miércoles, 3 de enero de 2024

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

SABANA SANTA

Excavaciones arqueológicas.

El suplicio de la cruz es de origen oriental, y los griegos, egipcios y romanos lo recibieron de los fenicios, persas, asirios y caldeos.

Alejandro Magno heredó tal práctica de los persas que la emplearon sistemáticamente en el siglo VI a.C.

Se cree que fueron los fenicios los que la introdujeron en la capital del imperio itálico tres siglos después.

Otros académicos postulan que fueron los cartagineses los referentes que inspiraron a los romanos en este modo de ajusticiamiento, creencia compartida con Gualdi y el resto de investigadores, quienes consideran que los romanos la usaron durante casi un milenio hasta que el emperador Constantino la prohibió en el siglo IV d.C.

Constituye la forma de muertes más inhumana, suplicio infamante (servile suppliciun), por lo que el imperio romano la reservaba para los peores criminales, los esclavos, los extranjeros, los prisioneros de guerra, los enemigos del Imperio.

Se conoce que, en la rebelión de Espartaco, en el 71 a.C, se crucificaron a más de 6.000 prisioneros. Espartaco era un esclavo de origen tracio, de la tribu medos, con probable localización en la región de influencia de Macedonia. Junto a otros esclavos gladiadores, idearon un plan de escape que desembocó en un estallido en toda la península. Se les unían esclavos fugitivos de todas partes, conformándose de esta manera un gran ejército formado por hombres, mujeres y niños que, sorprendentemente, constituyó una combinación que demostró repetidas veces su capacidad para resistir y superar al equipado y entrenado ejército romano, las cualificadas legiones. Tras numerosas victorias, y a punto de obtener la libertad cruzando los Alpes, regresaron para sitiar Roma. La guerra acabó finalmente en 71 a. C.

Flavio Josefo escribe que en el asedio a Jerusalén los romanos crucificaban diariamente a quinientos prisioneros judíos frente a las murallas para intimidar a los que resistían: “Eran tantas sus víctimas que no tenían espacio suficiente para poner sus cruces, ni cruces para clavar sus cuerpos”.

Retrato (ficticio) de Josefo que aparece en la traducción de su obra elaborada por William Whistonde 1817


El sitio de Jerusalén del año 70 d.C.    fue un acontecimiento decisivo en la primera guerra judeo-romana, que finalizó con la caída de Masada en el año 73. El ejército romano, dirigido por el futuro emperador Tito, sitió y conquistó la ciudad de Jerusalén, que había estado ocupada por sus defensores judíos desde el año 66. La destrucción del Templo de Jerusalén es lamentada anualmente durante la festividad judía Tisha b´Av, a finales de agosto, y aparece en el Arco de Tito de Roma donde se representa y celebra el saqueo de Jerusalén y del Templo.

Según las fuentes históricas antiguas, los condenados nunca llevaban la cruz completa, como se cree comúnmente y se representa artísticamente; en lugar de esto, trasportaba solamente el travesaño horizontal o Patibulum, mientras que el palo vertical o Estipe se dejaba en un lugar permanente donde era utilizado para las ejecuciones posteriores. 

Por otra parte, sabemos por Josefo que, durante el primer siglo, la madera era tan escasa en Jerusalén que los romanos se vieron obligados a viajar a diez millas de Jerusalén para obtener la madera para sus máquinas de asedio. 

Por lo tanto, se puede suponer razonablemente que las escaseces de la madera pueden haber sido expresada en la economía de la crucifixión en el que el travesaño, así como el montante sería utilizado en varias ocasiones.

Campo de Crucifixión

A pesar de estas múltiples crucifixiones romanas no existe gran documentación arqueológicas sobre las mismas.

Excavaciones arqueológicas de  Giv’at ha-Mitvar, al norte de Jerusalén.

En 1968, unos constructores trabajaban en   Giv’at ha-Mitvar, un barrio judío en el norte de Jerusalén, y accidentalmente encontraron un gran cementerio judío del periodo del Segundo Templo, del siglo II a.C al año 70 d.C.

