EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA
Crucificados menores. Iglesia de Capuchinos III.
EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA
Santísimo Cristo de Buena Muerte. Iglesia de san Andrés.
A los pies de la nave del Evangelio. El retablo está compuesto de tres cuerpos,
un banco (que ha sido realizado de nueva factura por haber desaparecido el
antiguo de cerámica), un cuerpo central que acoge al Crucificado y a los lados dos
imágenes de santos, y un ático con un motivo central que presenta el escudo de
San Juan de Ribera.
La imagen crucífera se cree que es del siglo XVII, aunque se desconoce su autor.
Realizado
probablemente en pino de Flandes. Presenta unas dimensiones muy inferiores a la
talla denominada de escuela, de estilo barroco sevillano.
Esta imagen se mantuvo en cesión
durante un periodo de unos años a la Hermandad de San Juan de Ávila, con motivo
de presidir el Altar Mayor de la misma, en el barrio sevillano de El Porvenir.
Se trata de un cristo muerto con el rostro caído hacia el lado derecho, con mechón de pelo o bucle hacía mismo lado que la cabeza. Corona de espinas tallada.
Detalle del rostro
Sujetos los brazos mediante clavos en las palmas de las
manos. Con llaga en costado derecho. Amplio paño de pureza que cubre totalmente
ambas caderas.
Los pies
fijados con un solo clavo con el pie derecho sobre el izquierdo.
Visión lateral de los pies
EL PIE Y LA PIEDAD EN SEVILLA
Santísimo Cristo de la Caridad. Hermandad de Santa Marta. Iglesia de San Andrés. Luis Ortega Bru.
El Santísimo Cristo de la Caridad, forma parte del magnífico
misterio del Traslado del Señor al Sepulcro, obra del imaginero del siglo
XX, Ortega Bru (ver),
en 1953.
Grupo escultórico del Traslado
del Señor al Sepulcro, con José de Arimatea, Nicodemo y María Magdalena
El santísimo Cristo de la Caridad es
una efigie yacente, realizada en madera de ciprés policromada, a partir de un
modelo de barro en tamaño natural, que se conserva en las dependencias de la
hermandad.
Captura
un momento de profundo dolor y compasión, representando a Cristo siendo llevado
al sepulcro por los santos varones.
La
imagen destaca por su expresividad y realismo, especialmente en el rostro y cabeza de Cristo, libre de la corona de espinas,
con una amplia cabellera de raíz clásica que enmarca al sobrecogedor rostro, en
el que se destacan los rasgos de la muerte trágica y cercana, que
resaltan el dramatismo del momento.
Detalle de la cabeza y rostro en visión lateral
El cuerpo presenta un notable
movimiento, flexionándose en ángulo tanto por la cintura como por las rodillas,
para ser llevado sobre una sábana por los Santos Varones hacia el Sepulcro,
formando un dinámico grupo diagonal de izquierda a derecha.
Visión lateral izquierda
Es de destacar,
junto a la admirable anatomía, el magistral brazo derecho desprendido y un breve perizoma que deja al descubierto toda la cadera derecha.
Visión lateral derecha
Visión frontal
Destaca, igualmente la posición de los pies con la
ulcera correspondiente a los clavos extraídos, pero manteniendo el pie derecho
sobre el izquierdo.
Visión frontal de los pies
Visión lateral de los pies
En el
año 1977, el propio Ortega Bru llevó a cabo una restauración
intensa de la imagen, mejorando la policromía y añadiendo
detalles como tallar las llagas, que anteriormente solo estaban pintadas.
Esta
intervención dotó al Santísimo Cristo de la Caridad de una mayor riqueza en
detalles, como la sangre que brota de sus heridas, logrando un realismo aún más
impactante.
En este sentido, se dice que la talla del Cristo de la
Caridad, fue enriquecida en su policromía por la propia sangre de su escultor.
La imagen ha sido objeto
de otras restauraciones, como la realizada en el año 2000 por el taller Serbal y
en 2006, por Pedro Manzano Beltrán que llevó a cabo una restauración integral.
Dentro de las curiosidades de este
paso de misterio, destaca la rosa que hay bajo la mano derecha del Cristo de la
Caridad, que
resalta entre los lirios morados.
La historia de esta rosa se remonta a la segunda mitad del siglo
XX y podría relacionarse simbólicamente con “la
última gota de sangre del Señor que hizo que brotase la rosa”.
Pero,
la realidad es que, a principios de los años 70, coincidiendo con la etapa de
Gabilondo como director de Radio Sevilla, la cadena, para la que trabajaba el
periodista, envió un Lunes Santo una rosa a cada una de las hermandades de la
Semana Santa.
Manuel Otero Luna, hermano mayor, se acordó de que la esposa de Gabilondo estaba muy enferma, y pensó agradecer el detalle colocando la flor lo más cerca posible del Señor. Paco Cabello, prioste segundo, decidió colocar esa rosa roja debajo de la mano derecha del Cristo de la Caridad y, desde entonces, cada Lunes Santo, la hermandad procesiona con ella en su misterio.
Por Andrés Carranza Bencano
EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA
MILAGROS
Las bodas de Caná. Juan de Valdés Leal
Las
bodas de Caná. Valdés Leal, Juan de. 1661. Óleo sobre lienzo. 107 x 80 cm. Museo
de Bellas Artes de Sevilla. Sala VIII. Adquisición del Estado en 2013
En esta obra se recoge un pasaje del Evangelio de San
Juan (Juan 2: 1-11), en que se narra el milagro acaecido en una boda a la que
fueron invitados la Virgen, Jesús y sus discípulos, pero sin san José (lo cual
permite suponer que ya estaba muerto), y en la que Cristo, ante la falta de
vino, pidió que se llenaran seis tinajas de agua que cuando se vertieron
quedaron convertidas en vino.
Resulta verosímil que las hidrias,
donde se consumó el milagro de la transustanciación del agua en vino, no fueran
más que modestas jarras de arcilla porosa, aunque San Juan hable de “Seis
tinajas de piedra para las purificaciones de los judíos”.
La transustanciación del agua en vino es considerada
como la figura de la Eucaristía, de tal modo que el cambiar el agua por vino,
debe entenderse como que Jesús sustituye con el vino del Evangelio el agua de
la Antigua Ley, cambia la Iglesia por la Sinagoga.
Las seis tinajas simbolizan las seis
épocas de la historia del mundo que precedieron al advenimiento de Cristo, representadas
por Adán, Noé, Abraham, David, Jeconías y San Juan Bautista. Así como, las seis
épocas de la historia del mundo y las seis edades de la vida: Infantia,
Pueritia, Adolescentia, Juventus, Virilitas, Senectus.
Detalle del cuadro sin marco
Valdés ambienta la
escena en un interior arquitectónico de resonancias clásicas y articula la
composición en planos que se desarrollan en profundidad y en altura.
Sitúa las
figuras principales en el plano intermedio, pero concede mucha importancia a
los sirvientes que, en primer término y con forzados escorzos, están siguiendo
las indicaciones de Jesús.
Detalle
de Jesús y la Virgen
Sustituye las tinajas de piedra del
relato de san Juan por lujosos jarros de metal dorado repujado.
Detalle
del niño
Las dos figuras masculinas con turbante que conversan
entre sí recuerdan a las que aparecen en la obra Jesús disputando con los
Doctores en el Templo (ver).
Detalle
de los dos personajes con turbantes
Los esposos tienen una corona en la cabeza, de acuerdo
con el rito nupcial de la Iglesia griega.
Detalle de la Virgen y de los esposos