domingo, 21 de enero de 2024

 PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Alteraciones de los dedos

Flagelación de San Jerónimo. Juan de Valdés Leal.

Flagelación de San Jerónimo. Juan de Valdés Leal. 1657. Óleo sobre lienzo. 223,50 x 245,50 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Sala VIII. Procede del Monasterio de San Jerónimo de Buenavista de Sevilla


La pintura forma parte de la serie de seis escenas que ilustraban pasajes de la vida de san Jerónimo (ver) realizadas por Valdés Leal para la sacristía del convento de San Jerónimo de Buenavista de Sevilla.

Tras la desamortización de 1835 pasó a formar parte de la colección del Museo de Bellas Artes de Sevilla junto con el Bautismo de san Jerónimo y Las tentaciones de san Jerónimo, más seis de las doce representaciones de destacados santos y frailes de la orden que completaban este ciclo pictórico, hoy disperso en varios museos y colecciones privadas.

La iconografía de este capítulo de la vida de san Jerónimo fue descrita en una carta que dirigió a su discípula santa Eustoquio. En ella relata la visión de ser llevado en espíritu ante el tribunal de Dios por haber preferido la lectura de autores latinos como Tulio o Cicerón a los textos sagrados, su arrepentimiento y el severo castigo de su flagelación infligido por unos ángeles.

En el área superior dela composición se presenta la atmósfera luminosa y etérea del espacio celestial y las figuras evanescentes de Cristo, la Virgen y san Juan Bautista. 


Cristo, la Virgen y san Juan Bautista en la parte superior de la composición

Se contraponen las figuras situadas en el plano terrenal, a contraluz, sólidas y contundentes.

En primer plano, aparece el ángel que flagela al santo, vuelto de espaldas, gira sobre sí mismo con las alas extendidas para impulsar los flagelos que azotarán al santo. 

Detalle del ángel con el flagelo

El Santo está representado en un segundo plano, en posición de genuflexión esperando el castigo.

Detalle del Santo arrodillado

A su derecha otro ángel ha detenido el castigo y parece solicitar su perdón al grupo celestial. 

Detalle del segundo ángel

Destaca la posición en hiperflexión de los dedos de la pierna izquierda arrodillada.

Detalle de los dedos

viernes, 19 de enero de 2024

 PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Alteraciones de los dedos

San Jerónimo  Penitente. Pietro Torrigiano.

San Jerónimo. Pietro Torrigiano. Hacia 1525. Barro cocido y policromado.224 x 126 x 160 cm. Museo de Bellas Artes. Sala II. Sevilla


Obra realizada por encargo de la comunidad del monasterio de san Jerónimo de Buenavista (Sevilla).

Según su biógrafo Vasari, el escultor (ver) tomó como modelo un viejo criado de los comerciantes florentinos Botti, afincados en Sevilla.

La escultura presenta una anatomía perfecta del cuerpo de un anciano, realizada en tamaño mayor del natural. 

San Jerónimo. Pietro Torrigiano. Hacia 1525. Barro cocido y policromado.224 x 126 x 160 cm. Museo de Bellas Artes. Sala II. Sevilla

Impresiona la expresividad de su magnífica cabeza.

Detalle de la cabeza

El santo (ver) dirige la mirada hacia la cruz que porta con su mano izquierda, símbolo del sacrificio de Jesús de Nazaret para la redención de los hombres.

Detalle de la Cruz en la mano izquierda

En la mano derecha lleva una piedra que le servía para martirizarse, a golpes en el pecho, por sus pecados.

Detalle de la piedra en la mano derecha

Tenía un sueño que le martirizaba, pues se trataba de mujeres desnudas que bailaban en su entorno.

Un paño le cubre la parte inferior del cuerpo desde las caderas, dejando ver la pierna derecha.

La rodilla derecha está flexionada a 90º con el pie en apoyo plantígrado.

La rodilla izquierda descansa en tierra y destaca la posición del pie con una gran flexión de las articulaciones meta-tarsofalangicas, especialmente la del dedo gordo.

