven Picasso comienza a perfilar una de las constantes de su obra: la exploración de la condición humana a través de figuras marginales, convertidas en símbolos universales de vulnerabilidad y aislamiento.

Por Andrés Carranza Bencano

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