domingo, 7 de enero de 2024

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

CRUCIFIXIÓN 

Hortus Deliciarum.

La crucifixión de Jesucristo. ilustración del Hortus Deliciarum de Herrad von Landsberg

Es una enciclopedia escrita por Herrad von Landsberg, Abadesa de la Abadía de Hohenbourg, en Alsacia, en el Sacro Imperio Romano Germánico, alrededor de 1175, ilustrada con 344 miniaturas, y escrita en latín, resumiendo los conocimientos teológicos y profanos de aquellos tiempos, con el fin de educar a las monjas de la Abadía.

El monasterio de Hohenbourg sobre la montaña. Grabado. 1800. Bibliothéque nationale et universitaire de Strasbourg


El manuscrito fue conservado en la Abadía de Hohenbourg, pero después del gran Incendio de 1546, que destruyó casi por completo la abadía, la última abadesa, Inés de Oberkirch, dejó la propiedad de la misma al obispo de Estrasburgo, y así el "Hortus Deliciarum" se convirtió en parte de los archivos diocesanos Saverne.

Más tarde el manuscrito fue encontrado en la Cartuja de Molsheim, donde en el siglo XVII se hizo una copia del texto. 

Durante la Revolución francesa, el manuscrito pasó a la Biblioteca del Distrito de Estrasburgo. 

Biblioteca nacional y universitaria de Estrasburgo

El original se quemó en la noche del 24 al 25 de agosto de 1870, durante la Guerra franco-prusiana, en un incendio que estalló durante el sitio de Estrasburgo, en la Biblioteca Nacional y universitaria de Estrasburgo, donde estaba almacenado en ese momento. 

Guerra franco-prusiana. Raoul Arus. Finales del siglo XIX. Óleo sobre lienzo. 77 x 113 cm.

Gracias a la disponibilidad de copias y reproducciones de la mayoría de las miniaturas, y los textos en latín que las acompañaban, se ha logrado reconstruir este testimonio único de la historia cultural y religiosa medieval de Alsacia.

Ha sido posible reconstruir 254 de las 344 Miniaturas del "Hortus Deliciarum", al menos en las líneas generales. En 1879 la sociedad encargó al canónigo y arqueólogo de Estrasburgo Alexandre Joseph Straub preservar el documento histórico alsaciano, con la tarea, que fue completada en 1899 por G. Keller, de empaquetarlo en 113 placas de gran formato.

Representa la crucifixión con todos los detalles simbólicos, correspondientes al siglo XI, y hasta finales de la Edad Media, en que la representación fue ganando en crudeza, pues Jesús comenzó a representarse como un ser humano, capaz de experimentar los dolores físicos y morales.

La miniatura nos muestra todos los elementos agrupados que de ordinario se encuentran aislados.

Jesús aparece muerto, su cuerpo se desploma y flexiona, con los ojos cerrados, y la cabeza caída hacia la derecha. Según los teólogos su muerte no se debió a un proceso orgánico sino a un acto de voluntad divina y la escena de la muerte de Cristo culmina el ciclo de la Pasión, por lo que se coloca en la parte más alta de los Retablos. 

Detalle de Jesús

Jesucristo es el nuevo Adán y con su pasión da lugar al nacimiento de la Iglesia eliminando los poderes de la antigua sinagoga.

Se cree que Jesús muere donde se había enterrado Adán de modo que su sangre habría caído sobre los huesos de nuestro primer padre. 

Detalle de los pies de Jesús con su sangre vertiéndose hacia abajo


Porque, el lugar en que se asienta la Cruz, según las Escrituras, es el monte Gólgota (que en arameo significa calavera), el mismo dónde fue sepultado Adán, por ello, a los pies de la Cruz se represente una calavera, el cráneo de Adán, o incluso al primer hombre saliendo de la tumba.

A los pies de la Cruz. El primer hombre saliendo de la tumba

Según los Evangelios Apócrifos, la sangre de Jesús al derramarse, corrió a través de una grieta hasta los huesos de Adán, mojándolos, quedado perdonado así de su pecado y bautizado como cristiano.

