sábado, 4 de enero de 2025

 PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Pie cavo

Predicación del Bautista en el desierto. Massimo Stanzione.

Predicación del Bautista en el desierto. Stanzione, Massimo. 1634. Óleo sobre lienzo. 187 x 335 cm. Museo del Prado. Sala 005. (CC BY 3.0)


Esta obra forma parte de una serie dedicada a la vida del Bautista, con otros tres lienzos del mismo autor, El nacimiento del Bautista anunciado a Zacarias, Degollación de San Juan Bautista, San Juan Bautista se despide de sus padres. Además, el de Artemisa Gentileschi, Nacimiento de San Juan Bautista. Y otro de Paolo Finoglio, La prisión de san Juan Bautista (desaparecido). Todos ellos, adquiridos por el rey Felipe IV, a través de su valido el Conde-Duque de Olivares, para la capilla del Palacio del Buen Retiro.

San Juan, era hijo de Zacarías, santo sacerdote del Templo de Jerusalén, de la casa de Abías, una de las veinticuatro familias de los hijos de Aarón y de Isabel, igualmente descendiente de Aarón (Lc 1:5). Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada.

En una visión, a Zacarías se le apareció el ángel Gabriel que le comunicó que tendría un hijo, al que llamaría Juan, a pesar de que su mujer era estéril. Zacarías le pidió una prueba y al instante quedó mudo, recobrando el habla al nacer el niño.

El evangelio de Lucas dice que María, madre de Jesús, e Isabel, eran parientes (Lc 1: 39-45). No obstante, no se menciona ninguna relación familiar entre Juan y Jesús en los otros evangelios y Raymond Edward Brown la define como de “historicidad dudosa”. Geza Vermes ha dicho que es “sin duda una creación artificial de Lucas”. ​ Las similitudes con la historia del nacimiento de Samuel en el Antiguo Testamento sugieren que Lucas podría haber tomado la historia de la anunciación de Jesús y la de Juan de la historia de Samuel.

El Bautista se retiró a orar al desierto llevando una vida austera y de penitencia alimentándose de animalillos salvajes, por ello, antiguamente, en el día de san Juan, se quemaban los restos de animales muertos ya que el humo ahuyentaba a los dragones. “Un manto hecho de pelo de camello, un cinturón de cuero en la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre” (Mt 3:1-12)

Según Lucas, Juan comenzó su actividad pública “el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba Judea, cuando Herodes era tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, en tiempo de los sumos sacerdotes Anás y Caifás”.  (Lc 3: 1-3).

Así, la fecha aproximada del inicio de la actividad del Bautista estaría en torno del año 28 de la era común.

Juan Evangelista describe a Juan el Bautista como “un hombre enviado por Dios” que “no era la luz” pero que “vino como testigo para dar testimonio de la luz, de manera que a través de él todos creyeran” (Jn 1:6-8)). Según este evangelio, Juan Bautista negaba claramente ser el Cristo, Elías o “el profeta”, y en lugar de eso se definía a sí mismo como “la voz que clama en el desierto”. ​

Su actividad se desarrolló en el bajo valle del rio Jordán, donde predicaba la “Buena Nueva” y administraba el bautismo en las aguas del rio. En los Hechos de los Apóstoles se distingue este bautismo, “con agua”, del realizado posteriormente por Jesús, “en Espíritu Santo” (Hechos, 1:5).

En el evangelio de Marcos también se tiene en cuenta esta diferencia: “Pronto viene alguien que es superior a mí, tan superior que ni siquiera soy digno de inclinarme como un esclavo y desatarle las correas de sus sandalias. Yo los bautizo con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo” (Mc 1: 7-11).

 Así, la obra representa el momento en que San Juan Bautista predica en el desierto, preparando el camino para la llegada de Jesús.

Stanzione logra capturar la intensidad y la importancia de este momento bíblico a través de su representación detallada y emotiva.

En el centro de la composición destaca la imagen del Bautista dirigiendo su predicación a un gran grupo de personajes. 

Detalle de san Juan Bautista

Destaca, en el estudio radiográfico practicado en la última restauración realizada en los talleres del Museo del Prado, que existe un "pentimenti" (cambios de idea o "arrepentimiento" durante la realización de la obra) en cuanto a la posición de la figura del Bautista.

“Pentimenti” que se aprecia por la doble imagen de la cabeza del Bautista

En el margen derecho destaca la presencia de una madre con su hijo.

Detalle del margen derecho

En el centro unos personajes a caballo.

