viernes, 12 de enero de 2024

EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

SANTO SUDARIO DE OVIEDO.


El Evangelista san Juan, refiere: “Entonces llegó Simón Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro y vio los lienzos puestos allí, y el sudario que había estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo que había venido primero al sepulcro, y vio y creyó” (Jn 20: 6-7).

La palabra sudario proviene del latín "sudarium", que literalmente significa "trapo de sudor". 

En la antigua Roma se refería a un pañuelo para limpiarse la cara. Era un elemento usado en múltiples ceremonias y rituales romanos.  

En el contexto hebreo, se refiere a una especie de hábito que usaban los hombres judíos después de casarse, envuelto en la cabeza y generalmente usado con un sombrero.

En los rituales funerarios judíos, el cadáver era envuelto en uno o varios trozos de lino, así, en el caso de la Resurrección de Lázaro, narrada en el Evangelio de San Juan, se menciona que las extremidades estaban atadas con trozos de lino y que su rostro estaba envuelto en un sudario: “Y salió el muerto, atados con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta en un sudario” (Jn: 11: 32-45).


En los casos de muerte violenta, el rito judío incluía que cuando un cadáver tenía desfigurado o mutilado el rostro era imprescindible que éste fuera cubierto con un sudario para ocultarlo a los ojos de la gente, por ello, un sudario habría cubierto la cara de Cristo desde su muerte en la cruz y durante el traslado al sepulcro. Una vez en la tumba, le quitarían el velo de la cara, para doblarlo y ponerlo aparte, como menciona el Evangelio de Juan, y todo el cuerpo sería cubierto con la sabana.

De tal modo que hay que distinguir el Santo Sudario (Pañolón), que cubrió exclusivamente la cara de Jesus desde su muerte en la cruz hasta su llegada al sepulcro, de la Sabana Santa (Síndone) con la que se cubrió todo su cuerpo.

Tres detalles son importantes en relación con el Santo Sudario y la Sabana Santa encontrados en el Santo Sepulcro:

Para los hebreos, el manto que había rodeado un cadáver no podía ser expuesto ni tocado  pues era un objeto impuro.

Los judíos interpretaban que en la sangre estaba el alma, y que si un cadáver la pierde no va a poder resucitar, de ahí la necesidad de recogerla y limpiarla cuidadosamente, cosa que indudablemente no se había hecho el día de su muerte, y que, aunque trajeran esa intención al día siguiente, no se pudo hacer, porque Jesús ya no estaba.

Tanto en la legislación romana como en la hebrea el expolio de una tumba era un delito condenado con pena de muerte.

Por ello, se desconoce el destino de los paños funerarios, aunque se supone que fue guardado, en absoluto secreto, por los apóstoles. El obispo Isodad de Merv dice que Simón Pedro fue quien guardó los lienzos. San Braulio (s. VII) en la carta 42 a Tajón afirma “Juan y Pedro recogieron los lienzos y se los llevaron cuidadosamente plegados”.

Respecto al sudario, es mencionado por primera vez en el año 570 d. C. por Antonino de Plasencia (Piacenza), que escribió que se encontraba en el monasterio de San Marcos, en Jerusalén: ”Junto al Jordán, no muy lejos donde el Señor fue bautizado, hay una cueva que dispone de celdas para siete vírgenes (..). Se dice que allí se conserva el Sudario que estuvo sobre la cabeza del Señor”

Igualmente fue visto en Jerusalén en el siglo VII por el obispo franco Arculfo, que recorrió todos los lugares por donde estuvo Jesús. 

La Iglesia Monasterio de San Marcos​ es una iglesia siria ortodoxa en el Barrio Armenio de la Ciudad Vieja de Jerusalén. ​​ De acuerdo con una inscripción del siglo VI encontrada durante una restauración en 1940, la iglesia estaría en el sitio antiguo de la casa de María, madre de San Marcos el Evangelista, y el lugar de la Última Cena de Cristo con sus discípulos.

En el año 614, tras la invasión del rey persa sasánida Cosroes II, fue trasladado a Alejandría y cuando el ejército persa llegó al norte de Egipto, el presbítero encargado de custodiar el sudario se lo llevó desde Alejandría hasta España.

