lunes, 4 de septiembre de 2023

SIMBOLISMO DEL PIE EN LA PINTURA 

La Crucifixión. Pablo Picasso.

La Crucifixión. Picasso, Pablo. 1930. Óleo sobre lienzo. 51,5 x 66,5 cm. Museo National Picasso. Paris

La Crucifixión de 1930 es una obra de reducidas dimensiones (50 x 65 cm), lo que ha hecho pensar a los expertos e investigadores de que se trata de un ensayo para una obra de mayor tamaño que nunca llegó realizar. De todos modos, debió ser muy importante para Picasso puesto que nunca se desprendió de ella.

A pesar de su carácter de agnóstico no es su única obra sobre la figura de Cristo, sino que en su producción realizó numerosos estudios, sobretodo inspirados en el “Altar de Issenheim” de Grünewald y mezclando la Crucifixión con escenas de corridas de toro, posiblemente porque a pesar de su agnosticismo le sería difícil evitar el fuerte influjo de la religión cristiana, en la que se educó por ser la que imperaba en su España natal.

No obstante, la elección de esta temática no obedece a motivos religiosos, sino que el autor crea una apología de la muerte, del dolor, del sufrimiento, del sacrificio, de los bajos instintos humanos e incluso de los ritos ancestrales, que siempre obsesionaron a Picasso. Más que una mera representación pictórica de un tema muy tratado a lo largo de la historia del arte, Picasso convierte la crucifixión en un símbolo de la tragedia humana.

En la obra podemos encontrar todos los personajes de la Pasión de Cristo, pero cargados de un gran simbolismo.

Crucificado

Centrando la composición se sitúa la figura de Cristo crucificado, como una pequeña “figurita”, que no tiene contacto con el suelo, con una cabeza minúscula y vestido con una corta túnica. No existe ninguna referencia directa a la imagen típica de Jesús que estamos acostumbrados a contemplar en el arte, como referencia de la religión cristiana, pues no presenta ningún atributo divino. 

Pero, al mismo tiempo se sitúa en lo más alto de la composición, más cerca del cielo y por tanto de la Divinidad. 

No tiene plantilla de INRI, pues no solo es el Rey de los judíos, sino que representa al Rey de todos los hombres sin distinción, simboliza a la humanidad en el martirio universal. 

Por eso, Picasso lo representa en el momento que está siendo clavado a la cruz y en su rostro no se refleja ninguna muestra de dolor.

La Virgen

La figura que está inmediatamente delante y debajo correspondería a la Virgen María porque posee un lugar privilegiado en la composición, junto al pecho de Cristo. 

Pero llama la atención la forma de representarla, pues aparece con la cabeza elevada y la boca abierta espectacularmente con carácter amenazador mostrando los dientes puntiagudos.

Picasso muestra la máxima expresión de dolor, convertido en grito o lamento sobrehumano, manifestando lo que puede sentir una madre, en una percepción humana no divina, cuando asiste al suplicio mortal de su hijo, olvidando los textos evangélicos que indican la extrema capacidad de contención y sumisión de María, ello contrasta con la inexpresividad del crucificado.

Al mismo tiempo nos remite a un simbolismo sexual, tan característico de Picasso, pues quiere representar la vagina dentada creadora del Redentor. 

Pero, también nos lleva a la iconografía de medusa, en cuanto “sus ojos son dos intrigantes manchas negras como las orbitas oculares vacíos de una calavera”, que nos remiten a Adán sepultado en el mismo monte calvario.   

La Virgen

Pero la Virgen está representada dos veces, pues es la madre de Jesús y simultáneamente es la madre de toda la humanidad, y en las dos ocasiones muestra su grito de dolor, y encarna a la luna como luz dentro de las tinieblas.

Se muestra a la izquierda de la composición con un largo manto rojo, color que simboliza el fuego, el amor, el drama, la pasión y la sangre. 

El pájaro y la esponja

Mas a la izquierda de la composición se observa un pájaro (en rojo) derribado por una roca (en verde). 

Se interpreta que el pájaro podría simbolizar la Pasión y la piedra la esponja empapada en vinagre que le ofrece Stefano y que se aplica a las heridas de Cristo para multiplicar su dolor, mostrando lo agrio de la vida para ascender y poder estar cerca del cielo.   

Simultáneamente la esponja podría representar al Sol que simboliza la luz y las tinieblas.

