sábado, 19 de septiembre de 2026

GERIATRÍA EN LA PINTURA

Anciana de Arlés. Vincent van Gogh.

Anciana de Arlés. Vincent van Gogh. 1888. Óleo sobre lienzo. 58,1 × 42,6 cm. Van Gogh Museum. Ámsterdam.

Van Gogh llegó a Arlés el 20 de febrero de 1888. Venía de París, donde había convivido con el ambiente impresionista y neoimpresionista, y buscaba en Provenza una luz y un paisaje nuevos.

Su llegada fue seguida inmediatamente por una intensa actividad artística. En una carta a Theo fechada hacia el 24 de febrero, apenas cuatro días después de su llegada, escribió que había realizado tres estudios: un paisaje con nieve, una vista de una carnicería y “una anciana de Arlés”. La pintura pertenece, por tanto, a un momento extraordinariamente temprano de la experiencia provenzal de Van Gogh.

El museo considera probable que se trate de Elisabeth Garcin-Pau, de 68 años, suegra de Albert Carrel, propietario del Hotel-Restaurant Carrel, donde Van Gogh se alojó durante sus primeros meses en Arlés. El dato no está documentado como una identificación absolutamente segura, por lo que es preferible hablar de una atribución probable. Este detalle tiene bastante importancia porque convierte el cuadro en algo más que el retrato genérico de una anciana. Van Gogh estaba pintando a una persona que formaba parte del entorno cotidiano que encontró inmediatamente después de llegar a Arlés.

La mujer aparece representada frontalmente, sentada y vista aproximadamente desde el pecho. Su cuerpo ocupa casi todo el espacio disponible.  Mira directamente hacia nosotros. Su rostro concentra la atención: es un rostro envejecido, surcado de arrugas, con la piel trabajada mediante pinceladas visibles y colores que se alejan de la simple imitación naturalista. Lleva una prenda azul oscura que envuelve sus hombros y una camisa o blusa clara debajo. Sobre la cabeza lleva un pañuelo negro anudado.

En el lado izquierdo de la composición puede distinguirse parte de una cama o de su cabecero, un detalle que contribuye a situar a la mujer en un espacio doméstico.

El fondo está tratado de una manera mucho más esquemática que el rostro. Van Gogh utiliza tonos verdosos, amarillentos y azulados, aplicados mediante pequeñas pinceladas que producen una superficie vibrante.

Van Gogh no intenta embellecer a la mujer. Las arrugas no son disimuladas. La piel no se transforma en una superficie lisa. Las facciones aparecen endurecidas por la edad y el rostro parece contener la historia de toda una existencia. No es simplemente una anciana: es un cuerpo en el que el tiempo se ha hecho visible. No parece una mujer idealizada para satisfacer las expectativas del espectador. Es una persona mayor que nos devuelve la mirada.

El atuendo (pañuelo negro de la cabeza) corresponde a una tradición de luto y que Van Gogh lo convierte en un elemento visual fundamental de la composición.

Detalle

Así, en “Anciana de Arlés, Van Gogh no idealiza la vejez ni intenta ocultar sus huellas: convierte las arrugas, la mirada y el atuendo de luto en signos visibles de una existencia. La mujer deja de ser un modelo anónimo para convertirse en depositaria de una historia que el espectador no conoce, pero que puede intuir en su rostro. La pintura adquiere así una dimensión universal: no representa solamente a una anciana de Arlés, sino al ser humano enfrentado al paso inexorable del tiempo.

La obra permaneció vinculada a la colección familiar de Van Gogh y finalmente pasó a formar parte del legado de la familia Van Gogh, actualmente representado por la Vincent van Gogh Foundation, que es la titular de las obras de la colección permanente del Van Gogh Museum.

Por Andrés Carranza Bencano

SIMBOLISMO DEL PIE EN LA PINTURA

Mujer bañándose. Edgar Degas.

Mujer bañándose. Edgar Degas. Hacia 1887. Pastel sobre papel montado sobre cartón. 72,5 × 57,2 cm. Van Gogh Museum. Ámsterdam

Degas presenta a una mujer completamente desnuda vista desde atrás, inclinada hacia delante mientras se seca después del baño. La figura ocupa casi todo el campo visual y aparece cortada por los límites de la composición, por lo que no vemos completamente ni su cabeza ni el espacio doméstico en el que se encuentra.

En la mano izquierda sostiene una tela o toalla de tonos azulados y blancos, mientras que con la otra mano parece completar el gesto de secarse o enjabonarse con una esponja. La postura resulta deliberadamente espontánea, incluso algo incómoda, muy alejada de las tradicionales representaciones académicas del desnudo femenino.

El fondo está construido mediante amplias zonas amarillas, ocres, verdes y anaranjadas. No existe una descripción minuciosa de una habitación, pues Degas concentra la atención en el cuerpo y en el acto cotidiano que está realizando.