Detalle del centro de la composición

Y en el margen izquierdo un joven sentado en el suelo, de espalada al espectador, descalzo con los pies sucios por el polvo del camino. 

Detalle del joven del margen izquierdo

Esta suciedad dibuja un auténtico podograma característico de un pie cavo. 

Detalle de la planta del pie

Esquema de podograma de pie cavo

Por Andrés Carranza Bencano

viernes, 3 de enero de 2025

 PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Pie cavo

Adoración de los pastores. Fray Juan Bautista Maíno.

Adoración de los pastores. Fray Juan Bautista Maíno. 1612-1614. Óleo sobre lienzo. 314,4 x 174,4 cm. Museo del Prado. Sala 0099B. (CC BY 3.0)

Juan Bautista Maíno, firmó el 14 de febrero de 1612, en Toledo, el contrato de realización de las pinturas del retablo mayor de la Iglesia Conventual de San Pedro Mártir, con el compromiso de terminarlas en el plazo de ocho meses, pero la obra no estuvo  finalizada hasta diciembre de 1614, y en ese intervalo ingresó en la Orden y en el propio convento, donde profesó el 27 de julio de 1613.

Siguiendo con fidelidad el evangelio de san Lucas (Lc 2: 7-14), esta obra alude al momento en que un grupo de pastores y ángeles contemplan y veneran al Niño Jesús recién nacido.

La pintura se sitúa en un edificio en ruinas, el cielo con tonos anaranjados muestra un atardecer.

La composición se divide en tres niveles:

En el centro se observa a San José, el niño Jesús, envuelto en telas blancas, y la Virgen María, que resalta en la pintura debido a sus ropas de un vívido color azul.

Detalle de San José, el niño Jesús y la Virgen María

En la parte superior se encuentra tres ángeles mirando al niño.

Detalle de los ángeles

Finalmente, en la parte inferior, dos pastores jóvenes están sentados en el suelo, sin dirigir la mirada a Jesús.

Detalle de los pastores

Uno de los pastores tañe un aerófono y nos muestra unos pies desnudos cuya suciedad marca un podograma de pie cavo.


Detalle del pastor que tañe el aérofono

Detalle de la planta de pie cavo


Esquema de podograma de pie cavo

Por Andrés Carranza Bencano

 PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Pie cavo

Patrocles. Jacques Louis David.

Patrocles. David, Jacques Louis. 1780. Óleo sobre lienzo. 122 x 170 cm. Musée Thomas Henry. Cherbourg. France. (CC BY 3.0)

Patroclo es una figura de la mitología griega que luchó en la Guerra de Troya, descrita en la Ilíada de Homero, y es famoso por su estrecha amistad con el héroe griego Aquiles.

Patroclo mató a algunos troyanos, entre ellos a Sarpedón, hijo de Zeus, antes de toparse con Héctor, que es ayudado por Apolo. 

El dios, envuelto en una nube, lo golpeó en la espalda y posteriormente Euforbo, hijo de Panto, lo hirió de nuevo en el mismo lugar y huyó.

Finalmente, Héctor dio muerte a Patroclo y lo despojó de sus armas. 

Menelao y Áyax el Grande protegieron su cuerpo y se lo entregaron a Aquiles, quien decidió retomar las armas para vengarlo, venciendo y matando a Héctor.

Tetis, madre de Aquiles, dio de beber a Patroclo néctar y ambrosía para evitar que su cadáver se corrompiera.  

A la mañana siguiente, Aquiles ordenó construir una pira funeraria para Patroclo, se cortó un mechón de la cabellera y sacrificó bueyes, corderos, perros y caballos, así como a doce jóvenes nobles de Troya.

La obra "Patroclo", de Jacques-Louis David, se erige como una poderosa manifestación del neoclasicismo, un período que promovió el regreso a los valores de la antigüedad clásica y que reclamó una forma de arte caracterizada por la claridad, el orden y la racionalidad.

La elección de una temática basada en la Ilíada de Homero subraya la importancia de los valores abarcados por la antigua Grecia, como el honor y la amistad.

En la composición, la figura central es, naturalmente, Patroclo, que yace caído en el campo de batalla tras su enfrentamiento con el guerrero Héctor, símbolo de la lucha y la gloria de la antigua Grecia.

La escena, que parece detenerse en el momento crucial de la pérdida, refleja el patetismo de la experiencia humana.

La musculatura del cuerpo de Patroclo, expuesta con precisión anatómica, es un testimonio de la habilidad de David para capturar la esencia del cuerpo humano, hecho que resuena con su formación en el estudio de la escultura clásica.