En total se trataba de los restos de 17 individuos de dos generaciones de una misma familia. Gente de cierta importancia y con recursos, porque no todo el mundo podía permitirse unos osarios como estos. 

Este esqueleto hallado en 2007 muestra evidencias que podrían indicar una crucifixión, pero no pudo demostrarse hasta ahora (Springer-Verlag GmbH)

Uno de ellos contenía los huesos de un tal “Simón, constructor del Templo”, quizá un albañil o un ingeniero que trabajó en la reconstrucción del Templo de Jerusalén realizada por Herodes el Grande. Otro albergaba los huesos de “Jehonathan, el alfarero”. Cinco de los miembros fallecieron con menos de 7 años y solo dos alcanzaron los 50. Un niño murió de inanición y una mujer fue asesinada de un mazazo en la cabeza.

Uno de los hombres había muerto en la cruz en el siglo I y uno de sus talones estaba todavía atravesado por un clavo. 

Se trataba de “Jehohanan, hijo de Hagkol”, según indica la inscripción que lo identifica. 

Medía 167 centímetros, no era especialmente musculoso, no parece que hubiese realizado trabajos que requirieran esfuerzo físico y tenía entre 24 y 28 años. 

Tzaferis descarta que fuera un ladrón, dada su buena posición social y económica, y además la cruz era castigo reservado a los extranjeros sediciosos. 

En todo caso, cuando fue desclavado, ya muerto, sus familiares no fueron capaces de retirar el clavo que atravesaba uno de sus talones y que, según los médicos que examinaron sus restos, en realidad fijó los dos pies a un duro madero de olivo. 

El clavo debió tener aproximadamente 7 pulgadas (17-18 cm) de largo. 

Prueba de la crucifixión: el hueso del talón y las uñas del osario de Yehohanan, descubierto en Jerusalén en 1968. (Cortesía del Museo de Israel. Fotógrafo: Ilan Shtulman).

En las investigaciones antropológicas iniciales de 1970 en la Universidad Hebrea de Jerusalén, el doctor Haas concluyó que Jehohanan fue crucificado con los brazos estirados y sus antebrazos clavados sobre una Cruz latina de dos vigas.

Joe Zias, conservador del departamento de Arqueología y Antropología de la Autoridad de Antigüedades de Israel entre 1972 y 1997, y el doctor Eliezer Sekeles, de la Facultad de Medicina de la Universidad Hebrea de Jerusalén, reexaminaron los restos y concluyeron que el clavo conservado había sido mucho más corto de lo supuesto por Haas, de unos 11,5 centímetros, de forma que cada talón fue clavado a cada lado de la cruz. Además, señalaron que no había señales de clavos en los antebrazos, por lo que es posible que estos fuesen amarrados con sogas al travesaño... si es que hubo un travesaño, porque consideraron que Jehohanan pudo haber sido ejecutado en una “cruz simple”, es decir, un poste vertical.

Excavaciones arqueológicas en Fenstanton, condado de Cambridgeshire, Reino Unido.

En noviembre de 2017 se realizaron unas prospecciones arqueológicas en la zona de una antigua planta embotelladora de leche, en el pueblo de Fenstanton, en el condado de Cambridgeshire, en Reino Unido, como fase previa para la construcción de una nueva serie de viviendas. 

La tumba en la localidad de Fenstanton del hombre crucificado. Albion Archaeology.

Los arqueólogos de la compañía Albion Archaeology encontraron un asentamiento romano, datado entre los siglos II y IV, que contenía los enterramientos de 40 adultos y cinco niños.  Entre ellos, un hombre de unos 25 a 35 años, presentaba un clavo que atravesaba uno de sus talones, como clara evidencia de que había sido ejecutado por medio de una crucifixión.

Como curiosidad, es inusual que el clavo apareciera clavado en el esqueleto del reo, pues normalmente estas piezas solían retirarse de los cadáveres tras la ejecución, ya que en la sociedad romana de aquel tiempo se creía que tenía propiedades mágicas o curativas.