La ruta del Santo Sudario

En España pasó por Cartagena en primer lugar, a continuación, fue trasladada a Sevilla, durante la época en la que San Isidoro fue obispo de la ciudad. Tras la muerte del santo, el arca se trasladó a Toledo, en el año 657, principal ciudad de la Iglesia visigoda, y allí permaneció hasta que en el año 711 los musulmanes invadieron la Península Ibérica. Fue entonces cuando los cristianos trasladaron el arca con las reliquias al lugar que consideraban más seguro, que era el norte de la Península. Según la tradición, permaneció oculta en el monte Monsacro durante ochenta años, hasta que el rey Alfonso II (791-842) decidió su traslado a Oviedo.


Diferentes leyendas comentan este recorrido del Santo Sudario desde Jerusalén a Oviedo.

Una carta de Osmundo de Astorga, de entre el 1082 y el 1096, habla de una tradición registrada en algunos escritos, según la cual siete hombres llegaron desde Jerusalén hasta España llevando las reliquias a Toledo y luego a Astorga y a Oviedo.

El obispo Pelayo, en su obra “Liber testamentorum ecclesiae Ovetensis”, de entre el 1109 y el 1130, indica que, durante el reinado del visigodo Sisebuto, una caja llena de reliquias fabricada por algunos "discípulos de los apóstoles" fue llevada a África y luego a Toledo, donde habría permanecido hasta la invasión musulmana y el final del reinado de Rodrigo, en el 712, tras lo cual fue llevada a Asturias.

En la “Historia legionense”, escrita hacia el 1115, se dice que el arca llegó a Sevilla   en un barco directamente desde Jerusalén y que permaneció en Toledo durante cien años, para después ser transportada por mar a un puerto de Asturias cerca de Gijón y luego fue llevada a Oviedo.

Una lista de reliquias, escrita en siglo XII y dirigida a peregrinos, conocida como el manuscrito de Valenciennes, afirma que el arca fue a África, Cartagena, Toledo y finalmente a Oviedo. Una versión más tardía incluye Sevilla antes que Toledo.

El “Chronicon Mundi” de Lucas de Tuy, entre 1232 y 1239, cuenta que el arca fue llevada en el siglo VII a Toledo, donde permaneció 75 años, que en el 711 fue llevada a Asturias y que en el 828 fue llevada a Oviedo.

Entre los siglos XII y XIII circuló una leyenda que decía que el arca había sido construida en Jerusalén, que luego había sido arrojada al mar en el puerto de Jaffa. Perseguida por los santos Julián y Serrano, el arca fue flotando hasta Cartago.  Para salvarla de los paganos, fue llevada a Toledo cuando era obispo Ildefonso, entre el 657 y el 667, y luego fue transportada a la cima de una montaña llamada Monsacro (Montaña Sagrada de Asturias), cerca de Oviedo, donde estuvo cuarenta y cinco años.

En el siglo XVI se cuenta otra leyenda que dice que, en el siglo V, san Toribio de Astorga trasladó algunas reliquias desde Jerusalén hasta una localidad entre Galicia y Asturias y que luego había colocado una parte de estas en una capilla llamada de Santa María de Monsacro. ​


En el Archivo Capitular de la Catedral de Oviedo hay documentación de la apertura de la urna donde estaban 30 reliquias, entre ellas este pañolón, delante de Alfonso VI de León, Doña Urraca, el Cid Campeador y varios obispos, el 14 de marzo del año 1075.

En el siglo IX, Alfonso II de Asturias la habría llevado esta urna a la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, añadiendo al arca las reliquias de los santos Julián y Serrano.

Esta cámara es un edificio situado dentro del conjunto de la catedral de Oviedo. Es de estilo prerrománico asturiano construido en el siglo IX, siendo, junto con la torre vieja, los edificios más antiguos de dicho conjunto catedralicio.

Se custodian en el interior las joyas más preciadas de la catedral: las cruces de la Victoria y de los Ángeles, símbolos de Asturias y de la ciudad de Oviedo, respectivamente, la caja de las Ágatas y el Arca Santa, que contiene un gran número de reliquias, entre las que se encuentra el Santo Sudario. 