Visión externa del pie izquierdo

Visión interna del pie izquierdo

Torrigiano sentó un precedente con esta imagen, pues esta iconografía del santo ha sido repetida, a partir de entonces, por numerosos autores. 

PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Pie egipcio

El vendedor de bebidas. Pedro Núñez de Villavicencio.


Vendedor de bebidas. Núñez de Villavicencio, Pedro. 1694. Óleo sobre lienzo. 1,60 x 0,89 cm. Museo de Bellas Artes. Sevilla. Sala VI


La pintura nos muestra un joven pobremente vestido que se arrodilla para servir una bebida, posiblemente la popular aloja, de una vasija de metal al vaso de cristal de una niña que le entrega una moneda y dirige su mirada al espectador.

La vestimenta de este segundo personaje, más rica y cuidada, nos habla de una clase social superior.

Detalle de la cara del vendedor

Detalle de la cara del comprador

Detalle del vaso

Detalle de la moneda

El pintor (ver) realiza un retrato realista de lo cotidiano, plasmado en una venta ambulante de bebida. Sigue así la estela de su maestro Murillo, que realiza escenas de genero de alto contenido moralizante y de crítica social, principalmente por encargo de la clientela flamenca residente en Sevilla.

Pedro Núñez de Villavicencio ubica la escena en un exterior natural indeterminado lejos de los ambientes tenebristas de Caravaggio, de Velázquez o de Herrera el Viejo.

Detalle el pie del vendedor

Destaca, en primer plano, el pie desnudo del vendedor con la morfología del antepie de tipo egipcio, con el primer dedo más largo que el segundo

Esquema de la morfología del antepie


jueves, 18 de enero de 2024

 PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Pie griego

Dan Ramón Nonato. Juan de Mesa. 


San ramón Nonato. Juan de Mesa. 1626. Busto redondo de madera de cedro tallada y policromada. 178 cm de alto. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Sala X


Según la leyenda nació en Portel (Cataluña) el 2/2/1200, fruto de un embarazo muy esperado, pero murió su madre y su cuerpo fue encontrado por el vizconde de Cardona, Ramón Folch, quien practicó una cesárea con su propia daga, lo que salvaría la vida del niño, de ahí el apelativo de Nonato y el conde lo acogió como ahijado.

A los 20 años ingresó en la orden de los mercedarios, dedicada al rescate de cautivos. En 1236, en Argelia, se quedó como rehén de piratas berberiscos, viviendo como un cautivo, mientras sus compañeros conseguían el dinero para el rescate. Durante su cautiverio siguió predicando el Evangelio a sus compañeros y también a sus captores, por lo que lo martirizaron atravesando sus labios con un hierro al rojo para colocarle un candado en la boca, a pesar de lo cual seguía predicando.

Por todo ello, es considerado como protector particular de las mujeres embarazadas e incluso de las comadronas y de los recién nacidos y es invocado para facilitar los partos y para prevenir la fiebre puerperal. A causa de su cautiverio en Argel, también era protector de los esclavos.

Tres años después de ser liberado, fue elegido cardenal de la Iglesia por el papa Gregorio IX en 1239, con el título de San Esteban, pero falleció, a los cuarenta años en Cardona, antes de ser oficialmente revestido de cardenal y de recibir el capelo. En su lecho de agonía habría recibido la comunión de manos de Cristo o de un ángel.

Esta escultura del Museo de Bellas Artes corresponde a la etapa de madurez de Juan de Mesa (ver).

Es una imagen tallada y policromada, que fue contratada en septiembre de 1626. Un año antes de la muerte del escultor, por Fray Juan de San Ramón, recoleto descalzo de la Merced, para su iglesia hispalense de San José.

