sábado, 16 de marzo de 2024

 MUERTE EN LA PINTURA

Dormición de la Virgen. Caravaggio.


Esta obra fue encargada en 1601 a Caravaggio por Laerzio Cherubini, para la Iglesia romana de Santa María della Scala, de los carmelitas Descalzos, pero, una vez terminada, fue considerada “oscena eresia”, para la doctrina eclesial, por lo que fue rechazada por los carmelitas “per essere stata spropositata di lascivia e di decoro”, es decir, que consideraron que el tratamiento dado a la figura de la Virgen era poco respetuoso. En el lugar previsto para ella colocaron un cuadro de Carlo Saraceni sobre el mismo tema.

El tema de la muerte o dormición de la Virgen había sido representado en numerosas ocasiones, pero nunca había sido realizado a la manera de Caravaggio. Sin embargo, su contemporáneo Rubens, lo consideró una auténtica genialidad y aconsejó su compra a su protector el Duque de Mantua, Vincenzo Gonzaga, gran coleccionista y mecenas. Años más tarde, el Duque de Mantua se arruinó y sus obras fueron subastadas, y este cuadro fue adquirido por Carlos I de Inglaterra. Tras la ejecución del rey inglés, por los avatares de la revolución inglesa, la colección artística de la corona se dispersó por diferentes cortes europeas   y el cuadro pasó al poder del banquero Everhard Jabach, que en 1671 lo vendió al rey Luis XIV de Francia, pasando finalmente al Museo del Louvre, donde reside actualmente.

El lienzo muestra una estancia ruinosa y oscura, en un ambiente humilde, su parte superior está ocupada por un cortinaje rojo, como si fuera el telón de un teatro, para evitar que el espectador no distraiga su atención sobre el resto del cuadro, donde se representa el drama de la muerte de la Virgen.

Las figuras tienen un tamaño casi real y la Virgen se sitúa en el centro de la estancia sobre unas tablas de madera y un colchón de paja, rodeada de los apóstoles y una figura femenina, considerada por alguna fuente como María Magdalena. Los apóstoles centran su mirada en el cuerpo de la virgen y se muestran entristecidos, apenados, ocultando los rostros, en uno de los ejemplos más claros de la representación de la emoción humana.  En primer plano, María Magdalena llora, sentada en una simple silla, con la cabeza entre las manos

Los apóstoles son hombres vulgares, extraídos de un entorno callejero, con ropajes sobrios y austeros como si estuvieran en un duelo del pueblo llano, en una estancia que muestra una extrema pobreza. El hombre mayor a la izquierda puede ser san Pedro y el que se arrodilla, a su lado, puede que sea Juan el Evangelista.

La Virgen es representada como una mujer del pueblo de aspecto pobre, sin atributos místicos, sin el aura celestial que se atribuía a las figuras sagradas, evidenciándose su santidad sólo en el halo o tímido nimbo sobre la cabeza. Presenta un aspecto de abandono, con el cabello desordenado, el rostro pálido, el vientre hinchado, las piernas descubiertas de color verdoso y los pies desnudos y amoratados.

Se dice que utilizó como modelo a una cortesana, Fillide Melandroni, ahogada en el río Tíber e incluso que podía tratarse del retrato de Lena, prostituta y amante del artista.

Según el dogma de la Iglesia católica, María no sufrió la muerte terrenal, sino que entro en un estado de dormición que la elevó a los cielos en cuerpo y alma. Pero, en realidad, no hay evidencia documental de la muerte de la Virgen, por ello, algunos imaginaron que Dios resucitó su cuerpo no pútrido y lo llevó al cielo y otros señalaron que no sufrió dolor, ni enfermedad, ni miedo a la muerte, pues murió sin pecado y que fue “asumpta” en cuerpo sano y alma antes de la muerte.