En 1977 la Cámara sufrió el robo de estas joyas, siendo recuperadas en 1981 parcialmente desmontadas. Una vez restauradas, fueron colocadas de nuevo en su lugar en 1984.

Durante la noche del 11 al 12 de octubre de 1934 accedieron los revolucionarios por el fondo sureste de la Catedral, quemaron la sillería del coro, llenaron la capilla de Santa Leocadia, situada justo bajo la Cámara Santa, de cajas con 400 kilos de dinamita y volaron el conjunto.

Hay una ruta del Camino de Santiago que recorre el norte de España y que va de León a Oviedo, pasando por la Catedral del Salvador de Oviedo, para seguir luego hacia el oeste. Esta ruta es conocida como Camino del Salvador. ​ En relación con la existencia del Santo Sudario en la Iglesia del Salvador de Oviedo, existe un refrán que dice: "Quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y no al Señor".

Camino del Salvador

El Santo Sudario de Oviedo es un lienzo rectangular, de lino, tejido a mano con grandes irregularidades, hilado con torsión en “Z” (igual que los hilos de la Sábana Santa de Turín) y en textura de tipo tafetán (el Sudario de Turín esta tejido con un patrón de espiga), sin tinturas ni remates laterales que mide 85.5 x 52.6 cm.

Anverso
Reverso

Hay consenso entre los expertos en historia de los tejidos que las telas compuestas de hilos dispuestos en torsión en forma de Z no pueden ser de origen israelita, donde desde el Neolítico hasta el Medioevo se utilizó solamente la torsión en forma de S. ​ Sin embargo, la torsión en forma de Z es la más frecuente en los tejidos del Imperio romano.

Tipos de torsión en S o en Z

Uno de los primeros estudiosos del paño fue el obispo Giulio Ricci, miembro de la Curia Romana y presidente del Centro Romano de Sindonología. Ricci afirma que cuando contempló el paño por primera vez se convenció de su autenticidad al reconocer la semejanza con el Sudario de Turín. Su convencimiento se basa, por tanto, en un indicio subjetivo de semejanza y la presunción de que uno de los dos objetos es auténtico. En 1966 escribió sobre este sudario, incluyendo en su obra una imagen gráfica de la cara de la Sábana Santa de Turín superpuesta en este sudario.

Libro de Giulio Ricci

Max Frei-Sulzer, que estudió la Sabana Santa de Turín, tomó algunas muestras del sudario y encontró pólenes de plantas comunes con esta Sábana Santa de Turín y pólenes de plantas que no crecen en Europa pero que son frecuentes en los desiertos de Tierra Santa. ​ Sin embargo, la toma de muestras por parte de Frei no fue totalmente correcta y se considera que los resultados no tienen significación científica.

En 1977 una muestra de este tejido tomada por Ricci fue enviada para su datación por el químico y microscopista Walter McCrone en el laboratorio Lawrence Berkeley de California, pero hubo errores en el proceso que evitaron la datación. Posteriormente, el sudario fue datado cuatro veces, en 1990, 1991, 1992 y 2007, en tres laboratorios distintos. Los cuatro exámenes dataron el origen del tejido en un intervalo entre los siglos VI y IX, con probabilidad máxima del provenir del siglo VIII.

El carbono-14 es el método más popular para datar antiguos objetos y reliquias. Las pruebas realizadas al sudario se llevaron a cabo sobre tres muestras extraídas en abril de 1988. Los resultados obtenidos sugieren que el sudario data de un intervalo comprendido entre los años 1260 y 1390. Según estos resultados es imposible que el sudario sea el original en el que fue envuelta la cabeza de Jesús. Pero en torno a estos datos existe una gran polémica, pues parece que el sudario podría haberse contaminado en el incendio del año 1532 y en el atentado de 1934, lo que haría de la prueba del carbono-14 sea totalmente inútil.

En 1987 nace el Centro Español de Sindonología y en 1989 se crea el Equipo de Investigación del Centro Español de Sindonología (EDICES) que ha estudiado concienzudamente ​ el Sudario de Oviedo.

