miércoles, 17 de abril de 2024

 SIMBOLISMO DEL PIE EN LA PINTURA

Pareja de baile sevillana. José García Ramos. 

Pareja de baile sevillana. García Ramos, José. Hacia 1885. Óleo sobre lienzo. 55 x 37 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Sala XII. 

Es una composición que muestra a una pareja de baile típica de Sevilla, que se presentan agarrados del brazo, mirándose y conversando.

Detalle del cuadro sin marco

La mujer está ataviada con el vestido de volantes que derivará en el actual traje de flamenca, con una flor en el pelo, un mantoncillo de Manila, y un abanico tras el que esconde parcialmente su rostro en la actitud vergonzosa y recatada, pero a la vez de cierta picardía, propias de la mujer del momento. 

Detalle de la mujer

El hombre, que va ataviado con la indumentaria típica del serrano andaluz, con una chaquetilla corta, el catite (ver), la faja, y la manta serrana sobre los hombros, se gira hacia ella en actitud de contarle algún secreto, llevándose la mano a la boca.

Detalle del hombre

En el fondo se representa a una calle sevillana con una apertura que muestra dos barriles de madera.

En las paredes, dos carteles que anuncian las fiestas taurinas y espectáculos típicos de la primavera de Sevilla.

Detalle de un cartel taurino

Los pies desempeñan un papel fundamental en el baile, son como las raíces de una planta o los cimientos de un edificio, y al mismo tiempo de su movimiento depende el arte, el compás y la elegancia del baile.  

Detalle de las botas del hombre

Los zapatos de flamenca o botas en el caso del calzado masculino, son parte del espectáculo flamenco, ya que se utilizan como instrumentos de percusión y se sigue, e incluso, se marca con ellos el ritmo de la música.

Detalle de los zapatos de la mujer

No hay dos bailaores iguales, por lo que cada uno deberá contar y disfrutar de unos zapatos artesanos realizados pensando en el uso que se le va a dar y por quién. 

Por ejemplo, no tendrá el mismo peso para un espectáculo principalmente de movimientos y manos, que un espectáculo centrado en el taconeo. 

Por ello, es necesario contar con unos zapatos hechos a medida y con los que los bailaores se sientan cómodos durante el espectáculo flamenco.


Por Andrés Carranza Bencano

 SIMBOLISMO DEL PIE EN LA PINTURA

Baile en la taberna. Manuel Rodríguez Guzmán. 

Baile en la taberna. Rodríguez de Guzmán, Manuel. 1854. Óleo sobre lienzo. 62,5 x 83 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Sala XII. 


La escena se desarrolla en el interior de una taberna oscura y rústica con techumbres de madera y paredes desconchadas. La iluminación se realiza desde la ventana, y la intensidad de la luz va decreciendo hacia los extremos y el fondo del cuadro. 

Detalle sin marco


Detalles del techo

La composición se centra en un grupo de personajes que cantan, bailan y beben alrededor de la bailaora, figura femenina protagonista de la escena y por tanto ampliamente iluminada.

Baila de frente al espectador, sujetando con una mano uno de los volantes de su vestido, de color rosa pálido, mientras que tiene la otra mano esta elevada sujetando un sombrero.

Detalle de la bailaora

A su derecha, junto a ella, figuran dos hombres en pie, ambos visiblemente embriagados.

Uno de ellos, con aspecto desaliñado, parece estar cantando mientras gesticula con las manos abiertas.

Detalle del cantaor

A su izquierda, junto a un barril, un grupo de hombres y mujeres en diferentes actitudes y gestos beben y bailan y uno de ellos, sentado, toca la guitarra. 

Detalle de los personajes a la izquierda de la bailaora

Detalle del guitarrista

Al fondo a la derecha, en semipenumbra y casi desdibujados, figuran otros personajes que se ocupan de tareas cotidianas, y así uno de ellos parece estar pendiente de un fogón donde se calienta un recipiente con comida.