La figura del santo responde a todos y cada uno de los términos especificados en el contrato: “juan de mesa escultor otorgo que soy conbenido con el padre frai juan de san ramon rrecoleto descalzo de la horden de nuestra señora de las mercedes redención de cautibos probincial de la probincia de andalucia de la dicha horden rresidente en esta ciudad de seuilla en tal manera que yo e de ser obligado y me obligo de hazer un san rramon que tenga siete quartas y media de alto de cedro y la peana con sus agallones y el dicho santo a de tener en la mano yzquierda un libro y en la derecha que pueda tener un sol o una custodia y mas a de tener un candado en la boca y un capelo de cardenal y encima del abito una como muceta de cardenal abierta por delante un poco que descubra el abito con sus botones y los pies descalzos con sus cendalias”.

Y efectivamente, es madera de cedro, de siete cuartas y media de altura, con peana agallonada. El santo es representado con el hábito de la Merced calzada, Orden a la que perteneció, muceta y capelo cardenalicio, portando en su mano izquierda un libro y en la derecha una custodia. Y un candado en la boca como símbolo parlante del santo.

Presenta una gran fuerza expresiva de su recia testa, con amplia barba y abundante cerco clerical.

Detalle del libro de la mano izquierda

Detalle de la mano derecha en que falta la custodia

Detalle frontal de la cara con el candado en la boca

Detalle de perfil de la cara con el candado en la boca

Destaca la morfología de su ante pie que corresponde claramente a un tipo de pie griego con el primer dedo más corto que el segundo.

Detalle del pie derecho

Esquema de la morfología del antepie

lunes, 15 de enero de 2024

 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Cristo del Coral. Iglesia-Convento de santa Paula. 

En el muro de la epístola de la Iglesia de santa Paula, se presenta un retablo realizado por Felipe de Ribas en 1638, coronado por un relieve del Descenso de Cristo al Limbo.

Ático del retablo con un relieve de Cristo

Este retablo acoge la imagen de un Crucificado tardomedieval, el llamado Crucificado del Coral, talla atribuida a Pedro Millán (ver), el autor local que continuó la estética gótica francesa de Lorenzo Mercadante de Bretaña en la transición entre los siglos XV y XVI.

Retablo del Crucificado del Coral

El espacio donde se cobija, con una protección a modo de vitrina, se realizó sobre el Crucificado, lo que imposibilita cualquier tipo de movimiento o traslado.

El crucificado esta flanqueado por pequeñas tallas del siglo XVIII de la Virgen y San Juan.

Hornacina del "Crucificado del Coral" flanqueado por la Virgen y san Juan

Es obra de talla completa en madera, algo poco habitual en Pedro Millán, acostumbrado al modelado del barro.

Presenta todas las características de otros crucificados del autor (ver)

Un Crucificado muerto, con la cabeza dirigida hacia abajo y a la derecha. Con la corona de espinas trenzada y tallada sobre la misma cabeza. 

Un tórax muy abultado con unas costillas muy marcadas. 

Detalle del rostro

El paño de pureza está recogido sobre las rodillas. Con abundante sangre en la llaga de su costado que llega hasta el sudario. 

Fijado a una cruz plana y cepillada, con tres clavos, el pie derecho sobre el izquierdo. 

Detalle del paño de pureza
Detalle de los pies

La advocación de “Cristo del Coral” se debe a una leyenda que actualmente permanece escrita en el dorso de un cuadro que recoge un rosario de coral: “Se presentaron un día en este Monasterio de Santa Paula dos jóvenes y dejaron en depósito un hermoso cajón cerrado. Pasaban años y años y jamás volvieron los conductores a recoger su tesoro. Entonces las religiosas determinaron abrirlo, quedando gustosamente sorprendidas al descubrir la santa Imagen de Jesús Crucificado que se venera en este Altar y juntamente estos Corales. Por este motivo se titula el Señor de los Corales, que con el paso del tiempo ha quedado reducido a “Coral”.

La devoción al crucificado, ya establecido en Santa Paula, quedó reflejada en las Religiosas estaciones que frecuenta la religiosidad sevillana del abad Gordillo (ver), en 1612, afirmando que quienes acudían rezaban treinta y tres Padrenuestros y un Ave María o el mismo número de Credos. 