La fuente principal de inspiración de la muerte de María es el Evangelio apócrifo, y este relata los últimos momentos de la vida de María en Belén, acompañada por las doncellas Séfora, Abigea y Zael, frente a otros escritos que la sitúan en Jerusalén, y que se le apareció el Arcángel Gabriel que le anunció su muerte y ascensión a los cielos. María imploró a Jesús que le acompañaran los Apóstoles, incluso algunos que ya habían muerto y una corte celestial recogió su alma en presencia de todos. Las fuentes apócrifas no mencionan que María Magdalena estuviese presente en esos últimos momentos de la vida de María.

A pesar de estos contenidos de la Iglesia Católica, Caravaggio muestra la muerte en toda su crudeza, el cuerpo de María es un cuerpo sin perspectiva de resurrección ni rastro de vida. La postura del cuerpo con el vientre abultado, el rostro lívido, los pies hinchados y la mano izquierda apuntando a la tierra y no al cielo, nos muestra el aspecto de un auténtico cadáver.  Ni Jesucristo, ni coro de ángeles, ni nube de querubines esperan a la Virgen en su Asunción al “Cielo” en cuerpo y alma. La atmosfera parece someterse a un silencio sepulcral, sin motivos para el gozo o la complacencia, pues reina la quietud, el desasosiego y la incertidumbre.

En la composición destaca la luminosidad tenebrista típica de Caravaggio, iluminando el tema principal, en este caso la figura de María, y propagándose por el resto del cuadro una profunda oscuridad. La imagen de María Magdalena destaca en un claro oscuro, con una luz que incide sobre la espalda pero que deja en sombra parte de su cuerpo. El resto de las figuras quedan situadas sobre una semioscuridad.

Simbólicamente, la Virgen es retratada como una joven, porque representa alegóricamente la Iglesia inmortal, mientras que el vientre hinchado, simboliza la gracia divina de la que está "grávida", los pies fuera del colchón simbolizan la ausencia de conexión con la tierra, en relación con la muerte.

PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Hallux Valgus

Adán y Eva. Rubens.

Adán y Eva. Rubens, Pedro Pablo (Obra copiada de Tiziano, Vecellio di Gregorio). 1628-1629. Óleo sobre lienzo. 238 x 184, 5 cm. Museo del Prado. Sala 025. (CC BY 3.0)

Es una copia de la pintura del mismo tema, “Adán y Eva en el paraíso terrenal”, realizada por el pintor italiano Tiziano, y conocida por Rubens en Madrid durante su viaje de 1628 a 1629 (ver), para las negociaciones de paz de la Revuelta de los Países Bajos.

La escena muestra la historia narrada en el Génesis 3, 6-7, el momento en el que Eva está cogiendo la manzana del árbol del conocimiento de manos del demonio, que en este caso aparece representado como mitad mujer mitad serpiente.

Aunque no se especifica el fruto prohibido, tanto Tiziano como Rubens mantienen la tradición de la manzana, aunque se manifiesta otro árbol, como es la higuera de cuyas hojas se sirvieron Adán y Eva para cubrirse los genitales.

Detalle del demonio

Rubens introdujo cambios significativos respecto a la pintura de Tiziano. Mientras que en la figura de Eva, así como en buena parte de la vegetación, mantiene una técnica y un diseño fiel al original veneciano, Adán tiene una ejecución diferente, pues se muestra en una postura distinta y dotado de una musculatura mayor, inspirada directamente en la escultura “Torso de Belvedere”. 

Detalle de Adán

Además de este cambio compositivo Rubens añadió un loro, inexistente en la obra de Tiziano, sobre un árbol situado justo al lado de Adán, como representación del bien, quizá para reforzar la contraposición simbólica con respecto a Eva, que tiene un zorro a sus pies, alusivo al mal y a la lujuria.

La utilización de los animales simbólicos recuerda a los grabados de Durero sobre el mismo tema, pintando un gato a los pies de la mujer, símbolo de astucia frente al ratón a los pies de Adán, mostrándole dócil.

Detalle del Loro

Detalle del zorro

Algunos autores piensan que Rubens utilizó como modelo a su primera esposa, Isabella Brandt, a la que ya nos mostraba en las “Tres Gracias” (ver) en 1630-1635, con una clara tumoración en la mama izquierda.