Entre los estudios científicos a los que ha sido sometido el EDICES al Santo Sudario de Oviedo pueden mencionarse los siguientes:

El estudio palinológico realizado por la bióloga Carmen Gómez Ferreras  ha localizado tres tipos de pólenes propios de la región de Palestina: Quercus (encinas y coscojas), Pistacia Palestina (lentisco, cornicabra) y Tamarix (tamarindo, taray); el resto son pólenes propios de la zona mediterránea. En 2015, la palinóloga Marzia Boi, del EDICES, descubrió un grano de polen adherido a la presunta sangre del sudario y comprobó que ese grano de polen es compatible con la planta Helichrysum Sp. presente también en la Sábana Santa.

En cuanto a gramíneas, se hallaron granos de polen comunes al Mediterráneo: aloe vera, bálsamo de estoraque y mirra, todos de uso funerario. 

Partículas de resina de aloe vera y bálsamo de estoraque pegadas a las manchas de sangre (Jorge Manuel Rodríguez)

Los análisis hematológicos de las manchas indican que son de sangre humana cadavérica, de una sola persona, del grupo AB, diluida con líquido pleural y pericárdico, por edema de pulmón (como puede ser la causa de la muerte en la Crucifixión), y suero fisiológico con una composición muy similar a la del agua salada.  

Detalle de Glóbulos Rojos (José Manuel Rodríguez)

En el sudario se ha hallado ADN degradado, con fragmentos tan pequeños que no pudo ser posible su procesamiento. Aun así, se ha encontrado una secuencia poco frecuente del ADN mitocondrial, de etnias del Oriente Medio. Una de cada ocho mil personas tiene esa secuencia. Pero como no existe ADN de Cristo para cotejar en otra reliquia, no se podría afirmar si es él.

Esquema de ADN

El lienzo presenta una serie de arrugas, que han servido para determinar la manera en que estuvo colocado sobre la cabeza, y varias perforaciones originarias con hilos de torsión en “S” que indican que fue cocido temporalmente al cabello.  

Figuración de la posición del Sudario

Las manchas de sangre de este pañolón sugieren que corresponden con el rostro de un hombre con barba y encajan matemáticamente con las manchas de sangre de la cara de la Sábana Santa. Este encaje matemático de las manchas de sangre del pañolón de Oviedo y de la cara de la Sábana Santa sólo se explica si los dos lienzos cubrieron la misma cara. 

Paralelismo entre la Sabana y el Sudario

Las conclusiones del estudio, llevado a cabo por el Centro Español de Sindonología (EDICES), indican que este lienzo cubrió la cabeza de un hombre crucificado que murió por un edema pulmonar severo, que presentaba heridas en la cabeza, frente, cuello y hombros y que parece haber sido coronado de espinas.

Tras su muerte en la cruz, la cabeza fue cubierta con un lienzo, tal y como mandaba la costumbre judía de ocultar el rostro desfigurado de los fallecidos. Poco tiempo después de su muerte, el cadáver fue bajado de la cruz y depositado en el suelo. Después se le embalsamó y se le enterró. Esta secuencia coincide con los relatos evangélicos de la crucifixión y muerte del Señor.

Los investigadores forenses implicados afirman que, sin ninguna duda, ambas “sindones” son perfectamente compatibles. Criminalísticamente coinciden las lesiones y heridas, sobre todo a la altura de la cabeza, donde se sitúan a la misma distancia en las dos telas. Por ello, la probabilidad estadística de que esto ocurra al azar, con dos cadáveres diferentes, es remotísima. Es decir, que las pruebas a favor de la autenticidad de ambos lienzos a fecha de hoy es abrumadora.

Existen numerosas coincidencias del hombre del Sudario y sus lesiones con las sufridas por Cristo en su martirio: el sujeto torturado llevaba el pelo largo, barba y bigote. Su nariz era morfológicamente hebrea y su grupo sanguíneo era AB, frecuente entre los hebreos. Fue torturado y murió en vertical. En la nuca tenía sangre vital provocada por las espinas de la corona y falleció de edema de pulmón agudo, como los crucificados. El sudario registra una gran cantidad de líquido pleural porque tiene un agujero en los pulmones por la lanzada que Jesús también padeció. Ese lienzo se espolvorea con aloe y mirra, como el de Jesús.

jueves, 11 de enero de 2024

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

SABANA SANTA

Crucifixión.