Situación del dios Mitra

Detalle del dios Mitra

A la derecha del cuadro, bajo la axila de Cristo, aparece una imagen de perfil inscrita en un óvalo y con un triángulo unido a ella. Según Kaufman, este símbolo haría alusión a Mitra, dios benéfico asociado a los ritos solares, que fertilizó la tierra con la sangre de un toro sagrado.

Es simbólicamente (pues no hay ninguna muestra sanguínea), la sangre derramada sobre el cráneo de Adán, que nos limpia del pecado original.

Al mismo tiempo, el toro es uno de los animales evangélicos, es Lucas porque empieza hablando del sacrificio de Zacarías a Dios y el toro es el símbolo del sacrificio, el deseo de una vida espiritual que permite al hombre triunfar por encima de las pasiones animales y obtener la paz.

Pero, además, incluiría las representaciones simultáneas del sol y de la luna, creando un juego de opuestos, entre la luz y las tinieblas. 

La escalera

Hay también una escalera apoyada en el brazo derecho de la cruz (patibulum), con un número exagerado de peldaños, que indica la altura necesaria para alcanzar la grandeza de lo que en ella está sucediendo.

En palabras del etnógrafo Marcel Griaule para la revista Documents, la escalera “es el nudo que separa dos mundos enemigos: interior y aire libre, frío y calor, luz y oscuridad. Franquear el umbral significa cruzar una zona peligrosa donde se libran batallas invisibles pero reales".

Figura superior de la escalera

Dos pequeñas figuritas, un personaje rojo que sube la escalera y que enclava la mano derecha de Jesús, y el centurión Longinos en su caballo con su lanza, nos indican lo pequeño que es la maldad. 

Longinos

El centurión Longinos es el encargado de rematar a Cristo, a lomos de su caballo, clavándole la lanza, que tiene extraordinarias dimensiones.  

Es el personaje más realista de la composición, comparativo al picador de las series sobre la tauromaquia. 

Cierra el significado de triunvirato entorno a los rituales de sacrificio que comparten Mitra, Cristo y el toro. Simboliza la víctima inocente que debe ser inmolada para beneficio de la entera humanidad.   

María Magdalena

María Magdalena es representada en el extremo derecho del cuadro, con los brazos elevados y las manos entrelazadas en señal de plegaría. 

Rolad Penrose escribe a este respecto: “Magdalena está en lo alto, a la derecha de la Cruz y sus brazos han sido trasladados a una figura alta (símbolo de invocación), situado cerca del borde derecho del cuadro ha adquirido una forma mas estilizada”. Son los mismos estilizados que Magdalena presenta en el “Retablo de Isenheim” de Matthias Grünewald.

La cabeza tiene forma del insecto “Mantis Religiosa” con dos grandes ojos compuesto y tres ojos simples pequeños entre ellos, lo que conlleva unas connotaciones sexuales.

La Magdalena no llora porque sabe que es una muerte prevista y deseada para la redención de la humanidad. 

Los ladrones

Bajo los pies de la cruz aparecen los cuerpos descoyuntados de los dos ladrones. Su colocación en esta posición supliría la iconografía de la calavera de la tumba de Adán en el monte calvario, sobre la que se alzó la cruz, simbolizando el triunfo sobre la muerte, la redención del pecado original por la sangre del Justo sobre el primer hombre.

La leyenda cuenta que cuando murió Adán, le pusieron en su boca una semilla del Árbol de la Ciencia, el árbol del bien y del mal, y esta germinó al enterrarlo. Con la madera de dicho árbol, construyeron la Cruz dónde moriría Cristo y que se plantó en el mismo lugar dónde descansaban los restos del primer hombre.

Jesús murió un viernes, el mismo día que Adán, a la hora de tercia en que Adán cometió   la falta por la que fue expulsado del Paraíso Terrenal.

Los soldados y el tambor

En el extremo inferior derecho, Picasso representa la escena de los soldados que se están jugando, a los dados sobre un tambor, las vestiduras de Cristo. 

Con ello Picasso introduce el juego dentro de una escena trágica, dado su especial interés por los juegos de azar, y nos presenta a los soldados jugándose las prendas del ajusticiado, pero totalmente ajenos a lo que está sucediendo a sus espaldas, mostrando la indiferencia del hombre ante el dolor ajeno. 

Al mismo tiempo el tambor es el símbolo del sonido de la resurrección.

Ángulo inferior izquierdo

Área central inferior
 
Ángulo inferior derecho

Finalmente, si observamos la parte inferior del cuadro podemos contar mayor número de pies de la que corresponde a las imágenes representadas en la composición.