Los personajes adicionales son prácticamente invisibles y se presentan como sombras, lo que sugiere el aislamiento de Patroclo en su momento de desfallecimiento. 

Esta elección consciente por parte de David genera una atmósfera de desolación, involucrando al espectador al recordarle la soledad que acompaña a la muerte en combate, dejando resonar un eco de la heroica pero trágica condición humana.

Así, Patroclo no solo se presenta como un estudio del cuerpo humano y una magistral obra de arte, sino como una reflexión profunda sobre la vida, la muerte y los lazos que definen nuestra humanidad.

Detalle de la planta de los pies

En primer plano destaca la planta de los pies que constituyen un verdadero podograma de un pie cavo con sobrecarga de antepie.

Por Andrés Carranza Bencano

jueves, 2 de enero de 2025

 SIMBOLISMO DEL PIE EN LA PINTURA

El baño. Mary Cassat.

A mediados de la década de 1880, hubo varios brotes de cólera en Francia y las campañas de salud pública pedían a las personas que se bañaran con regularidad. El baño comenzaba a entenderse como una medida de prevención médica contra enfermedades. Al mismo tiempo, se alentó a las madres a cuidar de sus propios hijos, en lugar de utilizar cuidadores.

En este sentido, el baño del niño de Mary Cassatt de 1893 es una escena cotidiana, un retrato íntimo, “especial sin ser especial”, es una enternecedora escena doméstica que evoca un ambiente de tranquilidad y armonía doméstica en el hogar.

Nos ofrecen un testimonio gráfico de cómo se realizaba la higiene infantil a finales del s. XIX. pues en la mayoría de los casos los baños eran parciales y se realizaban con la ayuda de jofainas y jarras de agua. Así, la mujer está lavando al bebé en pedazos y en particular sus pies. que los pies remojados en el agua para limpiarlos y luego secarlos.

El niño tiene una tela blanca envuelta alrededor de su abdomen y la mujer lleva un vestido con fuertes rayas verticales de color verde, rosa y blanco.

La madre sostiene al niño con firmeza y con un gesto protector de su mano izquierda, alrededor de su cintura, mientras con la otra mano le lava suavemente los pies, en una palangana con agua, apoyada en el piso junto a una jarra decorada con un patrón floral.

El brazo izquierdo del niño se apoya sobre la pierna de la madre, mientras que la otra mano descansa sobre su propia pierna.

La mano derecha de la madre presiona firme pero suavemente sobre el pie derecho del niño en la palangana.

La escena la vemos desde arriba, lo que nos permite contemplar los reflejos del agua.

Detalle del lavado de los pies


Por Andrés Carranza Bencano

PEDIATRIA

El baño. Mary Cassat. 

El baño. Mary Cassat. 1893. Óleo sobre lienzo. 100,3 x 66,1 cm. Instituto de Arre de Chicago. (CC BY 3.0)

A mediados de la década de 1880, hubo varios brotes de cólera en Francia y las campañas de salud pública pedían a las personas que se bañaran con regularidad. El baño comenzaba a entenderse como una medida de prevención médica contra enfermedades. Al mismo tiempo, se alentó a las madres a cuidar de sus propios hijos, en lugar de utilizar cuidadores.

En este sentido, el baño del niño de Mary Cassatt de 1893 es una escena cotidiana, un retrato íntimo, “especial sin ser especial”, es una enternecedora escena doméstica que evoca un ambiente de tranquilidad y armonía doméstica en el hogar.

Nos ofrecen un testimonio gráfico de cómo se realizaba la higiene infantil a finales del s. XIX. pues en la mayoría de los casos los baños eran parciales y se realizaban con la ayuda de jofainas y jarras de agua. Así, la mujer está lavando al bebé en pedazos y en particular sus pies. que los pies remojados en el agua para limpiarlos y luego secarlos.

El niño tiene una tela blanca envuelta alrededor de su abdomen y la mujer lleva un vestido con fuertes rayas verticales de color verde, rosa y blanco.

La madre sostiene al niño con firmeza y con un gesto protector de su mano izquierda, alrededor de su cintura, mientras con la otra mano le lava suavemente los pies, en una palangana con agua, apoyada en el piso junto a una jarra decorada con un patrón floral.

El brazo izquierdo del niño se apoya sobre la pierna de la madre, mientras que la otra mano descansa sobre su propia pierna.

La mano derecha de la madre presiona firme pero suavemente sobre el pie derecho del niño en la palangana.