Para ello, los teólogos se basaron en el pasaje de la muerte de Cristo narrada en el Evangelio de Mateo, en el que narra que “la tierra tembló y se hendieron las rocas; se abrieron los monumentos, y muchos cuerpos de santos que dormían, resucitaron" (Mt 27:52). De este modo, aunque en ningún momento se menciona el nombre de Adán, se estableció la relación entre el Pecado Original y la Muerte Redentora de Cristo. 

Detalle de los pies de la Cruz

La leyenda cuenta que cuando murió Adán, le pusieron en su boca una semilla del Árbol de la Ciencia, el árbol del bien y del mal, y esta germinó al enterrarlo. Con la madera de dicho árbol construyeron la Cruz dónde moriría Cristo, que se plantó en el mismo lugar dónde descansaban los restos del primer hombre.

No existe ninguna evidencia histórica de la existencia de Adán y menos aún de que fuera enterrado en la capilla del Santo Sepulcro, a pesar de ello, se sigue exhibiendo la oquedad en la roca y la grieta que la conecta con el agujero donde se supone que se colocó la cruz. 

La “Cueva de los Tesoros” (narración anónima apócrifa basada en los textos de la Biblia y escrita en siriaco a finales del siglo VI o principios del VII) establece otro paralelismo entre Andan y Cristo. Jesús murió un viernes, el mismo día que Adán, a la hora de tercia en que Adán cometió   la falta del Pecado Original, por la que perdió al género humano y fue expulsado del Paraíso Terrenal. En viernes se pecó y en viernes se perdonó el pecado, dándole al sacrificio de Cristo la significación de la victoria sobre la muerte a la que Dios destinó a todos los humanos por haber comido el fruto del árbol de la sabiduría. 

Detalle del rostro de Jesús

Lo mismo que Eva había nacido de la costilla de Adán, para perder al género humano, la Iglesia (la nueva Eva) salió del costado abierto de Jesús para salvar a la humanidad, y recoge en su cáliz la sangre y el agua que salieron de la llaga de Jesús, que son el símbolo de los dos principales Sacramentos: El Bautismo y la Eucaristía.

La Iglesia recoge en su Cáliz la sangre y el agua del costado de Cristo

Jesús muriendo ha dado lugar al nacimiento de la Iglesia, y ha abolido los poderes de la Sinagoga. La Iglesia se sitúa a la derecha, coronada, nimbada, con un estandarte triunfal en la mano. La Iglesia sentada sobre un animal de cuatro patas y cuatro cabezas que representa los cuatro animales evangélicos.

La Iglesia sobre un animal de cuatro patas y cuatro cabezas
Detalle de los cuatro animales evangélicos

La Sinagoga a la izquierda con los ojos cubiertos con una banda, en una mano sujeta la asta rota de su bandera y en la otra deja escapar las tablas de la Ley, mientras la corona cae de su cabeza. La sinagoga montada sobre un asno encabritado que recula en lugar de avanzar.

La Sinagoga montada sobre un asno que recula

María reemplaza a la Iglesia, no solo es la madre de Jesús sino que también es la madre de la Iglesia, y Juan representa a la Sinagoga.

Por ello, la virgen se sitúa siempre a la derecha de la Cruz y San Juan a su izquierda. Aparecen de pie y en posturas serenas. María puede aparecer con las manos cruzadas sobre el pecho, la cabeza inclinada y el gesto compungido, y San Juan suele apoyar su rostro en una de sus manos, expresando su pena.

Detalle de la Virgen y san Juan

El simbolismo reemplaza la Iglesia por Longinos a la derecha de Jesús y la Sinagoga por Estephaton, a la izquierda. 

Longinos y Estephaton

El bueno y el mal ladrón simbolizan la nueva Iglesia y la antigua sinagoga.

Así, los dos ladrones pueden acompañar en sus cruces a Cristo, aunque aparecen atados y no clavados a ellas. El buen ladrón, Dimas, aparecerá a la derecha y Gestas, el malo, aparece a la izquierda.  