El pie como símbolo del contacto y relación de lo humano con lo terrenal, con lo que, tras un cuadro de aparente temática religiosa, vemos como el genio de Picasso, ha creado todo un canto al dolor, al sufrimiento y al sacrificio. Ha convertido esta obra en el símbolo de la tragedia humana. El hombre, amparándose bajo el manto de la religión, Picasso trata de exculparle de un suceso que era inevitable.

miércoles, 16 de agosto de 2023

 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Crucificados menores. Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. Crucificado de San Francisco de Borja.

El crucificado de bronce de Francisco de Borja, fue regalado a este por el cardenal jesuita Álvaro Cienfuegos (1657-1737). 

Curiosamente tiene los pies con su solo clavo y el izquierdo sobre el derecho.

 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Crucificados menores. María Reparadora. Iglesia Ucraniana Greco-Católica. Templo de San Demetrio.


Pequeño crucificado en una gran cruz en el vestíbulo de acceso al templo

Detalle de la cara del crucificado

martes, 8 de agosto de 2023

 SIMBOLISMO DEL PIE EN LA PINTURA

El columpio. Fragonard, Jean-Honoré.



El columpio. Fragonard, Jean-Honoré. 1767. Óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. Colección Vallace. Londres. (Ver crédito)

El "Rococó" se desarrolla tras el "Barroco,  durante el siglo XVIII en Francia, coincidiendo con el reinado de Luis XV, y posteriormente se extiende  a otros países.

Su nombre deriva de la palabra francesa “Rocaille”, método decorativo que utilizaba guijarros, conchas marinas y cemento, por lo que consiste en el dominio de las formas curvilíneas y brillantes coloridos dorados en la decoración de interiores, como en muebles, lámpara, tapices etc.

En la pintura es un arte mundano, sin influencias religiosas, que trata temas de la vida diaria y las relaciones humanas, intentando reflejar situaciones agradables con el uso de colores luminosos, suaves y claros.   

Durante este periodo las clases más altas de la sociedad francesa aceptaba, en muchas ocasiones, los matrimonios de conveniencia para seguir manteniendo el linaje y concentrar el poder y riqueza. Y por ello, una vez asegurada la descendencia, era claramente aceptada la situación del adulterio.  

Este cuadro de Fragonard titulado “El columpio” pero también conocido como “Los felices azares del columpio”, es una obra emblemática pues resume estas dos circunstancias, simbolizando una época, una sociedad y una moral, mostrando la belleza de la alegría de vivir.

La obra fue encargada por un cortesano, desconocido según algunos expertos, pero identificado por otros como el barón Louis-Guillaume Baillet de Saint-Julien que además de ocupar cargo en la corte era el "receptor general del clero francés", y que deseaba un retrato como homenaje a su amante, pero representado una escena de gran sensualidad.

Por ello, el encargo fue aceptado por Fragonard, autor poco conocido en ese momento, tras el rechazo de otros autores, entre ellos su maestro el pintor François Boucher, por considerarlo excesivamente atrevido.

Las instrucciones eran muy claras pues la pintura debía representar a la amante del barón en un columpio, mecido por un obispo mientras él secretamente la miraba desde abajo por debajo de su vestido.

La obra aparece por primera vez como propiedad del recaudador de impuestos Marie-François Menage de Pressigny, cuando fue guillotinado en 1794 y la obra incautada por el gobierno revolucionario. Posiblemente, sería más tarde propiedad del marqués de Razins de Saint-Marc y del duque de Morny y tras la muerte de este último, en 1865, fue comprada en una subasta por Lord Hertford, el principal fundador de la colección Wallace.   

El cuadro representa una escena galante en un ambiente idílico, en un frondoso jardín repleto de vegetación y ornamentos con figuras escultóricas.  

El centro de la composición lo ocupa la joven amante que se balancea en un columpio, que constituye un símbolo convencional de infidelidad.

En la esquina inferior derecha, se observa un hombre maduro que impulsa el columpio con dos cuerdas, sentado en un banco de mármol. Se trata del marido “cornudo” con el que Fragonard sustituye al obispo que quería el barón. Aparece oculto, relegado tras la sombra de la arboleda, que es una metáfora de su desconocimiento de la situación. Su expresión es sonriente, tranquila y bonachona, dirigiendo su mirada a la muchacha, totalmente ajeno a la situación que está sucediendo. 