Además, desde la puerta de la iglesia hasta el retablo en el que se encuentra esta talla acudían de rodillas, celebrando el último viernes misa en el altar. 

Incluso el abad Gordillo habla de un ramo de coral que estaba a los pies del Cristo y que fue depositado por una mujer cuyo marido se encontraba en el Nuevo Mundo:

“Es también grandemente devota la oración y estación que se hace delante de una imagen de Cristo Nuestro Señor que está en la iglesia del insigne convento de Santa Paula del orden de San, en especial los que pretenden tener estado para salvarse, y los que tienen falta de salud, o desean el buen suceso de personas ausentes y su venida con prosperidad. Hacen esta estación en cinco días de viernes, y se ponen en pie en su presencia y allí rezan treinta y tres Padrenuestros y un Avemaría, en memoria de los años que Jesucristo Señor Nuestro converso en este mundo, o treinta y tres Credos ofrecidos a su Gloriosa Pasión. Y los que van afligidos por muestra de mayor humildad, suelen desde la entrada de la puerta de la Iglesia, hasta el Altar donde la Santa Imagen está ir de rodillas, y el último viernes hacer celebrar una Misa en su Altar donde ponen para ello dos candelas que hasta que se consumen se quedan allí. Hánse visto de esta devoción grandes milagros y en su particular el que se manifiesta con un ramo de coral que está en los pies de la Santa Imagen, de un hombre que estando en las Indias y haciendo su mujer la referida Estación, le trajo Dios a su casa quando menos pensaba movido a ello en el tiempo que por el se hacia la Estación de la Imagen del Santo Cristo”.

Detalle del crucificado

La imagen de este Crucificado se relaciona con los orígenes de la hermandad de Montesión, que en su origen fue de las denominadas de “Luz”, sobre cuyos inicios hay numerosas lagunas y versiones, que pueden ser complementarias en la pertenencia de la imagen.

Una de ellas afirma que la hermandad se fundó en el hospital de las Cinco Llagas, por barqueros y gentes del río que ya tenían una congregación y capilla propia en el convento del Carmen de Belén (actual zona Norte de la Alameda).

La segunda es defendida por el historiador y hermano mayor Hilario Arenas con alusión a la carta de hermanamiento con el convento de las jerónimas conservada en la hermandad, en cuyos cabildos de los días 3 y 7 de Abril de 1591 se dice: 

“En Monte-Sión, Domingo de Ramos siete días del mes de abril de mil quinientos y noventa y un años, estando juntos como lo han de costumbre los alcaldes y hermanos de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario , se acordó y trató las cosas siguientes: Este día se trajo de las señoras monjas de Santa Paula, nuestras hermanas, una alcancía en que se hallaron setenta reales y más veinte y dos libras de cera nueva en candelas y más unas potencias de plata con piedras engastadas en ellas para el Cristo Crucificado que es nuestro y está en el dicho convento de las señoras monjas”.

La teoría de Joaquín Rodríguez Mateos insiste en el origen de la corporación en torno a la orden dominica y a la fundación del convento de Montesión, versión que no elimina la vinculación de la talla a la hermandad. De hecho, consta la presencia del culto al Crucificado en los primeros documentos de la hermandad, con la advocación de la Salud. La primitiva imagen hoy conservada en Santa Paula fue probablemente sustituida por la donación de una hermana que residía en el Nuevo Mundo, una imagen de origen indiano, que tuvo altar propio en la capilla y que desapareció en el asalto a la capilla en julio de 1936.

Cristo de la Salud de Ortega Bru

Después, en 1954 llegaría el actual Cristo de la Salud de Monte-Sión (ver), obra de Luis Ortega Bru (ver), inspirado en el Cristo de la Conversión del Buen Ladrón, de Montserrat. 

Este segundo crucificado presidiría el altar mayor hasta 1605, cuando se acordó que la imagen de la Virgen presidiera este espacio, pasando el crucificado a ocupar el altar que se encuentra a la izquierda. 

