EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA. Crucificados menores.
Iglesia de santa María la Real (calle san Vicente).
En el presbiterio se exhibe un crucificado del que desconozco su autoría.
EL PIE Y LOS CRUCIFICADOS DE SEVILLA. Crucificados menores.
Iglesia de santa María la Real (calle san Vicente).
En el presbiterio se exhibe un crucificado del que desconozco su autoría.
EL PIE Y LA PIEDAD EN SEVILLA
La Piedad. Iglesia de San Julián. Antonio Castillo Lastrucci.
En la
iglesia de san Julián, tras la puerta de la nave de la epístola, se encuentra
el monumento funerario en el que reposan los restos de Antonio Castillo
Lastrucci, inhumado el 9 de noviembre de 1995, presidido por su grupo de la
Piedad, con una placa que dice: “Aquí bajo sus más queridísimas imágenes
descansa el ilustrísimo señor don Antonio Castillo Lastrucci 1882-1967”.
Castillo
Lastrucci realizó esta obra por iniciativa propia, y la guardó en su despacho
hasta su muerte. Tras su defunción, la familia la depositó en la iglesia de San
Sebastián de San Nicolás del Puerto, donde no fue conservada adecuadamente, por
lo que se decidió cederla a la parroquia de san Julián y la hermandad de la
Hiniesta, para que fuera situada sobre el túmulo funerario del escultor, previa
restauración, nuevo estofado y policromado, por parte de su discípulo José
Pérez Delgado.
El
grupo escultórico, de 1,17 m. de alto y 1,62 m. de ancho, fue tallado en 1949
en madera estofada y policromada, representa a María sosteniendo en su regazo
el cuerpo muerto de Jesús, al pie de la cruz, un pasaje que no aparece
mencionado en los Evangelios, pero que ha tenido un extenso desarrollo
artístico desde los tiempos medievales, por la fuerte carga emocional que
comporta el lamento de la Madre sobre el cadáver de su hijo muerto.
Visión desde los pies
Detalle del rostro de la Virgen
Detalle de la mano de la Virgen
Detalle del rostro de Jesús
La
cruz al pie de la cual se sitúa la Piedad es la antigua del Cristo de la Buena
Muerte, realizada por el propio Castillo Lastrucci en 1938.
Detalle de la cruz
Destaca
la cianosis de los pies.
Detalle de los pies de Jesús
INTOXICACIONES
Hasta verte Cristo mío. José García Ramos
¡¡
Hasta verte, Cristo mío ¡¡. García Ramos, José. Hacia 1895. Óleo sobre lienzo.
95 x 63 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Sala XII
El protagonista de la
escena es un santero. Personaje de
la época que se dedicaba a trasladar una imagen de devoción por las casas de la
feligresía, tras recoger los donativos, y que en este caso se trata de la imagen de un Niño Jesús.
La escena representa el
momento en que hace una parada en la taberna para saciar su sed. Deja caer al
suelo su sombrero castoreño y su capa, pero no suelta la escultura, que
mantiene agarrada con el brazo izquierdo, mientras empina la escudilla de vino
con la mano libre y un ligero movimiento del cuerpo, flexionando las rodillas y
torciendo típicamente el tronco hacia atrás, para apurarla hasta el final.
Es observado por el goyesco personaje de al lado, que igualmente disfruta de un vaso de vino situado en la mesa junto a una
jarra de agua.
El tabernero, de aspecto tosco y gesto huraño, sostiene en su mano derecha una jarra metálica y golpea, con los nudillos de su mano izquierda, el mostrador, reducido al alfeizar de una ventana, instándole a que termine y vuelva a poner la escudilla para servirle otra ronda.
La escena se completa con un cuadrito con la advertencia “hoy no
se fía aquí, mañana sí”, que aún puede verse en algunos bares sevillanos, la pequeña
jaula con su jilguero y, al fondo a la izquierda, el altarcito de cerámica con
una imagen de la Virgen.
Esta pintoresca figura del
santero ha desaparecido en nuestros días, pero recuerdo, en mi casa de Alcalá
del Río, la tradición de circular entre los devotos ciertas “capillas”, de la
Milagrosa, de San Antonio, del Corazón de Jesús, de San José, etc. Se le
reservaba un lugar preeminente en el salón principal de la casa, se le encendía
una velita, y al cabo de unos días el santero la recogía y se la pasaba a otro
vecino.
El título de la obra hace referencia a que el
santero está bebiendo de un cuenco en cuyo fondo aparece la imagen de Cristo crucificado, por lo
que el “rito” es beber el tazón de un solo trago, y de ahí la frase “Hasta verte Cristo mío”, que
puede parecer irreverente pero que en realidad muestra la cercanía y llaneza
del trato con lo divino.
SIMBOLISMO DEL PIE EN LA PINTURA
La Casta Susana. Gonzalo Bilbao.
La Casta
Susana. Gonzalo Bilbao. Hacia 1914. Óleo sobre lienzo. 293 x 228 cm. Museo de
Bellas Artes de Sevilla. Sala XIII. Donación de María Roy
Esta obra se basa en un
pasaje de la Biblia, del Antiguo Testamento, del libro de Daniel (ver-leer mas), aunque parece ser que tiene varios orígenes.