El bueno y el mal ladrón

Otros elementos muy característicos que acompaña la Crucifixión son las representaciones del Sol y la Luna. Aparecen a ambos lados de la cruz, normalmente sobre ella, respectivamente a derecha e izquierda. Estas figuras pueden ser antropomórficas o no, pero siempre son identificables por portar los rasgos característicos de sus astros, como los rayos solares o una media luna. Su significado puede interpretarse como una referencia a lo eterno, pero también como que el poder divino está por encima de ellos.

Detalle del Sol y la Luna

Finalmente, el velo rasgado del templo, situado en lo alto de la composición, indica la sustitución de la Antigua Ley por la Nueva. 

Detalle del velo rasgado

viernes, 5 de enero de 2024

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

CRUCIFIXIÓN 

Manuscrito de Rábula.

Rabula-Evangelium, Szene: Kreuzigung. Meister des Rabula-Evangeliums. 586. Pergamino altura: 33,5 cm; ancho: 25,5 cm. Biblioteca Medicea-Laurenziana, Florenz. (ver)


Se trata de un manuscrito del Evangelio, escrito en lengua siria antigua o lengua pesita, pintado por el escriba Rábula en 586, para el convento hoy desaparecido, de san Juan de Zagba, en Mesopotamia. 

Investigaciones recientes sugieren que el manuscrito fue completado en el año 586 y posteriormente fue retocado parcialmente por restauradores, y unido con miniaturas de otras fuentes en los siglos XV o XVI.

Está considerado como una de las mejores obras Bizantinas producidas en Asia, y uno de los primeros manuscritos cristianos con grandes miniaturas.

La historia del manuscrito después de su redacción es desconocida hasta el siglo xi, cuando estuvo en Maipuc-Biblos, Líbano.  A finales del siglo xiii o principios del siglo xiv llegó al monasterio de Quannubin en el Valle de Qadisha. 


A finales del siglo XV o principios del XVI, el manuscrito fue llevado por el Patriarca maronita (ver) a la Biblioteca Laurenciana de Florencia, donde se encuentra actualmente. El manuscrito ha servido durante la Edad Media como registro de los patriarcas maronitas.  

Biblioteca Laurenciana de Florencia (ver)


La escena de la crucifixión aparece encima de las de la visita al sepulcro y la aparición de Cristo resucitado.

Pero no está mostrando un Cristo resucitado, dado que la escena siguiente representa la resurrección, con el motivo, también descriptivo, de la aparición de Cristo a las dos Marías tras el anuncio del ángel.

Detalle de la escena inferior de la Resurrección

La escena superior representa el Calvario con un Cristo crucificado sobre una cruz que domina a la de los ladrones. 

Detalle de la escena superior del Calvario

Su rostro lo inclina suavemente sobre el lado derecho, circundado por un gran nimbo. Sus ojos abiertos, como “Cristo vigilante”, sin ninguna huella de sufrimiento en el rostro. Tiene barba corta y una melena más abundante que los Cristos alejandrinos y más discreta que los barbados Cristos bizantinos tras la aparición del rostro de Edesa (ver). El cuerpo en posición recta, fijo a la cruz por cuatro clavos dorados. Una larga túnica como suntuoso “colobium” violeta, bordeado por dos largas bandas de oro, lo cubre casi por completo, muy distinta del escueto taparrabos con que lo representa el mundo romano o del perizoma bizantino.

La intencionalidad narrativa que se deja ver en los dibujos de Rabbula, nos aleja de la posibilidad de comprender este Cristo de ojos vigilantes desde una óptica monofisita, herejía que perduró en Siria y Alejandría aún después de Calcedonia, según la cual Cristo no sufrió en la cruz porque en realidad carecería de naturaleza humana, la única susceptible de sufrimiento físico. Más bien la crucifixión comenzó a ser representada para expresar dicha humanidad a partir de las controversias sobre la naturaleza humana y divina de Cristo.