Por otra parte, también era curioso que el cadáver fuese enterrado en un ataúd de madera de roble, lo que indica que probablemente fue entregado a sus familiares o allegados para su inhumación, algo del todo inusual al tratarse de un reo ejecutado mediante crucifixión, un castigo reservado a malhechores o enemigos de Roma.

Además, los arqueólogos consideran que el hombre era posiblemente un esclavo, pues presentaba signos evidentes de infecciones y daños en los huesos de sus espinillas, indicando que había estado encadenado; por esta razón, sorprende que el ejecutado fuese devuelto a sus familiares para su entierro, en lugar de ser sepultado en una fosa común, como solía ser habitual.

Cristo en la Cruz. Aimé Morot. 1883. Óleo sobre lienzo. Museo de Bellas Artes de Nancy

Excavaciones arqueológicas en Jerusalén.

En 1990, arqueólogos de la Autoridad de Antigüedades de Israel excavaron una cueva funeraria judía del siglo I después de Cristo, con ocasión de la construcción en el barrio de Talpiyot, a medio camino entre la antigua Jerusalén y Belén, al norte de Jerusalén.

La cueva contenía 12 osarios, cajas de piedra caliza en las que los judíos de este período colocaban tradicionalmente los restos de los difuntos una vez que los cuerpos se habían descompuesto.

Lo que distingue este entierro de otras tumbas encontradas en Jerusalén es que en uno de los osarios se inscribió el nombre “Caifás” (Kayafa en hebreo), y en otro con las palabras “José, hijo de Caifás”. Por lo que, muchos eruditos, aunque no todos, han identificado la cueva como la tumba familiar del sumo sacerdote que, según los evangelios, entregó a Jesús a Poncio Pilato y a los romanos para que lo ejecutaran.

Se encontraron dos clavos. Uno en el piso donde estaban los osarios 5 y 6; el otro, dentro del osario 1. Se dijo que los clavos se usaron para fijar las tapas de los osarios o para rayar el nombre del difunto en el costado de un osario. Ha sido la explicación admitida en los círculos académicos y por eso nadie se escandalizó cuando se perdieron.

Los dos clavos del debate: ¿de verdad atravesaron a un crucificado? ¿O simplemente se le han adherido trozos de hueso por haber estado en un osario?

Los clavos o uñas, como también se le denomina en el estudio, miden 8 cm de largo con un extremo ligeramente ahusado, se doblaron intencionalmente en un ángulo, una práctica aparentemente relacionada con los clavos usados ​​en crucifixiones. Los fragmentos blancos adheridos son en su mayoría minerales de fosfato secundarios formados a partir de la descomposición del fósforo óseo.

El Dr. Joe Zias, que en 1985 investigó el clavo de Jehohanan, considera que estos dos clavos estaban en el laboratorio de Haas y que los envió a la Universidad de Tel Aviv, donde se perdieron pues no se guardaron al considéralos de “poca importancia científica”, y son por lo tanto 15 años anteriores al hallazgo de la tumba de Caifás.  

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

CRUCIFIXIÓN 

El Calvario. Nicolaï Nikolaevitch Gay.

El Calvario. Nicolaï Nikolaevitch Gay. 1831-1894. Óleo sobre tela. 280 x 225 cm. Museo d’Orsay

Nikolaï Gay es un artista ruso perteneciente a la generación de los Itinerantes, un grupo de pintores hostiles a la pintura académica y empeñados en utilizar el arte como medio de reforma social. No era ortodoxo practicante, pero estaba profundamente influenciado por la moralidad y la espiritualidad cristiana. Pasó los últimos años de su vida trabajando en un ciclo de pinturas de la Pasión de Cristo, bajo la influencia del escritor progresista León Tolstoi. La Crucifixión, pintada hacia 1892, es el lienzo final del ciclo.

Gay lo reelaboró varias veces, como lo demuestra la figura del centurión romano que aparece sin terminar o parcialmente repintada en el fondo, como abandonando la escena. 