Si comparamos ambas imágenes podemos observar la evolución de esta tumoración.

Adán y Eva (1628-29). Las tres Gracias (1630-35) 

La figura de Adán, como hemos comentado, nos muestra a un hombre corpulento y musculoso y curiosamente, como en otras obras de Rubens, presentando una deformidad en Hallux Valgus de su pie. 

Pie de Adán con Hallux Valgus

domingo, 10 de marzo de 2024

 PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Hallux Valgus

La Trinidad. El Greco.

La Trinidad. El Greco. 1577-1579. Óleo sobre lienzo. 300 x 179 cm. Museo del Prado. Sala 008B (CC BY 3.0)


En 1577, esta obra fue uno de los primeros encargos que recibió el Greco al llegar a España, junto al Expolio (ver), por parte de don Diego de Castilla, deán de la catedral de Toledo, y estaba destinado a ocupar la parte superior del retablo del convento de los cistercienses de santo Domingo el Antiguo en Toledo.

Este retablo mayor presentaba en la calle central, por encima de un enorme sagrario desaparecido, la “Asunción de la Virgen” (actualmente en Chicago Art Institute), en la parte superior “La Trinidad” y en el ático una “Santa Faz” pintada sobre madera (colección particular). En las calles laterales en cuatro lienzos de dimensiones más reducidas, aparecían las imágenes de cuerpo entero de “San Juan Bautista” y “San Juan Evangelista”, y los dos bustos largos de “San Bernardo” (State Hermitage Museum de san Petersburgo), y “San Benito” (Museo del Prado P817). Remataban el frontón tres esculturas doradas con las virtudes teologales, flanqueadas por otras dos de profetas.

Esta obra pasó a la colección del escultor Valeriano Salvatierra y fue adquirida en 1827 por Fernando VII y se trasladó al Museo del Prado en 1832.

La Trinidad debía verse a bastante altura, lo que en parte explica la perspectiva, la monumentalidad y el sentido escultórico de las figuras. 

La escena de la Trinidad no es bíblica puesto que no viene narrada en ningún Evangelio, se trata de un misterio teológico que representa la consumación de la redención. El hijo vuelve al Padre después de haber entregado su vida en la Cruz y el padre recibe y acoge al hijo muerto, tras sufrir con él. Así Dios Padre ha estado participando en la obra de la reconciliación, no ha sido un mero espectador, y por eso, cuando todo se ha cumplido, lo acoge en su misericordia infinita.

El Greco para representar la Santísima Trinidad adaptó una iconografía de origen bajo-medieval, conocida como “Thronum Gratiae”, y la composición se basa en una xilografía de Durero (1511) con la Trinidad como “trono de misericordia”, con Dios Padre, entronizado como un anciano barbado, recogiendo en su regazo el cuerpo de Cristo bajo la paloma del Paráclito, y en la que Dios Padre, que acepta el sacrificio de su hijo, ocupa el lugar de la Virgen María, en una especie de “Piedad Masculina”.

El cuadro presenta una composición muy original, pues presenta forma de corazón dentro del cual se desarrolla toda la acción del lienzo. 

El cuadro está lleno de simbolismo y detalles significativos.

En la parte superior destaca el color amarillo del cielo dorado que enmarca la nívea aparición del Espíritu Santo representado en forma de paloma. Una alusión a este tema se halla en la epístola a los hebreos 4:16.

Detalle del Espíritu Santo

Los tres ángeles de la izquierda parecen alegorías de las tres virtudes, fe, esperanza y caridad en relación con el misterio de la Santa Trinidad. Solo un amor así es digno de fe. Solo una entrega así es digna de esperanza. Solo una entrega así puede representar la caridad.  

Detalle de los tres ángeles de la izquierda

Los ángeles son testigos sufrientes y activos participantes de la escena, colaborando en la tarea de sostener al Hijo y consolar al Padre. 

La expresividad, el fuerte colorido, la elegancia y el movimiento de los ángeles constituyen una especie de orla que rodea la imagen principal, suscitando sentimientos de compasión. 