Detalle del hombre maduro de la esquina inferior derecha

Detalle de la cara sonriente del hombre maduro

Delante y debajo del hombre mayor, en la esquina inferior derecha, se observa un perrito faldero. El perro, símbolo de fidelidad, ladra en dirección a la dama, intentando avisar a su amo del engaño que se está cometiendo. 

Detalle del perrito

Debajo de la dama y delante del hombre maduro se incluye una estatua de dos putti (ver) o cupidos abrazados y apoyados sobre un delfín, alusión a la diosa Venus y su nacimiento en el mar, enfatizando la temática amorosa de la escena, poniendo de manifiesto que el hombre mayor ama a la muchacha.  Uno de los putti dirige la mirada hacia ella mientas que el otro tiene los ojos cerrados.   

Detalle de los putti

En la esquina izquierda, se localiza una media columna con un relieve de ménades (ver) danzando, y sobre ella una escultura de Cupido, el dios romano del amor y el deseo, que se lleva un dedo a los labios, en señal de silencio, aludiendo a que se trata de un amor secreto.


Detalle de la media columna con el relieve de ménades bailando


Detalle de Cupido con el dedo en los labios

Bajo la estatua de Cupido, aparece un joven recostado, mucho más iluminado que el hombre maduro, que mira pícaramente a las piernas, medias y liguero de la joven, induciendo al “vouyerismo” y remarcando la sensualidad. 

Se apoya sobre un brazo, para mantener el equilibrio mientras que el otro brazo se alarga pretendiendo tocar el vestido de su amante, detalle que ha sido interpretado, por algunos expertos, como un símbolo fálico dirigido al interior del vestido de la dama.  

El hecho de estar escondido entre los rosales, con ramas rotas por el suelo y junto a una verja que ha tenido que saltar, refuerza el carácter oculto de la relación. 

Detalle del hombre joven

Como hemos comentado, el centro de la composición y el protagonismo corresponde a la señorita que se balancea, en un elegante columpio de cojines de terciopelo rojo, entre los dos hombres.

Se capta el momento del máximo balanceo de dicho columpio, pues enseguida volverá a hacia atrás, hacia el hombre de edad avanzada, representado “un segundo de arrebato erótico, tan voluptuoso y frágil como el Rococó mismo”.

La chica mira con candidez al joven de la izquierda, ataviada con un espléndido vestido de color rosa y blanco que flota al viento, mientras que la falda se levanta permitiendo que su admirador vea sus piernas, con una actitud muy sensual. 

Detalle del columpio con la señorita

El símbolo erótico por excelencia lo constituye el momento en que la joven deliberadamente lanza el elegante zapato de tacón al aire mostrando el pie desnudo, como la Olimpia de Manet (ver)

Detalle del zapato en el aire y el pie desnudo

sábado, 5 de agosto de 2023

 SIMBOLISMO DEL PIE EN LA PINTURA

Daniel en el foso de los leones. Rubens, Pedro Pablo.

Las únicas referencias sobre la existencia de Daniel se encuentran en su libro autobiográfico, que pueden completarse con los datos suministrados por Flavio Josefo, pero de fuentes desconocidas. 



Según este autor, Daniel pertenecía a una familia noble del reino de Judá, tal vez emparentado con la realeza.

Los cristianos lo incluyen entre los profetas mayores del Antiguo Testamento, junto a Isaías, Jeremías y Ezequiel, y tanto la iglesia católica, como la ortodoxa lo veneran como santo.

El consenso actual de los historiadores, es que Daniel es un personaje legendario, bajo cuyo nombre se escribió, en el siglo II a.C, un libro apocalíptico que aludía al reinado del monarca helenístico Antíoco IV Epífanes.  

Detalle del “Libro de Daniel” en la “Biblia de Barth”. Lengua alemana baja media. Siglo XVI. (ver crédito)


Según el libro de Daniel, vivió en Babilonia, como exiliado junto con el resto del pueblo hebreo. En el siglo VI a.C. Nabucodonozor II ordenó escoger un grupo de jóvenes hebreos para su servicio, pero siendo educados previamente en las tradiciones de los escribas. Los elegidos fueron Daniel junto a Ananías, Misael y Azarías, miembros de la misma tribu, que fueron confiados al cuidado de Azpenaz, jefe de los eunucos.  