La escena la vemos desde arriba, lo que nos permite contemplar los reflejos del agua.

Detalle del lavado de los pies

Por Andrés Carranza Bencano

 SIMBOLISMO DEL PIE EN LA PINTURA

Cristo en casa de Simón el Fariseo. Pedro Pablo Rubens.

Cristo en casa de Simón el Fariseo. Rubens, Pedro Pablo. 1618-1620. Óleo sobre lienzo. 284,5 x 189 cm. Museo del Hermitage. San Petersburgo.  (CC BY 3.0)


La unción de Cristo es referida por los cuatro evangelistas. La ocurrida en Betania es recogida por Mateo y Marcos sobre la cabeza, y por Juan sobre los pies, y otra, relatada por Lucas, sobre los pies, se diferencia de los anteriores por no hacer alusión al empleo del perfume para el día de la sepultura.

En ninguna de las escenas evangélicas se menciona a María Magdalena como la mujer que ungió a Jesús.

Sin embargo, el papa Gregorio Magno (540-604) estableció que la mujer “pecadora” de Lucas, María de Betania y María Magdalena eran la misma persona.

Igualmente, la “Leyenda dorada”, redactado en latín en 1264 por el dominico italiano Santiago de la Vorágine, incluye a la Magdalena como protagonista de la unción en los episodios dedicados a la santa de Magdala.

Esta obra pasó a formar parte del museo ruso en el año 1779, cuando fue adquirida por Catalina la Grande de la colección de Robert Walpole en Houghton Hall, Norfolk.

La escena representa por Rubens en esta obra plasma la escena narrada por el evangelista Lucas (Lc 7: 36-50) en casa de Simón el Fariseo.

Simón el Fariseo invitó a Jesús a comer a su casa. Una mujer “pecadora”, al enterarse de que Jesús estaba en casa del fariseo, llevó un vaso de alabastro con perfume, se agachó a sus pies y comenzó a lavarlos con sus lágrimas, los secó con sus cabellos, los besó y los ungió con perfumes.

Ante esta escena, el Fariseo pensó para sí mismo: Si este fuera profeta, sabría con certeza que la mujer que le toca que es una pecadora. A esta aseveración, Jesús le contestó por medio de una parábola:

“Un prestamista tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta. No teniendo estos con qué pagar, se lo perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le amará más? Simón contestó: Estimo que aquel a quien perdonó más. Entonces Jesús le dijo: Has juzgado con rectitud. Y vuelto hacia la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies; ella en cambio ha bañado mis pies con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste el beso; pero ella, desde que entré no ha dejado de besar mis pies. No has ungido mi cabeza con óleo; ella en cambio ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo: le son perdonados sus muchos pecados, porque ha amado mucho. Aquel a quien menos se perdona menos ama. Entonces le dijo a ella: Tus pecados quedan perdonados (Lc 7, 41-49)”.

Rubens retrató esta escena en un cuadro lleno de personajes y de colorido, dispuesto en torno a una mesa, ante la cual aparece arrodillada la mujer pecadora.

Destaca que se trata de una gran comida en relación con los manjares que se reparten.

Detalle de los alimentos


Maria Varshavskaya y Xenia Yegorova han interpretado la obra como un conflicto entre el bien y el mal, entre la virtud y el vicio, donde se exponen los pecados de los fariseos: el orgullo, la hipocresía, la miopía mental o incredulidad, la piedad ostentosa y la codicia.

Pero sin duda, el protagonista principal son la pecadora y el pie de Cristo.

Detalle de la pecadora y el pie de Jesús

Eran deberes de cortesía para con el huésped darle el beso de bienvenida, ofrecerle agua para lavarse los pies, y perfumes con que ungirse (Sagrada Biblia, tomo III, 1990: 191). 

El lavado de los pies se acostumbraba a realizar antes de una comida, pues las personas solían llevar sandalias para viajar por aquellos caminos secos y polvorientos.

Por ello en un hogar de término medio, el anfitrión ponía un recipiente con agua a disposición del visitante para que este se lavara los pies.

Pero, si el anfitrión era una persona acomodada, tenía esclavos para hacer ese trabajo, pues se consideraba una tarea servil.

Y si era el propio anfitrión el que lavaba los pies de la persona invitada, el hecho se convertía en una especial demostración de humildad y afecto hacia él.

Cuando David pidió a Abigail que fuese su esposa, ella manifestó su disposición al decir: “Aquí está tu esclava como sierva para lavar los pies de los siervos de mi señor” (Samuel 25: 40-42).

Por Andrés Carranza Bencano