Detalle de los ángeles

Entre los dobleces del manto del Padre aparecen las testas de querubines.


Detalle de los Querubines

Sin duda, el centro del cuadro está dominado por la imagen del Padre y del Hijo, y el espíritu innovador manierista se refleja en la serpenteante línea formada por la posición del cuerpo de Cristo y Dios Padre.

Detalle de la imagen del Padre y el Hijo

Dios Padre, sentado en un trono de nubes, sostiene el cuerpo de Jesucristo muerto, sin la Cruz, de tal modo que las manos del Padre sujetan delicada y amorosamente al Hijo, mientras inclina la cabeza para contemplar su rostro y su mirada se nos oculta porque esta fija en la cara del hijo amado. Entre ambos hay una contenida relación afectiva de extraordinariamente belleza.

Se mantiene una simbología eucarística y redentora, el ofrecimiento y aceptación por parte de Dios Padre del sacrificio de su Hijo para que la humanidad alcance la salvación. 

Detalle de los rostros del Padre y del Hijo

El hecho de que Dios Padre porte la mitra típica de los sumos sacerdotes hebreos en lugar de la tiara eclesial, nos indica que es el Creador y que todo fue creado pensando en esta Redención. 

Detalle de Dios Padre con la Mitra

Sin duda, el centro del cuadro está dominado por el monumental y hermoso cuerpo de Cristo, alargado en su canon, pero no tan estilizado como mostraría en sus representaciones posteriores.

Se destaca el cuerpo monocromo, cadavérico de Cristo, impregnado de los tonos cenicientos de las nubes, en contraste con los tonos brillantes de las túnicas de los ángeles.

El Greco se centró en la ­representación de la belleza y el naturalismo estilizado del cuerpo de Cristo, relajado y lleno del peso como cuerpo difunto y con bellas facciones y, por otra parte, en la descripción de las relaciones emocionales de las figuras.

Queriendo eliminar todo dramatismo, las heridas de Cristo parecen insignificantes, como si quisiera resaltar la serenidad divina, y que el espectador sienta el calor que acoge al hijo y con él todo el pecado y el dolor humano y ver en él a todos los inocentes, todos los despreciados y olvidados.

Detalle de Cristo

En relación al pie, el Greco repite continuamente la morfología del pie griego y en Hallux Valgus.

Detalle del pie griego con deformidad en Hallux Valgus (Juanete)

Autor: Andrés Carranza Bencano
Catedrático de Traumatología y Cirugía Ortopédica

lunes, 4 de marzo de 2024

 PATOLOGIA DEL PIE EN LA PINTURA

Hallux Valgus

Mercurio y Argos. Pedro Pablo Rubens y taller.

Mercurio y Argos. Rubens, Pedro Pablo y taller. 1636-1638. Óleo sobre lienzo. 180 x 298 cm. Museo del Prado. Sala 079.

La decoración de la Torre de la Parada, un pabellón de caza ubicado en los montes de el Pardo cercanos a Madrid, en cuyo proyecto también participaron otros autores como Velázquez, fue el mayor encargo que Rubens recibió de Felipe IV.

Los trabajos serán ejecutados entre 1636 y 1638, trabajando en una buena parte el propio Rubens. Mientras que otro grupo de la serie seria realizado por sus ayudantes y pintores contratados expresamente para este proyecto, teniendo como punto de partida sus diseños.

Pues, para llevar a cabo un proyecto tan amplio, Rubens realizó pequeños bocetos sobre tabla, donde capta la esencia moral de las historias y las actitudes de los personajes. Estos bocetos sirvieron de base para la elaboración de los lienzos definitivos.

En 1700 se inventaría en la pieza tercera de la Torre de la Parada: “Otra pintura de cuatro varas, original de Rubens, tasada en 500 doblones”; según el inventario de 1747 se mantiene en el mismo lugar; en 1791 se traslada al cuarto del infante Javier en el Palacio Nuevo; en 1794 se encuentra en la antecámara del Rey. En el siglo XIX ingresó en el Museo del Prado procedente de las Colecciones Reales.