Ananías, Misael y Azarías. Solomon, Simeon. 1863. (ver crédito)


Los jóvenes fueron introducidos en la cultura mesopotámica, aprendiendo su lengua, su escritura y su tradición literaria y fueron alojados en el palacio real. Actualmente las excavaciones arqueológicas parecen identificar este palacio en el margen occidental del Éufrates.

Después de una formación de tres años, Daniel y sus tres compañeros fueron presentados a Nabucodonosor, que según el texto: “los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en su reino”.  

En el segundo año del reinado de Nabucodonosor, el monarca tuvo un sueño que le provocó gran ansiedad, por lo que convocó a sus astrólogos para que lo interpretase. Ante la falta de respuesta satisfactoria de estos sabios, mando ejecutarlos.  

Entretanto, Daniel y sus compañeros oraron a Yahveh para que les revelase el misterio, y Daniel tuvo una visión que le mostró tanto el sueño como su interpretación. En agradecimiento, Daniel fue nombrado gobernador de la provincia de Babilonia y jefe de sabios y expertos y sus tres compañeros recibieron cargos en la administración imperial.   

Permaneció en la corte durante todo el reinado de Nabucodonosor y su sucesor Belsasar.

En el capítulo 5 del libro de Daniel se cuenta el episodio conocido como el “Festín de Baltazar” (inmortalizado por Rembrandt), en el que este bebió en los vasos sagrados sustraídos del Templo de Jerusalén y como consecuencia, apareció una misteriosa escritura en la pared, trazada por una mano espectral.  Por sugerencia de la reina, fue solicitada la intervención de Daniel que indicó que el texto anunciaba, en arameo, la caída de Babilonia en mano de los persas. Efectivamente, esa misma noche la ciudad fue tomada y murió el rey. 


Cuenta el libro de Daniel que, durante gran parte de su vida, este recibió diversas visiones apocalípticas que anunciaban, con símbolos y claves numéricas, la instauración del Reino de Dios sobre la tierra.

No existen testimonios bíblicos sobre la muerte de Daniel por lo que no se conoce si regresó a Judea o permaneció en Mesopotamia, pero es posible que dicha muerte sucediera en Babilonia, dado que su tumba se veneraba en la ciudad de Susa, situada a unos 250 Km al este del rio Tigris, en el sudoeste del actual Irán. De esta ciudad solo quedan sus ruinas y en su lugar se levanta la moderna ciudad iraní de Shush.  

Su muerte se sitúa entre 536 y 530 a.C en el tercer año del reinado de Ciro, pues ya no se menciona en tiempos de su sucesor Cambises II.

De este “Libro de Daniel” Rubens nos representa el episodio de Daniel en el foso de los leones, en una pintura encargada por el cardenal Federico Borromeo, para su colección privada.

 

Daniel en el foso de los leones. Rubens, Pedro Pablo. 1615. Óleo sobre lienzo. 224 x 330 cm. Galeria Nacional de Arte. Washington DC. (ver crédito)


Según Daniel, tras la caída de Babilonia, el sucesor de Belsavar fue Darío el Medo, personaje que no aparece en ninguna fuente histórica, aparte del Libro de Daniel.  

Durante el reinado de este soberano, tuvo lugar un complot de los sátrapas contra Daniel, pues convencieron al rey para que firmara un edicto impidiendo que nadie orara a ningún Dios u hombre, al margen del propio monarca. 

Este edicto, evidentemente, contravenía la ley Mosaica de Daniel, y al ser observado, realizando su rutina de adoración, fue condenado arrojándolo al foso de los leones, pero se efectuó el milagro de que Dios cerró la boca de los animales, por lo que Daniel sobrevivió (Daniel 6:10-16).

Cuando Darío comprobó el suceso, ordenó liberar a Daniel y arrojar al pozo a sus acusadores, que evidentemente fueron devorados por las bestias (Daniel 6:19-28).

De este modo la pintura es todo un simbolismo de la importancia de la fe en Dios y la valentía de mantenerla en tiempos difíciles.

La composición de la pintura es espectacular, pues nos muestra la figura serena y orante de Daniel, que dirige su mirada al agujero por el que observa el exterior del foso, estando rodeado por los leones, que reflejan distintos estados, desde la indiferencia a la fiereza, para lo que Rubens utilizó modelos vivos con los que crear las figuras de los leones.


Detalle de Daniel

Daniel reposa sobre una túnica roja, cuando el rojo, en el cristianismo, es el color del amor, la pasión y la sangre de Cristo y sus pies van desnudos como símbolo de humildad y como es habitual en Rubens, presentan un discreto Hallux Valgus, en un pie egipcio.


