miércoles, 2 de agosto de 2023

 PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Hallux Valgus

El rapto de Proserpina. Rubens



Este cuadro forma parte de una series de pinturas que fueron encargadas a Rubens por Felipe IV, con la intermediación de su hermano el Cardenal Infante Don Fernando, gobernador de Flandes, para decorar la Torre de la Parada, casa de recreo situada en los montes del Pardo. En este gran proyecto también participaron otros artistas como Velázquez.

Fueron realizadas en torno a 1636 y 1638 y enviadas desde Amberes.

La mayor parte de las escenas se dedican a las pasiones de los dioses, según fueron descritas en las Metamorfosis del poeta romano Ovidio.

En este caso, Ceres (ver) (Deméter en la mitología griega), diosa de la agricultura, era hija de Saturno y Ops, hermana de Juno, Vesta, Neptuno, Plutón y Júpiter

Su hermano Júpiter, prendado de su belleza, engendró con ella a Proserpina (asimilada a Perséfone en la mitología griega).

También Neptuno se enamoró de ella, y Ceres para escapar de él se transformó en yegua, pero el dios se convirtió a su vez en caballo, y engendraron al caballo Arión.  

Plutón (Hades en la mitología griega) se enamora de Proserpina y decide raptarla, mientras recogía flores, para convertirla en su esposa. Ceres, desesperada por la pérdida de su hija, se dedica a buscarla y abandona su papel de diosa de la agricultura y la fertilidad, con lo que las cosechas empezaron a morir.

Por ello, Júpiter envía a Mercurio, como emisario, a convencer a Plutón de que liberara a Proserpina.  Plutón dio a comer la fruta de los muertos, sabiendo que quien la comían ya no podrían vivir entre los vivos.

Se llega al compromiso, de que Proserpina repartiría su tiempo entre ambos lugares, seis meses en el inframundo con Plutón como esposo y seis meses en el mundo de los vivos con su madre.

Por ello, los romanos creían que las cuatro estaciones del año eran consecuencia directa del rapto de Proserpina, de tal modo que durante los meses que Proserpina vivía en el inframundo, Ceres se sentía desconsolada y la tierra moría, perdiendo así su fertilidad, en otoño e invierno. Cuando Proserpina regresaba, Ceres se alegraba por la visita de su hija y la vida prosperaba, en primavera y verano.

Rubens elige el momento del rapto de Proserpina, en una obra de gran dramatismo y violencia en un ambiente de movimiento.

El grupo principal y central de la composición está formado por las figuras de Plutón y Proserpina y muestra una gran violencia por lo que el vestido de Proserpina se rasga y cae, dejándola prácticamente desnuda. 


En el lado izquierdo se muestra la gran oposición de las diosas Diana, Venus y Minerva de izquierda a derecha, de tal modo que Minerva sujeta el brazo Plutón que gira el rostro y la mira enfurecido.

Las diosas aparecen con gran sensualidad y siguiendo el canon de belleza de la época, reflejado siempre por Rubens, que nos muestra a mujeres gruesas, de piel clara y cabellos rubios. 


A la derecha aparece el carro tirado por dos briosos corceles negros y dos amorcillos o Cupidos, uno sostiene las riendas y el otro se dispone a azuzarlos con el látigo. 


En la parte superior, el paisaje es muy sencillo casi imperceptible y en la parte inferior de la composición destaca el cesto con flores que se le habría caído a Proserpina al ser sorprendida por el Dios de los Infiernos.



La figura de Plutón nos muestra a un hombre corpulento y musculoso y curiosamente, como en otras obras de Rubens, presentando una deformidad en Hallux Valgus de su pie. 


Hallux Valgus (Juanete)

domingo, 2 de julio de 2023

 TRAUMATOLOGÍA  

Muerte de Velarde el dos de mayo de 1808. Castellano, Manuel.

Muerte de Velarde el dos de mayo de 1808. Castellano, Manuel. 1860. Óleo sobre lienzo. 2,99 x 3,90 cm. Museo de Historia. Madrid


Este óleo obtuvo “la Medalla de la Tercera Clase” en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1862, y forma pareja con otro lienzo también perteneciente al Museo de Historia "Muerte de Daoíz y Defensa del Parque de Monteleón"  (ver).

Los dos cuadros reflejan la defensa del Parque de Artillería de Monteleón (ver), el día dos de mayo de 1808, durante la sublevación del pueblo madrileño contra los franceses, que daría origen a la Guerra de la Independencia. 