Detalle de los personajes del fondo a la derecha

Llama la atención el detalle de la botella de vino rota junto a la bailaora, que describe la importancia que ha tenido la juerga.

Detalle de la botella rota junto al pie de la bailaora

Todos los personajes están ataviados con trajes típicos, ellos con sus sombreros llamados calañeses o catites (ver), chaquetilla corta, faja y mantas serranas y ellas con vestido de volantes y mantoncillos. 

Detalle de los pies de la bailaora

Los pies desempeñan un papel fundamental en el baile, son como las raíces de una planta o los cimientos de un edificio, y al mismo tiempo de su movimiento depende el arte, el compás y la elegancia del baile.  


Por Andrés Carranza Bencano

martes, 16 de abril de 2024

 SIMBOLISMO DEL PIE EN LA PINTURA

Sevilla en Fiesta. Gustavo Bacarisas.


 Sevilla en fiestas. Bacarisas, Gustavo. 1915. Óleo sobre lienzo. 300 x 305 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Sala XIII. Donación del comercio sevillano.

Gustavo Bacarisas representa una de las figuras más destacadas de la pintura sevillana de la primera mitad del siglo XX.

La obra representa una visión muy popular y moderna de la Feria de Sevilla con un canto a la belleza y la gracia de la mujer andaluza.

Dirige toda la luminosidad hacia el centro de la composición para mostrar la majestuosidad de las tres mujeres ataviadas con vaporosos trajes flamencos, tocadas con mantillas y usando abanicos. 


Detalle de las tres mujeres

Difumina los laterales, en los que pueden distinguirse una serie de personajes populares, pero en penumbra, y de manera abocetada.  

Detalle de los personajes en penumbra del lateral izquierdo

Detalle de los personajes, abocetados, en penumbra del lateral derecho

También puede distinguirse el colorido de la vegetación, con naranjos cargados de sus frutos y macetas de gitanillas o geranios.


Detalle del naranjo en el ángulo superior izquierdo


Detalle de las flores en el ángulo inferior derecho

El autor no olvida la importancia de los pies en la feria y completa la elegancia de las tres mujeres mostrando su diversidad de calzado.

Detalle de los pies calzados elegantemente

Por Andrés Carranza Bencano

miércoles, 3 de abril de 2024

 MUERTE EN LA PINTURA

San Francisco de Borja atendiendo a un moribundo. Francisco de Goya.

San Francisco de Borja atendiendo a un moribundo. Goya, Francisco de. 1788. Óleo sobre lienzo. 350 x 300 cm. Capilla de san Francisco de Borja. Catedral de Valencia.

Entre 1787 y 1788 la condesa-duquesa de Benavente y Gandía (y también duquesa de Osuna) promovió la renovación de la capilla de su patronazgo en la Catedral de Valencia, dedicada a San Francisco de Borja (ver), su ilustre antepasado, quien había sido en vida duque de Gandía y marqués de Lombay.

Intervino en primer lugar el pintor valenciano Mariano Salvador Maella, autor del lienzo principal de altar bajo el tema de La conversión de San Francisco de Borja. Posteriormente se encargaron a Goya los dos cuadros laterales.

Este cuadro se desarrolla en una habitación oscura, tan solo iluminada por el vano circular medio cubierto por una cortina.

A la derecha, a una distancia prudencial del enfermo, encontramos a San Francisco de Borja, vestido con un sencillo hábito negro y sujetando un crucifijo como si fuera un arma. 

Detalle de san Francisco de Borja

A la izquierda, el moribundo en su lecho, con el pecho hinchado por albergar al demonio que lucha contra el santo por el alma del desgraciado. Su rostro parece ya el de un muerto, también el color de su piel.

Detalle del moribundo

Desde el crucifijo arroja la sangre de Cristo para atacar el demonio que posee al moribundo blasfemo.