Detalle del centurión

Trató de traducir por medios formales el tormento moral y el sufrimiento de los estertores, acentuando la expresividad de los rostros y rechazando la visión académica de un cuerpo ideal, inhumano, inalterado por la Pasión; la iluminación dramática intensifica la emoción violenta que quería provocar en el espectador. 

Detalle de la gran expresividad del rostro y la fijación de las muñecas por el dorso

Se fijan los pies a cada lado del estipe con las rodillas en flexión. Las manos se fijan sobre la cara palmar de ambas muñecas. 

Detalle de los pies fijados lateralmente

La obra se consideró impactante y casi blasfema y el zar Alejandro ordenó que se retirara de la 22ª exposición de los Itinerantes, donde se mostró por primera vez.

lunes, 1 de enero de 2024

 PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Pie griego

La Última Cena. Juan de Juanes.

Pintado para el banco del retablo mayor de San Esteban, de Valencia, junto a las pinturas sobre la vida de san Esteban.

Siguiendo la iconografía tradicional en la Península, el pintor valenciano centró la escena en torno a Jesús, cuyo rostro denota placidez, dulzura y bondad mientras que su mano se apoya en el pecho como signo de interioridad, reafirmada por el manto rojo. No necesita corona visible ni nombre que lo identifique

Recoge el momento en que consagra la Sagrada Hostia de forma redonda, blanca y plana, no como un trozo del pan de la cena. A ella se dirigen las miradas y la expresividad de los Apóstoles.

Detalle de Jesús con la Hostia

En el centro de la mesa aparece el Cáliz, que es una exacta reproducción del que se guarda en la catedral de Valencia, considerado el auténtico vaso (Santo Grial) utilizado por Jesucristo en la Ultima Cena. Con esta pintura el autor apoya la fe del pueblo, en cuanto a la veracidad de la reliquia que se guarda y venera en el templo catedralicio. 

Detalle del Cáliz

Casi todos los objetos materiales del cuadro son anacrónicos (la estancia, las mesa, las vasijas, el pan consagrado, la cubertería) con la clara intención de mostrar la intemporalidad de la escena, pues la “Última Cena” se hallará siempre por encima del tiempo.

Sorprende el gran tamaño de la bandeja de cobre, pero junto a los cinco panes simboliza la multiplicación de los panes y los peces, enviando el mensaje de la Universalidad del don de la Eucaristía:” Comieron y se saciaron todos”.  

Detalle de la bandeja y los panes

La jarra y la jofaina del primer término aluden al Lavatorio de los pies, previo a la Cena, porque la condición de la Eucaristía es la humilde servidumbre hacia los hermanos, el hecho de agacharse ante ellos para limpiar y aliviar el polvo y el cansancio del camino.

Detalle de la jarra y la jofaina

Jesús y los doce discípulos se disponen en torno a una gran mesa, sentados o de pie, pero situándose en el mismo lado de dicha mesa, concentrados todos en los gestos del Maestro que alza una hostia blanquísima.

Los rostros y los gestos de los discípulos muestran admiración, sorpresa, devoción, adoración, particularmente Pedro y Juan, el lado de Jesús, que imitan el gesto de interioridad del Maestro llevando sus manos cruzadas sobre el pecho.  Solo Judas parece echarse hacia atrás.

Detalle de la mitas izquierda de la escena
Detalle dela mitad derecha de la escena

Todos los Apóstoles llevan nimbo con su nombre excepto Judas Iscariote, aunque su nombre se escribe dolosamente sólo en el banco que ocupa. Tiene la barba y el cabello rojos, según la tradición, viste de amarillo (color simbólico de la envidia), y oculta a sus compañeros la bolsa del dinero.

Detalle de Judas Iscariote

Finalmente, destacamos la morfología de pie griego con que se representa a Jesús.  Este tipo de pie se caracteriza por tener el segundo dedo más largo que el pulgar. Se conoce como griego debido a que en la mitología griega está asociado a las diosas y sus poderes.

Detalle de los pies de Jesús

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

LA ULTIMA CENA

La Última Cena. Juan de Juanes

La ultima cena. Juanes, Juan de. 1555-1562. Óleo sobre tabla. 116 x 191 cm. Museo del Prado. Sala 051

Pintado para el banco del retablo mayor de San Esteban, de Valencia, junto a las pinturas sobre la vida de san Esteban.