Detalle de la puerta del Parque de Artillería de Monteleón

La escena representa el interior del Parque de Monteleón con la iglesia de las Maravillas al fondo tras la tapia. 


Iglesia de las Maravillas

En el centro de la composición aparece el oficial  Velarde moribundo, sujeto por tres combatientes, rodeados por la lucha entre asaltantes y defensores.  


Muerte de Velarde

Los paisanos muestran las vestimentas y complementos típicos de la época: pantalones ajustados por debajo de la rodilla, fajín, chaquetilla corta abotonada y adornada con bordados (o chaleco), etc. 

Los cabellos solían ir recogidos con redecilla bordada negra a la cabeza, rematada por una borla o "madroño" en su extremo. 

Las armas utilizadas eran pequeñas armas de fuego o navajas y facas de uso cotidiano.


Detalle de un combatiente

Entre los franceses se identifica a la "Guardia Polaca", base del ejército polaco, que se integraron en el “Ejercito Imperial” cuando Francia invadió Polonia.


Detalle de soldados franceses

 TRAUMATOLOGÍA  

Muerte de Daoiz y Defensa del Parque de Monteleón. Castellanos, Manuel.

Muerte de Daoiz y Defensa del Parque de Monteleón. Castellanos, Manuel. 1862. Óleo sobre lienzo. 29,9 x 39 cm. Museo de Historia de Madrid

 

Manuel Castellano presentó este cuadro en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1862 y logró la “Medalla de Tercera Clase”.

El lienzo representa la defensa del Parque de Artillería de Monteleón (ver) que constituye uno de los momentos más importantes de la Guerra de la Independencia, protagonizada por un grupo de paisanos madrileños y los oficiales Luis Daoiz (ver) y Pedro Velarde, que se pusieron en rebeldía respecto a su mando jerárquico.  

En el centro de la composición se observa a Daoiz, arrodillado junto a una pieza de artillería, en el momento que es herido mortalmente por un soldado francés con una bayoneta.


Muerte de Daoiz

Velarde, se presenta moribundo y curiosamente en brazos de un oficial de la Guardia Polaca de Napoleón, y alarga su mano hacia Daoiz.


Muerte de Velarde

En el ángulo superior izquierdo, paisanos con diferentes vestimentas participando en la lucha.


Paisano sobre la tapia

Igualmente, en el ángulo inferior derecho se muestra la lucha entre paisanos y militares franceses.


Lucha de paisanos y militares

En el suelo yacen muertos y malheridos de ambos bandos.


Detalle de muertos y malheridos

Al fondo de la composición, la puerta del Parque de Artillería de Monteleón, envuelto en la polvareda de la lucha. 


Detalle de la puerta del cuartel

Comentarios extraídos del Catálogo de la exposición "Madrid 1808: Ciudad y Protagonistas".



 TRAUMATOLOGÍA  

La muerte de Daoiz en el Parque de Artillería de Moteleón. Alenza, Leonardo.

La muerte de Daoiz en el Parque de Artillería de Moteleón.Alenza, Leonardo. 1835. Óleo sobre lienzo. Museo del Romanticismo. 

Con este cuadro Alienza participó en la Exposición de la Real Academia de Bellas Artes de san Fernando en 1853, pero no obtuvo ningún premio ni obtuvo criticas favorables.

El cuadro nos muestra la defensa del Parque de Artillería de Monteleón (ver), frente al ejercito francés, por un grupo de paisanos madrileños y los oficiales Daoiz (ver) y Velarde, el día dos de mayo de 1808, durante la Guerra de la Independencia

Al fondo de la composición se presenta el Parque de Artillería y en primer plano la lucha de la multitud de personajes populares contra el ejército francés.

Destaca la figura del oficial Daoiz justo en el momento en que es herido mortalmente por la bayoneta de un Granadero francés. 


La muerte de Daoiz

En el centro del lienzo, la figura del general francés Lagrange portando una bandera blanca en su sable. Símbolo falso de tregua que le permitió terminar con el asedio al Parque de Artillería.


Detalle del general Lagrange

En el extremo izquierdo una figura femenina prende la mecha de un cañón. Se relaciona con Manuela Malasaña (ver) o Clara Del Rey, ambas heroínas y representantes de la participación de la mujer en la sublevación del pueblo madrileño contra el ejército invasor.