Este pasaje ha inspirado a
numerosos artistas, especialmente durante el Manierismo y el Barroco, porque
permite estudiar la anatomía femenina y representar el desnudo femenino, no
consentido en los temas religiosos.
Susana, hija de Helcías y esposa del rico Joaquín, hermosa como pocas y temerosa
de Dios, es perseguida por dos ancianos, ambos habituales invitados de la casa
de Joaquín, pero ambos con el juicio perdido por la pasión que en ellos había despertado
la belleza de la mujer.
Espiada cuando se desnuda para bañarse, los viejos la amenazaran con
difamarla por yacer con un joven, sino atendía a sus requerimientos lascivos.
Susana atribulada por su incierto destino (verse castigada por adultera o
entregarse a ellos) decidirá mantener su integridad y será llamada a juicio,
los viejos la obligarían a desnudarse ante sus padres y sus hijos para saciarse
de su hermosura.
Susana sería condenada a muerte por lapidación. Pero, tras encomendarse al
señor, un jovencito llamado Daniel, prueba la falsedad de la imputación, y haría
ver al pueblo la injusticia cometida por aceptar el falso testimonio de los dos
viejos lascivos, pues, cuando fueron llamados a declarar aparte, entraron en contradicción
al preguntárseles bajo que árbol se había producido el pretendido adulterio. Los
ancianos fueron condenados a muerte y se salvó aquel día la sangre inocente.
Gonzalo Bilbao, elije el momento en que Susana ha
dejado su ropa en un banco y se dispone a despojarse de su velo blanco para
entrar en el estanque del jardín de su casa a tomar un baño, a mediodía de un día
caluroso, cubriendo su sexo aun pudoroso.
Nadie había en el lugar salvo los dos ancianos acechando escondidos pues
Susana había despedido a sus doncellas después de que le trajeran el aceite y
los ungüentos para su baño, que han dejado en una bandeja. Será solo una
ajorca, unos zarcillos, y un brazalete sus atavíos.
Los viejos cuchichean excitados ante la sublima presencia de la mujer de turgentes
senos, negros cabellos y contorneada figura, preparados para asaltarla.
El alma incorruptible de Susana es simbolizada por el pavo azul de la pintura.
El símbolo erótico por excelencia es la ausencia de calzado en los pies, pues los pies desnudos enfatizan aún más su desnudez.
SIMBOLISMO DEL PIE EN LA PINTURA
Baile por bulerías. José García Ramos.
Baile por Buleras. García Ramos, José. 1884. Óleo
sobre lienzo. 52 x 28 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Sala XII. Donación
de Alfonso Grosso.
Es un lienzo pequeño y la escena se desarrolla en el interior de
una taberna sevillana, con todos los
elementos que configuran el tipismo de la idiosincrasia andaluza, como son el
cante, el baile, el cartel de toros, las gitanas, las sillas de enea, los
barriles de vino etc.
En un primer plano se encuentra una bailaora vestida con el traje folclórico sevillano.
Tiene un matón de manila decorado con motivos florales y la falda de volantes y el cabello adornado con flores.
Destaca el efecto del movimiento del vestido de la bailaora en el
que se confunden los volantes unos con otros.
En
medio, vemos a una mujer sentada, vestida con el mantón típico en color
amarillo y un abanico abierto decorado.
Al fondo y a la
derecha vemos a un hombre sentado tocando la guitarra y cantando.
En
primer plano a la izquierda un pequeño bodegón con los restos de unas naranjas
muestra lo estudiada que está la composición, negando cualquier improvisación.
El autor no olvida la importancia
de los pies en el baile, son parte del espectáculo
flamenco, ya que se utilizan como instrumentos de percusión y se sigue, e
incluso, se marca con ellos el ritmo de la música.
SIMBOLISMO DEL PIE EN LA PINTURA
Baile en una caseta de Feria. Manuel Cabral Aguado y Bejarano.
Baile en una caseta de feria. Cabral Aguado y
Bejarano, Manuel. Hacia 1860. Óleo sobre lienzo. 50 x 65 cm. Museo de Bellas
Artes de Sevilla. Sala XII.
La composición representa el interior de una caseta de feria, a través de cuyas cortinas, abiertas, puede
verse la hoy desaparecida Puerta de Jerez, que servía como uno de los accesos
al recinto ferial primigenio en el Prado de San Sebastián.
Un
grupo de personas celebran la feria cantando al son de una guitarra.
La principal protagonista es una mujer, que
puede ser la cantaora, que aparece sentada, ataviada con falda de volantes y un
mantoncillo de Manila.
El resto de los personajes, son hombres, que bailan,
beben y palmean en torno a ella.
Mientras unos hombres van vestidos con
atuendos folclóricos, al fondo se aprecian a dos adinerados burgueses, tocados
con sombrero de copa, creando una dicotomía ente flamencos y señoritos.
Un tercer señorito duerme sentado con la
cabeza apoyada en una mesa, como muestra de la intensidad que ha tenido la
juerga.
La postura de los pies del guitarrista nos
lleva a la importancia de los mismos dentro del contexto de la representación.