Siguiendo la iconografía tradicional en la Península, el pintor valenciano centró la escena en torno a Jesús, cuyo rostro denota placidez, dulzura y bondad mientras que su mano se apoya en el pecho como signo de interioridad, reafirmada por el manto rojo. No necesita corona visible ni nombre que lo identifique

Recoge el momento en que consagra la Sagrada Hostia de forma redonda, blanca y plana, no como un trozo del pan de la cena. A ella se dirigen las miradas y la expresividad de los Apóstoles.

Detalle de Jesús con la Hostia

En el centro de la mesa aparece el Cáliz, que es una exacta reproducción del que se guarda en la catedral de Valencia, considerado el auténtico vaso (Santo Grial) utilizado por Jesucristo en la Ultima Cena (ver). Con esta pintura el autor apoya la fe del pueblo, en cuanto a la veracidad de la reliquia que se guarda y venera en el templo catedralicio. 

Detalle del Cáliz

Casi todos los objetos materiales del cuadro son anacrónicos (la estancia, las mesa, las vasijas, el pan consagrado, la cubertería) con la clara intención de mostrar la intemporalidad de la escena, pues la “Última Cena” se hallará siempre por encima del tiempo.

Sorprende el gran tamaño de la bandeja de cobre, pero junto a los cinco panes simboliza la multiplicación de los panes y los peces, enviando el mensaje de la Universalidad del don de la Eucaristía:” Comieron y se saciaron todos”.  

Detalle de la bandeja y los panes

La jarra y la jofaina del primer término aluden al "Lavatorio de los pies", previo a la Cena, porque la condición de la Eucaristía es la humilde servidumbre hacia los hermanos, el hecho de agacharse ante ellos para limpiar y aliviar el polvo y el cansancio del camino.

Detalle de la jarra y la jofaina

Jesús y los doce discípulos se disponen en torno a una gran mesa, sentados o de pie, pero situándose en el mismo lado de dicha mesa, concentrados todos en los gestos del Maestro que alza una hostia blanquísima.

Los rostros y los gestos de los discípulos muestran admiración, sorpresa, devoción, adoración, particularmente Pedro y Juan, el lado de Jesús, que imitan el gesto de interioridad del Maestro llevando sus manos cruzadas sobre el pecho.  Solo Judas parece echarse hacia atrás.

Detalle de la mitas izquierda de la escena
Detalle dela mitad derecha de la escena

Todos los Apóstoles llevan nimbo con su nombre excepto Judas Iscariote, aunque su nombre se escribe dolosamente sólo en el banco que ocupa. Tiene la barba y el cabello rojos, según la tradición, viste de amarillo (color simbólico de la envidia), y oculta a sus compañeros la bolsa del dinero.

Detalle de Judas Iscariote

Finalmente, destacamos la morfología de pie griego con que se representa a Jesús.  Este tipo de pie se caracteriza por tener el segundo dedo más largo que el pulgar. Se conoce como griego debido a que en la mitología griega está asociado a las diosas y sus poderes.

Detalle de los pies de Jesús

domingo, 31 de diciembre de 2023

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA 

El Cáliz de Valencia (Santo Grial).

El Santo Cáliz de la catedral de Valencia se custodia en la Capilla de su nombre en la Catedral de santa María de Valencia y es identificado como el Santo Grial.  Según la tradición, fue empleada por Jesús de Nazaret para instituir la Eucaristía en la última cena con los apóstoles.

Exterior de la Catedral de Valencia

Interior de la catedral de Valencia desde los pies de la nave central

Frontal de la "Capilla del Cáliz"

Altar del Cáliz

Detalle del Cáliz

El cáliz consta de una copa superior tallada en piedra de ágata, que muestra vetas de colores cálidos cuando refracta la luz. Los arqueólogos consideran que es de origen oriental y de los años 100 a 50 antes de Cristo.