Detalle de la mujer y el cañón

Alienza se inspira en obras de Goya como “La carga de los mamelucos” (ver) y “Los fusilamientos de Príncipe Pío” (ver). 

sábado, 1 de julio de 2023

 TRAUMATOLOGÍA  

Dos de mayo. Defensa del Parque de Artillería de Monteleón. Sorolla y Bastida, Joaquín.


Esta obra fue presentada en la Exposición Nacional de 1884, obteniendo el segundo premio, lo que le permitió a Sorolla adquirir prestigio y reconocimiento, por lo que comentó: “Aquí, para darse a conocer y ganar medallas, hay que hacer muertos”.

El cuadro representa la defensa del Parque de Artillería de Monteleón, durante el levantamiento popular del 2 de mayo en Madrid, que dio origen a la Guerra de la Independencia.

El Parque de Artillería de Monteleón, se encontraba en el Palacio de Monteleón, situado en el barrio de Maravillas. Su solar corresponde a las actuales calles de Ruiz, Malasaña y de Monteleón (ver). 


Panorámica del cuartel de Monteleón y alrededores en la fecha de su derribo, 1868. La fotografía fue encargada por el alcalde de Madrid, Fernández de los Ríos. Después de las demoliciones se construiría la Plaza del Dos de Mayo (ver).


Arco de Monteleón y la calle Dos de Mayo en 1869,durante la I Republica (ver)

En esta defensa participaron hombres y mujeres de paisano junto a los oficiales Luis Daoiz y Pedro Velarde, que se pusieron en rebeldía respecto a su mando jerárquico. 

En la puerta del cuartel, Pedro Velarde, mortalmente herido, se apoya en la rueda de un cañón y Luis Daoiz (ver) se mantiene de pie, con su sable en la mano derecha y dirigiendo al frente su mano izquierda.


Detalle de Velarde y Daoiz

Destaca la expresividad de la cara de ambos oficiales mostrando su arrojo y valentía ante la evidencia de una derrota asegurada.


Detalle de Pedro Velarde

Detalle de Luis Daoiz

En el suelo se aprecian los cadáveres tanto de civiles como de militares.


Detalle de militares muertos que yacen en el suelo

Detalle de una mujer muerta en el suelo

Al fondo y a la izquierda de la composición, envueltos en la bruma y el humo de la batalla, salen de la puerta del cuartel una muchedumbre de hombres y mujeres dispuestos a enfrentarse a los franceses. Más de treinta personajes integran la escena cargada de realismo y profundo dramatismo, con expresiones en los rostros de miedo, dolor, valentía y arrojo. 

  

Detalle de la salida del cuartel

 TRAUMATOLOGÍA  

Malasaña. Álvarez Dumont, Eugenio.

La Guerra de la Independencia frente a los franceses se inicia el 2 de mayo de 1808, por la rebelión de los madrileños frente a la intención del general Murat de trasladar a Burdeos a los infantes María Luisa y Francisco de Paula, hijos de Carlos IV y María luisa de Parma.

Los paisanos, con armas improvisadas, intentaron detener la salida de Palacio de estos infantes, lo que provocó la reacción violenta de los franceses para sofocar esta insubordinación (ver).

Este cuadro ilustra el momento en que uno de estos guerrilleros, panadero de profesión, Juan de Malasaña Pérez, da muerte al Dragón francés que acaba de asesinar a su hija Manuela Malasaña Oñoro.

Manuela es de suponer que seguía el oficio de costurera de su madre y residía en la calle de San Andrés, en el barrio de Maravillas, hoy conocido como “Barrio de Malasaña”, en su honor, y cerca de la actual “Plaza del 2 de Mayo”, donde se encontraba el Parque de Artillería de Monteleón (ver), centro importante de la insurrección, y donde se realizaron los mayores combates contra los franceses, por un grupo de paisanos y los militares Pedro Velarde y Luis Daoiz (ver) que se pusieron en rebeldía respecto a su mando jerárquico.

La escena a que hace referencia el cuadro se sitúa en la esquina de la actual calle Daoiz con San Bernardo, frente a la Iglesia de Monserrat, y bajo un balcón con bellas macetas y un farol.

El padre de Manuela se abalanza sobre el soldado francés a caballo y le clava su “faca” en el costado.  


Detalle de la lucha entre Juan de Malasaña y el Granadero francés

El Dragón francés intenta defenderse clavando las uñas en los ojos de Juan y refleja en su cara el terror de la muerte, con los ojos desorbitados.


Detalle de la lucha entre Juan de Malasaña y el Granadero francés

Destaca en primer plano la figura del caballo montado por el gabacho, con aspecto abatido, el ojo extremadamente abierto y la lengua fuera de la boca, como signo de su agonía. 