Detalle de la sangre desde el crucifijo

En el rostro nimbado de Francisco de Borja se puede leer el miedo.

Detalle del rostro de Francisco de Borja

Es la primera obra de Goya en la que aparecen monstruos fantásticos, tan propios del imaginario goyesco, de tal modo que el artista ha sustituido los querubines que solían acompañar a sus religiosos por estos monstruos bestiales. 

Detalle de los monstruos fantásticos

El pie fuera del colchón simboliza la ausencia de conexión con la tierra, en relación con la muerte.

Detalle del pie fuera de la cama

MUERTE EN LA PINTURA

Conversión del Duque de Gandía. José Carbonero.


Conversión del Duque de Gandía. Carbonero, José. 1884. Óleo sobre lienzo. 315 x 500 cm. Museo del Prado. Sal 075. (CC BY 3.0)


Este cuadro de gran formato nos muestra la visión pictórica más célebre y sobrecogedora de la renuncia al mundo de Francisco de Borja y Aragón (VER), marqués de Lombay y luego IV duque de Gandía, tras contemplar el cadáver putrefacto de la emperatriz Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, muerta en Toledo el 1 de mayo de 1539, con solo 36 años de edad.

Su hijo Felipe encabezó los funerales, pero Francisco de Borja fue comisionado para organizar la comitiva que escoltó el cuerpo de la emperatriz desde Toledo hasta su tumba en la Capilla Real de Granada, donde sería sepultado junto a los restos de los Reyes Católicos.

La escena tiene lugar el día 18, momento en que se descubrió el féretro antes de introducirlo en el sepulcro, a fin de corroborar una vez más su identidad. Al ver descompuesto el rostro de la emperatriz que el mundo había admirado por su belleza, dijo: "He traído el cuerpo de nuestra Señora en rigurosa custodia desde Toledo a Granada. Jurar que es Su Majestad no puedo. Juro que su cadáver se puso ahí".

Detalle del féretro con el cadáver de la Emperatriz

El cuadro recoge el instante de la entrega del cuerpo de la emperatriz y la reacción de Francisco de Borja al abrirse el féretro: “tiembla el marqués, da un gemido, su rígida fuerza pierde y á los brazos de su gentil-hombre, flojo y desplomado viene”. Francisco de Borja se nos muestra totalmente derrumbado  y apoyado en el hombro de su gentilhombre.

Detalle de Francisco de Borja apoyado en su gentilhombre

La atractiva belleza física y espiritual de la soberana, que había cautivado a toda la Corte, convertida ahora en repulsiva carroña, determinaron entonces al noble a decir: “Nunca más, nunca más servir a señor que se me pueda morir”, ingresando pocos años después en la orden de los jesuitas, siguiendo a san Ignacio de Loyola, donde alcanzaría una vida de santidad.

La muerte como protagonista absoluta de la composición y la manifestación pública de la rendida devoción que el entonces marqués sentía por su reina, en presencia de su propia esposa, Leonor de Castro, camarera de la emperatriz e identificable con la mujer que oculta el rostro para enjugar su llanto.

Detalle de Leonor de Castro

Destaca, igualmente, el personaje que abre el ataúd cubriéndose la nariz por el inaguantable hedor de la putrefacción.

Detalle del personaje que abre el ataúd

En el suelo, junto al túmulo, el gorro del noble, abandonado tras retirarse conmocionado del cadáver.

Detalle del sombrero en el suelo

La diversa expresión emocional de cada uno de los personajes, llorosos, asombrados, curiosos o circunspectos los miembros de la corte de la emperatriz e impasibles los representantes del clero.

Detalle de miembros de la corte

Detalle del clero

Y Dios le dijo a Moisés: “No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es” (Éxodo 3:5). 

sábado, 30 de marzo de 2024

 EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA

Crucificados menores. Museo de la Hermandad del Gran Poder. 

Crucificado. Siglo XVIII. Anónimo. Marfil tallado sobre madera. Plata labrada y cincelada.

