sábado, 6 de mayo de 2023

 ANESTESIOLOGIA. CUIDADOS INTENSIVOS

Hombre operado (peligro de muerte). Antonio López García.

Hombre operado (en peligro de muerte). Antonio López. Lápiz sobre papel. 42,5 x 51 cm. Colección privada.


Este dibujo fue realizado tras la visita del pintor a un amigo recién operado y posteriormente, utilizó un modelo profesional y se asesoró de un amigo médico.

Nos presenta a un paciente inconsciente, un cuerpo desnudo, solo, aislado, en una cama de una posible UCI.

Se vislumbra el soporte vital con un tubo traqueal de respiración asistida por la boca, un cable negro sobre el hombro derecho, una sonda gástrica, una sonda urológica y un sistema de suero, pero curiosamente no aparecen las maquinas a las que están conectados estos tubos, pues no hay monitores, respiradores, bombas de perfusión, etc., y tampoco se manifiesta el apósito correspondiente a la herida quirúrgica. Una compresa cubre su frente, posiblemente como método básico de bajar su temperatura.

El pintor se concentra en el cuerpo humano que es intensamente brillante, como si estuviera lleno de luz y vida a pesar de su inmovilidad y sin muestra de  tecnología como reconocimiento de la dignidad de la persona enferma

Obra hiperrealista, pues el pintor busca aspectos cotidianos que recoge con un tratamiento pleno de detalle, rozando lo fotográfico, pero además con una enorme carga simbólica, ética y humana sobre el enfermo crítico y la medicina intensiva.

  

Autor: Andrés Carranza Bencano y Manuel Herrera Carranza

 NEFROLOGIA

La mujer hidrópica. Gerrit Dou 


 La mujer hidrópica. Gerrit Dou. 1663. Óleo sobre tabla. 86 x 67,8 cm. Museé du Louvre. París


A través de los tiempos, los pintores han representado a los médicos en incontables ocasiones.

A veces, mediante retratos con mayor o menor presencia de símbolos de la profesión; pero también, con frecuencia, mostrando escenas en las que se ejecutan distintas actuaciones diagnósticas o terapéuticas.

En la nefrología, las primeras representaciones de escenas uroscópicas (según Amalia Pati) se encuentran en manuscritos médicos del siglo XII y en breviarios y devocionarios, e incluso en algunas catedrales europeas, como la Catedral de Ruán, o en las puertas del campanario de la Catedral de Florencia. Tampoco era raro "...ni se consideraba impropio, representar a Cristo como un uroscopista simbolizando, de este modo, sus superiores poderes curativos”.

La escena había sido muy frecuentemente representada por los pintores barrocos holandeses.

Esta pintura estaba en las colecciones del rey de Cerdeña, Charles-Emmanuel IV, que en 1798 la cedió a Bertrand Clauzel, ayudante general del Ejército de Italia, que en 1799 la ofreció al directorio de las colecciones del museo central de las artes de la República, por lo que es el primer cuadro objeto de una donación del museo del Louvre.

La obra representa una escena de género que tiene como protagonistas a una anciana enferma y un médico envueltos en la penumbra de una habitación.

La escena presenta una suntuosa cortina azul y relieves en la parte inferior, una bacía de metal (como aquélla de barbero-sangrador que don Quijote usaba a modo de yelmo), un frasco adornado con relieves, un libro abierto sobre un soporte que, por su estado, parece ser objeto de reiteradas consultas. Estos elementos pretenden exponer los conocimientos del médico.

El médico va ataviado con el traje típico de los galenos de la época y se sitúa en el centro de la composición, y parece abstraído en sus pensamientos, mientras observa, al trasluz de una ventana, una muestra de orina contenida en un frasco de vidrio, la “mátula”, de forma esférica en su parte inferior, con un cuello de grosor variable, que simulaba, en definitiva, la forma de la vejiga. 


A su derecha se encuentra la enferma, afecta de hidropesía, vestida simplemente con un camisón, que dirige su mirada hacia la luz, que entra por el cristal de la ventana. Junto a ella hay una mujer de mediana edad que sostiene una cuchara en una mano con la que intenta dar de comer a la paciente. A sus pies, una joven se encuentra de rodillas sosteniendo su mano, con un gesto de tristeza. Parece que la obra muestra la intimidad de tres generaciones de mujeres de una misma familia.


La hidropesía era una enfermedad relacionada con el exceso de fluidos en el interior del cuerpo causando debilidad de las extremidades o congestión pulmonar y cardíaca y llevó a la muerte a personajes como Heráclito, San Antonio de Padua, Nostradamus, Miguel de Cervantes y Manuel Belgrano, entre otros.

Ya en los tratados hipocráticos se hace referencia a la utilidad del examen de orina para el diagnóstico de determinadas enfermedades y adquiere mayor relevancia en la Edad Media y se sigue utilizando de manera generalizada durante el Renacimiento y el Barroco, siendo definida por el Diccionario de la Lengua Española como la "inspección visual y metódica de la orina, antiguamente usada para establecer el diagnóstico de las enfermedades internas".