Detalle de la cabeza del caballo

A los pies del caballo yace muerta Manuela junto a su fusil. 


La muerte de Manuela Malasaña

Detrás puede verse a un caballo muerto al lado de una tapa de alcantarilla. 


Detalle del caballo muerto

Al fondo, en un ambiente polvoriento, se representa una carga de la caballería francesa. 

 

Carga de la caballería francesa

Hay dos versiones sobre la muerte de Manuela Malasaña. 

Una versión la atribuye a ser detenida por una patrulla francesa portando unas tijeras con las que las modistas se enfrentaba a los franceses, matando a sus caballos. 

Una segunda versión atribuye su muerte a ser alcanzada por un disparo, en el Parque de Artillería de Monteleón donde, junto a su padre, defendía esta plaza con paisanos y militares.

Fue enterrada en el Hospital de Buena Dicha, actualmente reconvertida en Iglesia, junto a Clara del Rey Calvo, que igualmente murió heroicamente, con Luis Daoiz (ver) y Pedro Valverde, en la defensa del Parque de Artillería de Monteleón. 

viernes, 30 de junio de 2023

 TRAUMATOLOGÍA  

El dos de mayo de 1808. La carga de los mamelucos. Francisco de Goya.

El 2 de mayo de 1808. La carga de los mamelucos. Francisco de Goya y Lucientes. 1814. Óleo sobre lienzo. 268,5 x 347,5 cm. Museo Nacional del Prado


Las tropas francesas de napoleón entraron en España el 27 de octubre de 1807 y llegaron a Madrid el 23 de marzo de 1808.

El rey Carlos IV abdica a favor de Fernando VII y ambos parten hacia Bayona el 10 de abril, donde Napoleón culmina la “farsa de Bayona” coronando a su hermano José Napoleón, apodado Pepe Botella por su afición al buen vino.

El rey Fernando había designado, en su ausencia, una Junta Suprema de Gobierno presidida por el infante Antonio Pascual de Borbón, pero quien realmente controlaba Madrid eran diez mil soldados franceses apoyados por otros 4.000 acampados en los alrededores.

El 27 de abril el general Murat exigió a la Junta Suprema de Gobierno la entrega de los dos Infantes, hijos de Carlos IV y María Luisa, que quedaban fuera de la custodia francesa, María Luisa y Francisco de Paula.

La mañana del 2 de mayo, los madrileños, con armas improvisadas, intentaron detener la salida de Palacio de estos infantes y su traslado a Burdeos.

Joaquín Murat, que estaba al mando de los franceses, ordenó al General Joseph Lagrange que sofocara la insubordinación, provocando la muerte de la multitud congregada en la zona del Palacio Real.

La noche del 3 de mayo de 1808, a las cuatro de la madrugada, los franceses fusilaron a los detenidos tras el alzamiento del día anterior.  En grupos, los condenados fueron enviados, para su inmediata ejecución, a distintos lugares de Madrid, como el Paseo del Prado, la Puerta del Sol, la Puerta de Alcalá, el portillo de Recoletos y la montaña del Príncipe Pío.  

La oleada de protestas que se extendió por todo el país desembocó en la Guerra de la Independencia, que se alargaría durante seis años.

Finalizada la Guerra de la Independencia, por el tratado de Valençay, entre febrero y marzo de 1814, el consejo de la Regencia, presidida por el infante Don Luis María de Borbón y Villabriga, las Cortes y el Ayuntamiento de Madrid comenzaron la preparación de los actos para la entrada del Rey, haciéndolo coincidir con la conmemoración del alzamiento del pueblo de Madrid contra los franceses del 2 de mayo de 1808.

El 11 de mayo, dos días antes de su entrada en Madrid, Fernando VII detuvo a los ministros del gobierno de la Regencia, desterró a Toledo al Infante, abolió la Constitución e instauró un régimen absolutista

Existen cuatro momentos muy importantes en la insurrección del 2 de mayo de 1808.

El primero fue el ataque del pueblo a las carrozas que se llevaban a los infantes hacia Burdeos.

El segundo fue los enfrentamientos en la calle entre el pueblo y los franceses y la consiguiente reacción violenta por parte del ejército francés (ver).

El tercer episodio lo constituye la defensa heroica del parque de Artillería (ver) por parte de Daoiz (ver) y Velarde.

Y finalmente, el fusilamiento en la madrugada del 3 de mayo (ver).