Detalle de Jesús

Es la primera ocasión histórica en que encontramos a Longinos que clava su lanza en el costado de Cristo, de donde sale sangre y agua, como símbolos de la Eucaristía y del Bautismo, y manifestación de que Cristo continua vivo después de muerto.

El “colobium”, abierto lateralmente, deja ver el pecho atravesado por un porta-lanza que una inscripción designa como Longinos, que clava la lanza en lugar de romperle las piernas, confirmándose la profecía: “No le quebraran ni un hueso” (Ex. 12,46), “Mirarán al que traspasaron (Zac 12:10). Curiosamente, el autor escribe solamente el nombre de Longinos y no el de los otros personajes.

Detalle de Longinos

A la izquierda de Jesús aparece Stephaton, con su porta-esponja y un cubo. La presencia en la representación de los dos personajes Longinos y Stephatón a ambos lados de la cruz, uno con la lanza y el segundo con la esponja sobre una caña, es también aportación siríaca a la iconografía cristólógica, personajes que a partir de aquí estarán presentes en todas las representaciones de la crucifixión hasta el Cristo de San Damián y en el gótico. 

Detalle de Stephatón

Los ladrones cubiertos solo con un “perizonium”, atado el busto a la cruz y clavos en manos y pies. El ladrón izquierdo inclina la cabeza hacia Cristo, el ladrón derecho mira a Cristo con arrogancia.

No hay la preocupación simbólica que aparecerá en el mundo bizantino, donde el ladrón no arrepentido volverá la cara para no mirar a Cristo y donde los salvados mostrarán su rostro completo.

Los dos ladrones no se contemplan en los evangelios canónicos, sino en el Evangelio apócrifo de Nicodemo (10:1): “Y Jesús salió del Pretorio y los dos ladrones con Él. Y cuando llegó al lugar que se llama Gólgota, los soldados lo desnudaron de sus vestiduras y le ciñeron un lienzo, y pusieron sobre su cabeza una corona de espinas y colocaron una caña en sus manos. Y crucificaron igualmente a los dos ladrones a sus lados, Dimas a su derecha y Gestas a su izquierda”.

Detalle de Dimas
Detalle de Gestas

El crucificado tiene la cabeza girada hacia el lado derecho, pues mira al discípulo y a la Virgen, aureolados con un gran nimbo. Se trata de una representación descriptiva de los hechos acontecidos momentos antes de su muerte, en que Jesús encomienda respectivamente a Juan y a María ser hijo y ser madre.

La ubicación de dos de los personajes (María y Juan) que aparecen en la escena de la crucifixión, juntos, al mismo lado derecho de Cristo, es algo extraño en la iconografía bizantina y en la iconografía europea, incluso también en muchas otras representaciones de la crucifixión que se dibujan en el Oriente Medio.

La imagen más común representa a Cristo Crucificado en el medio, a María a su derecha y a Juan a su izquierda, en un esquema llamado Deesis (ver), con una intencionalidad teológica en la que ambos personajes interceden ante Cristo por el orante. 

Detalle de La Virgen y san Juan

Al lado tres espectadores. Al pie de la cruz tres soldados practican el juego mediterráneo conocido como de la “mora” y echan suertes sobre la túnica de Jesús.

Detalle de los tres espectadores
Detalle de los soldados a los pies de la cruz

El sol y la luna encuadran la escena, el sol a la derecha y la luna a la izquierda, simbolizando  las tinieblas que rodearon la tierra, en el momento de la muerte. 

Detalle del Sol y la Luna

miércoles, 3 de enero de 2024

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

SABANA SANTA

Excavaciones arqueológicas.

El suplicio de la cruz es de origen oriental, y los griegos, egipcios y romanos lo recibieron de los fenicios, persas, asirios y caldeos.

Alejandro Magno heredó tal práctica de los persas que la emplearon sistemáticamente en el siglo VI a.C.

Se cree que fueron los fenicios los que la introdujeron en la capital del imperio itálico tres siglos después.

Otros académicos postulan que fueron los cartagineses los referentes que inspiraron a los romanos en este modo de ajusticiamiento, creencia compartida con Gualdi y el resto de investigadores, quienes consideran que los romanos la usaron durante casi un milenio hasta que el emperador Constantino la prohibió en el siglo IV d.C.