Detalle de los pies, con Hallux Valgus (juanete) y morfología de pie griego (primer dedo mas corto que el segundo)

viernes, 4 de agosto de 2023

 SIMBOLISMO DEL PIE EN LA PINTURA

Susana en el baño. Tintoretto.


Susana en el Baño. Tintoretto. 1560 y 1565. Óleo sobre lienzo. 147 x 194 cm. Museo de Historia del Arte de Viena. Austria (ver crédito)


Esta obra se basa en un pasaje de la Biblia, del Antiguo Testamento, del libro de Daniel (ver), aunque parece ser que tiene varios orígenes.

Este pasaje ha inspirado a numerosos artistas, especialmente durante el Manierismo y el Barroco, porque permite estudiar la anatomía femenina y representar el desnudo femenino, no consentido en los temas religiosos.

Es la historia de Susana, una bella joven esposa del rico judío Joaquín, que se baña en el rio, sin percatarse de que es observada por dos ancianos libidinosos.

Estos viejos llegan a proponerle acciones deshonestas, bajo la amenaza de que si no les satisface la acusaran de adulterio, por dirigirse sola al rio, sin sus doncellas, para encontrarse con un joven.

Efectivamente, al ser rechazados por Susana, la acusan falsamente de adulterio y es castigada con la muerte.

Es salvada por la intervención de Daniel que prueba a falsedad de la imputación y determina la consiguiente condena a muerte de los ancianos.   

Tintoretto, en esta obra no representa el momento dramático de la acusación de los ancianos, sino que elige el momento anterior al desarrollo de la historia, cuando los dos ancianos la observan con lujuria, con lo que desarrolla una escena erótica con un gran simbolismo, y hasta cierto punto cómica, dado que uno de los ancianos es representado tirado en el suelo.   

Susana es el centro de atención a pesar que se presenta en la zona derecha de la composición, pero con una luz intensa que resalta su belleza. 




Los viejos se sitúan a la izquierda de la composición, en los extremos de un seto de rosas que los separa de Susana. 

Uno de ellos está de pie al fondo de la composición y el otro en primer plano, agachado mostrando la calva de su cabeza, con una túnica roja que indica peligro y lujuria. 



Entre Susana y este seto se disponen una serie de objetos, a modo de bodegón, como el espejo en que se mira Susana, el paño de seda blanco para secarse y el frasco de perfume. El blanco de las flores del seto y estos objetos representan la inocencia y la pureza.



A la derecha, detrás de Susana, en la rama de un arbusto de sauco, vemos posada a una urraca que representa la inminente difamación.



Al fondo del lado derecho, detrás de un anciano, se abre una zona ajardinada con una familia de patos nadando en el rio, que simbolizan la lealtad. Los postes del arco de entrada están diseñados como cariátides. 



A la izquierda del seto, detrás del anciano agachado, se abre un amplio jardín con un rio, prados y bosques y unos ciervos en la orilla del rio, que representan el deseo y la lujuria.

La representación esquemática de Venecia en la parte pequeña izquierda sugiere que Susana, en la parte más grande derecha, simboliza la ciudad laguna de Venecia (la Patria de Tintoretto).

A mediados del siglo XVI, Venecia estaba amenazada por el imperio Otomano de Solimán el Magnífico. La dominación se extiende al área de la antigua Babilonia, donde tiene lugar la historia representada por Tintoretto.

En consecuencia, los dos viejos, en la pintura, son emblemáticos de los otomanos que desean la bella y rica ciudad de Venecia. 

La obra, también puede interpretarse como una crítica a la sociedad Veneciana de la época, donde numerosas prostitutas se consideraron responsables de enfermedades venéreas, como la sífilis, que constituyeron una epidemia en Venecia.

En este sentido, se puede interpretar que Tintoretto no denuncia a las prostitutas, sino a los hombres que en sus persistentes lujurias siguen utilizando sus servicios.



Susana, con la acción de secarse con la toalla el pie derecho, nos conduce al momento íntimo de la higiene de la joven que pudorosa se asea ajena a los hombres que la vigilan.

La práctica del lavado de los pies representa, al mismo tiempo, una actitud de humildad que nos limpia de todo orgullo y de todas las cosas que nos ensucian en nuestro camino espiritual, pues al igual que el polvo se pega a los pies de los viajeros, muchas cosas negativas se pueden adherir a nuestras vidas. 


Lavatorio de pie