Se apoya en un pie con asas que habría sido añadido posteriormente, en la etapa medieval. Este consta de una columna central hexagonal con una tuerca redonda al medio y terminada en dos pequeños platos, uno donde se apoya la copa superior y otro en la parte inferior que sostiene el pie. Las asas tienen forma de serpiente, con sección también hexagonal. La base, de forma elíptica, es de calcedonia y contiene 28 pequeñas perlas, dos rubíes y dos esmeraldas, todo ello guarnecido en oro.

Su tamaño es de 17 cm de altura por 9 cm de anchura en la copa y 14,5 x 9,7 cm en la base.

En el pie hay una inscripción en árabe cúfico que reza “ALLAH JOSUA” (Jesús Dios”).

Este cáliz es el representado por el pintor valenciano Juan de Juanes en su cuadro de “La Santa Cena” de 1560, y en él se representa la copa con el pie con asas, con lo cual se manifiesta que ya tenía esas partes, en esas fechas. 


Hay muy pocos indicios del recorrido de la sagrada copa desde Jerusalén hasta Roma, pero la tradición cristiana cuenta, que, tras la última cena en Jerusalén, el Santo Grial fue guardado y utilizado por los apóstoles. En manos de San Pedro pasaría a la ciudad de Antioquía y posteriormente a Roma con el objetivo de ser utilizada por los primeros papas en las celebraciones eucarísticas.

En el año 258, el papa Sixto II, para protegerlo de la persecución del emperador Valeriano, se lo entregó a su diacono San Lorenzo.

En la Biblioteca Nacional de Madrid, se conserva un manuscrito del Siglo XVII titulado “Vida y martirio del glorioso español San Laurencio”, obra de Lorenzo Mateu y Sanz , y traducción de otro manuscrito original del siglo VI, obra del abad Donato, en el que se narra la historia de San Lorenzo y cómo este, poco antes de su propio martirio, confió a su compatriota legionario Precelio “algunas memorables reliquias, de forma que pudiera enviarlas a Hispania y entre ellas estaba la copa en la que Cristo consagró su sangre la noche de la Última Cena”.

Así, San Lorenzo envió la reliquia a Huesca, donde vivía su familia, cerca de la actual ermita de la Virgen de Loreto.

La Ermita de Loreto

Durante la invasión musulmana, a partir del año 713, el cáliz fue ocultado en la región del Pirineo, pasando por la cueva de Yesa, san Pedro de Siresa, Santa María de Sasabe (actualmente san Adrián de Sásabe) San Pedro de la Sede Real de Bailio, la catedral de Jaca y finalmente acabó en el siglo XI en el monasterio de san Juan de la Peña (Huesca), donde un documento del año 1071 menciona un precioso cáliz de piedra: “Calis lapsis exilis Domini. Igualmente, el documento "Vida de de S. Lorenzo", escrito por Carreras Ramírez, Canon de Zaragoza, el 14 de diciembre de 1134, referencia la presencia del Santo Cáliz en el monasterio de San Juan del Peña al escribir (página 109): "En un arca de marfil está el Cáliz en que Cristo N. Señor consagró su sangre, el cual envió S. Laurenzo a su patria, Huesca". 

Monasterio de san Juan de la Peña (Huesca)

La reliquia fue entregada en el año 1399 al Rey de Aragón, Martín I el Humano que lo tuvo en el Palacio Real de la Aljafería de Zaragoza y luego hasta su muerte, en el Real de Barcelona en 1410. 

Palacio Real de la Aljafería de Zaragoza

Hacia 1424, el segundo sucesor de Don Martin, el Rey Alfonso V el Magnánimo, llevo el relicario al palacio de Valencia.

La conquista del reino de Nápoles le supuso a este rey contraer una gran deuda con la jerarquía eclesiástica y para condonar dicha deuda, el Santo Cáliz fue entregado a la iglesia en 1437.