Constituye la forma de muertes más inhumana, suplicio infamante (servile suppliciun), por lo que el imperio romano la reservaba para los peores criminales, los esclavos, los extranjeros, los prisioneros de guerra, los enemigos del Imperio.

Se conoce que, en la rebelión de Espartaco, en el 71 a.C, se crucificaron a más de 6.000 prisioneros. Espartaco era un esclavo de origen tracio, de la tribu medos, con probable localización en la región de influencia de Macedonia. Junto a otros esclavos gladiadores, idearon un plan de escape que desembocó en un estallido en toda la península. Se les unían esclavos fugitivos de todas partes, conformándose de esta manera un gran ejército formado por hombres, mujeres y niños que, sorprendentemente, constituyó una combinación que demostró repetidas veces su capacidad para resistir y superar al equipado y entrenado ejército romano, las cualificadas legiones. Tras numerosas victorias, y a punto de obtener la libertad cruzando los Alpes, regresaron para sitiar Roma. La guerra acabó finalmente en 71 a. C.

Flavio Josefo escribe que en el asedio a Jerusalén los romanos crucificaban diariamente a quinientos prisioneros judíos frente a las murallas para intimidar a los que resistían: “Eran tantas sus víctimas que no tenían espacio suficiente para poner sus cruces, ni cruces para clavar sus cuerpos”.

Retrato (ficticio) de Josefo que aparece en la traducción de su obra elaborada por William Whistonde 1817


El sitio de Jerusalén del año 70 d.C.    fue un acontecimiento decisivo en la primera guerra judeo-romana, que finalizó con la caída de Masada en el año 73. El ejército romano, dirigido por el futuro emperador Tito, sitió y conquistó la ciudad de Jerusalén, que había estado ocupada por sus defensores judíos desde el año 66. La destrucción del Templo de Jerusalén es lamentada anualmente durante la festividad judía Tisha b´Av, a finales de agosto, y aparece en el Arco de Tito de Roma donde se representa y celebra el saqueo de Jerusalén y del Templo.

Según las fuentes históricas antiguas, los condenados nunca llevaban la cruz completa, como se cree comúnmente y se representa artísticamente; en lugar de esto, trasportaba solamente el travesaño horizontal o Patibulum, mientras que el palo vertical o Estipe se dejaba en un lugar permanente donde era utilizado para las ejecuciones posteriores. 

Por otra parte, sabemos por Josefo que, durante el primer siglo, la madera era tan escasa en Jerusalén que los romanos se vieron obligados a viajar a diez millas de Jerusalén para obtener la madera para sus máquinas de asedio. 

Por lo tanto, se puede suponer razonablemente que las escaseces de la madera pueden haber sido expresada en la economía de la crucifixión en el que el travesaño, así como el montante sería utilizado en varias ocasiones.

Campo de Crucifixión

A pesar de estas múltiples crucifixiones romanas no existe gran documentación arqueológicas sobre las mismas.

Excavaciones arqueológicas de  Giv’at ha-Mitvar, al norte de Jerusalén.

En 1968, unos constructores trabajaban en   Giv’at ha-Mitvar, un barrio judío en el norte de Jerusalén, y accidentalmente encontraron un gran cementerio judío del periodo del Segundo Templo, del siglo II a.C al año 70 d.C.

En total se trataba de los restos de 17 individuos de dos generaciones de una misma familia. Gente de cierta importancia y con recursos, porque no todo el mundo podía permitirse unos osarios como estos. 

Este esqueleto hallado en 2007 muestra evidencias que podrían indicar una crucifixión, pero no pudo demostrarse hasta ahora (Springer-Verlag GmbH)

Uno de ellos contenía los huesos de un tal “Simón, constructor del Templo”, quizá un albañil o un ingeniero que trabajó en la reconstrucción del Templo de Jerusalén realizada por Herodes el Grande. Otro albergaba los huesos de “Jehonathan, el alfarero”. Cinco de los miembros fallecieron con menos de 7 años y solo dos alcanzaron los 50. Un niño murió de inanición y una mujer fue asesinada de un mazazo en la cabeza.