La lanza de Longinos.


En el evangelio de San Juan (Jn 19:33-34):  “Fueron pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua”. Con ello se cumplían las profecías de las Escrituras: “No será quebrado hueso suyo (Éxo 12:46) “Miraran al que traspasaron” (Zac 12:10).

Según el Evangelio Apócrifo de Nicodemo 10:5 (conocido como “Actas de Pilato”), este soldado se llamaba Longinos, que en arameo y en griego significa "lancero". 

El escritor y astrólogo alemán Luis de Whol, en su novela “La Lanza” identifica al soldado como Cayo Casio Longinos. 

Pero, no se determina si la lanzada la realizó estando de pie o montado a caballo.

El nombre de Longinos   también aparece en una miniatura en los Evangelios ilustrados por Rábula (ver) en 586 d. C. . En la ilustración, el nombre Longinos está escrito en griego sobre la cabeza del soldado que perfora el costado de Cristo. Ésta es una de las primeras referencias del nombre, si es que no es una inscripción hecha posteriormente.

Muchos autores que aseguran que Longinos sufría una infección en los ojos que lo había hecho bizco, pero de la herida de Jesús, empezó a manar sangre y agua que salpicaron el rostro de Longinos, que inmediatamente dejó de ser bizco, por lo que pronunció una frase que pasó a la historia: “Verdaderamente este era el Hijo de Dios”.

Se convirtió al cristianismo y murió mártir, en la localidad de Gabbala (Capadocia). Fue hecho santo, y se construyó una capilla consagrada a San Longino y la Santa Sangre en la iglesia del monasterio benedictino de Santa Andrea. 

Su cuerpo fue hallado en Mantua (Italia) en el año 1303 y se encuentra enterrado en la iglesia de San Agustín de Roma.  

En una de las hornacinas de los pilares de la cúpula de la Basílica de san Pedro se levantó una estatua de Bernini, que lo representa a pie y no a caballo, a pesar de que pertenecía a la caballería del ejército romano.


La lanza romana, o pilum, tenía unos dos metros de largo, estaba formada por un largo eje de hierro, de unos 60 centímetros, con punta piramidal y cola plana. El eje de hierro se encajaba por su cola en una ranura del mango, de 120 cm. que era de madera y se sujeta con tres remaches.


Tipo de lanzas romanas


En los anales de la historia, la Lanza de Longinos emerge como una reliquia envuelta en misterio y poder. Su historia se entreteje con leyendas antiguas y eventos cruciales que han marcado la narrativa de diversas civilizaciones a lo largo de los siglos.

Muchas son las teorías sobre la historia de la lanza, así se cuenta que estuvo en manos del rey Herodes, de los emperadores Constantino y Teodosio, y de los reyes bárbaros Alarico y Teodorico.

La presencia en Jerusalén es atestiguada por Casiodoro (485–585). En 615, Jerusalén y sus reliquias fueron capturadas por las fuerzas persas del rey Cosroes II (quien gobernaría entre los años 590 y 628), pero Arculpus la vio en la iglesia del Santo Sepulcro   alrededor de 670 en Jerusalén.


Según el Chronicon Paschale (crónica del mundo cristiano del siglo VII), la punta de la lanza, que se había quebrado, en el año 615 fue dada a Nicetas (primo del emperador Heraclio), que la llevó a Constantinopla y la depositó en la iglesia de Santa Sofía.  

Cuando Constantinopla cayó en manos de los turcos, en 1492, el Sultán Bajazet envió la lanza al Vaticano al papa Inocencio VIII, para que este liberara a Zizim, hermano del sultán y prisionero del papa.

De esta lanza se desconoce su cronología puesto que la Iglesia no permite hacerle pruebas.

Pero, la parte inferior de la reliquia en 1244 fue vendida por Balduino II de Constantinopla   al rey francés Luis IX, que la colocó en la Saint-Chapelle junto a la corona de espinas (ver). Durante la revolución francesa estas reliquias fueron llevadas a la Bibliothéque Nationale   y posteriormente desaparecieron. 