El 3 de abril de 1744, durante el servicio de Semana Santa, el cáliz escapó de las manos del canónigo Vicente Frígola y Brizuela   y cayó, partiéndose en dos. El maestro platero Luis Vicent efectuó una reparación, en presencia del notario Juan Claver, y solo se observan dos pequeñas grietas. La impresión del accidente fue tal que el canónigo Frígola enfermó y murió días después.

Fue conservado y venerado durante siglos entre las reliquias de la Catedral y hasta el siglo XVIII se utilizó para contener la forma sagrada en el “monumento del Jueves Santo”.

En el año 1916 fue finalmente instalado en la antigua Sala Capitular, habilitada como Capilla del Santo Cáliz, a los pies de la nave de la epístola.

Desde entonces, solo en dos ocasiones ha abandonado la catedral de Valencia. Durante la Guerra de la Independencia (1809-1813) fue trasladado a Ibiza para salvaguardarlo de las tropas napoleónicas y posteriormente durante la Guerra Civil Española fue ocultado en el municipio de Carlet.

Muro en la Casa del Carlet donde el Cáliz permaneció entre 1937 y 1939

Es difícil de asegurar, pero es completamente posible que este vaso sea el “Santo Cáliz”, pues es una auténtica copa judía de bendición del siglo I, y como tal ha sido aceptada por la Iglesia. El Beato Juan XXIII concedió indulgencia plenaria en el día de su fiesta anual. El Papa Juan Pablo II celebró la Eucaristía con el Santo Cáliz durante su visita a Valencia el 8 de noviembre de 1982. Su Santidad Benedicto XVI celebró la Eucaristía con motivo del V Encuentro Mundial de las Familias, el 8 de Julio de 2006. Finalmente, el Papa Francisco concedió la celebración de un Año Jubilar Eucarístico en honor del Santo Cáliz, cada cinco años a partir de 2015.

Real Colegiata de san Isidoro de León

A través de dos documentos hallados en la biblioteca de Al-Azhar en El Cairo, los investigadores defienden que en el siglo XI, Egipto atravesaba una gran hambruna motivada por una sequía, ante lo cual el califa Al Mutansir pidió ayuda al pueblo musulmán. El Emir de Denia, un pequeño taifa de la península, responderá enviando barcos con alimentos.

Como agradecimiento el Califa egipcio regala al emir de Denia diversos presentes entre los cuales se encontraban los cuencos de onix que componen un cáliz. Durante el viaje, a uno de los cuencos le fue arrancada una esquirla con una gummia, pequeño cuchillo curvo de tipología árabe, cuyo corte se puede apreciar en el cuenco de la parte superior.

El reino de León se encontraba gobernado por Fernando I el Grande, uno de los reyes más poderosos en la cristiandad, que se encontraba atacando Valencia, ante lo cual el Emir de Denia le regalará al rey leonés los cuencos que forman el cáliz a fin de gozar de su favor.

Al morir Fernando I decidió dividir su reino entre sus hijos, entregando León a Alfonso, Castilla a Sancho, Galicia a García, Toro a Elvira y haciendo a Urraca señora de Zamora.

Doña Urraca era la hija primogénita y por tanto era la dómina del Infantado de León, una institución jurídica por la que le competía el patronato y las rentas de todos los monasterios pertenecientes al patrimonio regio.  Y donó sus joyas para decorar los cuencos de Fernando I para darle forma de Cáliz. 

En la parte superior se introduce un cuenco áureo con decoración al exterior a base de cabujones de perlas, zafiros, esmeraldas, aljofares y un camafeo de pasta vítrea de estética romana entre otras.

Ambos cuencos de ónix se unen por un grueso nudo de oro de gran calidad y ocho tirantes. El nudo, organiza su decoración a base de cuatro placas romboidales con cruces flordelisadas de esmaltes de color verde, completándose con cabujones de piedras preciosas y las filigranas de caracolillos y tallos. En la base de este nudo, Urraca nos dejó constancia de que ella fue la donante, con una inscripción de filigrana de oro que reza: IN NOMINE DOMINI URRACA FREDINANDI, (en nombre del Señor, Urraca hija de Fernando).

El pie del cáliz está decorado con arquillos de medio punto y cordoncillos de oro.