Dou y otros artistas flamencos como David Teniers el Joven y Joos van Craesbeeck, crearía cuadros en los que se representa la uroscopia, lo cual nos da una idea de la frecuencia con la que la practicaban los médicos de la época

La orina se vertía en un frasco de cristal y se procedía a la observación del olor, la coloración, los sedimentos y la densidad y se probaba la muestra para determinar su acidez. Luego se comparaban los resultados con una lista general de hasta 20 gradaciones de color con sus correspondientes explicaciones y diagnóstico.

Muchos profesionales, como Thomas Brian en su panfleto “El profeta del Pis” (1637), condenaron los frecuentes abusos que originó esta práctica por parte de charlatanes y falsos médicos.

Con el avance de la medicina, a partir del siglo XVIII y, sobre todo, durante los siglos posteriores, la uroscopia dejó de tener importancia como método diagnóstico, y los pintores holandeses que la habían representado en múltiples ocasiones como símbolo por excelencia del acto médico, dejaron de pintarla, demostrando así la íntima relación entre las manifestaciones artísticas y la ciencia médica.

Dou se formó con Rembrandt durante tres años y heredó del maestro su particular uso del color y, sobre todo, el uso del claroscuro, por ello en muchas de sus obras la escena transcurre en la oscuridad, en la noche o como en este caso, con la luz ingresando a través de la ventana. Cuando Rembrandt se mudó a Ámsterdam (en 1631), se convirtió en el referente más importante de Leiden y uno de los pintores favoritos de Luis XIV.

Dou era muy meticuloso y detallista en su trabajo, hasta tal punto que según la leyenda podía pasar hasta cinco días realizando una mano. y, por eso realizaba sus propios pinceles, de acuerdo al nivel de precisión que necesitaba, y utilizaba una lupa y un espejo cóncavo y se especializó en obras de pequeño formato, con pocos personajes. 

Destacar, finalmente, la semejanza del calzado del médico y de la paciente.



Calzado del médico


Calzado de la paciente

Autor: Andrés Carranza Bencano

jueves, 4 de mayo de 2023

EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Crucificado de la Misericordia. Iglesia de santa Isabel. 


Retablo de 1610 diseñado por Juan de Oviedo y acabado en 1620 por Martínez Montañez y que contó originalmente con tallas de este autor.

Hasta la invasión francesa albergaba el lienzo del Juicio Final de Francisco Pacheco de 1611.

Desde 1869 lo ocupa El Cristo de la Misericordia, talla de Juan de Mesa realizada en 1622 para la iglesia de los mercedarios de la calle San José, adquirida por el fray Domingo de los Santos.

Cristo de la Misericordia

Así, la ubicación original del Cristo era la iglesia del ex convento de San José, en la calle del mismo nombre de la collación de San Nicolás, pero no se tienen datos de cuál era su situación en este cenobio. “Sólo se conoce que a principios del XIX estuvo colocado bajo la escalera del convento” y posteriormente en 1869, año de la Revolución Gloriosa, que tan nefasta fue para el patrimonio sevillano, fue trasladado a la iglesia del convento de Santa Isabel por las religiosas filipenses Hijas de María Dolorosa, que se habían instalado en el convento de San José en 1860.

No ha sido nunca titular de una cofradía, aunque a lo largo de la historia varias hermandades se han interesado para hacerlo su titular, pero la comunidad nunca ha tenido intención de desprenderse de él.

Durante la restauración realizada por el  IAPH se localizó y extrajo de un hueco, en el interior de la talla, un documento dentro de una pequeña bolsa de papel en el que se certificaba la autoría del maestro Mesa y el encargo.

Inicialmente, sería un crucificado muerto pero el propio autor lo adoptó a la iconografía actual de cristo vivo.

Para representarlo como un Cristo vivo, el escultor debió modificar los párpados que estarían cerrados. “Esto explica la señal horizontal que muestran los ojos de haber tenido tallados los párpados hasta esa altura”.

A ello hay que añadir que en una fecha desconocida se le suprimió la corona de espinas, que como en todas las obras de Mesa debió estar tallada en la misma cabeza. Por ello tiene mutilado el cabello por el lado derecho y parte del izquierdo. 

Detalle del rostro en visión frontal

Detalle del rostro en visión lateral

La transformación más importante consistió en cerrar la llaga que debió tener la imagen en el costado derecho, introduciéndose una pieza de madera cuya policromía es la misma que la del resto de la talla. También se encuentra repintado el reguero de sangre que “debió ser muy parecida a la del Cristo de la Misericordia de la Colegiata de Osuna tallado por Mesa en 1623”.

La policromía de la imagen, según los estudios practicados, es la original y está ejecutada “con enorme perfección y sutileza”.

El paño de pureza sigue su morfología con la sujeción por una cuerda dejando al descubierto la cadera derecha.

Detalle del paño de pureza

Se trata de un crucificado fijado a una cruz arbórea con tres clavos, con el pie derecho sobre el izquierdo.