Uno de los hombres había muerto en la cruz en el siglo I y uno de sus talones estaba todavía atravesado por un clavo. 

Se trataba de “Jehohanan, hijo de Hagkol”, según indica la inscripción que lo identifica. 

Medía 167 centímetros, no era especialmente musculoso, no parece que hubiese realizado trabajos que requirieran esfuerzo físico y tenía entre 24 y 28 años. 

Tzaferis descarta que fuera un ladrón, dada su buena posición social y económica, y además la cruz era castigo reservado a los extranjeros sediciosos. 

En todo caso, cuando fue desclavado, ya muerto, sus familiares no fueron capaces de retirar el clavo que atravesaba uno de sus talones y que, según los médicos que examinaron sus restos, en realidad fijó los dos pies a un duro madero de olivo. 

El clavo debió tener aproximadamente 7 pulgadas (17-18 cm) de largo. 

Prueba de la crucifixión: el hueso del talón y las uñas del osario de Yehohanan, descubierto en Jerusalén en 1968. (Cortesía del Museo de Israel. Fotógrafo: Ilan Shtulman).

En las investigaciones antropológicas iniciales de 1970 en la Universidad Hebrea de Jerusalén, el doctor Haas concluyó que Jehohanan fue crucificado con los brazos estirados y sus antebrazos clavados sobre una Cruz latina de dos vigas.

Joe Zias, conservador del departamento de Arqueología y Antropología de la Autoridad de Antigüedades de Israel entre 1972 y 1997, y el doctor Eliezer Sekeles, de la Facultad de Medicina de la Universidad Hebrea de Jerusalén, reexaminaron los restos y concluyeron que el clavo conservado había sido mucho más corto de lo supuesto por Haas, de unos 11,5 centímetros, de forma que cada talón fue clavado a cada lado de la cruz. Además, señalaron que no había señales de clavos en los antebrazos, por lo que es posible que estos fuesen amarrados con sogas al travesaño... si es que hubo un travesaño, porque consideraron que Jehohanan pudo haber sido ejecutado en una “cruz simple”, es decir, un poste vertical.

Excavaciones arqueológicas en Fenstanton, condado de Cambridgeshire, Reino Unido.

En noviembre de 2017 se realizaron unas prospecciones arqueológicas en la zona de una antigua planta embotelladora de leche, en el pueblo de Fenstanton, en el condado de Cambridgeshire, en Reino Unido, como fase previa para la construcción de una nueva serie de viviendas. 

La tumba en la localidad de Fenstanton del hombre crucificado. Albion Archaeology.

Los arqueólogos de la compañía Albion Archaeology encontraron un asentamiento romano, datado entre los siglos II y IV, que contenía los enterramientos de 40 adultos y cinco niños.  Entre ellos, un hombre de unos 25 a 35 años, presentaba un clavo que atravesaba uno de sus talones, como clara evidencia de que había sido ejecutado por medio de una crucifixión.

Como curiosidad, es inusual que el clavo apareciera clavado en el esqueleto del reo, pues normalmente estas piezas solían retirarse de los cadáveres tras la ejecución, ya que en la sociedad romana de aquel tiempo se creía que tenía propiedades mágicas o curativas.

Por otra parte, también era curioso que el cadáver fuese enterrado en un ataúd de madera de roble, lo que indica que probablemente fue entregado a sus familiares o allegados para su inhumación, algo del todo inusual al tratarse de un reo ejecutado mediante crucifixión, un castigo reservado a malhechores o enemigos de Roma.

Además, los arqueólogos consideran que el hombre era posiblemente un esclavo, pues presentaba signos evidentes de infecciones y daños en los huesos de sus espinillas, indicando que había estado encadenado; por esta razón, sorprende que el ejecutado fuese devuelto a sus familiares para su entierro, en lugar de ser sepultado en una fosa común, como solía ser habitual.

