El lavatorio. Jacobo RubustiTintoretto. 1548-1549. Óleo sobre lienzo. 210 x 533 cm. Museo del Prado. Madrid
El nombre verdadero de Tintoretto era Jacobo
Rubusti, y nació en Venecia en 1518 y murió en la misma ciudad en 1594, adopto
ese seudónimo por la profesión de su padre que era tintorero.
En 1547, cuando el artista tenía 30 años, la Scuola
del Santísimo Sacramento le encargó dos grandes lienzos para las paredes
laterales de la capilla mayor de la iglesia de san Marcuola, en el barrio de
Cannareggio de Venecia. “La Ultima Cena” que sigue actualmente en su
emplazamiento original y “El Lavatorio” que se encuentra en el museo del Prado.
Esta “scuola” se dedicaba a fomentar el culto a la
Eucaristía, y en sus reuniones, el guardián ofrecía agua bendita a los
cofrades, imitando el gesto de Jesús al lavar los pies a los apóstoles.
A finales de la primera década o principios de la
segunda década del siglo XVII, fue adquirido por Ferdinando Gonzaga, VI Duque
de Mantua y estuvo colocado en el Corridoio del Bertani del Palazzo Ducale de
Mantua.
En 1627, fue comprado por el comerciante flamenco Daniel Nys, para
Carlos I de Inglaterra.
Tras la ejecución del rey inglés, durante la revolución
de Cromwell, fue subastado públicamente y adquirido por Houghton, el 23 de
julio de 1651, que se lo vendió a don Alonso de Cárdenas, en 1654, para don
Luis Méndez de Haro, que a su vez se lo regaló a Felipe IV, que lo destinó al
Escorial, donde Velázquez lo situó en el centro de la sacristía, localización
privilegiada que permitía su contemplación desde el lateral, como lo había
concebido Tintoretto.
Posteriormente, pasó a su actual ubicación en el Museo
del Prado, en 1939.
Durante un tiempo, algunos especialistas, entre
ellos Rodolfo Pallucchini, creyeron apropiado considerar que otro cuadro
colgado en la Shipley Art Gallery de Gateshead del Reino Unido (catedral de
Newcastle upon Tyne), era el original de Tintoretto y que la pintura del Prado
podía ser una copia del taller de Tintoretto.
Las investigaciones y los
estudios técnicos llevados a cabo en el Museo del Prado, con ocasión de la
restauración del cuadro, entre ellos, el análisis pormenorizado de los
“pentimenti” (alteraciones del cuadro que manifiestan el cambio de idea o
arrepentimiento del artista acerca de lo que está pintando) presentes en la
obra e inexplicables en una copia, aseguran su autenticidad sin ningún tipo de
duda, en opinión de todos los expertos.
Se representa la escena
narrada en el Evangelio de San Juan, durante la última cena, en la que Jesús se
levantó de la mesa, antes de partir el pan, se quitó el manto, se ató una
toalla a la cintura, echo agua en un recipiente y procedió a lavar los pies a
sus discípulos.
Pedro se negó a tal pretensión, y Jesús le insistió, “si no te
lavo, no tienes parte conmigo”, San Pedro le contestó “Señor, no solo los pies,
sino hasta las manos y la cabeza” y Jesús le dice “el que se ha bañado no
necesita lavarse, está del todo limpio y vosotros estáis limpios, aunque no
todos”.
Se trata de una composición
distorsionada, con cierto descentramiento, porque Tintoretto introdujo los
personajes pensando en el punto de vista del espectador, dado que el
emplazamiento del cuadro estaba previsto en la pared derecha de una estancia
alargada.
Esto explica que al contemplar frontalmente el lienzo los personajes
parecen distribuidos irregularmente, con grandes espacios vacíos entre ellos,
situación que cambia al míralo desde la derecha, posición de la feligresía en
la Iglesia de san Marcuola, desapareciendo los espacios muertos entre las
figuras.
Además, esto explica
también, el traslado de la escena principal al margen derecho de la obra, donde
vemos a Cristo con una toalla blanca ceñida a la cintura, como un humilde trabajador,
en posición de rodillas lavando a san Pedro, que pone el pie derecho dentro de
una jofaina, mientras otro apóstol, quizás san Juan, echa agua de un aguamanil,
todos están coronados con delicados nimbos sagrados. De esta manera el
espectador observa en primer lugar las imágenes de Jesús y san Pedro.
Detalle de Jesús lavando los pies a san Pedro
La mayor parte del lienzo
está ocupado por la estancia donde se desarrolla la Última Cena, con la mesa y
los discípulos en torno a ella.
La mesa con los discípulas
En el centro destaca un
perro, cuya presencia le llevó a tener problemas con la Inquisición que lo
consideró como algo irreverente. Algunos estudiosos consideran que este perro
es obra de Jacobo Bassano a quien se lo pediría Tintoretto, al conocer que era
un consumado especialista en animales.
Detalle del perro
Detrás se sitúan los apóstoles
descalzándose o en diversas posturas o escorzos. El extremo de la izquierda
presenta a un Apóstol, de gran tamaño, desatándose el calzado, sobre un banco.
Apóstol descalzándose
En el centro se aprecia el esfuerzo con que un Apóstol quita las botas a otro.
En un segundo plano se estaría relatando un milagro de san Marcos, narrado por
Jacobo de la Vorágine en su “Leyenda Dorada”. Los nimbos de los personajes son
una fina aureola alrededor de sus cabezas.

Un apóstol retira las botas a otro
Encima de la cabeza de Cristo se sitúa una
habitación en penumbra en la que se vislumbra otra escena de la Última Cena,
como si fuera un cuadro dentro de otro cuadro, en la que la cena ya se está
celebrando.
Cena dentro de la cena
En el fondo del lado izquierdo aparece la
arquitectura clásica de una ciudad que recuerda a Venecia, con una barquichuela
navegando entre canales, en colores azules y blancos con una luz fría que le da
una sensación de irrealidad.
Imagen de Venecia
La profundidad se consigue con la mesa pintada en
escorzo, (recurso muy común de la pintura, que precisamente otorga perspectiva
y profundidad a la obra, colocando los objetos con volumen en una posición
perpendicular al nivel visual), y las losas del suelo con formas
geométricas.
También contribuye a dotar al cuadro de
profundidad la posición del arco que se abre al estanque, que a su vez se
cierra con un nuevo arco en la perspectiva más lejana. Toda esta parte del
cuadro, que le proporciona amplitud y profundidad, se puede considerar una
especie de decorado similar a los telones de fondo de las obras teatrales.
Velázquez gran conocedor de la complejidad
estructural de este cuadro de gran formato, cuando lo dispuso en la sacristía
del Escorial, tuvo muy en cuenta que se pudiera contemplar desde un enfoque
lateral.
Cuando pasó al Museo del Prado, se situó inicialmente de frente en una
esquina, perdiendo todo su sentido visual, pero después se rectificó y hoy
puede contemplarse como fue concebido.

El cuadro exalta la humildad y el amor fraterno a
través del lavatorio de los pies por parte de Jesús a sus discípulos, como
ejemplo de humildad y servicio al prójimo, en particular en el contexto de la
capilla, donde el Dogo (el más alto cargo de la Republica de Venecia) solía
lavar los pies a doce mendigos el Jueves Santo, igualmente como exaltación de
la humildad.
De este modo el pie es el principal protagonista de toda la obra,
tanto física como espiritualmente, pues constituyen un elemento sin el que no podría
existir la pintura.
Por Andrés Carranza Bencano