La mayor parte de las escenas narraban las pasiones de los dioses, según fueron descritas en las Metamorfosis del poeta romano Ovidio y otras fuentes clásicas.

En este cuadro se refiere la historia de “Lo”, una bella ninfa que fue seducida por el dios “Jupiter” que posteriormente la convirtió en vaca para esconderla de su esposa “Juno”.

Juno, sospechando la infidelidad de su marido, le solicitó la bella ternera como regalo.

Para que “Lo” fuese vigilada constantemente, “Juno” la puso al cuidado del gigante “Argos” poseedor de cien pares de ojos que nunca se cerraban al mismo tiempo.

“Jupiter” envió a “Mercurio” para que provocara un profundo sueño a “Argos” con su música y entonces poder cortarle la cabeza y liberar a “Lo”.

“Juno” en agradecimiento a “Argos” recogió los cien pares de ojos y los colocó en la cola del pavo real, su animal favorito.

Esta pintura representa el momento en el que el dios levanta con su brazo derecho una espada, que dirige hacia el cuello de Argos, el pastor de cien ojos encargado de vigilar la vaca en que había sido convertida la ninfa “Lo”.

Detalle del pie de Argos

Como en otras obras de Rubens destaca la morfología del pie de “Argos” que presenta un gran Hallux Valgus (Juanete).

viernes, 16 de febrero de 2024

 EL PIE Y LOS NAZARENOS DE SEVILLA

Nuestro Padre Jesús de La Sentencia

Nuestro Padre Jesús de la Sentencia

Nuestro Padre Jesús de la Sentencia es una talla de madera de pino, para vestir, de 1654. Según consta en el contrato hallado por Enrique Repetto en el Archivo de Protocolos en 1930, es obra del escultor y pintor sevillano Felipe Morales Nieto (ver), a quien se le encargó la realización de otras siete figuras de fariseos, en pasta de madera,  para la hermandad: “una cabeza de Nuestro Señor Jesucristo con su cuello y hombros hasta medio pecho y sus manos con sus muñecas hasta el codo y sus pies y piernas hasta las rodillas y siete cabezas con sus pescuezos y manos de figuras de fariseos”,

Estas siete imágenes secundarias forman, junto a Nuestro Padre Jesús de la Sentencia, el misterio de la Hermandad de la Macarena. El paso representa el pasaje evangélico donde Jesucristo es presentado al pueblo y sentenciado a muerte después, ante la presencia de Poncio Pilato.

Este conjunto escultórico estuvo completo hasta 1659, pero los siete fariseos fueron sustituidos por nuevas figuras de judíos en 1679 y cambiados de nuevo a lo largo de los siglos, siendo la composición actual obra del imaginero Antonio Castillo Lastrucci (ver) de 1929, que lo reformó en 1938 y amplió dos años después excepto uno de los soldados romanos, obra de Luis Álvarez Duarte (ver). Ha sufrido a lo largo del tiempo transformaciones hasta en cinco ocasiones en cuanto a la disposición de las figuras.

El antiguo misterio fue vendido a la Hermandad de Yedra de Jerez de la Frontera.

Antiguo misterio

La imagen del Cristo de la Sentencia fue restaurada en 1933 por el escultor sevillano Antonio Castillo Lastrucci (ver).

En 1954, Antonio Eslava Rubio (ver), uno de los discípulos de Castillo Lastrucci, realizó unas nuevas manos para el Cristo, en 1960 restauró los brazos y la corona de espinas, y seis años más tarde reparó los pies además de crear otras manos nuevas.

Finalmente, en 1984, el profesor Francisco Arquillo Torres realizó una restauración completa de la talla del Cristo de la Sentencia, de tal modo que lo que persiste de la talla primitiva es solamente el rostro.

El Señor de la Sentencia muestra una faz de gran nobleza, coincidiendo casi todos los analistas en destacar los rasgos afilados de su rostro y la minuciosidad de los rizos de su barba (propio de los denominados "escultores de pasta" del siglo XVII como era Felipe Morales).