El crucificado haría estación de penitencia hasta 1668, cuando el 15 de abril de aquel año se acordó suprimir este paso, ya que “dijo Don Francisco Lobo Santaella que el paso del Santo Cristo Crucificado que se lleva en la estación, que es imperfecto, y que no es menester más que el paso de la Oración del Huerto, por ser el primero de los cinco misterios dolorosos del Rosario, y el paso de Nuestra Señora, y que así si les parecía se vendiese. A que determinaron los señores alcaldes y mandaron se venda. Y se da poder al dicho mayordomo Don Francisco Lobo Santaella para que disponga de él y el dinero entre y se le dé a Bernardo Simón, maestro de ensambladura, para ayuda de un paso que está haciendo de la Oración del Huerto. Y así lo acordaron los señores alcaldes…”.

 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Cristo de la Reja. Pedro Millán. Segura de León. Badajoz.

Altar del Cristo de la Reja. Pedro Millán. Segura de León. Badajoz.

Es datada a principios del s. XVI por el imaginero sevillano Pedro Millán. Sus medidas son de 1,80 metros de alto por 1,82 de extensión en los brazos.

Presenta gran semejanza con el Cristo del Buen Fin (VER), del mismo autor, de la Iglesia de la Consolación del Pedroso en Sevilla.

Cristo de la Reja

Su nombre se debe a que una leyenda cuenta que un crucifijo fue encontrado por un labrador cuando araba en ese lugar con la reja de su arado y que esa pequeña imagen la lleva dentro este Cristo.

El Cristo de la Reja es la principal seña de identidad religiosa de la población, alimentada por la fama de sus milagros y da pie a la celebración de las “Capeas” o “Fiestas Mayores de Segura”.

La cabeza está inclinada hacia la derecha, sus ojos están entornados, la boca aparece entreabierta y su nariz es prominente.


 

EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Cristo del Buen Fin. Pedro Millán. Iglesia de Consolación. El Pedroso. Sevilla 

Cristo del Buen Fin. Pedro Millán. Iglesia de la Consolación del Pedroso. Sevilla


La imagen del Cristo del Buen Fin está realizada en madera de álamo policromada y representa a Jesús Crucificado muerto, de tamaño natural. Es obra atribuida con mucho fundamento al escultor Pedro Millán, fechable hacia 1490, y que se puede relacionar perfectamente con la estética tardogótica de tradición borgoñona o flamenca. El autor sigue el prototipo establecido por Van der Weyden en la representación de Cristo en la cruz.

Cristo del Buen Fin.

La cabeza está inclinada hacia la derecha, sus ojos están entornados, la boca aparece entreabierta y su nariz es prominente.

La corona de espinas es color verde y aparece como una trenza compacta.

El pelo cae sobre el pecho por el lado derecho, mientras que por el izquierdo se recoge hacia atrás.  

El rostro, no está exento de dramatismo, transmite una gran humildad y mansedumbre, recordándonos los pasajes del Siervo de Isaías (53,7): “como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca”.


Detalle de la cabeza

Destaca el tratamiento de su anatomía estilizada, que presenta las costillas muy prominentes, el vientre algo abultado y el característico rehundimiento epigástrico que comparten todos los crucificados del círculo de Pedro Millán.

Detalle de las costillas prominentes, el epigastrio hundido y el vientre abultado

El paño de pureza presenta numerosos pliegues y recuerda los representados en la pintura flamenca, presentando además en las vueltas que dejan ver dichos pliegues un rico estofado en oro. Es un gran "perizoma" que cubre ambas caderas y muestra la sangre que cae desde el costado.

Detalle del paño de pureza o perizoma

Tiene los brazos prácticamente en horizontal, por lo que presenta una composición en forma de T, y está unido a la cruz por tres clavos, el pie derecho sobre el izquierdo.

Detalle de la horizontalización de los brazos

Detalle de los pies con un solo clavo y el pie derecho sobre el izquierdo