Cristo en la Cruz. Aimé Morot. 1883. Óleo sobre lienzo. Museo de Bellas Artes de Nancy

Excavaciones arqueológicas en Jerusalén.

En 1990, arqueólogos de la Autoridad de Antigüedades de Israel excavaron una cueva funeraria judía del siglo I después de Cristo, con ocasión de la construcción en el barrio de Talpiyot, a medio camino entre la antigua Jerusalén y Belén, al norte de Jerusalén.

La cueva contenía 12 osarios, cajas de piedra caliza en las que los judíos de este período colocaban tradicionalmente los restos de los difuntos una vez que los cuerpos se habían descompuesto.

Lo que distingue este entierro de otras tumbas encontradas en Jerusalén es que en uno de los osarios se inscribió el nombre “Caifás” (Kayafa en hebreo), y en otro con las palabras “José, hijo de Caifás”. Por lo que, muchos eruditos, aunque no todos, han identificado la cueva como la tumba familiar del sumo sacerdote que, según los evangelios, entregó a Jesús a Poncio Pilato y a los romanos para que lo ejecutaran.

Se encontraron dos clavos. Uno en el piso donde estaban los osarios 5 y 6; el otro, dentro del osario 1. Se dijo que los clavos se usaron para fijar las tapas de los osarios o para rayar el nombre del difunto en el costado de un osario. Ha sido la explicación admitida en los círculos académicos y por eso nadie se escandalizó cuando se perdieron.

Los dos clavos del debate: ¿de verdad atravesaron a un crucificado? ¿O simplemente se le han adherido trozos de hueso por haber estado en un osario?

Los clavos o uñas, como también se le denomina en el estudio, miden 8 cm de largo con un extremo ligeramente ahusado, se doblaron intencionalmente en un ángulo, una práctica aparentemente relacionada con los clavos usados ​​en crucifixiones. Los fragmentos blancos adheridos son en su mayoría minerales de fosfato secundarios formados a partir de la descomposición del fósforo óseo.

El Dr. Joe Zias, que en 1985 investigó el clavo de Jehohanan, considera que estos dos clavos estaban en el laboratorio de Haas y que los envió a la Universidad de Tel Aviv, donde se perdieron pues no se guardaron al considéralos de “poca importancia científica”, y son por lo tanto 15 años anteriores al hallazgo de la tumba de Caifás.  

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

CRUCIFIXIÓN 

El Calvario. Nicolaï Nikolaevitch Gay.

El Calvario. Nicolaï Nikolaevitch Gay. 1831-1894. Óleo sobre tela. 280 x 225 cm. Museo d’Orsay

Nikolaï Gay es un artista ruso perteneciente a la generación de los Itinerantes, un grupo de pintores hostiles a la pintura académica y empeñados en utilizar el arte como medio de reforma social. No era ortodoxo practicante, pero estaba profundamente influenciado por la moralidad y la espiritualidad cristiana. Pasó los últimos años de su vida trabajando en un ciclo de pinturas de la Pasión de Cristo, bajo la influencia del escritor progresista León Tolstoi. La Crucifixión, pintada hacia 1892, es el lienzo final del ciclo.

Gay lo reelaboró varias veces, como lo demuestra la figura del centurión romano que aparece sin terminar o parcialmente repintada en el fondo, como abandonando la escena. 

Detalle del centurión

Trató de traducir por medios formales el tormento moral y el sufrimiento de los estertores, acentuando la expresividad de los rostros y rechazando la visión académica de un cuerpo ideal, inhumano, inalterado por la Pasión; la iluminación dramática intensifica la emoción violenta que quería provocar en el espectador. 

Detalle de la gran expresividad del rostro y la fijación de las muñecas por el dorso

Se fijan los pies a cada lado del estipe con las rodillas en flexión. Las manos se fijan sobre la cara palmar de ambas muñecas. 

Detalle de los pies fijados lateralmente

La obra se consideró impactante y casi blasfema y el zar Alejandro ordenó que se retirara de la 22ª exposición de los Itinerantes, donde se mostró por primera vez.