La cara de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia

Detalle de la cara de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia

Detalle de los pies de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia

Al ser una imagen diseñada para ser vestida con telas naturales, a lo largo de su historia ha portado túnicas de gran valor histórico artístico. Juan Manuel Rodríguez Ojeda (ver) en 1889 bordó una sobre terciopelo morado y en 1910 otra decorada con elementos vegetales. Es muy popular la que se estrenó en 1960 donada por Juanita Reina, obra bordada por Ángela Navarro Calderón siguiendo el diseño neo-rrenacentista de Joaquín Castilla. En el año 2005, una donación permitió que el taller de Charo Bernardino recreara sobre un tafetán de seda bordado en oro la túnica representada en el libro de reglas de 1720.

El paso del Cristo de la Sentencia que mora actualmente en la Basílica de la Macarena, salió del taller de Juan Pérez Calvo.

La talla es de obra es Rafael Fernández Toro y los ángeles y los medallones de Luis Ortega Bru (ver). El dorado fuera realizado, primero por Antonio Sánchez, y años más tarde por Luis Sánchez Jiménez.

Detalle del Paso del Misterio de la Sentencia

domingo, 21 de enero de 2024

 MUERTE EN LA PINTURA

La Muerte del Maestro. José Villegas Cordero.

La muerte del maestro. José Villegas Cordero. Hacia 1910. Óleo sobre lienzo. 330 X 505 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Sala XII.

Este lienzo fue adquirido en 1910 por un coleccionista estadounidense que posteriormente lo donó a la Galería de Arte Albrightknox de Búfalo del estado de Nueva York. 

En 1983 esta obra participa en una exposición celebrada en Sevilla y Granada, llamada "Pintores Andaluces en la Escuela de Roma (1870-1900)". 

La pintura fue subastada en 1992 en la galería londinense de Christie's y comprada por un anticuario.

Finalmente, en 1996 fue adquirida  por la Junta de Andalucía  para ser depositada en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

La muerte del maestro. José Villegas Cordero. Hacia 1910. Óleo sobre lienzo. 330 X 505 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Sala XII.

Esta obra, de gran formato, ha sufrido un largo proceso de ejecución y transformación por parte del propio artista (Ver), que comenzó una versión en el año 1893 y culminó con otra nueva en 1910.

Este cambio consistió principalmente en la reducción del formato (341,5 x 514 cm.), transformación del color, luz y textura, y modificación de la composición.

Detalle del maestro muerto

La obra está inspirada en una corrida de toros celebrada el 20 de junio de 1889, en honor de El Tato, a la que Villegas asistió en la plaza de toros de La Maestranza de Sevilla y en la que el matador Bocanegra resultó cogido de muerte. 

Detalle del rostro del maestro

Presenta una escena de gran dramatismo distribuida en dos partes, la mitad izquierda, donde yace el difunto sobre la cama y un sacerdote reza en la cabecera delante de un altar con una Virgen y un crucificado, y la mitad derecha, donde se distribuyen los demás toreros y la cuadrilla del maestro.

Detalle de la zona izquierda del lienzo

Resalta la expresividad en los rostros y actitudes de los compañeros de terna y los  miembros de la cuadrilla que muestran la desolación y desesperación ante la muerte del maestro. 

Detalle de la mitad derecha del lienzo

Destaca en la esquina izquierda como un mozo retira la ropa y las zapatillas del maestro. 

Mozo que retira la ropa del maestro

Es la máxima expresión de la muerte pues los calzados representan el contacto con lo terrenal y al quitar los zapatos, se facilita la transición del espíritu al más allá y se evita que quede atrapado en este plano. 

Al mismo tiempo, al enterrar a los muertos sin zapatos, se muestra respeto y sumisión ante el poder divino.  

Detalle de la retirada de las zapatillas del maestro

Y Dios le dijo a Moisés: “No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es” (Éxodo 3:5).