La lanza que se encuentra en Echmiadzin (Armenia) fue descubierta durante la Primera Cruzada por Pedro Bartolomé en 1098 en la catedral de San Pedro de Antioquía. La tradición asegura que Pedro, para hacer válida su autenticidad, dijo que no moriría si se adentraba al fuego con la Santa Lanza. Evidentemente, falleció quemado vivo.


Por último, está la que se cree es la verdadera lanza de Longinos. Ella se encuentra en Viena, Austria, y es utilizada desde 1273 en la ceremonia de coronación del Emperador de Occidente.

La lanza había estado en poder de monarcas como Constantino y Carlomagno, que lograron victoria tras victoria militar con la lanza sagrada en su poder. Finalmente terminó en la ciudad alemana de Nuremberg.

Cuando el ejército revolucionario francés de Napoleón Bonaparte se aproximaba a Núremberg, en la primavera de 1796, fue trasladada a Viena (Austria) confiando su protección al barón von Hügel, pero este la vendió a los Habsburgo quienes la rebautizaron como "lanza de San Mauricio" y la conservaron en el Schatzkammer (Tesorería Imperial) en Viena.  

Del 11 al 13 de marzo de 1938, la Alemania nazi se anexó a la vecina Austria (Österreich). Este hecho se conoce como la Anschluss. "Anschluss" es una palabra alemana que significa "conexión" o "unión". Al anexarse Austria, los nazis violaron tanto el Tratado de Versalles como el de Saint-Germain.

Hitler creía que, con la lanza, según la tradición, tendría poderes únicos, de tal modo que quien la poseía era invencible y que al mismo tiempo quien la perdiera su destino sería la muerte. Por ello, la robó de la Sala del Tesoro del Palacio Hofburg de Viena y el 13 de octubre de 1938 la lanza y los tesoros de los Habsburgo fueron transportados en un tren blindado y escoltado por las SS hasta Núremberg, donde fue escondida en un bunker antiaéreo.

El 30 de abril de 1945 una compañía estadounidense al mando del teniente William Horn, de la división Monuments, Fine Arts and Archives localizó el bunker y tomó posesión de la lanza en nombre del gobierno de los Estados Unidos. Cuenta la leyenda que, a unos cientos de kilómetros de allí, en un bunker de Berlín, Adolf Hitler, en ese instante, se suicidaba.

El 7 de enero de 1946, Estados Unidos devolvió la lanza a Viena. Para comprobar que no se trataba de una réplica fue sometida a diversos análisis. Con la prueba del Carbono 14 quedó demostrado que se trata de una lanza del siglo VII, por lo que no es el arma romana que clavaron en el costado de Cristo.

Actualmente, se encuentra expuesta en el Schatzkammer (Tesoro Imperial), que es una de las colecciones del Palacio Imperial de Hofburg considerada como parte del Museo de Historia del Arte de Viena (Kunsthistorisches Museum).

Lanza de Viena. Expuesta en el museo Schatzkammer

Otra lanza se ha preservado en Cracovia, Polonia, desde 1200. Aunque se alega que ha estado en esa ciudad por ocho siglos, los registros alemanes indican que es una copia de la lanza de Viena. El emperador Enrique II la mandó hacer con pequeñas astillas de la Lanza original. Otra copia le fue entregada al rey de Hungría al mismo tiempo.

MUERTE EN LA PINTURA

La Muerte de Adán. Piero de Benedetto dei Franceschi.

La capilla mayor de la iglesia superior en la basílica de san Francesco en Arezzo alberga una de las obras cumbre del renacimiento italiano, el ciclo de frescos realizado por Piero della Francesca que relatan la Historia de la Veracruz que cuenta las peripecias del árbol con el que se construyó la cruz de Cristo (ver).

Muerte de Adan.Piero de Benedetto dei Franceschi. 1452-66. Fresco. 390 x 747 cm. Iglesia de San Francisco de Arezzo

El ciclo se inicia con la Muerte y sepultura de Adán en el luneto de la Epístola, que narra cómo Adán moribundo envía a su tercer hijo, Set, al Paraíso para obtener el aceite de la misericordia que le redima del pecado original, aunque el arcángel san Miguel le entrega tres semillas del árbol de la vida para que las coloque en la boca de su padre antes de enterrarlo, de las que nacerá el árbol con el que se hará la cruz de Cristo.