Detalle de los pies

Autor: Andrés Carranza Bencano

 EL PIE Y LOS NAZARENOS DE SEVILLA

Nazareno. Iglesia de santa Isabel


Retablo del Nazareno de hacia 1630 que originalmente podría estar dedicado a San Juan Evangelista, por las águilas que lo coronan. 

Presenta seis pinturas en sus tramos superiores, cuatro de ellas representando a los Evangelistas.

En el cuerpo principal, dos pequeñas tallas de los apóstoles San Pedro y San Pablo.

En el centro un Nazareno de tamaño natural, obra de candelero del Siglo XVIII. 

Nazareno del siglo XVIII

Detalle del rostro


Detalle de los pies desnudos

 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Santísimo Cristo de la Salvación. Basílica de la Macarena.


El Santísimo Cristo de la Salvación se conserva en la Capilla Sacramental, situada a los pies de la nave de la epístola en la Basílica de la Macarena.

Es obra de Luis Ortega Bru de 1952 y no procesiona. 

Tiene tamaño académico y esta claramente inspirada en el barroco sevillano. 

Santísimo Cristo de la Salvación

Se trata de un Cristo muerto con la cabeza inclinada hacia el lado derecho, con los ojos y la boca entreabierta y el pelo recuerda más a soluciones roldanescas.

Detalle del rostro

El sudario, atado con una cuerda como en el “Cristo de la Buena Muerte” de Juan de Mesa, dejando al descubierto la cadera derecha, pero menos pesado y con pliegues más amplios.

Detalle del paño de pureza

Se configura con cuatro clavos al igual que su “Cristo de la Clemencia” de 1603. 

Detalle de los pies

Vino a sustituir a un antiguo crucificado, obra de Pedro nieto de 1630, que recuerda a las formas manieristas del Cristo de Burgos de Juan Bautista Vázquez “El Viejo” de 1573, con el que tuvo relaciones profesionales Andrés de Ocampo, tío y maestro de Francisco de Ocampo y Felguera y a su vez maestro de Pedro Nieto.

Antiguo Cristo de la salvación de Pedro Nieto

Había sido Titular de la Hermandad de la Macarena, realizando estación de penitencia junto con los otros dos pasos de la cofradía, el Cristo de la Sentencia y la Virgen de la Esperanza, hasta que en 1720 el Crucificado dejó de salir para quedar alojado en San Gil, donde finalmente se perdió  en el incendio de san Gil de 1936.

miércoles, 3 de mayo de 2023

 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Crucificado de la Iglesia de san Marcos.

En la Iglesia de san Marcos, el Presbiterio no tiene Retablo Mayor, solo la presencia de un Crucificado y una Inmaculada, ambas tallas del siglo XX.

Presbiterio

Se trata de un crucificado vivo, en una cruz plana con cuatro clavos.


Crucificado

La cabeza inclinada levemente hacia la derecha, sin corona de espinas. Los ojos abiertos con el entrecejo fruncido y la boca entreabierta mostrando los dientes. El pelo ondulado cae sobre los dos hombros, pero deja al descubierto la oreja izquierda.


Detalle del rostro

El paño de pureza anudado en el lado derecho sin cuerda y cayendo ampliamente por ambos laterales, cubre totalmente la pelvis sin dejar al descubierto la cadera.


Detalle del paño de pureza

Los pies están cruzados, el derecho sobre el izquierdo y fijados con dos clavos independientes. 


Detalle de los pies

lunes, 1 de mayo de 2023

 EL PIE Y LOS NAZARENOS DE SEVILLA

Jesús Cautivo. Iglesia de santa Marina

En la iglesia de santa Marina, al fondo de la nave del evangelio, se sitúa la Capilla Bautismal.

Entrada a la capilla Bautismal. Bóveda gallonada de la  capilla Bautismal

Es de planta cuadrada, sin espacio presbiteral, de bóveda gallonada, fue completamente rehecha a comienzos del siglo XX.

En ella se ubica la antigua pila bautismal, de mármol blanco y la imagen moderna de Jesús Cautivo, realizada en 1998 por Antonio Joaquín Dubé de Luque.

Frontal de la capilla Bautismal

La imagen se bendijo bajo la advocación de “Cristo Rey, Señor del Perdón” para una desaparecida agrupación de fieles y tras diversos avatares, el imaginero lo donó a la Hermandad bajo la advocación de “Padre Jesús Cautivo”. 

Es una imagen de vestir, que porta túnica lisa de terciopelo morado, realizado por hermanas costureras, y un cordón de oro que prende el cuello y las manos.  

Representa a Jesucristo tras su prendimiento en el Huerto de los Olivos y camino de su juicio, con expresión de docilidad, entrega y serenidad, con el entrecejo y la frente fruncidos, la boca entreabierta y señales de hematohidrosis, transmitiendo dramatismo y sentimientos de compasión. 

Jesús Cautivo

De gran perfección la talla de las manos y los pies desnudos. 


Detalle de los pies de Jesús Cautivo