El pastel permite al artista construir la anatomía mediante pequeñas líneas, rayados y superposiciones cromáticas. Los tonos cálidos del cuerpo contrastan con los azules de la tela y con los verdes y ocres del entorno. El resultado produce una sensación de movimiento y de inmediatez. El propio museo destaca precisamente el carácter realista con que Degas representa el cuerpo femenino.

Una de las características más interesantes de la obra es su apariencia de instante captado al azar. Degas no presenta a la mujer posando deliberadamente para el artista; parece haber sorprendido un momento de su intimidad cotidiana.

No estamos ante una Venus idealizada, una ninfa o una figura mitológica. Es una mujer anónima realizando una actividad ordinaria, como es bañarse y secarse.

Durante siglos, el desnudo femenino en la pintura europea había estado legitimado frecuentemente mediante referencias religiosas, mitológicas o históricas. Una Venus, una Diana, una Susana o una figura bíblica permitían presentar el cuerpo desnudo dentro de un relato considerado noble. Degas rompe deliberadamente con esa tradición. La mujer no representa un personaje mitológico ni bíblico. Es simplemente una mujer contemporánea en un momento privado.

Por ello, el significado fundamental de la obra no reside en una alegoría concreta, sino en la transformación de una acción cotidiana, como es el aseo personal, en asunto artístico.

El cuerpo que vemos tampoco responde al canon clásico de belleza. Degas muestra una anatomía corpórea, pesada y natural, sin intentar convertirla en una figura perfecta. La espalda, las caderas, las piernas y los pliegues del cuerpo aparecen como elementos físicos observados directamente. Esto es importante porque introduce en la pintura moderna una nueva manera de mirar el cuerpo: no como un modelo ideal de belleza, sino como una realidad corporal. En este sentido, la obra puede interpretarse como una afirmación de la vida cotidiana frente a la tradición académica.

Detalle


Hay además una segunda lectura, especialmente interesante desde una perspectiva actual. El espectador ocupa una posición semejante a la de alguien que observa inadvertidamente a la mujer mientras se está secando. Ella no mira al espectador ni parece ser consciente de que está siendo contemplada. El propio Van Gogh Museum ha señalado esta cuestión y plantea la posibilidad de considerar la escena desde el concepto de “mirada voyeurista”: el espectador entra visualmente en un momento de intimidad sin que la mujer pose para él.  Podemos analizar la relación entre desnudo, mirada y espectador sin afirmar que el artista pretendiera necesariamente transmitir exactamente esa lectura.

Llama la atención, la ausencia de los pies que adquiere en esta obra una particular significación. Degas, que concedió una extraordinaria importancia a los pies y a los tobillos en sus bailarinas y bañistas, los deja aquí fuera del campo visual. El pie deja de ser protagonista; y desaparece de la composición. Degas elimina precisamente uno de esos elementos potencialmente fetichizados. La sensualidad procede fundamentalmente de la postura, de la desnudez y de la intimidad de la escena, no de un detalle erótico aislado.

El cuerpo aparece, por tanto, deliberadamente fragmentado, como si el espectador hubiera sorprendido una escena privada desde una posición muy próxima. El recurso acentúa el carácter instantáneo de la composición y evita que el desnudo se convierta en una representación académica de un cuerpo completo e idealizado. La sensualidad surge así menos de la exhibición deliberada del cuerpo que de la intimidad del momento observado. Paradójicamente, la ausencia de los pies —un elemento que en la cultura visual occidental podía poseer una notable carga erótica— contribuye a hacer más intensa la sensación de naturalidad y de intimidad de la escena. En Degas, el cuerpo femenino deja de ser una figura destinada a la contemplación ideal y se convierte en un cuerpo real, sorprendido en una acción cotidiana.

La presencia de esta obra en el Van Gogh Museum tiene un interés especial.

Degas fue uno de los artistas que Vincent van Gogh y su hermano Theo conocieron y siguieron con atención en el ambiente artístico parisino. La relación entre ambos artistas resulta especialmente significativa porque Degas estaba explorando nuevas formas de representar el cuerpo, el movimiento y la vida moderna precisamente en los años en que Van Gogh desarrollaba su propio lenguaje artístico.

El Van Gogh Museum considera además que determinadas características de Degas, especialmente su forma de observar y construir las figuras, ayudan a comprender el contexto artístico en el que se desenvolvió Van Gogh. La adquisición de “Mujer bañándose” se incorporó precisamente a la colección del museo dentro de este interés por los contemporáneos y precursores de Van Gogh

En definitiva, “Mujer bañándose” puede entenderse como una de las manifestaciones de la transformación del desnudo femenino durante la segunda mitad del siglo XIX: de la mujer idealizada y mitológica a la mujer real, anónima y contemporánea.

Por Andrés Carranza Bencano