Detalle del lado derecho del fresco

A la derecha está Adán anciano sentado en el suelo rodeado de Eva y de sus hijos. Al fondo tiene lugar el encuentro entre Set y y san Miguel, y a la izquierda, bajo un árbol, se representa el entierro de Adán. 

Detalle de la muerte de Adán a la izquierda del fresco

Detalle del encuentro entre Seth y san Miguel

Destaca el dramatismo de la mujer que abre los brazos desesperada ante la muerte de Adán, una demostración de sentimientos excepcional en el pintor, en el que lo normal es que las figuras presenten la actitud pausada del resto, con posturas que parecen detenidas para siempre en composiciones modélicas, formando grupos estables, inmutables, serenos, como si se hubieran superado las coordenadas del tiempo.

Detalle de la mujer que abre los brazos

La mujer que aparece a la izquierda muestra un rostro perfecto, de pura geometría y una mirada perdida.

Detalle de la mujer con el rostro ovalado

Todo lo que se conoce de la vida y muerte de Adán procede de textos apócrifos, por la ausencia de datos en la Biblia.

Un conjunto conocido como “Literatura Primaria de Adán” contiene los libros “Apocalipsis de Moisés”, “El libro de la vida de Adán y Eva” (versión latina y eslava), “La Penitencia Armenia de Adán”, “El Georgiano Libro de Adán” y algunos fragmentos de origen desconocido escritos en copto. Se cree que todos ellos se debieron basar en una misma fuente semita de origen cristiano escrita alrededor del siglo I d.C.

Según el Genesis (5: 3-4) Adán murió a la edad de 930 años y tenía 130 años cuando engendró un hijo a su semejanza a quien puso por nombre Set.

Pero, hay discrepancias sobre el lugar en que fue enterrado Adán, pues se cita una cueva en la montaña sagrada de Abü Qubays, y la mezquita de Al-Jayfi, ambos cercanos a la Meca en Arabia Saudí. También se dice que se enterró en una de las laderas del llamado Monte de Adán, en la isla de Ceilán, hoy Sri Lanka.

La mayoría de los textos coinciden en que Noé sacó los restos de Adán, Abel y Eva y los colocó en un ataúd para llevarlos en el arca y enterrarlos posteriormente en Jerusalén, una vez pasado el Diluvio Universal.

Este enterramiento se relaciona con el lugar de la crucifixión de Jesús, pues la palabra “Gólgota” puede proceder de la palabra aramea que significa “Monte de las Ejecuciones” refiriéndose a un lugar de Jerusalén destinado a las ejecuciones públicas o que había un cementerio cercano. En los cuatro Evangelios Canónicos se refiere al “Lugar de la Calavera” de donde derivó a la palabra castellana “Calvario”, quizás por ser un monte en forma de calavera y se habla del Gólgota como lugar extramuros, muy cercano a la ciudad. Realmente, no es un lugar geográfico concreto y conocido a lo largo de los siglos, sino que la asignación del montículo es puramente tradicional y carece de base científica.

En el Evangelio apócrifo de Nicodemo y en la Leyenda Áurea de Jacobo della Voragine se narra que el arcángel Miguel visitó el Paraíso, y entregó a Seth tres simientes del árbol de la sabiduría que fueron plantadas en la boca del difunto Adán donde germinaron y dieron lugar al nacimiento de un gran árbol, del cual saldría el madero de la crucifixión de Jesús (ver).

El rey Salomón (siglo X a. C) ordenó talarlo para usarlo en el templo que estaba construyendo, pero misteriosamente no se adaptaba a ningún espacio, por lo que lo empleó como pasarela sobre un arroyo cercano.

La reina de Saba, en una de las visitas a la corte del rey Salomón, al pisar la pasarela profetizó que en aquel madero se ajusticiaría a un inocente y que supondría el fin del reino de los judíos, por lo que el rey ordenó enterrarlo a gran profundidad, en la Piscina Probática o estanque de Bethesda, donde permaneció oculto durante siglos, hasta que apareció flotando en la piscina, poco antes del “Prendimiento de Jesús”, de donde fue sacada, secada y usada para construir la cruz donde fue crucificado, como había profetizado la reina de Saba.