Sobre estos hechos del 2 de mayo de 1808 Goya pintó dos cuadros, pero entre los expertos no hay acuerdo si son un encargo del Consejo de Regencia o si el trabajo fue propuesto por el propio Goya.

Por un lado, en un escrito de 24 de febrero de 1814, Goya exponía al Consejo de Regencia del Reino “sus ardientes deseos de perpetuar por medio del pincel las más notables y heroicas acciones o escenas de nuestra gloriosa insurrección contra el tirado de Europa”, y el Ministerio de la Gobernación aceptó dicha propuesta por “la grande importancia de tan loable empresa y la notoria capacidad del dicho profesor para desempeñarla”, y acordó costearla con cargo a la Tesorería Mayor.

Sin embargo, ni los documentos ni los monumentos efímeros de las calles de Madrid recogen las pinturas de Goya, que fueron instaladas directamente en el Palacio Real, por lo que se puede intuir que fueron un encargo de la Regencia, continuado posteriormente por Fernando VII.

Desde las colecciones reales, los cuadros pasaron al Museo Nacional del Prado en 1834, pero no se expusieron hasta 1868.

Durante la Guerra Civil, en un traslado a Valencia en camión, a la altura de Benicarló, sufrió un impacto, con los consiguientes desgarros que fueron reparados provisionalmente en el castillo de Peralada. En estudios posteriores se descubrió que la obra tenía la inscripción “2 de mayo” en el cielo, que fue eliminada con disolventes antes de 1890.  Las restauraciones realizadas entre 2007 y 2008 han devuelto al cuadro su belleza original.

La carga de los mamelucos representa la violencia de la lucha callejera del pueblo de Madrid y las tropas de Murat en la mañana del dos de mayo.

Goya representa a los cuatro cuerpos del ejército francés, los mamelucos junto a Dragones, Marineros de Línea y Granaderos de la Guardia Imperial. Entre los españoles, Goya no solo representa al pueblo madrileño sino a algunos elementos de otras regiones.

Destaca la presencia de los mamelucos, guerreros crueles, con turbantes y cimitarras, caballeros legendarios que se labraron su reputación de grandes guerreros durante los inicios del islam, como esclavos, y que llegaron a ser los señores de Egipto durante siglos. 


Detalle de dos guerreros mamelucos

La composición se centra en el gran escorzo del mameluco muerto, pero sin estar totalmente descabalgado de su caballo blanco, mientras un español lo sigue apuñalándolo, y otro le clava una barra al caballo, haciéndole sangrar. 

 

Detalle del eje central de la composición

En el ángulo superior izquierdo destaca un español con atuendo valenciano, si atendemos a su  calzón y fajín, que salta sobre el cuello de un mameluco. 


Detalle del valenciano

En el suelo yacen muerto tanto soldados como paisanos. 

Detalle de los muertos en el suelo

Los caballos miran al espectador con sensación de pavor.


Detalle de los caballos

En el fondo de la composición destacan imágenes arquitectónicas y son múltiples las interpretaciones sobre el lugar en que Goya sitúa la escena, tales como la Puerta del Sol, la plaza de la Cebada, la calle Mayor, la calle de Carretas con la Iglesia del Buen Suceso y la Casa de Correos, la calle Nueva con el Palacio Real a la derecha y la cúpula de san Francisco el Grande a la izquierda. 

Detalles arquitectónicos de la situación de la escena

Los mamelucos eran originarios de los pueblos turco-mongoles y circasianos y se asentaban en la actual Ucrania y el Cáucaso. Su denominación procedía de la palabra árabe “mamluk” que significa “poseído”, porque eran capturados y llevados a Egipto como esclavos.

Recibían una educación rigurosa, con estudio del Corán, la “Shaira”, equitación, lucha y lealtad a su amo.  

Ilustración de un sultán mameluco de la dinastía Bahrit. | Shutterstock


A partir del siglo IX, el califato “abasí” incorporó a los mamelucos al conjunto de sus tropas y se convirtieron en el corazón del ejercito de la dinastía “ayubi”, y en 1250 derrocaron a esta dinastía y tomaron el poder en Egipto.

En el siglo XIV la dinastía mameluca entró en decadencia por la hambruna y la peste negra, así como el atraso tecnológico en relación con las armas de fuego, por lo que fueron derrotados por los otomanos en 1517.

Napoleón Bonaparte en la batalla de las Pirámides comprobó su capacidad guerrera por lo que creó un regimiento de caballeros mamelucos dentro de su Guardia Imperial.