El patrimonio escultórico de la Hermandad del Gran Poder está determinado por la presencia de una serie de imágenes de indudable valía no sólo devocional sino también artística que reciben culto en la Basílica.

La imagen del Crucificado es de gran calidad, con cruz de caoba y cantoneras labradas en plata.

El cuerpo está muy estilizado y adaptado a la curvatura natural del colmillo de elefante, utilizado como soporte escultórico, lo que viene a condicionar la disposición de los brazos sobre el travesaño horizontal del madero.

Detalle del crucificado


Detalle del crucificado

La cabeza esta inclinada hacia la derecha, sin corona de espinas, con el pelo peinado con una raya central y mechones cayendo sobre los dos hombros dejando visible parcialmente la oreja izquierda.

En el rostro destacan los párpados caídos, con el ceño fruncido, la nariz alargada y los labios semicerrados, y la barba bicéfala, todo lo cual le confiere una serena expresividad.

Detalle del rostro del crucificado

El paño de pureza, presenta un minucioso plegado, fijado con una cuerda y un gran nudo en el lado derecho donde se abre muy discretamente dejando al descubierto parte de ese costado. 

Detalle del paño de pureza

Las dos rodillas discretamente flexionadas con el pie derecho sobre el izquierdo fijado con un solo clavo.

Detalle de los pies

viernes, 29 de marzo de 2024

 NEUROLOGÍA-PSIQUIATRÍA

El trance de san Ignacio de Loyola en el Hospital de Manresa. Juan de Valdés Leal.

El trance de san Ignacio de Loyola en el Hospital de Manresa. Valdés Leal, Juan.1600-1664. Óleo sobre lienzo. 215 x 124 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla. (AA BY 3.0)

San Ignacio visitaba con frecuencia la enfermería del hospital de Manresa para atender a los pacientes, y esta obra narra un acontecimiento de la vida de san Ignacio, cuando se encontraba junto a una ventana que comunicaba con la iglesia. Se cuenta que bruscamente perdió el sentido y cayó al suelo. Tras una semana de estar en trance, creyéndosele muerto, lo fueron a enterrar, momento en el que se despertó causando la sorpresa entre los presentes.

La composición muestra al santo acostado en el suelo de una estancia, con las manos recogidas sobre el pecho.

Detalle del santo acostado

Le rodean varios personajes masculinos, uno de los cuales arrodillado advierte, después de ponerle la mano en el pecho, que su corazón aun latía. Esto provoca una reacción colectiva de asombro entre los presentes que ya se disponían a enterrarlo. 

Detalle del muchacho que le pone la mano en el pecho

A la derecha y en segundo término se describe una escena en la que aparece san Ignacio orando ante un cadáver, que varios deudos han llevado ante su presencia en el hospital, en espera de una resurrección milagrosa.

Detalle de San Ignacio orando ante un cadáver

En la parte superior del cuadro, dos angelitos contemplan la escena y al mismo tiempo alivian la tensión emocional que impera en la parte inferior de la escena.

Detalle de los angelitos

Medicamente puede interpretarse como una situación de catalepsia, consistente en un estado biológico en el cual la persona yace inmóvil, en aparente muerte y sin signos vitales, cuando en realidad se encuentra viva en un estado que podría ser consciente o inconsciente, lo que puede a su vez variar en intensidad.

En gran número de casos, este estado lleva a creer que la persona que padece un ataque de catalepsia ha fallecido, y este fenómeno puede llevar a enterrar a personas que aún están con vida, pero no muestran signos vitales.

La catalepsia es un síntoma de algunos trastornos nerviosos o condiciones tales como la enfermedad de Parkinson, la epilepsia y la esquizofrenia. 

En algunas ocasiones, el caso aislado de episodios catalépticos también puede ser desencadenados por un choque emocional extremo. 

Por Andrés Carranza Bencano. Catedrático de Traumatología y Cirugía Ortopédica